jueves, septiembre 15, 2011

Hacia un contexto adecuado para el diálogo ciencia-religión

Fuente: Photos.com
Manuel David Morales, México

La ciencia sin religión es defectuosa,
la religión sin ciencia es ciega
– Albert Einstein

Integración como modelo explicativo

Establecer diálogo entre ciencia y religión es algo bastante complejo, debido a que existen diferentes formas de concebir la naturaleza misma de dicha interacción. Por ejemplo, para John William Draper, a lo largo de la historia ha existido una constante relación conflictiva entre ambas instancias, la cual se ha originado esencialmente por la pretensión de poder en las religiones institucionalizadas1. Otro caso interesante es el de Stephen Jay Gould, quien a través de su conocido modelo “NOMA”, non-overlapping magisteria, ha establecido una separación radical entre ambas esferas2. Por otro lado, científicos-teólogos como Ian Barbour3, Arthur Peacocke4 o John Polkinghorne5, han establecido que tanto la ciencia como la religión se complementan para entregarnos un conocimiento integral de la realidad. Si bien cada uno de estos modelos poseen sus propias fortalezas y debilidades, es un hecho cierto que recurrir solo uno de ellos se torna insuficiente. Es innegable que sí han existido conflictos, como también episodios de integración mutua; por lo que es necesario estudiar dichas relaciones con una perspectiva abarcadora que realmente tenga la capacidad de situar dichos episodios dentro de su contexto histórico y sociocultural correspondiente. Hoy también, se hace muy necesario establecer una delimitación clara que distinga ciencia y religión; pero esto, dentro del marco de la metodología, ya que resultaría poco satisfactorio desconocer el importante factor humano que influye constantemente en la teoría y práctica de la ciencia, y que se ve reflejado en nuestro sentido espiritual y filosófico.

Si deseamos establecer un contexto adecuado para el diálogo entre ciencia y religión, creo existen tres criterios fundamentales a tomar en cuenta. El primero de ellos es la productividad investigativa, o en otras palabras, que nuestra formulación relacional sea fructífera en términos del desarrollo de nuevos campos de investigación teológica, filosófica y metacientífica. Segundo, la capacidad de establecer un marco normativo que proporcione una guía adecuada para posibles temas de discusión a futuro. Finalmente, que se pueda explicar de manera satisfactoria la mayor cantidad de datos relacionales entre ciencia y religión, que son proporcionados por las diferentes disciplinas académicas: historia, sociología, etc. Dentro de este esquema, el modelo conflicto se torna bastante problemático, ya que por concebir una confrontación inherente entre ciencia y religión, se vuelve incapaz de situar los eventos de conflicto dentro de sus determinados contextos; por lo que anula cualquier posibilidad de diálogo6. Algo similar ocurre con el modelo NOMA, el cual al mismo tiempo de establecer un aparente dualismo entre lo subjetivo y lo objetivo, asociado a la religión y la ciencia respectivamente7, ignora por completo que la complejidad de nuestro mundo requiere establecer conexiones relacionales entre los diferentes niveles de la realidad, asociados a las diferentes disciplinas del conocimiento.

En virtud de lo anterior, y sin caer en el extremo de los sincretismos superficiales, considero el modelo de integración, o también llamado de complementariedad, constituye una alternativa razonable. Dicho modelo establece una delimitación muy clara entre ambas esferas del conocimiento: la ciencia se preocuparía de describir y explicar los hechos asociados a los diferentes mecanismos que hoy observamos en el mundo natural; la religión y teología serían las encargadas de vislumbrar el sentido, significado y finalidad del mundo, más allá de lo puramente fáctico. Ambas instancias no compiten entre sí, sino mas bien nos proporcionan explicaciones complementarias de la realidad. Por otro lado, y si bien este modelo no se preocupa en gran medida de explicar los diversos eventos de conflicto que han existido en ciencia y religión, nos deja la puerta abierta para poder contextualizarlos y no caer en generalizaciones inadecuadas. Por último, y lo que considero más importante, este modelo permite construir nexos fructíferos y creativos entre ciencia y religión, los cuales en principio nos ayudan a comprender la realidad en su amplia diversidad conceptual. No se trata de realizar un simple intercambio de ideas inconexas, sino mas bien comprender que para tener una visión global de la realidad, es necesario que ciencia y la religión, como constituyentes esenciales de nuestra propia realidad humana, estén en un constante proceso de interacción en ambos sentidos.

Cuestionando algunos obstáculos ideológicos

A1. Ciencia... ¿solo especulaciones?

