El Diluvio: El Génesis en su contexto

Arte persa. Fuente: Historiaybiografias.com
Jonathan Morales, Chile

I. Introducción

A lo largo de siglos el relato del diluvio ha cautivado nuestra imaginación como pocas historias de la Biblia Hebrea. Su narración, que hallamos en el libro del Génesis 6-9, aparte de ser objeto de recurrentes estudios teológicos ha sido reproducida una y otra vez en el arte, la literatura, el cine, etc. Por desgracia, al igual que como sucede con buena parte de los relatos de los “orígenes” (Génesis 1-11), algunos problemas en el marco interpretativo de sus lecturas tradicionales han sepultado en el olvido su novedoso carácter contracultural en el contexto de los grandes imperios de la antigüedad, en relación a la libertad humana y el problema del poder establecido.

II. Persistencia y funciones del mito

Según Enrique Margery Peña “[e]n el marco de la tradición mitológica de todos los pueblos, el Mito del Diluvio es, sin duda alguna, la más universal de las creaciones de este tipo, y la que, merced a esta propiedad, ha merecido la mayor cantidad de estudios surgidos desde perspectivas históricas, filológicas, folklóricas, etnográficas, arqueológicas e, inclusive, religiosas.”1 Por su lado, el antropólogo estadounidense Philip Freund en su obra “Myths of Creation” identifica más de 500 historias en más de 250 tribus o pueblos de distintos lugares del orbe a lo largo de la historia.2 Encontramos relatos de este tipo prácticamente entre todas las antiguas culturas de Eurasia, América y Oceanía.3

¿Pero cómo se explica la persistencia del relato diluviano entre una variedad de tradiciones culturales que en el fondo son disímiles? Desde el siglo XIX la disciplina de la historia de las religiones, con independencia del campo de la teología y las historias eclesiásticas, se abocó al estudio de los mitos y sus funciones para las sociedades primitivas o menos desarrolladas con respecto al mundo moderno. Desde principios del siglo XX que algunos autores como Bronislav Malinowski han advertido que para estas colectividades la comunicación a través de los mitos no buscaba satisfacer la curiosidad científica al modo de una estricta y rigurosa crónica historiográfica. Más bien proveían herramientas para revivir algunos de los aspectos más esenciales de la realidad original, asistiendo a las más profundas necesidades religiosas, aspiraciones morales, imperativos de orden social, e inclusive dando respuesta a sencillas exigencias de práctica cotidiana.4

Por desgracia esta vez no tenemos mucho espacio para incursionar en cada una de las funciones atribuidas a las diferentes historias del diluvio. Tan solo nos detendremos en dos, que como se observará más adelante, confieren al relato bíblico de Génesis 6-9 una asombrosa singularidad en el contexto de las antiguas potencias del creciente fértil y sus ideologías imperiales.

  1. Pedagogía desde las causas del desastre. De acuerdo a Hans de Wit, subyace a la mayoría de los mitos del diluvio la siguiente interrogante: ¿Puede el ser humano destruir los fundamentos de la vida y el orden social establecido? ¿Acaso puede el hombre colapsar los pilares que sostienen este edificio que llamamos mundo? El hallazgo de numerosos mitos o fragmentos de estos que tematizan con una inundación primigenia, no evidencian tanto la historicidad de un acontecimiento catastrófico en un pasado remoto, como si lo hacen con la recurrencia de esta sensación o pregunta sobre la ruina del orden establecido.5 Curiosamente los relatos acostumbran a vincular el derrumbe de las bases del mundo con el interés de algunos en suvertir el orden cósmico existente. Sea a través de la desobediencia al mandato de (los) dios(es) o el pecado humano (la codicia, la idolatría, etc.) se trata de emprender algún cambio en el mundo fijado desde los albores de los tiempos. Luego, “[l]a trama de estas historias del diluvio es sencilla: el hombre no está contento de cómo son las cosas, no está contento con su mundo. Se levanta contra el orden establecido y evoca así el caos.”6 Según la antigua creencia helénica, Poseidón dios de los mares por mandato de su hermano Zeus supremo dios del Olimpo, inundó cada rincón de la tierra a fin de exterminar a la humanidad por causa de su osadía. Transgrediendo la voluntad de los dioses, los hombres recibieron de la mano del titán Prometeo el fuego de los dioses (la cultura, las cosas divinas y bellas) para que pudieran abrigarse.

