jueves, noviembre 03, 2016

¿Qué tiene que ver la creación con el Big Bang?, Parte II

"The Universe splits in two", Carol y Mike Werner.
Fuente: www.bbc.com.
Pablo de Felipe, España

Como vimos en un artículo anterior1, la eternidad del universo, defendida por Aristóteles, supuso un desafío para los padres de la iglesia y los teólogos medievales. Aquí veremos cómo ese rechazo inicial fue superado en el siglo XIII por Tomás de Aquino mediante un concepto de contingencia radical y la distinción entre creación y comienzo del universo. La reflexión profunda sobre el sentido ontológico de la doctrina de la creación permite incluso concebir un universo eterno y a la vez creado. Finalizaremos con algunas reflexiones sobre creación y tiempo.

¿Puede ser creación de Dios un universo eterno?

Para entender lesa diferencia entre ‘comienzo’ y ‘creación’ del universo debemos bucear en el significado del término ‘creación’. Como expone el teólogo Ted Peters, la doctrina de la creación ex nihilo tiene dos sentidos. Por un lado expresa una dependencia ontológica del universo creado respecto al Creador. Pero también es cierto que “una forma concreta de expresar esta dependencia es la afirmación cosmológica de que, aunque Dios es eterno, el universo creado empezó en un punto de inicio temporal, es decir, el mundo no ha existido siempre.”2 Peters reconoce que “para un teólogo es posible, por supuesto, hablar metafísicamente sobre la absoluta dependencia de la creación de su creador sin referencia a un comienzo temporal.”3 Sin embargo, “una forma de dejar claro este punto es hacer un contraste entre la eternidad y el tiempo: Dios es eterno, mientras que el cosmos es temporal.”4

Fue en base a este enfoque que los padres de la iglesia y los teólogos medievales se comprometieron en atacar la eternidad del universo y buscar pruebas científico-filosóficas para refutar a Aristóteles. Aunque todavía Buenaventura buscaba esas pruebas en el siglo XIII, su contemporáneo Tomás de Aquino llegó a la conclusión de que desde un punto de vista filosófico no era posible refutar la eternidad del universo aristotélico.5 Reflexionando sobre la doctrina de la creación, Aquino concluyó, sin embargo, que Dios podría crear tanto un tiempo lineal como uno circular o eterno sin principio, solucionando así el desafío aristotélico. El historiador de la ciencia William Carroll explica que, aunque Aquino creía, por sus convicciones teológicas en base a la Biblia, que el universo tenía un principio temporal:

… para él no hay contradicción en la noción de un universo creado y eterno: porque aunque el universo no tuviese comienzo, todavía tendría un origen, todavía sería creado, todavía dependería de Dios para su propia existencia. Tanto si el universo es eterno o temporalmente finito tiene que ver con la clase de universo que Dios crea. El sentido fundamental de lo que significa para el mundo depender de Dios como su causa debe ser distinguido de si lo que Dios causa tiene o no un comienzo. De lo contrario, podríamos ser inducidos al error de pensar que negar el comienzo es negar esa dependencia de Dios.6

Este sentido ontológico de la doctrina de la creación permitía seguir afirmándola incluso si se confirmaba el universo eterno de Aristóteles.

Sobre la lectura del inicio del Génesis, Tomás de Aquino observó que lo que es esencial es el ‘hecho de la creación’, no la ‘manera o modo’ de la formación del mundo (In II Sent., dist. 12, q. 1, a. 2). […]. Un mundo con un comienzo temporal tiene que ver con la clase de mundo que Dios ha creado. Puede que sea más fácil aceptar que un mundo que tiene un comienzo temporal absoluto es un mundo creado, y ese mundo puede ser especialmente apropiado para comprender la historia sagrada, que es importante para los creyentes. Pero un mundo eterno, uno sin un comienzo del tiempo, no sería menos creado.7

La clave de esta reflexión puede remontarse a la separación entre Creador y criatura que se encuentra en la propia Biblia y que ha sido el centro de la reflexión para muchos pensadores judíos, cristianos y musulmanes. Carroll destaca en particular la influencia del concepto de contingencia radical del pensamiento musulmán medieval, en particular Avicena (Ibn Sina, médico, filósofo y científico musulmán de entre los siglos X y XI) sobre Tomás de Aquino para su desarrollo del enfoque ontológico de la creación8.

