jueves, septiembre 13, 2012

Teología Contemporánea: El Reino y su legado a la Misión en América Latina, Parte IV

¿CLADE VI? Hacia una nueva teología natural. Conclusiones personales sobre la Misión y Reino en América Latina

César Navarro

Dios crea las disciplinas y la Iglesia las junta: hacia una Teología del Reino inter, multi y trans-disciplinaria.

En esta serie de artículos he tratado de presentar una especie de resumen sobre lo que fue, en buena medida, la influencia de la teología contemporánea del siglo XX en el discurso teológico del Reino y Misión en América Latina (A.L). También he destacado un aspecto importante que se cierne en la matriz de la teología cristiana en Latinoamérica, pero que hasta ahora no ha recibido el sol ni el agua necesaria para su florecimiento, y es una teología más completa de la creación, la cual algunas veces he tratado de relacionar con el conocimiento de la naturaleza y ciertas disciplinas científicas. Personalmente creo, que este curso de la historia en la Misión y el Reino, como he expuesto, desemboca en una necesidad que apremia: desarrollar teologías más interdisciplinarias, multidisciplinarias y transdiciplinarias.1

Esto no comienza con la teología del Reino, sino más atrás, desde el cristianismo primitivo, con personajes como el apóstol Pablo, Agustín de Hipona, más adelante con Tomás de Aquino, Juan Calvino, entre otros. Cada uno de estos teólogos trató, como pudo, de integrar lo mejor del conocimiento de su época, desde distintas ramas del saber, a su sistema teológico. En algunas ocasiones la teología actuó como moderadora, en otras como reina, y en muchos casos como sierva del amplio conocimiento humano. Es de suma importancia considerar una actitud cristiana antigua hacia el conocimiento expuesto fuera de las Escrituras, y es que toda verdad, no importa de dónde venga, es verdad de Dios. Dios permite que el ser humano, creado a su imagen, acceda al conocimiento expuesto en sus Obras, para su propio beneficio y con el fin pleno de glorificar a su Creador (aunque en la práctica no suceda). Hoy, hay conocimiento verdadero y valioso en muchas disciplinas y áreas del saber, las cuales son un regalo de Dios para la humanidad. La iglesia tiene la responsabilidad de juntar las distintas disciplinas, como lo ha hecho en el pasado, y usarlas para la Misión y el Reino.

La teología cristiana en A.L., en sus diferentes líneas tradicionales (católicos, protestantes históricos, protestantes evangélicos) ha recibido la influencia de una teología contemporánea integracionista. Sin embargo, me parece que ha perdido su impulso y dinamismo de integración, al concentrarse tan solo en ciertos tipos de ciencias como las “ciencias sociales” y, específicamente, con una oblicuidad a un solo tipo de sistema de tradición política-social: el “socialismo”. Es necesario considerar nuestra actual A.L., con el trabajo de movimientos emergentes como el populismo, neo-populismo, liberalismos, socialdemócratas, y hasta las corrientes políticas cristianas que están de moda. Hemos caído en el error de perpetuar frases teológicas-sociales del pasado como, “justicia social”, “opción por los pobres”, “liberación social” y hasta “misión integral”, sin darnos cuenta que mucha de esta redundancia nos puede llevar a perpetuarlas, en un contexto muy diferentes al momento histórico en donde se gestaron. En cualquier caso, si en verdad queremos una “misión integral” debemos procurar que nuestra teología esté actualizada e interactue con otras disciplinas del conocimiento, a la vez que con otros movimientos contemporáneos. Si existe, por ejemplo, una teología latinoamericana imperante con tendencias socialistas, por qué cerrarnos ante otras tendencias como el capitalismo, progresismo y hasta ¡anarquismo! No digo que no se ha hecho, pero quizás una mayoría de teólogos latinos y académicos cristianos modernos, no se han sentado conscientemente ha desarrollar nuevas alternativas, mientras que en el menú popular cristiano, y menos académico, cualquier comida chatarra se sirve. La iglesia termina integrando todo tipo de combos teológicos como la llamada teología de la prosperidad, para luego recibir críticas fuertes de los “padres” y “doctores”, que solo diagnostican los problemas, dan medicamento, pero olvidan que la mejor parte es la prevención. Una teología interdisciplinaria es prevención.

