Pregunta 4 - ¿Es la Biblia un plagio de leyendas antiguas?

     PREGUNTA

¿Es un plagio la Biblia?

Esto es algo que está dado como hecho por parte de distintos estudiosos, y es algo que fue difundido por algunos libros escépticos de USA, y también difundido por documentales como Zeitgeist. Vamos por partes:

El Génesis bíblico posee, en algunos rasgos, semejanzas importantes con algunos escritos sumerios, babilónicos y egipcios, sobre todo en el momento de la creación divina. El Diluvio de Noé por ejemplo, sería en rasgos esenciales tomado del poema de Gilgamesh, o del conocido Ciclo de Ziusudra. También hallamos una semejanza particular entre el personaje de Moisés y Sargón de Acad, debido a como fue salvado de las aguas (una leyenda casi universal, que se ve en Rómulo y Remo, Perseo, etc). Otra coincidencia notable es el pacto de alianza entre Dios y Moisés, que es una especie de 'imitación' de los tratados de vasallaje hititas y otros pueblos de la antigüedad. Esas costumbres del pasado y esos textos legendarios son anteriores a los escritos bíblicos, y es casi una realidad que la Biblia tomó parte importante de esas leyendas. Es por eso que resulta necesario preguntar: ¿Es la Biblia un plagio de leyendas antiguas?, y de ser así ¿por qué Dios tomaría leyendas “paganas” para transmitir su palabra?, ¿acaso no está mal cometer plagios?, ¿existe comunión entre la luz (Dios) y las tinieblas (paganismo)?. Desde ya gracias, y espero que puedan responder estas preguntas, que están siendo planteadas desde diversos sectores tanto de creyentes como de no creyentes.

Saludos.

Claudio E. Morales
Chilecito, Argentina.


     RESPUESTA

Estimado Claudio, gracias por compartir tu pregunta con nosotros.

Para comenzar debo admitir que estoy de acuerdo con tu observación. La experiencia del día a día, especialmente en el contexto universitario, me ha permitido constatar que documentales como Zeitgeist: The Movie (2007, Dir. Peter Joseph) -que para su difusión se valió exclusivamente de las redes sociales de la internet- juntamente a un tipo de literatura best-seller de divulgación, suelen estimular poderosamente la inquietud intelectual de muchas personas. Sin embargo, la rapidez con la que los mass media presentan sus contenidos al público en general, en muchas ocasiones provoca toda clase de opiniones apresuradas o poco formadas, tanto en creyentes como no creyentes, lo que en la práctica se traduce en un discurso crítico de una muy cuestionable seriedad de investigación.

El estudio comparativo entre el acervo cultural-histórico-religioso de la Biblia Hebrea, y las aportaciones del Medio Oriente Antiguo no son ninguna novedad de nuestro tiempo. Ya a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, algunos descubrimientos arqueológicos pusieron de manifiesto relaciones sorprendentes entre relatos bíblicos y relatos mesopotámicos y egipcios. Con el hallazgo del Poema de la creación y el relato del diluvio babilónico de la Epopeya de Gilgamesh (traducida en 1872) en la biblioteca de Asurbanipal, comenzó a pensarse que los autores bíblicos habían trabajado sobre leyendas mesopotámicas cuando se propusieron narrar los acontecimientos en el jardín del Edén y de los orígenes de la cultura antediluviana. Con posterioridad, aparte del libro del Génesis, se establecieron estudios comparativos entre la literatura sapiencial bíblica y determinados textos egipcios, así por ejemplo, entre el Salmo 104 y el Himno a Atón, o entre el Libro de los Proverbios y la Sabiduría de Amen-em-opet. Estos últimos textos fueron accesibles al conocimiento moderno desde que en 1822 Jean-François Champollion lograra descifrar la escritura jeroglífica egipcia de la Piedra de Rosetta. Ahora bien, desde la cultura mesopotámica, también en lo concerniente a aquel subgénero literario, se ha comparado al poema del Justo doliente igualmente contenido en la biblioteca de Asurbanipal, con el libro de Job.

El creciente optimismo en la posibilidad de rastrear la procedencia de los relatos bíblicos hasta los textos mesopotámicos especifícamente, llevó a algunos eruditos a adoptar una postura hoy denominada panbabilónica. En 1902 con su libro “Babel y la Biblia”, Friedrich Delitzsch negó la independencia del Antiguo Testamento con respecto al mundo del pensamiento babilónico, continuando en 1920 y 1921 con una obra de dos tomos en donde no veía más que un “engaño” en la creencia en la Biblia Hebrea abogando por su supresión del cánon cristiano. Otros autores como H. Winckler y A. Jeremias realizaron importantes contribuciones a través de la aplicación de una “doctrina de la analogía”. El último autor, en su libro “El Antiguo Testamento a la luz del Antiguo Oriente” (1904) consideró a los relatos bíblicos un mero eco de los mitos mesopotámicos.

