jueves, septiembre 06, 2012

¿Cómo opera Dios en el mundo? Perspectivas contemporáneas

Fractales en colores. Fuente: flickr.com
Manuel David Morales, México

Introducción

Ante las evidentes limitaciones de la Ortodoxia Cristiana en lo que respecta al problema de la acción divina en el mundo1, proponer nuevos modelos constituye uno de los principales desafíos para los científicos-teólogos actuales. En este sentido, y muy contrario a la noción popular de que las acciones especiales de Dios suspenderían o violarían las leyes naturales, la fortaleza de dichas propuestas radica mas bien en interpretar teológicamente la naturaleza de las leyes y mecanismos del mundo físico.

En el presente artículo expondré tres de los modelos de acción divina más significativos que hoy se manejan en el diálogo ciencia-religión. Sin embargo, es importante advertir que todos descansan sobre el supuesto de que aun cuando es posible concebir actos especiales y objetivos de Dios en el mundo, estos tendrían un carácter no-intervencionista. Dos razones importantes para adoptar esto son:

a) Porque si Dios modifica el curso de las leyes que él mismo ha establecido, constituye un ir en contra de sí mismo y de la autonomía que le ha otorgado a su creación. No es una cuestión de minimizar el poder del Creador, sino mas bien de tener una noción consecuente con su carácter infinitamente amoroso, que en principio respeta la integridad de sus criaturas. Además, se debe tener presente que aun cuando Dios tendría la capacidad para violar las leyes que el mismo ha creado, no implica que necesariamente tenga que hacerlo efectivo en el transcurso de la historia natural.

b) Porque la experiencia cotidiana nos sugiere fuertemente que la naturaleza casi siempre sigue su curso natural, de acuerdo a las leyes físicas establecidas. Esta es una cuestión de experiencia que apela mas bien a la simplicidad. Incluso, desde el punto de vista práctico se debe tener presente que si la acción divina se concibe en términos puramente intervencionistas, la fe del creyente podría ya no constituir una experiencia de sentido profundo y plenitud vivificadora, sino mas bien transformarse en una constante frustración debido a la aparente “ausencia de Dios” en el mundo.

¿Y dónde quedan los milagros en este panorama? La respuesta no es única, ya que dependerá de la definición de “milagro” adoptada, así como de la noción metafísica que se tenga de las leyes naturales. Por ejemplo, si sostenemos la tesis de que los milagros constituyen eventos objetivos, que en mayor o menor medida alteran la red causal (determinista) proporcionada por las leyes naturales, éstos eventos no podrían ser abordados por los modelos aquí presentados, ya que ahora serían intervencionistas. Y nótese que esto en realidad es al margen de que dichos eventos violen (o no) las leyes naturales2, o que ocurran (o no) de manera objetiva en el mundo físico3. Por supuesto, como estas definiciones no son únicas, estudiar la cuestión de los milagros es algo que no trataré por ahora.

I. Causalidad bottom-up

Una de las características más importantes de la física fundamental, es la de explicar el comportamiento de un determinado sistema en términos de las interacciones entre sus partes. Es lo que en lenguaje técnico se denomina reduccionismo metodológico, y que ha demostrado ser muy exitoso en la historia de la ciencia. Un caso interesante es el de la mecánica estadística: disciplina de la física moderna, que recurriendo a herramientas propias de la probabilidad y estadística, ha logrado explicar satisfactoria el comportamiento de sistemas termodinámicos macroscópicos, en función de propiedades físicas microscópicas. Así entonces, la física ya no solo relaciona las propiedades macroscópicas de un determinado gas (volumen, presión, temperatura), sino también las reproduce partir de una teoría fundamental, la cual en un principio predijo que la materia está compuesta de partículas invisibles -y que por supuesto ahora, con nuestros modernos aparatos de medición, identificamos con las moléculas que constituyen el gas en cuestión-.

Otro caso es el de la mecánica cuántica, área que desde sus inicios ha demostrado que cuando pasamos de las escalas de la vida cotidiana a las muy pequeñas, digamos cuánticas4 -valga la redundancia-, la interacción entre los constituyentes básicos de la materia produce toda una serie de fenómenos curiosos, que si bien hoy están descritos por un sólido lenguaje matemático, su interpretación física y filosófica todavía es materia de discusión. Dos de estos fenómenos son la superposición cuántica y el colapso del vector de estado, los cuales explicaré a continuación:

En mecánica cuántica, uno de los postulados fundamentales es que a un tiempo dado, digamos $t_{0}$, el estado físico de un sistema se encuentra definido por un “ket” o vector de estado de la forma $\left| \psi(t_0) \right.>$. La particularidad de este ket, es que siguiendo el formalismo propio del álgebra lineal, es posible expresarlo en forma de una superposición de estados:

$\left| \psi(t_0)> \right. = a_1 \left| \phi_1>\right. + a_2 \left| \phi_2>\right. + … + a_n \left| \phi_n>\right.$,

donde $a_1$, $a_2$, … , $a_n$ representan los “autovalores” del operador asociado a la cantidad física que deseamos medir, digamos $\widehat{A}$; y $\left| \phi_1>\right.$, $\left| \phi_2>\right.$, … , $\left| \phi_n>\right.$ los “autovectores” asociados a cada uno de los autovalores de $\widehat{A}$, y que se obtienen luego de diagonalizar este último en su forma matricial.

