miércoles, marzo 25, 2015

El argumento ontológico sobre la existencia de Dios, Parte II

"Baby Boomer" por Slawek Wojtowicz.
Fuente: slawcio.com
Raúl Isea, Venezuela

Esta segunda entrega se centra en explicar el argumento a favor de la necesidad de la existencia de Dios mediante el uso de la lógica modal: se mostrará que la posibilidad de que él exista es condición necesaria de su existencia. Sus máximos exponentes son los filósofos Charles Hartshorne (1897-2000), Norman Malcolm (1911-1990) y Alvin Plantinga (1932).

Como se expuso en la primera parte, el argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios está basado en una serie de razonamientos lógicos. Sin embargo, con esta metodología no pretendemos convertir a la fe a los no creyentes, sino dar cuenta de que nuestro entendimiento limitado es capaz de articular argumentos a favor de la razonabilidad del teísmo. Quienes creemos en Dios por la vía de la fe, no necesitamos una prueba analítica para afianzar nuestra creencia, mientras que aquellos que no creen, por lo general descartan cualquier evidencia de su existencia. En este sentido, recordemos al teólogo danés Sören Kierkegaard1 (1813-1855) quien defendía que el acercamiento a Dios es sólo posible a título personal, no a través de las masas. Así mismo, creía que toda demostración de su existencia está sesgada porque de entrada ya se afirma que él existe.

Ahora nos enfocaremos en lo que se conoce como la versión modal del argumento ontológico. El punto de partida de esta argumentación se logra identificar por lo expresado por San Anselmo de Canterbury (1033-1109) en el capítulo III de su Proslogion2:

Si Dios pudiera posiblemente dejar de existir, Dios tiene que ser algo que, “aún si existiera” sería menor que “aquello mayor de lo cual nada se puede pensar”, pues podemos pensar algo tal que no puede pensarse que no exista, y ser así es mejor que ser tal que sea pensable que no existe; de ahí que aquello superior a lo cual nada ha de ser pensable tiene que pensarse como tal que su existencia es imposible. El que dice que piensa esto, pero cree que no existe o que no puede existir, se contradice a sí mismo, pues dice que piensa como posible aquello de lo que también dice que nadie puede pensar como posible (...).

De hecho, Malcolm3 apunta que la afirmación de San Anselmo es correcta cuando asegura que la existencia necesaria de Dios es el ser mayor que lo cual nada puede ser pensado, y sostiene que si Dios, un ser mayor que lo cual nada puede ser pensado, no existiera, entonces él no puede venir de su existencia, pues al hacerlo, él hubiera de ser causa por quien piensa eso, y, por consiguiente, es un ser limitado. En cambio, si Dios existe, no puede venir de la nada su existencia por lo dicho anteriormente, y tampoco puede dejar de existir a raíz de que nada impide su existencia, de modo que si Dios existe, su existencia es necesaria.

Esta interpretación nos enseña que para que Dios exista, él debe existir necesariamente, y justo en este momento entra en escena la formulación modal, es decir, la lógica que se deriva de emplear argumentos basados en conceptos que se definen como “necesarios” y “posibles”, conocidos como operadores modales.

En la primera parte explicamos que Dios es el ser mayor si existe tanto en el entendimiento como en la realidad en vez de sólo en el entendimiento, y como lo expresó Malcolm, esto último se puede reescribir simplemente como algo es mayor si es pensado y existe con respecto a lo que sólo es pensado. Este comentario suele criticarse porque se le asocia la existencia como una perfección, lo cual ya había sido señalado por Immanuel Kant (1724-1804), y antes por Pierre Gassendi (1592-1655), quien sostenía que “la existencia no es una perfección ni en Dios, ni en ninguna otra cosa, es más bien aquello en cuya ausencia no hay perfección”4.

El argumento expresado en el capítulo III del Proslogion se puede reinterpretar de la siguiente manera: el ser cuya no-existencia es lógicamente imposible es mayor que un ser cuya no-existencia es lógicamente posible, es decir, que el ser mayor que lo cual nada puede ser pensado debe ser uno tal cuya no existencia sea lógicamente imposible.

Antes de razonar el párrafo anterior, permítanme señalar que hablar de Dios como un ser que existe necesariamente no es una idea nueva. Recordemos que la tercera vía de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), denominada la vía de la contingencia, expresa un argumento en función de un ser necesario5. Comienza afirmando que puede haber cosas que son y podrían no existir. De modo que podemos considerar o bien que todo es contingente, o que hay un ser necesario. Sabemos igualmente que de la nada no puede surgir nada, así que debe existir un ser necesario del cual todo lo demás debe su existencia. Ese ser necesario es justamente al que llamamos Dios.

En este punto debemos tener claro que el concepto de necesidad mencionado por Santo Tomás no significa lo mismo de acuerdo al desarrollo del formalismo de la lógica modal, que explicaremos a continuación.