En algunos cristianos, uno de los mayores temores es que la ciencia moderna termine por desacreditar todas sus creencias ortodoxas mas arraigadas, cual “bestia negra” que devora todo a su paso. Así, y a modo de contra-ataque, se busca por todos los medios de desacreditar la viabilidad de las teorías científicas, poniéndolas en duda, e incluso algunas veces descartándolas por completo. Considero que esto constituye un gravísimo error. La ciencia moderna hoy constituye uno de nuestro sistemas de adquisición de conocimiento más valiosos, ya que no sólo nos proporciona descripciones muy precisas de cómo funciona el mundo natural, sino que también nos permite desarrollar una amplia cantidad de aplicaciones tecnológicas, las cuales ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Esta profunda correspondencia entre teoría y control experimental, junto con el enorme éxito tecnológico de la ciencia, es lo que nos sugiere fuertemente una visión realista de la ciencia. Aún cuando nuestro conocimiento científico es crítico, contextualizado y limitado, gradualmente nos acerca a la verdad8.

Algo que llama mucho mi atención, es el hecho de que la mayoría de estas objeciones no se mueven por el interés de proponer nuevas y razonables comprensiones epistemológicas de las ciencias naturales, sino mas bien por una marcada ideología. En el caso particular del Cristianismo, el objetivo fundamental es mantener intactas ciertas interpretaciones bíblicas. Esto es algo que vemos, por ejemplo, cuando muchos creacionistas al mismo tiempo de recurrir el Big Bang como evidencia directa de la creatio ex nihilo9, se niegan a aceptar el evolucionismo darwinista debido a que cuestiona duramente su interpretación literal del Génesis. En lo personal considero que esto es inadmisible. La interpretación bíblica debe nutrirse del constante diálogo y replanteo de ideas, y más aún, cuando la misma naturaleza entendida por los cristianos como creación divina, nos entrega indicios razonables de que efectivamente el darwinismo ha sido uno de los mecanismos importantes para el desarrollo y diversificación de la vida en el planeta10. De la misma manera en que hace algunas décadas los científicos tuvieron la honestidad intelectual de reemplazar su antiguo paradigma de universo eterno, muchas veces sostenido por pura ideología, por uno con un comienzo en el big bang; muchos intérpretes bíblicos también deberían tener la seriedad de replantear algunas de sus interpretaciones literalistas que abiertamente chocan con la evidencia fáctica que nos proporciona la ciencia.

A2. Religión... ¿único fundamento para nuestra sociedad?

Otro de los aspectos que dificultan en gran medida el diálogo entre ciencia y religión, es la idea de que la estructura de nuestra sociedad, debe fundamentarse necesariamente sobre determinados códigos religiosos. Así, cuando nos enfrentamos a temas valorativos en el cual se entrecruzan ciencia y religión, como por ejemplo lo son la práctica del aborto y la naturaleza de la homosexualidad, se aspira a que las decisiones ciudadanas se tomen sobre la base de argumentos puramente religiosos: “No realizar aquello, porque es contrario a los preceptos y naturaleza establecida por Dios”. Esta forma de clericalismo constituye un pésimo camino para proveer un pensamiento dialógico, crítico y constructivo. Hoy vivimos en sociedades pluralistas, en donde las personas que las integran adhieren a una amplia cantidad de religiones, creencias y filosofías. Pretender que en nuestra comunidad se tomen decisiones sobre la base exclusiva de consideraciones religiosas, creo constituye un peligroso atentado en contra de la libertad de elección y consciencia de las personas. No debemos caer en ese tipo de actitudes tan excluyentes e intolerantes.

Ahora bien, convendría señalar que mi crítica no está direccionada a negar el legítimo derecho de los ciudadanos a expresarse sobre un determinado tema, asociarse, e incluso difundir su opinión. Porque de hecho, estoy convencido de que apelar a una completa “privatización” de la religión no es más que una utopía propia de los antiguos liberales. Ninguna opinión que tengamos en torno a estos temas polémicos, será ajena a nuestras más íntimas convicciones religiosas y filosóficas. La cuestión de fondo mas bien es que la toma de decisiones, al interior de nuestras sociedades, puede y debe realizarse en términos de argumentos secularizados, para así garantizar la no exclusión de personas que no se alinean con nuestras particulares cosmovisiones. Precisamente en el ámbito del debate, lugar en que no siempre se distingue de manera clara el discurso público del privado, la libre opinión de la influencia directa en la toma de decisiones, es en donde el clericalismo se origina.

B1. Ciencia... ¿el destino de la humanidad?