Pero quizás para la sorpresa de muchos cyber-activists, la aceptación de los postulados del panbabilonismo duro es escasísima en nuestro tiempo. Hoy las disciplinas científicas proceden con mayor cautela en los estudios comparativos. Existen diversas investigaciones que indagan la originalidad de los relatos bíblicos, eso sí, sin perjuicio de admitir cierta dependencia en determinados textos respecto de la literatura extrabíblica. Ya hace más de 60 años que J.B. Pritchard editó en este espíritu la monumental colección de documentos “Ancient Near Eastern Texts relating to the Old Testament (ANET)”, una obra indispensable para quien se interese en el apasionante contexto cultural y religioso de la Biblia Hebrea, el Antiguo Testamento cristiano.

¿Es la Biblia un plagio de leyendas antiguas? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, ha definido 'plagiar' (del latín plagiāre) en su primera acepción como “Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Creo que no lo es. Hoy no son pocos los estudios que acentúan el carácter contracultural de la Biblia Hebrea en relación con la historia del difícil triunfo del monoteísmo estricto en el Antiguo Israel. Me he referido en particular al caso del relato bíblico del diluvio en el Génesis 6-9, en el artículo "El Diluvio: El Génesis en su contexto", en cuyo análisis he apuntado a la singularidad del “mandato cultural” frente al mito babilónico de Atrahasis, en el que aquel parece basarse no obstante asignar un sentido completamente diferente. Desde un punto de vista histórico y cultural, me parece que la evidente relación entre los relatos de la Biblia Hebrea y los mitos mesopotámicos y egipcios, son el resultado de la insoslayable influencia de las grandes civilizaciones del creciente fértil. Primero, con respecto a la ubicación geográfica-política de los reinos de Israel y Judá en el siglo VII a.C., una verdadera vía de comunicación inter-imperial, cuya relativa autonomía, siempre provisoria, dependía del ocaso de los dominios en los valles del Nilo, Halys, Tigris y Éufrates. Es en este contexto espacio-temporal donde junto a la consolidación de la administración funcionaria de la monarquía, un florecimiento del saber y las artes estimula la recopilación escrita de antiguas tradiciones orales de contenido religioso, proceso de particular relevancia para una profunda reforma religiosa en el reino de Judá a finales del siglo VII a.C. Segundo, en el contacto del pueblo judío con la rica herencia cultural entre ríos a partir de las sucesivas olas de exiliados a Babilonia desde finales del siglo VI a.C., entorno en el cual los escribas del exilio sistematizarán la Biblia Hebrea llevándola a sus formas más acabadas. Sin embargo, quisiera dejar en claro que no estamos en presencia de una simple mezcla de tradiciones culturales como alguna vez leí en un comentario de red social, sino de una compleja reinterpretación de los mitos del medio oriente antiguo en el marco de una historia de la salvación con profundos mensajes de liberación, igualdad y ética de humanidad, como de fidelidad al Dios único derribando los ídolos de opresión de su pueblo.

Finalmente, desde un punto de vista teológico y bíblico, respondiendo a tu duda, no creo que estemos en presencia de una comunión entre la luz y las tinieblas. La revelación especial y natural de Dios en la historia, da cuenta de la posibilidad de que Él salga a nuestro encuentro valiéndose de los rasgos más propios de la humanidad. La iglesia cristiana primitiva respondió al docetismo declarando categóricamente la doble naturaleza del sencillo carpintero de Galilea: Jesús, verdadero Dios, verdadero hombre. Y sabido es que el hombre es un ser social, (y una vez que superamos la singular pretensión universalista de los filósofos de la modernidad) que aquel necesariamente se mueve en un entorno cultural determinado. Pero es precisamente allí donde Dios nos llama a la transformación de la cultura, en el pensamiento y la acción, tal como recordó Josué habiendo recorrido buena parte del trayecto: “Al otro lado del río habitaban antiguamente vuestros padres, es decir, Taré, padre de Abraham y de Nacor, y servían a otros dioses.” (Josué 24, 2).

Con esta modesta presentación de opinión, espero haber aclarado aunque sea en parte tu interesante pregunta. Muchas gracias, Claudio.

Jonathan Morales
Editor de RYPC.


Referencias recomendadas
  • PRITCHARD, James B. (ed.) The Ancient Near East: An Anthology of Texts and Pictures. Princeton – New Jersey, Princeton University Press, 2010.
  • BLEEKER, C.J., y WIDENGREN, G. Historia Religionum. Manual de Historia de las Religiones. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1973.
  • DE VAUX, Roland. Instituciones del Antiguo Testamento. Barcelona, Editorial Herder, 1976.
  • FINKELSTEIN, Israel y SILBERMAN, Neil Asher. La Biblia Desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados. Madrid, Editorial Siglo XXI, 2003.
  • GARCÍA CORDERO, Maximiliano. La Biblia y el Legado del Antiguo Oriente. El entorno cultural de la historia de salvación. Madrid, BAC, 1977.
  • RÖMER, Thomas et. al. Introducción al Antiguo Testamento. Bilbao, Desclée de Brouwer, 2008.
  • LIVERANI, Mario. Más allá de la Biblia. Historia Antigua de Israel. Barcelona, Crítica, 2005.

 
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