Por supuesto, explicar el formalismo matemático detrás de la teoría aquí bosquejada escapa de los objetivos de este artículo5. Pero, lo que sí debemos rescatar, es que a diferencia de la física clásica, aquí no es posible predecir el valor exacto que obtendremos en la medición de $\widehat{A}$, sino mas bien conocer qué valores podría arrojar dicha medición, y que en nuestro caso efectivamente corresponden a los autovalores $a_1$, $a_2$, … , $a_n$. Por otro lado, se sabe que justo después de realizar la medición de $\widehat{A}$, el ket $\left| \psi(t_0)\right.>$ “colapsará” a uno nuevo, digamos $\left| \psi'(t_1)\right.>$, en el que su función de onda estará altamente localizada en torno al valor $a_j$ arrojado por la medición (ver figura 1).

Figura 1. Colapso de una función de onda (genérica) en el espacio de coordenadas.
Este fenómeno se presenta posterior al proceso de medición de una observable física.

Ya teniendo claro que el carácter indeterminista de la mecánica cuántica radica en el proceso de la medición de las observables, surge la pregunta filosófica crucial: ¿Es la naturaleza inherentemente indeterminista, o mas bien determinista pero con variables “ocultas” a nuestras teorías? Basados en el realismo científico, la mayoría de los científicos hoy tienden a favorecer la primera de las opciones, la cual tuvo su origen en la conocida interpretación de Copenhague, formulada por Niels Bohr, Werner Heisenberg, entre otros6. En efecto, bajo dicha interpretación es que desde hace algunas décadas se ha venido formulando una posible juntura causal para la acción divina en el mundo, basada en un esquema con causalidad bottom-up (ascendente) en dos estapas:

  1. Transición indeterminista. Ya sea de manera general o particular, el núcleo de este modelo descansa en la noción de que Dios hace uso del indeterminismo de las leyes de la mecánica cuántica, para operar de manera indirecta en el mundo. Así entonces, y tal como lo ha planteado Robert John Russell, es posible concebir la causalidad divina, junto con las causas naturales, determinando lo que sucederá durante un evento cuántico7, y por ende, colapsando la función de onda. Dentro de este contexto, Dios mismo constituye la “variable oculta” que terminaría por completar el marco metafísico asociado a la naturaleza del mundo cuántico8.
     
  2. Mecanismos de amplificación. Tal como lo ha señalado Thomas F. Tracy9, para que el azar cuántico realmente constituya un aspecto teológicamente relevante, es necesario que las transiciones indeterministas en los sistemas cuánticos tengan efectos en el mundo macrocópico vía mecanismos de amplificación. Este punto es de suma importancia, si consideramos que actualmente constituye un campo de investigación activo, en donde ya se han estado sugiriendo fenómenos en los cuales la física cuántica jugaría un rol importante, tales como las mutaciones genéticas10, el origen de la vida11 y el caos cuántico12.

II. Causalidad lateral

Un segundo modelo de acción divina es el que se ha planteado a la luz de la teoría del caos, interesante área físico-matemática, que hoy suma muchas aplicaciones a la meteorología, electrónica, astrofísica, psicología, economía, entre otras. Pero antes que todo conviene preguntar ¿Qué es el caos? Si bien en lenguaje coloquial se le asocia a un comportamiento errático, desordenado, sin ningún tipo de patrón regular, su definición científica es mucho más precisa. De hecho, resulta irónico que la noción de caos se haya descubierto dentro del contexto determinista de la física newtoniana, cuando el matemático francés Henry Poincaré estudiaba un problema de movimiento orbital en mecánica celeste13.

Condiciones necesarias, mas no suficientes14, para que los sistemas dinámicos presenten un comportamiento caótico, es que su evolución temporal -es decir, cómo cambia con el tiempo- se encuentre descrita por un conjunto de ecuaciones diferenciales, deterministas, y no-lineales15. Esta última condición es muy importante, ya que al implicar irresolubilidad analítica en la mayoría de los casos -es decir, imposibilidad de determinar soluciones exactas-, ha motivado el uso de computadores para encontrar soluciones aproximadas, y que hoy amplia considerablemente nuestra visión.