Por otro lado, no es solo integrar ciencias sociales. Para una verdadera Misión del Reino de Dios, necesitamos considerar todo el reino de Dios y eso incluye la naturaleza, la cual es Creación del Rey. Las disciplinas científicas deben ser consideradas de manera seria, tanto en nuestra teología como en las demás disciplinas sociales. Es claro que hasta ahora la ciencia social ha sido la disciplina más integrada en nuestra teología porque nuestro contexto educativo es rico en personas graduadas en estas ramas del saber. Mientras que solo el 5,3% de los estudiantes de la región cursan carreras de ciencias naturales y exactas, y el 2,5% ingeniería y tecnología, el 14,2% son de humanidades y el 56,4% ciencias sociales.2 No es de extrañarse que de igual forma la teología cristiana latinoamericana produzca publicaciones que solo consideran las ciencias sociales y humanísticas, dejando a un lado las ciencias naturales y tecnológicas. Si en verdad profesamos un Reino de Dios cósmico, que va más allá de la iglesia, y de la sociedad, hasta incluir el universo, el orden de las cosas creadas, la naturaleza y el futuro, nuestra misión como iglesia ha de tomar en cuenta otras disciplinas científicas. Esto presupone trabajar inmediatamente con los pastores y sacerdotes de bata blanca, los científicos, los cuales han sido “marginados”, como en otras ocasiones ha ocurrido con los pobres, indígenas y las mujeres y homosexuales ¿Cómo empezar a fomentar una clase de teología con distintas disciplinas, y que conduzca a tomar en consideración el amplio Reino de Dios? La mejor vía teológica que recomiendo es una teología de la Creación basada en una perspectiva renovada de la teología natural con ciertas características que quisiera brevemente discutir a continuación.

Hacia nuevas posibilidades en la Teología Natural.

Quisiera comenzar diciendo que tenemos una base hermenéutica latinoamericana sólida, como herencia de la teología liberal, de la liberación y evangélica, para integrar distintas disciplinas, y de manera coherente y consciente. No hay que empezar de cero, pero sí considerar si es suficiente o se necesita hacerle algunas actualizaciones. Principalmente, porque cada disciplina trata, a ciencia cierta, con ciertos aspectos de la realidad, con sus propios métodos e instrumentos, los cuales son diferentes (con distintos grados de diferencia) en cada ciencia. Tomar en consideración todo esto para un sistema teológico renovado es pensar en términos de teología natural.

La teología natural puede referirse más generalmente al entendimiento concerniente al conocimiento de Dios disponible a todos los seres humanos, sin utilizar la Revelación especial o texto Sagrado.3 No voy a entrar en detalles aquí, pero esa visión simplista de teología natural ha sido fuertemente retada tanto por estudios recientes en historia de la teología natural, historia de las ciencias modernas y en el amplio debate en occidente en cuanta ciencia y fe, cuestiones de las que escribiré en futuros ensayos a través de RYPC. Por mientras quiero decir que la teología natural no tiene que estar necesariamente separada de las Sagradas Escrituras, e incluso, no tiene que ser desarrollado para convencer a ciertos tipos de personas como no cristianos, ateos o agnósticos. La teología natural puede ser confesional, y puede ser desarrollada para cristianos, al igual que puede apoyar ciertas doctrinas cristianas.

Personalmente creo que la teología de la liberación fue una especie de teología natural. Dos principales recursos fueron extraídos desde lo que concierne a un conocimiento fuera de las Escrituras, aunque de igual forma fue respaldado por las Escrituras. Como señala el propio Gustavo Gutiérrez: “En la teología de la liberación hay dos intuiciones centrales que fueron también lo primero cronológicamente y aun constituye su espina dorsal: nos referimos al método y la perspectiva por los pobres.”4 Se podría decir que tanto razón (método) como naturaleza humana (los pobres) fueron un recurso de fundamento para la teología de la liberación con el fin de entender más a Dios y utilizar de manera más “conveniente” a las Escrituras. Esta teología natural se extendió en aplicación hasta considerar aspectos de la propia naturaleza, como lo es el caso de la eco-teología de Leonardo Boff, y todo lo concerniente a una nueva mirada de la teología de la creación.5 Sin embargo, no ha habido conscientes revisiones de esta clase de teología natural, tanto en el método, presuposiciones epistemológicas y contenido, dejando una vació inmenso para las futuras generaciones cristianas que enfrentan nuevos retos y las propias repercusiones de esta teología.