Durante los años centrales del siglo XX, cuando las hipótesis del átomo primitivo y el estado estacionario mantenían su enfrentamiento, Peters explica que algunos teólogos prefirieron mantenerse en el sentido ontológico de la doctrina de la creación. Como refleja su artículo ya mencionado, tras el ascenso de la teoría del Big Bang en los años setenta, hubo un nuevo interés por relacionar la idea de creación y de comienzo del universo. No sorprende esto a la luz de las palabras de Hawking en una famosa monografía de 1973:

Los resultados que hemos obtenido apoyan la idea de que el universo comenzó hace un tiempo finito. Sin embargo, el punto real de creación, la singularidad, queda fuera del alcance de las leyes de la física conocidas actualmente.9

Pero precisamente mientras se publicaba el artículo de Peters, en 1988, varios científicos trabajaban ya para recuperar un universo eterno que ya no sería estático, sino dinámico (asumiendo así el Big Bang). No solamente el viejo mecanismo de un universo oscilante con ‘rebotes simétricos’, sino otros mecanismos más sofisticados fueron propuestos por científicos como el propio Hawking, que defendió en su Breve historia del tiempo (1988), un universo autocontenido, sin límites o bordes espacio-temporales, que no tendría ni principio ni fin, y se preguntaba (tal vez recordando a Laplace): “¿Qué lugar queda, entonces, para un creador?10 La respuesta del físico Don N. Page en una reseña de libro de Hawking publicada en la revista Nature ese mismo año, daba la respuesta desde una visión ontológica de la doctrina de la creación:

Si el Universo tiene o no un comienzo no tiene relevancia para la pregunta sobre su creación, de la misma manera que el que la línea de un artista tenga un comienzo o un final, o en su lugar forme un círculo sin fin, no tiene relevancia para la pregunta sobre el hecho de haber sido dibujada.11

Ignorando el aspecto ontológico fundamental de la doctrina de la creación, es todavía muy frecuente encontrar que se “identifica el comienzo del universo con su creación”, en palabras del físico, filósofo y teólogo Michael Heller, que señala que esto es algo que hacen “tanto defensores como oponentes al concepto teológico de Creación.”12 Desgraciadamente, en palabras de Carroll, “ese énfasis en el comienzo lleva a confusión sobre la creación”13 porque “no estamos más cerca de la creación por acercarnos más al Big Bang.”14

¿Qué sentido tiene el tiempo en la doctrina de la creación?

La visión cristiana de la creación es que Dios no es un mero demiurgo de este universo, sino que es el responsable tanto de su orden como de traer a la existencia el espacio, el tiempo y la materia, a los que transciende. Por lo tanto la idea central de la doctrina de la creación es la relación ontológica entre el universo y su Creador, en la que el Creador le da su ser, es la causa de su existencia. La doctrina de la creación tiene como objetivo responder a la pregunta sobre el por qué último de la existencia.

Lo importante es darse cuenta que el concepto cristiano de creación no está atado ni a una materia ni a una ‘caja’ espacio-temporal pre-existentes que limiten al Creador. El problema con el dualismo platónico era que esas ataduras se imponían a Dios. Si hay algo preexistente sobre lo que Dios trabaja para crear el universo, entonces Dios no es su causa completa. Pero Dios no tiene esas limitaciones (o restricciones), y por ello puede crear como quiera. De manera que no podemos aferrarnos a priori a un universo con un comienzo temporal en un pasado finito, ni a un universo eterno, ni a otras soluciones. Cualquiera que sea el resultado de las investigaciones científicas, debemos estar seguros que no amenaza la doctrina de Creación porque Dios es la causa de todo, independientemente de cómo se haya configurado ese todo:

Tanto si el universo es eterno, sin un comienzo, o temporalmente finito tiene que ver con la clase de universo (o multiverso, si se quiere) que Dios crea. […]. Cualquier “origen del universo” del que se ocupe la cosmología, no es el “origen” que afirma la creación.15

Otro aspecto interesante de la falta de limitación temporal del Creador es que no está condicionado por el tiempo. La eternidad de Dios hace referencia no a un mero tiempo infinito, sino a una ausencia de limitaciones temporales. En base a ello, el sacerdote y filósofo Ernan McMullin ha defendido que el Creador es más que eterno: es atemporal: “El tiempo es una condición de la criatura, un signo evidente de dependencia.”16 Por ello, la crítica de que el Creador sería un ser estático no es realmente aplicable17.