  2. Explicación y legitimación del poder imperante. Aunque en cierta forma se desprende de lo anterior, no podemos dejar de mencionar el rol legitimador de los mitos del diluvio con respecto al orden social, político y económico imperante. Por lo general esto se hace efectivo a través de la vinculación con algunos antecedentes remotos, en donde la participación de la(s) deidad(es) en la fundación del mundo tal como se conoce, proporciona un hálito de sacralidad a la sucesión de titulares de un poder que se interpreta así mismo como sempiterno. Según la antigua cosmogonía de la China imperial, Si Wén Ming o Yu el Grande: fundador de la primera dinastía; con ayuda de la diosa Nüwa construyó canales de regadío para controlar una inundación primigenia, permitiendo así al pueblo subsistir por la cosecha de sus cultivos. También existe un mito incaico que cuenta como el dios supremo Wiraqucha creó un mundo desprovisto de luz el cual fue habitado por gigantes que no le obedecieron ni le honraron. Indignado por el salvajismo de los primeros seres, junto a desatar un diluvio sobre la tierra creó a Manco Cápac y Mama Ocllo a fin de fundar la capital de un poderoso imperio e iniciar un reinado dinástico.

III. El diluvio en Mesopotamia

Para cuando la Biblia Hebrea entra en escena en esta breve pero agitada obra que es la historia de la civilización, el creciente fértil tenía ya a su disposición una rica biblioteca de relatos acerca de los orígenes del mundo, del ser humano y su mortalidad, el amor, la solidaridad, la maldad y el sufrimiento. Por supuesto que también existían algunas historias sobre la posibilidad de desatar el completo caos en los fundamentos del mundo. Todas estos relatos daban cuenta de la cosmovisión que venía sirviendo de base a la organización social, política, económica, religiosa, militar, etc. desde que comenzó a desarrollarse en el cuarto milenio a.C. Buena parte de los textos más antiguos de nuestra Biblia, son el resultado de una “tradición oral que acaba fijándose por escrito en forma de mitos que se integran en la narración del texto que servirá de vehículo a un pueblo y su religión, a través de un hilo argumental que adquiere una coherencia diferente a la de otros testimonios surgidos en el mismo crisol de culturas: Mesopotamia.”7 Dos son los mitos de la cultura entre ríos que también se refieren al diluvio. Las sorprendentes coincidencias con las historias bíblicas nos hablan de la significativa influencia cultural que fue la tónica del levante mediterráneo por largo tiempo. El influjo del ambiente –hoy sabemos, de suma trascendencia en casi todo el proceso de composición del Pentateuco– se hace más evidente a partir de la destrucción de Jerusalén a manos de Nabucodonosor II, la deportación de la élite judía y el progresivo exilio de las capas medias del reino de Judá, en Babilonia capital del imperio, a partir del 597 a.C. Sin embargo, nos atrevemos a sostener que las diferencias entre ambos conjuntos resultan mucho más impactantes cuando existe un conocimiento de las ideologías imperiales a las que respondió (y aún responde) nuestro texto sagrado.

Epopeya de Atrahasis

El mito babilónico de Atrahasis (en acadio “el que es sumamente sabio”) data aproximada del 1700 a.C. En él se relatan los pecados de los primeros hombres, y su consiguiente castigo por parte de los dioses, a través de plagas y un diluvio.8 La epopeya comienza describiendo el mundo antes de la creación del ser humano: “Cuando los dioses trabajaban como el hombre”; así reza la primera línea y antiguo título de la composición.9 El texto relata como en los primeros tiempos siete dioses, los Anunnaki (en sumerio “los de sangre real”), se erigieron como supremos relegando al resto del panteón como fuerza de trabajo. “Estos dioses «(cuyo) trabajo era muy pesado, (cuya) dificultad era mucha» cavaron los ríos del Tigris y el Éufrates y luego se rebelaron, negándose a continuar con sus labores. Siguiendo el consejo de Enki (señor del gran abismo), los dioses decidieron crear un sustituto para hacer el trabajo de los dioses, y Enki junto a la diosa madre crearon al hombre de arcilla y de la carne y sangre de un dios muerto, «We-ilu, un dios que tiene sentido» de quien el hombre ganó racionalidad.”10 Pero con el tiempo la humanidad comenzó a multiplicarse de tal manera que el ruido de su alboroto hacía imposible que los dioses conciliaran el sueño. Para resolver el problema decidieron traer sucesivas plagas sobre la humanidad (peste, sequía, hambre, suelos salinos) las que no pasaron más allá de ser soluciones provisorias, ya que cada vez que un mal azotaba a los mortales ellos presentan sacrificios y ofrendas al dios de la peste, la lluvia, la cosecha, etc. para que este mostrara clemencia y devolviera el preciado recurso. Finalmente es Enlil señor del viento, quien convence a los otros dioses acerca de la necesidad de una “solución final” al excesivo crecimiento de la población humana. Propone abrir las compuertas del abismo y desatar un diluvio con el que se pondría fin a la ruidosa existencia de la humanidad sobre la tierra.11 Sin embargo Enki adelanta el plan a Atrahasis para que construya un gran barco, una arca cuyo nombre será “Preservador de la vida”, que con un techo y una cubierta fuerte protegerá a las bestias del campo y a las aves del cielo.12 Será luego de la aniquilación de los mortales que los dioses se darán cuenta del grave error que cometieron. Ahogando a cada ser humano ya no queda nadie para saciar el hambre y la sed de los dioses a través de sacrificios y ofrendas. Por fortuna queda Atrahasis, que agradecido ofrece un sacrificio al que los dioses vienen a comer. “Ahora que los dioses han entendido que no sólo el hombre depende de ellos, sino ellos también del hombre (¿Qué haría un rey sin esclavos?) acuden a medidas menos drásticas para limitar el crecimiento de la humanidad”13 Enki le pide a Nintu diosa de los partos corregir el viejo problema desde la creación de nuevas criaturas. Esta vez las soluciones serán la esterilidad femenina, la mortalidad infantil (el demonio Pasittu arrebatará la vida de los bebés en brazos de sus madres) y la abstención sexual (el sexo como tabú; la virginidad como regla de vida para algunos oficios sacerdotales).