Mis aportes giran en torno a ser lo suficientemente crítico para considerar otras posibilidades en cuanto al método, a la luz de los nuevos avances en filosofía de la ciencia, y lo modestamente amplio como para realizar nuevas aplicaciones, que consideren los distintos estratos de la realidad (naturaleza, humanidad y cosmos). Se podría hablar entonces de una amplia teología natural o varias teologías naturales.

Aunque desarrollar nuevas epistemologías teológicas o hermenéuticas no es una tarea fácil, creo fervientemente que esto nos llevaría a dimensiones teológicas más dinámicas y con una mayor claridad e importancia en cuanto a nuestra responsabilidad de integrar la fe cristiana con los distintos conocimientos, legados a la humanidad por la imagen de Dios. En particular, una teología natural que involucre las disciplinas de las ciencias naturales y el conocimiento científico actual, nos llevaría por lo menos a considerar ciertas plataformas:

  1. El tema del método teológico toma una vertiente epistemológica diversa. No hay un método específico para encarar la realidad compleja, e incluso trascendente cuando se refiere a la realidad de Dios. Por ende la metodología teológica, cualquiera que se utilice, debe ser una metodología crítica.
  2. El conocimiento natural formado en cuanto a Dios (teología) responde a nuestro compromiso de querer constantemente aprehender la realidad divina, la cual debe ser apreciada como una realidad trascendental (su naturaleza no depende de nuestras construcciones en cuanto a ella). Respondemos a esa realidad a través de construcciones sociales y comunitarias, pero solo después de enfrentarnos a aquella. Así, nuestras doctrinas o teologías deben ser formuladas con metodologías teológicas a posteriori (y no solo a priori), y de una manera científica, comprometidos con la propia naturaleza de esa realidad.
  3. Como la realidad del cosmos, humanidad y naturaleza es estratificada y de igual manera sus nexos de relación con Dios, esta necesita encarar el hecho de buscar las metodologías científicas y teológicas necesarias, para comprender mejor los hechos de la realidad teológica. Siendo que la teología es una disciplina de carácter más humanística, esto nos lleva a metodologías teológicas científicas que sean multi, inter y transdiciplinarias.
  4. El elemento de glocalista (global y local) y generalista a la hora de proponer metodologías teológicas. En este sentido el uso de las fuentes para la teología deben ser más amplias, lo cual nos permite tomar en consideración elementos del texto, el contexto y el globotexto.

Reino y Misión en América Latina bajo una actualizada Teología Natural.

Modelos actualizados de teología natural pueden “optar” por el caracter misional de la teología. Para esto la teología evangélica puede seguir haciendo uso de tanto viejas como nuevas fuentes:

  1. La teología contextual evangélica: Así puede seguir dirigiendo lo misional, ya que es una de las mayores propuestas contemporánea de la teología evangélica. En este sentido, el modelo debe desarrollarse considerando la necesidad teológica de nuestro contexto y apelar a un papel desempeñado por la iglesia. Por ejemplo, a la luz de nuestra escasez de estudiantes en ciencia y tecnología, los ministros y teólogos deberían concietizar a la iglesia sobre la necesidad de enviar jóvenes al ¡campo científico misionero!
  2. Teología protestante y tradicional: de esta forma nuestros modelos reactivan doctrinas protestantes y tradicionales como la de la Creación, y su riqueza con temas teológicos centrales tales como la encarnación, muerte, resurrección, venida de nuestro Señor Jesucristo.
  3. Las Sagradas Escrituras: el modelo en este sentido se compromete con la teología bíblica, la cual dentro de su propio estrato de la realidad, debe ser literaria, histórica y teológica.