Del otro lado del camino, al interior de algunos círculos “fundamentalistas científicos” ha alcanzado mucha popularidad la idea de que la ciencia y tecnología moderna constituye el fin de la humanidad, las cuales en conjunto con la “secularización”, por lo general identificada con una sociedad atea-militante, terminaría por reemplazar cualquier forma de religiosidad. Esta filosofía en realidad no es nueva, ya que tuvo su auge en el llamado “Siglo de las Luces” con el positivismo de Auguste Compte. Dicho pensador, a través de su ley de las tres etapas, ofreció una evolución social en que la humanidad pasaría de una etapa teológica, identificada con la tradicional religiosidad dominada por los antropomorfismos; a una metafísica, que guardaba ciertas similitudes con el antiguo deseo de fundar una religión natural basada en la razón; para finalizar con la etapa positiva, que representaría el triunfo de las ciencias naturales por sobre las humanidades y la religión. En virtud de esto, para nada es de extrañar que quienes hoy persisten en mantener viva esta romántica utopía científica, sean algunos cientificistas anglosajones11.

Ante esta concepción en extremo optimista convendría preguntarnos ¿por qué el pensamiento religioso aún persiste en nuestras sociedades? Porque para bien o para mal, con poco más de cinco siglos de desarrollo científico y tecnológico las religiones siguen estando fuertemente arraigadas a nuestras culturas. Aquí lo significativo, es que en vez de excluirse, en la mayoría de las personas, incluso científicos, estas etapas parecieran complementarse mutuamente. Para el erudito de las religiones Odon Vallet, aún cuando el mundo religioso hoy experimenta variadas mutaciones sociales, las necesidades espirituales de los hombres siguen siendo las mismas que en el pasado12. Esta evolución social que planteara el antiguo positivismo, revivido por algunos cientificistas modernos, es algo que no se sostiene en la práctica. La ciencia, por su particular y limitada naturaleza, difícilmente podrá reemplazar a la religión, ya que esta última constituye uno de los pilares fundamentales de nuestras culturas. De hecho, es interesante notar que el mismo Auguste Compte lo reafirmó, al transformar su filosofía positivista en un culto religioso institucionalizado, su "Religión de la Humanidad”.

B2. Religión... ¿solo supersiticiones irrelevantes?

Un último aspecto que quisiera analizar, es la idea de que la religión carece hoy de relevancia para nuestra cultura contemporánea. Dentro de este esquema, se devalúa cualquier forma de pensamiento religioso y espiritual, reduciéndola a simples supersticiones sin ningún tipo de valor concreto para el desarrollo de nuestras sociedades. Una de las estrategias “clásicas” en este sentido, es el distorsionar lo que entendemos por religión, asumiendo que constituye un sistema de creencias cerradas, basadas únicamente en la fe y obediencia ciega a la autoridad religiosa, ya sea un libro sagrado, una estructura jerárquica o en última instancia, un “líder”. De esta manera, al compararla con la ciencia moderna que bien sabemos se configura sobre la base del pensamiento crítico, pierde toda credibilidad en nuestro mundo. ¿Es esta acepción realmente efectiva? Pienso que no, en absoluto. A pesar de que hoy sí es posible encontrar sistemas religiosos que responden a las características antes mencionadas, como por ejemplo ciertos fundamentalismos y movimientos sectarios, el empleo de dicha idea en la gran mayoría de los casos no constituye más que un títere conceptual. El fundamento de la religión propiamente tal no radica en la obediencia ciega a una autoridad determinada, sino mas bien en eventos extraordinarios, que proporcionan al hombre una verdadera plenitud en lo que respecta a su propósito y significado en el mundo. Estos eventos en la práctica pueden ser muy amplios, ya que abarcan desde actos milagrosos como la Resurrección de Jesucristo o la Isra and Mi'raj (ascención al cielo) del profeta Mahoma, hasta acontecimientos más existenciales como la Nirvāṇa (iluminación) de Buda Gautama. De hecho, es interesante notar que incluso han habido casos en que la ortodoxia al interior de las religiones ha sido fuertemente cuestionada por sus propios teólogos13

Un último punto muy importante a considerar, es que cuando nos situamos en el ámbito de las grandes preguntas como ¿por qué existe algo en lugar de nada?, ¿somos los seres humanos realmente significantes?, ¿que es lo bueno, lo malo y lo bello?, etc.; la ciencia deja entrever sus enormes limitaciones epistemológicas. En términos científicos, el majestuoso sonido de la “Pasión según san Mateo” de Johann Sebastian Bach no es más que una superposición de ondas mecánicas propagándose en el aire, la “Noche Estrellada” de Vicent Van Gogh un simple y poco interesante conglomerado de partículas en estado sólido, distribuidas sobre una superficie física de determinadas dimensiones. Algo similar ocurre en el campo de la ética, ya que la ciencia por ejemplo, es completamente incapaz de determinar la tremenda diferencia moral que existe entre desarrollar una bomba H que exterminará a miles de personas, y una red de paneles solares que beneficiará a comunidades rurales económicamente vulnerables. ¿Son las explicaciones científicas, las únicas importantes y necesarias para el desarrollo de la humanidad? Evidentemente que no. Algunos cientificistas han optado simplemente por ignorar las grandes preguntas, sin embargo, creo constituye una alternativa intelectualmente deshonesta. Nuestra humanidad, el mundo natural y la realidad en su globalidad son muchísimo más que leyes físicas, parámetros cuantificables o fenómenos observables; debido a que poseen una identidad, estructura y riqueza que trasciende a lo puramente empírico. Este hecho, materializado en las preguntas profundas del ser humano, demanda explicaciones; y la religión constituye una vía legítima para proporcionarlas.