La lógica modal se define con base en dos operadores denominados “necesidad” y “posibilidad”, los cuales simplemente se conocen como operadores modales. Se distingue por mostrar el carácter deductivo de expresiones consideradas como verdad, como por ejemplo: “es necesario que dos más dos sean cuatro”, donde “es necesario que” es un operador modal, y suele representarse como [], o la letra L. El otro operador “es posible que”, se denota con el símbolo ◊ o con la letra M. De manera que si abreviamos la expresión “Existe Dios” con la letra D, entonces la sentencia []D nos indica: “es necesario que exista Dios”, mientras que si se hubiera escrito ◊D, se leerá simplemente como “es posible que exista Dios”. Claro está, dicho de este modo, se podría ya justificar que es posible que Dios exista cuando se escribe ◊D, pero como se verá más adelante, eso se demuestra de acuerdo al formalismo desarrollado por la lógica modal.

Más aún, se demostró demuestra que es posible definir un operador en función del otro, es decir, que el operador “es posible que” se puede definir en función del operador “necesidad”, y el mismo está determinado según la expresión ◊ = ¬[]¬ (el caso inverso será [] = ¬◊¬, donde el símbolo ¬ representa la negación). Esta definición no es nueva, ya Aristóteles (384-322 a.C.) decía que si algo es necesario es lo mismo que afirmar que es imposible su opuesto, mientras que indicar que algo es posible es lo mismo que decir que su opuesto no es necesario. En este punto somos capaces de entender que una proposición es posible siempre y cuando su negación no es necesaria, mientras que será contingente cuando ella y su negación sean posibles.

Igualmente, es fácil comprender que un pensamiento se puede interpretar como una proposición, bien sea verdadera o falsa: anteriormente, por ejemplo, afirmamos que dos más dos son cuatro. Llega entonces el punto en el que debemos discernir qué significa necesidad desde la óptica de la lógica.

Cuando se afirma, por ejemplo, que D es lógicamente necesaria si, y sólo si, la negación de D puede ser demostrada como autocontradictoria, lo que estamos diciendo es que (teniendo presente que con la letra D estamos señalando “existe Dios”) Dios tiene que ser lógicamente necesario, o que su existencia es lógicamente necesaria, o que es lógicamente imposible que Dios no exista. De manera que ya comprendemos por qué Malcolm sostiene que “un ser cuya inexistencia es lógicamente imposible es más grande que un ser cuya inexistencia es lógicamente posible”6.

El desarrollo de la lógica modal introdujo un nuevo concepto referente a un mundo posible donde se afirma que existen infinitos mundos como sigue:

  1. Existen mundos posibles y los mismos son tan reales como el mundo en el que vivimos.
  2. Todos los mundos posibles están igualmente constituidos.
  3. Los mundos posibles no pueden dividirse en otros mundos.
  4.  El mundo en el que vivimos es el único real.
  5. Cada mundo posible está aislado de los demás mundos, por lo que no existe relación ni nada en común.
  6. Los mundos posibles están causalmente aislados unos de otros.

Una vez comentado el formalismo de la lógica modal, pasamos a explicar el argumento ontológico modal. Esta argumentación enuncia que Dios debe existir necesariamente. En ese sentido, si Dios es un ser eterno (sin inicio ni fin) y todos dependemos de él, entonces Dios es el ser necesario y su existencia sólo puede ser entendida como una existencia necesaria.

Como se demuestra gracias a la lógica modal, si Dios es posible que exista, entonces Dios debe existir; presentamos cómo derivarla (abreviaremos con la letra D que “Dios existe”), y cada argumento matemático es explicado inmediatamente después:

  1. D → []D   Premisa
    Significa que ‘Dios existe’ implica que ‘Es necesario que exista Dios’.
  2. ¬[]D → ¬D   De (1)
    Si no es necesario que exista Dios, entonces Dios no existe.
  3. ◊¬D → ¬D   Sustituyendo la definición [] en la expresión anterior
    Posiblemente no existe Dios, entonces Dios no debe existir.
  4. ◊¬¬D → ¬¬D   Sustituyendo D por ¬D en (3)
    Pero si partimos del hecho de que ‘No existe Dios’ en el argumento expresado en el punto 3.
  5. ◊D → D   Resultado de la doble negación en (4)
    Entonces, negar la no posibilidad de la no-existencia de Dios, conlleva deducir que él necesariamente debe existir (por la doble negación de esta última afirmación). Por lo que hemos demostrado que si Dios es posible que exista, entonces Dios debe existir. Todo el argumento anterior se representa matemáticamente como D → []D ├ ◊D → D

Lo que hemos demostrado es que si Dios existe, él necesariamente debe existir (reescrito como D → []D) y, además, que si Dios existe, entonces Dios puede existir (◊D → D), y no estamos definiendo per se a Dios, teniendo presente que lo desarrollado anteriormente radica en afirmar la posibilidad de que exista Dios.