Lo importante de la idea de creación no es el origen temporal, sino el fundamento de su existencia (‘ontológico’).18 Es importante destacar que dado que la ‘causación’ del universo por Dios no está dentro del tiempo, no se trata de que Dios creara algo hace mucho, mucho tiempo, sino que la propia existencia del universo ahora mismo es dependiente de la acción creadora de Dios. Dios es la causa permanente, continua, del ser, de la existencia, del universo y todo lo que contiene en todo momento, y no de algún proceso particular (más o menos importante) o antiguo.

Así, la idea de transcendencia del Creador puede llevar por sí misma a la inmanencia. Pero esto no debería sorprender porque la creación ex nihilo no tiene que ver con lo temporal, sino con lo ontológico y por eso no se opone a la creación continua19. Dios no es una primera causa en un orden temporal, como unas fichas de dominó que caen avanzando en cascada, sino en un orden jerárquico. En palabras de Carroll: “El Creador es anterior a lo que es creado, pero la prioridad no es fundamentalmente temporal […]; la dependencia es metafísica no temporal.”20

Esta es una diferencia fundamental del teísmo cristiano frente al deísmo o el lejano primer motor aristotélico. Una verdadera concepción cristiana de la creación debe conjugar la transcendencia y la inmanencia de Dios. La creación no es como una casa que una vez construida puede subsistir sin su dueño. La relación causal del Creador sobre su criatura dura mientras exista la criatura. Así “creación y conservación se funden en esta perspectiva, al igual que lo hacen la transcendencia y la inmanencia.”21

Conclusión

Como en tantas ocasiones, llegamos, pues, a la conclusión que la ciencia ni expulsa ni abraza a Dios, aunque sí que nos lleva a reflexionar sobre preguntas que van más allá del propio mundo material. Por ello, hay que ser muy cauto a la hora de invocar la ciencia para defender a Dios, pues como dijera C. S. Lewis: “una ciencia retorcida en interés de la apologética sería un pecado y una locura.”22

En el caso concreto que nos ha ocupado, hay que recordar, como conclusión, que: “[…] usar la cosmología del Big Bang tanto para afirmar la creación como para negarla es un ejemplo de falta de comprensión tanto de la cosmología como de la creación.”23

Agradecimientos: Esta publicación ha sido posible gracias a una donación de la Templeton World Charity Foundation, Inc. Las opiniones expresadas en esta publicación pertenecen al autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la fundación.