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  1. DRAPER, John William. History of the Conflict between Science and Religion. New York, Cambridge University Press, 2009.
  2. GOULD, Stephen Jay. Rocks of Ages: Science and Religion in the Fullness of Life. New York, Ballantine Books, 2002.
  3. BARBOUR, Ian. When Science Meets Religion: Enemies, Strangers, or Partners? USA, HarperCollins Books, 2000.
  4. PEACOCKE, Arthur. Paths from Science towards God: The End of all our Exploring. Oxford, Oneworld Publications, 2001.
  5. POLKINGHORNE, John. One World: The Interaction of Science and Theology. Philadelphia / London, Templeton Foundation Press, 2007.
  6. Un ejemplo clásico es el Caso Galileo, el cual muchos críticos no acomodacionistas insisten en catalogarlo como la evidencia indiscutible de que ciencia y religión se confrontan. Aquí se desconoce en gran medida, el hecho de que en este episodio histórico no solo influyó la revolucionaria metodología científica experimental que nacía, sino también toda una serie de factores sociales, político e ideológicos asociados a la concepción que ciertos representantes del Catolicismo Romano tenían de la revelación de Dios, el sistema escolástico medieval y la interpretación de la Biblia. No obstante, creo el hecho más significativo es que el mismo Galileo a lo largo de toda su obra haya establecido que la ciencia nos conduce a la divinidad, porque la naturaleza es creación de Dios.
  7. Este dualismo entre el mundo objetivo y subjetivo se torna problemático por dos razones. Primero, el hecho de que disciplinas como la mecánica cuántica, hoy parecieran cuestionar profundamente la noción de que no existe interacción entre el observador y lo observado. Y segundo, que aún cuando la subjetividad es uno de los factores más importantes en la experiencia religiosa, prácticamente todas las religiones se fundamentan sobre la base de una o más verdades universales; no relativas.
  8. Es importante tener en mente, que si cuestionamos la capacidad cognitiva de las ciencias naturales, en mayor o menor medida nuestra pretensión de conocimiento divino también se verá afectada. A la larga, todas estas objeciones ideológicas terminan por situarnos en un solipsismo extremo, en que una realidad “matrix” sería tan probable como la concepción de que nuestro mundo tal como lo observamos, con todos sus mecanismos naturales, efectivamente es real.
  9. MORALES, Manuel David. Big Bang: ¿teológicamente relevante? [en línea] Revista RYPC. 17 de noviembre 2010 <http://www.revista-rypc.org/2010/11/big-bang-teologicamente-relevante.html> [consulta: 10 agosto 2011]
  10. Discutir la validez de la evolución darwinista como teoría y hecho científico no está dentro de los objetivos de este artículo. No obstante, un buen lugar en donde es posible encontrar mucha información sobre la amplia cantidad de reclamos creacionistas, es la base de datos del TalkOrigins Archive <http://www.talkorigins.org/indexcc>
  11. El químico inglés Peter W. Atkins, acérrimo defensor de la “ideología Dawkins”, es uno de los casos mas populares, ya que ha intentado argumentar a favor de una ciencia “omnipotente”. Ver por ejemplo: ATKINS, Peter W. El poder ilimitado de la ciencia. En: CORNWELL, John (Ed.). La Imaginación de la Naturaleza: Las Fronteras de la Visión Científica. Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1995.
  12. VALLET, Odon. Las Religiones en el Mundo. Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2003.
  13. Un caso interesante, por ejemplo, lo constituye la llamada teología liberal, movimiento de investigación desarrollado al interior del protestantismo alemán, y que se caracterizó por ser muy crítico de los diferentes dogmas sostenidos por las escuelas conservadoras en ese entonces.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel David Morales es Master en Ciencias Físicas del IFM Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, en donde además realiza un doctorado especializado en relatividad numérica. Previamente obtuvo una Licenciatura en Física Aplicada en la Universidad de Santiago de Chile. En la actualidad investiga sobre las interacciones entre ciencia y religión dentro del contexto Latinoamericano. Es el director y fundador de RYPC.
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