El modelo también debe abarcar múltiples disciplinas relacionadas con el tema en cuestión y que presenten un mayor compromiso científico con la realidad en estudio. De allí que otras fuentes disciplinarias sean:

  1. La educación: ante todo, el modelo debe ser educacional teniendo en mente la analfabetismo en cuanto a las disciplinas teológicas y científicas. Hay una pobreza de otros tipos al ver nuestro contexto en cuanto a disciplinas científicas y tecnológicas. Los países latinos tienen una pobre tradición científica, a igual que nuestros sistemas educativos están muy lejos de llegar a satisfacer las necesidades de nuestros ciudadanos.
  2. Integración de las ciencias naturales: para presentar un modelo eficaz se deben tomar en cuenta las formas metodológicas de distintas disciplinas científicas, sobre todo la física y biología.
  3. Integración de las ciencias sociales: disciplinas como la ciencia política, sociología, derecho, etc., deben conocerse e integrarse en la propuesta. Esto es importante puesto que el tema de la metodología a desarrollar es consciente de la influencia del entorno comunal o social. Los modelos teóricos y norteños que han dominado la discusión han presentado un solo aspecto de la relación de ciencia y fe. En nuestros contextos tan necesitados, los aspectos de la misión y el propósito de las ciencia y la teología, que tienen que ver con el bienestar del hombre, son una cara favorable para la propuesta de un método en A.L. ¡Eso significa también dejar de pensar solo como socialistas! y buscar otras opciones.
  4. Ecumenismo: Aquí me refiero a un ecumenismo por lo menos a nivel entre cristianos y no cristianos. Las demás disciplinas del saber no son de exclusiva propiedad cristiana, aunque podemos apropiarnos de ella. Como cristianos debemos aceptar que para poder integrar el rico conocimiento, hallado en la humanidad, naturaleza y cosmos, necesitamos sentarnos a dialogar y conversar con el científico, sea cual sea la profesión. Necesitamos estar abiertos a ser corregido en todos los sentidos, y mostrar lo que conocemos con la fortaleza del Reino de Dios, sus frutos y valor. Este punto debería estar intrincadamente envuelto en la agenda de una teología natural cristiana latinoamericana para el siglo XXI.

¿Es necesario un CLADE VI?

El CLADE V ha terminado, y mi ausencia como delegado se debió a mi participación en otro importante evento en la Universidad de Cambridge.6 Sin embargo, quiero considerar el punto de vista de uno de los participantes del CLADE V, José Luis Andavert Escriche, director general de la Sociedad Bíblica de España, quien nos deja ver sus impresiones después del congreso7:

"Era mi primera vez en un CLADE, encuentro organizado por la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), y debo decir que me impactó especialmente el ambiente fraterno y de diálogo reinante durante todo el evento."

Continúa diciendo:

"Otro aspecto que me agradó del congreso fue la disposición de los congresistas en mesas de seis u ocho participantes. En mi mesa concretamente y a diario teníamos la oportunidad de interactuar con el texto bíblico expuesto con teólogos de Costa Rica, Brasil, Perú, Argentina, Honduras, y España. ¡Qué riqueza! Y qué experiencia tan agradable. Además de las reflexiones bíblicas diarias, en las mesas se debatía y se consideraban las exposiciones de las plenarias."

Definitivamente que la fraternidad es parte de lo que es hacer teología, y el testimonio de Andavert es una muestra de que esto ocurrió en CLADE. Sin embargo, también señaló:

"En cuanto al contenido, siendo mi primer CLADE poco puedo decir en referencia a los anteriores. Si bien escuché de parte de algunos ya experimentados en este encuentro que este CLADE V no aportaba nada especialmente nuevo. Claro, es una opinión."

"(...) a mi me llamó poderosamente la atención el hecho de que en muchas de las participaciones se escuchara un discurso muy al estilo de los años 60 y 70, denunciando la injusticia social, la pobreza, la marginación, el trato discriminatorio a los emigrantes en EEUU ­–cosa que ocurre desgraciadamente también en Europa y en países de América latina–, etc… Me hacía recordar, y perdonen por la comparación, a esos “hippies” de los mercadillos en plazas y pueblos vendiendo sus pulseritas, descolgados de la sociedad y sin darse cuenta que ya los hippies y la época hippy, han pasado."