Sólo nos resta mencionar el argumento expuesto por Alvin Plantinga. Pero antes recordemos que él hizo una distinción entre “necesidad natural” y “necesidad lógica”, la cual se puede visualizar a través del siguiente ejemplo: “Einstein escaló el Salto Ángel en Venezuela”; esto es posible como una necesidad lógica, pero es imposible que lo haya realizado desde el punto de vista real. Visto de esa manera, probablemente se pueda pensar que el argumento que a continuación señalamos de Plantinga está enmarcado en la necesidad lógica en vez de en una necesidad natural, pero en este punto uno puede dudar de si realmente es pertinente realizar esa distinción cuando se habla de proposiciones lógicas.

El argumento expresado por Plantinga se basa en las leyes de la lógica modal y los mundos posibles7:

  1. Es posible que exista un ser máximamente grande (Dios).
  2. Si es posible que exista un ser máximamente grande, entonces existe en algún mundo posible.
  3. Si un ser máximamente grande existe en algún mundo posible, entonces existe en todos los mundos posibles.
  4. Si un ser máximamente grande existe en todos los mundos posibles, entonces existe en el mundo real.
  5. Por consiguiente, un ser máximamente grande existe en el mundo real.
  6. Por consiguiente, un ser máximamente grande existe.

Plantinga nos está diciendo que si Dios fuera un ente contingente, entonces no sería un ser máximamente grande porque sólo existiría en algunos de los mundos posibles y, por ende, no sería el ser máximamente grande. Nos indica claramente que ese ser debe poseer la máxima grandeza en todos los mundos y, por lo tanto, debe existir en la realidad.

También sostiene que la necesidad del ser no se refiere a la existencia lógicamente necesaria de su divinidad, sino a las cualidades y relaciones únicas de grandeza del ser divino y de la imposibilidad de ser generado o corromperse.

Conclusiones

La base del argumento ontológico modal es que Dios necesariamente existe y es fácilmente justificable de acuerdo a la lógica modal. De hecho, Malcolm sostiene que una propiedad de Dios es que la existencia necesaria es una perfección. En este punto, es fácil comprender que Dios debe necesariamente existir, porque si fuera inexistente, entonces no sería el ser supremo (al ser algo imperfecto).

Como se concluyó en el primer ensayo, siempre será posible formular contraargumentos para rebatir la existencia de Dios. Sin embargo, basado en lo desarrollado a lo largo del presente ensayo, ahora no estamos debatiendo la existencia de Dios, sino infiriendo que “Dios existe necesariamente”.

Aseverar, y probablemente sea un tema de debate, que Dios existe necesariamente y que eso sea considerado como una verdad a priori, y por ende, indicar que Dios existe necesariamente ya que esta afirmación conlleva el resultado de que Dios existe, y por tanto, su consideración como argumento apriorístico. Este último comentario está basado en la observación de Malcolm, cuando afirma que “lógicamente necesario” es sinónimo de a priori.

Tengo la esperanza de que a través del lenguaje de la lógica modal sea posible resaltar que es posible justificar la necesidad de la existencia de Dios, en vez de imaginar a un Dios circunstancial que sólo puede venir a la existencia por eventos puntuales en un determinado tiempo en los hombres. Más bien me conforta reconocer que es imposible pensar en él más allá de nuestro entendimiento, y poder verlo reflejado a través del lenguaje universal de las matemáticas.
__________
  1. FAZIO, M. Sören Kierkegaard. Philosophica: Enciclopedia filosófica online, disponible en http://goo.gl/KxvlJb.
  2. ROVIRA, R. La fuga del no ser. Argumento ontológico de la existencia de Dios y problemas de la Metafísica. Ediciones Encuentro, Madrid, (1991).
  3. MALCOLM, N. Anselm's ontological arguments. Philosophical Review, 69 (1960) 41-62.
  4. ROVIRA, R. La fuga del no ser. Argumento ontológico de la existencia de Dios y problemas de la Metafísica. Ediciones Encuentro, Madrid, (1991), 123. .
  5. FUENTES, M.A. Cinco vías de Santo Tomás. Catholic.net, disponible en http://goo.gl/1Z0toq.
  6. MALCOLM, N. Anselm's ontological arguments. Philosophical Review, 69 (1960), 41-62.
  7. PLATINGA, A. The Nature of Necessity. Oxford University Press. NY, (1982).

ACERCA DEL AUTOR
Raul Isea es investigador del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), en Venezuela. Doctorado en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, y Licenciado en Física por la Universidad Central de Venezuela. Posterior a esto, realizó postdoctorado tanto en el Centro de Química del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, como en la Rice University. También fue investigador en el Centro Nacional de Cálculo Científico de la Universidad de Los Andes - CeCalCULA.
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