Epopeya de Gilgamesh

Se trata de un conjunto de tablillas de la temprana cultura babilónica, que esencialmente se expresan sobre asuntos seculares como el hombre, la naturaleza, el amor, la amistad y la guerra, todo ello con la incertidumbre de la muerte como telón de fondo. Este poema cuenta las andanzas de Gilgamesh, rey de Uruk, que angustiado por el inevitable destino de los hombres emprende un viaje en búsqueda del secreto de la inmortalidad. La tablilla XI que es la más extensa (más de 300 líneas) y mejor conservada del conjunto, narra el encuentro de Gilgamesh con Utpnapishtim el héroe del gran diluvio (el equivalente al acadio Atrahasis) con quien entabla una cercana amistad. Las coincidencias con el relato bíblico del diluvio son realmente asombrosas, especialmente entre la línea 80 y 165, donde el héroe del diluvio ofrece una imagen similar a la del Génesis 7 y 8. Gran importancia recae sobre las líneas 190 y ss. donde el héroe y su esposa, sobrevivientes de la catástrofe, son recibidos en la asamblea de los dioses para gozar la bendición de la inmortalidad, carácter que según las antiguas creencias de Mesopotamia y Egipto acompañaba por lo general a los supremos gobernantes en su sucesión dinástica.

IV. El diluvio en el Génesis

Para terminar nos referiremos brevemente a algunos elementos de los capítulos 6, 1-8; y 9:1-7, que se corresponden, respectivamente, con la descripción de la maldad humana antes del diluvio, y el posterior pacto de Yavé con la humanidad.

El primer episodio mencionado comienza describiendo la acción de los “hijos de los dioses”, que para si mismos eligen mujeres de entre las “hijas de los hombres”. Por largo tiempo se ha debatido sobre la naturaleza de estos misteriosos seres. Descartando la exégesis apocalíptica que caracteriza a la teoría intertestamentaria de los “ángeles caídos”14, y la propuesta sobre los “cainitas” o la de los “setitas”15: todas ellas por especular en la ausencia de bases textuales, y apelar a una lectura literalista –no es lo mismo que una lectura literaria de la Biblia; nos inclinamos a favor de una interpretación que pone a los pasajes en su debido contexto mítico e histórico.16 “No son seres celestiales desconocidos, sino es una categoría bien definida. El texto tampoco habla de «los dioses» en general, sino que da un detalle importante, un dato sociológico: son los hijos de Dios. Ahora bien, recordemos que fue precisamente este término (hijo de tal y tal Dios) que era el título preferencial de los faraones y reyes de Mesopotamia. El faraón es «hijo de Ra», los reyes sumerios son «hijo de Anu». El rey babilónico es «hijo de su Dios (Marduk)».”17 Considerando este aspecto por largo tiempo ignorado, el texto recobra todo su sentido. Contra la pretensión de algunos de alcanzar la inmortalidad como Utpanishtim, en la epopeya de Gilgamesh, no morir y ser como Dios (Gén. 3, 4) Yavé dueño y juez de las naciones (Salmo 82) concede a los hijos de los dioses una vida que no se extenderá por más de 120 cortos años. Ahora comprendemos que la narración del prólogo al diluvio es un texto de protesta, una denuncia contra aquellos que haciendo uso de un poder superior quieren tomar –como de hecho lo hacen muchas veces– todo lo que les plazca. El relato continúa con la engendración de su descendencia: los “nefilim”, en torno a los cuales la traducción de la Septuaginta ha ejercido una influencia perdurable. La versión bíblica LXX ha interpretado nefilim como “gigantes”. Efectivamente, para las teogonías de la Grecia antigua, los gigantes o “titanes” suelen rebelarse contra los dioses haciéndoles la guerra.18 Después de esta observación, advertimos que son estos “héroes de antaño”, “hombres de renombre” los que perturban el orden creado, y que con su constante inclinación a la maldad corrompen la tierra y la llenan de la violencia, razón última por la que Yavé se arrepiente de su creación y decide exterminar con el diluvio (a excepción de Noé el justo, su familia y los animales del arca) todo ser viviente sobre la faz de la tierra. Pero a diferencia de los Annunaki, en la epopeya de Atrahasis, una vez desatada la catástrofe Yavé no se lamenta de sus acciones a falta de la comida y la bebida de los sacrificios y las ofrendas humanas. Recordemos que de acuerdo al mito babilónico esta fue la principal razón por la que los dioses con posterioridad favorecieron medidas más “benevolentes” para el control de la sobrepoblación. Por el contrario, resuenan por los siglos las palabras del Dios de Israel de lo que la exégesis de los textos bíblicos ha denominado: el “mandato cultural”, un grito de libertad contra la opresión de los mitos del diluvio y las ideologías imperiales.

