miércoles, noviembre 17, 2010

Big Bang: ¿teológicamente relevante?

Manuel David Morales

Sin duda que el Big Bang es una de las teorías científicas más fascinantes. Imaginar que todo el universo observable al principio consistía en un punto extremadamente denso y caliente -lo que los físicos llaman "singularidad inicial"- fue y sigue siendo algo difícil de asimilar. De hecho, cuando el astrofísico y sacerdote belga Georges Lemaître lo postuló por primera vez 1, generó mucha oposición por parte de la comunidad científica. La más conocida vino por parte del astrofísico inglés Fred Hoyle, quien principalmente por motivaciones filosóficas (ateo confeso) se negaba a aceptar que el universo tuviese un comienzo en el tiempo, ya que consideraba que de ser efectivo aquello, claramente apuntaría a algún tipo de Dios. Hoyle, y a pesar de las posteriores evidencias experimentales a favor, nunca aceptó la teoría del Big Bang.

Para nuestros fines, el primer aspecto esencial a considerar, es que la doctrina cristiana de la creación tradicionalmente es entendida como creatio ex nihilo, es decir creación a partir de la nada. Esto se señala tanto en pasajes bíblicos  (Juan 1:3, Romanos 4:17, etc.) como en el tradicional Credo de Nicea. Dios no creó a partir de una realidad subyacente, sino mas bien es la causa completa que trajo a la existencia todo lo que existe. La doctrina cristiana de la creación, más que un cambio físico en el que se requiere de un estado previo, constituye una dependencia ontológica: el universo existe, porque Dios mismo lo sostiene, todo lo creado depende de su Creador.

Para filósofos cristianos como William Lane Craig, la singularidad inicial es un argumento a favor de la creación ex nihilo 2. Incluso tenemos al astrofísico Hugh Ross, quien sostiene que el big bang es evidencia directa del relato del Génesis 3. Si bien estas posturas son ampliamente difundidas en algunos círculos cristianos, pienso que identificar t=0 con la creación en el sentido metafísico enfrenta serias dificultades. En primer lugar, la cosmología es incapaz de determinar en forma definitiva que un estado físico no le preceda otro aunque sea de forma hipotética; entonces para la ciencia le sería imposible concluir que el universo tiene un comienzo absoluto. Segundo, es que hoy los científicos aún no tienen claro lo que realmente representa una singularidad matemática, por lo que utilizarlo como evidencia a favor de la creación, se corre el riesgo de transformar a Dios en un tapa-agujeros de la ciencia. Y finalmente, se reduce demasiado el real alcance del concepto teológico propiamente tal; ya que en vez de concebir la creación de Dios como una dependencia constante a lo largo del tiempo, se restringe a solo un instante en particular (t=0).

Aquí el punto básico, es ser consistente con las nociones teológicas. La creación ex nihilo al constituir una dependencia ontológica, en realidad es algo mucho más profundo que una causa en el tiempo. Dios no solo es la causa del universo observable, sino es el creador de toda la cadena de causas naturales que lo originó; notar que esto ya incluye posibles estados previos al big bang y modelos sin fronteras como por ejemplo el de Hartle-Hawking. Otro aspecto fundamental es que el concepto teológico abarca mucho más que el universo observable en un sentido físico, ya que se refiere a todo lo que existe. Identificar ambas ideas, sin querer nos convierte en reduccionistas. Siempre debemos tener en mente, que la cosmología por sí sola es incapaz de responder a una de las preguntas mas importantes en filosofía ¿por qué existe algo en vez de nada?

Ahora bien, el que haya independencia conceptual entre big bang y creación ex nihilo ¿implica que no exista ningún tipo de interacción? no necesariamente. Por mencionar un ejemplo, resulta interesante la propuesta del físico y teólogo Robert John Russell 4, quien siguiendo la metodología propia de los programas de investigación  lakatosianos, postula una conexión entre el núcleo teológico "creación ex nihilo = dependencia ontológica" con el concepto aristotélico de finitud -algo que posee un determinado estado, medida y límites-. En virtud de esto, los actuales modelos plausibles acerca de los orígenes serían perfectamente coherentes con la noción de creación ex nihilo, ya que aún cuando el universo no tenga un comienzo en el tiempo -como lo sugiere el modelo de Hartle-Hawking-, todavía sería posible conectar el núcleo hipotético con los hallazgos de la cosmología. Esto se debe a que la "finitud temporal" del universo, no incluye necesariamente un comienzo en el tiempo para el universo, en forma de una singularidad inicial como lo postula el big bang.

El anterior argumento, que en futuras publicaciones lo estaré explorando con más detalle, obviamente que no constituye una "demostración" para la existencia de Dios. Sin embargo, sí se le podría considerar como un argumento persuasivo, que en la práctica nos ayuda a decidir a consciencia entre la explicación teísta y ateísta para la existencia del universo. Propuestas similares a ésta las podemos encontrar en pensadores como Ernan McMullin 5, Willem B. Drees 6, entre otros.

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  1. LEMAÎTRE, Georges. L'hypothèse de l'atome primitif, essai de cosmogonie. Neuchâtel, Éditions du griffon, 1946. (Les problèmes de la philosophie des sciences)
  2. CRAIG, William Lane. Reasonable Faith: Christian Truth and Apologetics. Wheaton, Crossway Books, 2008.
  3. ROSS, Hugh. The Creator and the Cosmos: How the Greatest Scientific Discoveries of the Century Reveal God. Colorado Springs, NavPress, 1995.
  4. RUSSELL, Robert John. Cosmology, from Alpha to Omega: the creative mutual interaction of theology and science. Minneapolis, Fortress Press, 2008.
  5. McMULLIN, Ernan. How Should Cosmology Relate to Cosmology?. En: Peacocke, A. R. (ed.) The Sciences and Theology in the Twentieth Century. USA, University of Notre Dame Press, 1986.
  6. DREES, Willem B. Beyond the Big Bang: Quantum Cosmologies and God. LaSalle, Open Court, 1990.

     
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