Como comenta, la ilustración simplemente es para recordar que el contexto de Latinoamérica ha cambiado, aunque sigue habiendo problemas de toda naturaleza. Sin embargo, y el punto en cuestión lo deja ver al final de su artículo, CLADE V no ha hecho propuestas teológicas más acorde con los tiempos actuales. Termina recomendando un giro o re-enfoqué en un futuro CLADE VI, algo que desde que empecé esta serie de artículos he querido señalar. Pero, ¿es necesario un CLADE VI?

Parte de la responsabilidad de crear o renovar una nueva ventana (o nuevas ventanas) para el desarrollo de la teología en este siglo XXI le corresponde en primer lugar a la iglesia, como sociedad, y envuelta en la Sociedad. De igual forma, los centros de educación teológica, institutos y seminarios deberían tomar en cuenta muy en serio otras disciplinas de conocimiento dentro de lo que es la estructura curricular, y permitirse una participación más activa con otras casas de estudios, incluyendo universidades públicas y privadas. No es el lugar apropiado para desarrollar esto, pero será de mucha utilidad la revisión del sistema educativo que se presenta tanto en la iglesia como en los centros educativos cristianos. Nuevos enfoques teológicos, contextualizados, pertinentes y disciplinarios, no tienen que salir necesariamente de reuniones esporádicas, determinadas cada cierto tiempo, y que en muchas ocasiones están lejos del alcance de la basta población cristiana. Una teología natural puede gestarse con el individuo o la comunidad de Dios, allí en su participación en la sociedad “secular” y en las distintas actividades de lo habitual. Como cristianos, debemos aprender a alejar el temor, mal fundado, de interactuar con el conocimiento que subyace en la humanidad, la naturaleza y el cosmos. Podemos aprender a ver todo como la creación maravillosa de Dios, en la cual está participando continuamente a través de su Reino creativo, al igual que espera nuestra participación como iglesia, con todo lo que esto representa. La misión de la iglesia y el Reino de Dios puede prescindir de un CLADE VI, pero nunca de cada creyente que forma parte de la comunidad cristiana y la completa y majestuosa creación de Cristo. Estos dos últimos aspectos debieran ser conectados a una fuerte teología natural, que espero pueda florecer en la comunidad cristiana latinoamericana por este primer cuarto de siglo.

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  1. Para un estudio del significado y las diferencias en el uso de estas palabras, ver David Alvargonzález, “Multidisciplinarity, Interdisciplinarity, Transdisciplinarity, and the Sciences”, International Studies in the Philosophy of Science, vol. 24, No. 4, December 2011, pp. 387-403.
  2. Para consideraciones por un modelo de ciencia y fe para América Latina, desde una perspectiva evangélica, ver, http://www.revista-rypc.org/2011/10/consideraciones-para-un-modelo-misional.html
  3. Rodney Holder, The Heavens Declare: Natural Theology and the Legacy of Karl Barth (Conshohocken, PA: Templeton Press, 2012), 3. Para ver otras definiciones de teología natural ver, Alister McGrath, Darwinism and the Divine: Evolutionary Thought and Natural Theology (Oxford, UK: Wiley-Blackwell, 2011), 16; David Fergusson, “Types of Natural Theology” en The Evolution of Rationality: Interdisciplinary Essays in Honor of J. Wentsel Van Huyssteen, ed. F. Le Ron Shults, 380-93.
  4. Gustavo Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres (Salamanca: Sígueme, 1982), 257.
  5. Guillermo Kerber, “Latin American Theologies” en Creation and Salvation: A Companion on Recent Theological Movements, ed. Ernst M. Conradie (Berlin: LIT Verlag, 2012), 287-311.
  6. http://www.revista-rypc.org/2012/08/cientificos-teologos-filosofos-e_23.html
  7. http://www.actualidadevangelica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=4285:a-proposito-de-clade-v-una-mirada-retrospectiva&catid=37:pensamiento

 
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