__________
  1. Véase Pablo de Felipe. ¿Qué tiene que ver la creación con el Big Bang? (Parte I), en la revista digital Razón y Pensamiento Cristiano (6 de octubre de 2016): http://www.revista-rypc.org/2016/10/que-tiene-que-ver-la-creacion-con-el.html.
  2. Ted Peters. On Creating the Cosmos. En: Robert J. Russell, William R. Stoeger y George V. Coyne (eds.). Physics, Philosophy and Theology: a Common Quest for Understanding. Vatican Observatory, Vatican City State, 1997 (primera edición de 1988), p. 273,274.
  3. dem, p. 274.
  4. Idem, p. 279. Un poco más adelante Peters explica “Representar la creatio ex nihilo como un acto de creación en un momento temporal singular es una forma vívida de ilustrar esta idea abstracta.” (p. 281).
  5. Idem, p. 289.
  6. William E. Carroll. Creation, Cosmology, and the Insights of Thomas Aquinas. Publicado en el blog de BioLogos (21 de Febrero de 2011): http://biologos.org/blogs/archive/creation-cosmology-and-the-insights-of-thomas-aquinas.
  7. William E. Carroll. Aquinas and Contemporary Cosmology: Creation and Beginnings. Science and Christian Belief 24 (2012):5-18 (cita de la p. 17).
  8. Idem, pp. 14-16.
  9. Stephen W. Hawking and George F.R. Ellis. The Large Scale Structure of Space-Time. Cambridge University Press, Cambridge, 1973, p. 364. Citado por: Michael Heller. Cosmological Singularity and the Creation of the Universe. Zygon 35 (2000):665-685 (cita de la p. 669).
  10. Stephen W. Hawking. Historia del tiempo. Editorial Crítica, Barcelona, 1989 (6ª ed.), p. 187.
  11. Don N. Page. Hawking’s timely story. Nature 332 (1988):742,743.
  12. Heller, op. cit., p. 668.
  13. Carroll, 2012, op. cit., p. 11.
  14. Idem, p. 12.
  15. William E. Carroll. Modern Cosmology and Creation. Publicado en la web de First Things (23 de Junio de 2014): https://www.firstthings.com/web-exclusives/2014/06/modern-cosmology-and-creation.
  16. Ernan McMullin. Cosmic Purpose and the Contingency of Human Evolution. Theology Today 55 (1998a) 389-414 (cita de la p. 408). Este artículo se reimprimió en Zygon 48 (2013):338-363. Otro artículo del mismo autor, que contiene en su parte final un texto que solapa en buena parte con el que acabamos de citar, se publicó en castellano: Ernan McMullin. Contingencia evolutiva y finalidad del cosmos. Scripta Theologica 30 (1998b):227-251. Está disponible en la web: http://www.unav.edu/web/ciencia-razon-y-fe/contingencia-evolutiva-y-finalidad-del-cosmos.
  17. Ernan McMullin, 1998b, op. cit., p. 409.
  18. Para reflexiones adicionales sobre este tema en el contexto de la cosmología científica actual, véase el artículo de Manuel D. Morales como respuesta a la pregunta “Universo sin inicio vs. Argumento cosmológico Kalam” en esta misma revista digital Razón y Pensamiento Cristiano (3 de Septiembre de 2014): http://www.revista-rypc.org/2014/09/p6-universo-sin-inicio-vs-argumento.html. Las ideas filosófico-teológicas de fondo coinciden con lo que se indica en el presente artículo, como puede deducirse de este fragmento clave: "[...] la doctrina cristiana de la creación, más que referirse a un particular evento ocurrido en el pasado, apunta a una cuestión muchísimo más profunda: la dependencia ontológica del universo con respecto a Dios. Por lo tanto, la interrogante importante para efectos de teología y apologética, no es si nuestro universo es temporalmente finito, sino más bien por qué existe. Y es que incluso poniéndonos en el escenario hipotético de que nuestro universo tuviera una edad infinita, seguiría siendo contingente –es decir, existe, pero podría no haber existido–. Así que todavía tendría mucho sentido seguir hablando de creación, como un mantener a nuestro universo en el ser, durante todo tiempo. Por otro lado, la cosmología, así como todas las ciencias experimentales, no se preguntan por qué existe nuestro universo, aquello está fuera de su dominio. Sino mas se preocupan de modelar, a través de diferentes mecanismos regulares, los procesos de cambio que ocurren en el universo. Y todo esto, ya dando por sentado que las leyes de la física, la energía, la materia, etc., existen."
  19. Curiosamente tanto Peters como Heller, en los artículos aquí citados con más de una década de diferencia, se quejaban de la dominancia entre los teólogos profesionales de la idea de inmanencia de Dios frente a la transcendencia.
  20. William E. Carroll. Thomas Aquinas and Big Bang Cosmology. Publicado en la web del Jacques Maritain Center: Thomistic Institute: http://www3.nd.edu/Departments/Maritain/ti/carroll.htm.
  21. McMullin, 1998b, op. cit., p. 409.
  22. C. S. Lewis. Apologética cristiana (1945). Publicado en: Lo eterno sin disimulo. Rialp, Madrid, 1999, p.19.
  23. Carroll, William E. Carroll. Thomas Aquinas and Big Bang Cosmology, op. cit.

ACERCA DEL AUTOR
Pablo de Felipe es profesor de Ciencia y Fe en la Facultad de Teología SEUT (Madrid, España) y director del Centro de Ciencia y Fe de dicha facultad. Doctor en Ciencias Químicas (Biología Molecular) por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha trabajado en las aplicaciones médicas de la biotecnología, en particular para la terapia génica del cáncer. Actualmente realiza un doctorado en Estudios Clásicos en la Universidad de Reading, Reino Unido.
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