“(…)[S]ean fecundos y multiplíquense; sí, multiplíquense y llenen la tierra (…) Nunca más serán exterminados los seres humanos por un diluvio; nunca más habrá un diluvio que destruya la tierra.” Génesis 9, 7 y 11.

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  1. MARGERY PEÑA, Enrique. “El mito del diluvio en la tradición oral indoamericana”. Abya-Yala, San José de Costa Rica, 1998. p.8
  2. FREUND, Philip. “Myths of Creation”. Washington Square Press, 1966. 304 pp.
  3. Sin embargo, el mito diluviano rara vez se presenta en las cosmogonías de las variadas culturas africanas. Quizás la excepción esta dada por la tradición de la tribu Moussaye, en la actual República del Chad. ELIADE, Mircea. “Mito y Realidad”. Editorial Labor, Barcelona, 1991, p. 26
  4. ELIADE, Mircea. Op. cit. p.12
  5. DE WIT, Hans. “He visto la humillación de mi pueblo: Relectura del Génesis desde América Latina”. Amerindia, Santiago de Chile, 1988. p.169
  6. DE WIT, Hans. Ibid.
  7. OCHOA, José. Atlas histórico de la Biblia. Tomo I: Antiguo Testamento. Acento Editorial, Madrid, 2003. p.16
  8. PRITCHARD, James B. (ed.). "Ancient Near Eastern Texts relating to the Old Testament" (ANET). Princeton University Press, Princeton – New Jersey, 1969. p.104
  9. FRYMER-KENSKY, Tikva. “The Atrahasis Epic and its significance for our understanding of Genesis 1-9”. Biblical Archaeologist (American Schools of Oriental Research) 40(4): 18, Diciembre 1977.
  10. FRYMER-KENSKY, Tikva. Op. cit. p.19
  11. FRYMER-KENSKY, Tikva. Ibid.
  12. PRITCHARD, James B. (ed.). Op. cit. p.105
  13. DE WIT, Hans. Op. cit. p.173
  14. Que tiene su expresión más temprana en 1 Enoc 6-11 y en la Carta de Judas en El Nuevo Testamento; sus ideas principales se actualizan de vez en cuando por sectas cristianas filo-esotéricas.
  15. Esta última tesis es de origen cristiano; posteriormente también fue adoptada por un sector del judaísmo.
  16. Para una revisión detallada de esta materia, véase la excelente obra del teólogo argentino. CROATTO, José Severino. “Exilio y Sobrevivencia: Tradiciones contraculturales en el Pentateuco” Comentario de Génesis 4:1-12:9. Editorial LUMEN, Buenos Aires, 1997. p.143
  17. DE WIT, Hans. Op. cit. p.177
  18. BYLER, Dionisio. “Como un grano de mostaza”. Editorial CLIE, España, 1988. pp.51-56

ACERCA DEL AUTOR
Jonathan Morales es estudiante de Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales (Derecho) de la Universidad de Chile. También ha cursado materias sobre Reforma y Protestantismo en el Seminario Teológico Presbiteriano de Chile. Actualmente colabora como miembro activo en el Grupo Bíblico Universitario de Chile (GBU-IFES).
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