Operativamente, uno de los rasgos esenciales que caracteriza a los sistemas caóticos es su aguda sensibilidad a las condiciones iniciales. Supongamos que un determinado sistema dinámico tiende invariablemente a una de dos regiones, A y B, separadas por una distancia finita. En principio, el estado final del sistema puede ser calculado a partir de sus condiciones iniciales, por lo que cada una de estas últimas puede ser etiquetadas por las letras a o b, dependiendo si el estado final se encontrará en las regiones A o B, respectivamente. Lo interesante es que si regiones muy pequeñas contienen condiciones iniciales mezcladas, con ambas etiquetas, tendremos un sistema inestable, en donde es imposible predecir en que región se encontrará su estado final, a menos que conozcamos las condiciones iniciales con una precisión infinita -algo imposible experimentalmente-.

El anterior comportamiento se aprecia de forma muy clara cuando se estudia lo que los científicos han denominado “atractores extraños”, en donde las trayectorias seguidas por un sistema dinámico en el espacio fase16, representadas por líneas muy densas, pueden dirigirse hacia dos o más regiones muy diferentes. Dicho de otra manera, si perturbamos muy levemente un sistema caótico, éste se desviará de su trayectoria original en el espacio fase, situándose en otra con un estado final completamente distinto. Esto es lo que popularmente se ha denominado como “efecto mariposa”, y que es posible apreciar en atractores como el de Lorenz (ver figura 2).

Figura 2. Atractor de Lorentz. Aquí es posible apreciar de manera clara las
dos regiones (“alas” de la mariposa) hacia donde puede tender el movimiento
en el espacio fase, dependiendo de las condiciones iniciales del problema.
¿Qué implicaciones tendrían los sistemas caóticos, para el problema de la acción divina? De acuerdo a John Polkinghorne, debido a que “la epistemología modela la ontología”, la impredictibilidad presente en los sistemas caóticos es indicio de un nuevo y profundo entendimiento, en el que la realidad física está verdaderamente abierta al futuro17. Dicha apertura ontológica no solo sería susceptible a la influencia causal por intercambio de energía entre sus partes constituyentes (descrita, por ejemplo, a través de esquemas reduccionistas tipo bottom-up), sino también a un input informacional, como una nueva forma de causalidad responsable de la selección de patrones particulares entre todas las posibles opciones ligadas a las condiciones iniciales del sistema, dentro del marco de la exploración de atractores extraños en el espacio fase18. Además, por el carácter no-aislable de los sistemas caóticos, esta información activa se configura dentro de un escenario holístico, en el que el comportamiento de sus partes constituyentes dependen del contexto en el que son desplegados.

Entonces, con este esquema de causalidad o amplificación lateral -ya que funciona al mismo nivel que los eventos macroscópicos de nuestra vida cotidiana-, los sistemas caóticos nos proporcionan un espacio causal propicio para la interacción de Dios con su creación, a través del mecanismo de input informacional. Incluso, Polkinghorne ha sugerido que este modelo puede concebirse como una primera aproximación al problema de nuestra propia agencia, como seres humanos con libertad de elección, pero encarnados en cuerpos constreñidos por las leyes de la física.

III. Causalidad top-down

A diferencia de los dos modelos anteriores, en los cuales se concibe la acción divina operando a través de particulares “gaps causales”19, la causalidad top-down nos ofrece un panorama holístico, en el que el gap causal está ubicado básicamente en todos lados. Considerando al mundo como un sistema de sistemas, la acción de Dios podría concebirse como una constricción del todo (whole-part constraint), con capacidad para influenciar instrumentalmente aspectos particulares del mundo.

En primer lugar, nótese que cuando describí la causalidad bottom-up, se hizo incapié en que la física, con mucho éxito ha recurrido al reduccionismo metodológico para explicar muchos de los fenómenos presentes en el mundo. El punto es que, ante la creciente dificultad de modelar sistemas cada vez más realistas, las limitaciones de dicho esquema se han vuelto importantes. Uno de los campos en donde esto ha llegado a su clímax, es en el estudio de los llamados sistemas complejos.

Cuando decimos que un sistema es “complejo”, en realidad no es nuestra intención referirnos a lo complicado que resulta estudiarlo (¡aun cuando lo es!), sino mas bien identificarlo con aquellos sistemas, que dando origen a diversas propiedades emergentes, se vuelve imposible explicar su comportamiento exclusivamente en términos de las relaciones energéticas de sus partes constituyentes o subsistemas. En este nuevo contexto, se tiene una imagen del mundo consistente en complejas jerarquías o niveles de organización de la materia; y además, tal como una matrioshka, o muñeca rusa, cada componente sucesiva de la jerarquía constituye un “todo”, conformado por todas las partes precedentes en la serie de niveles de organización.

Ya en la década de los setenta, Donald T. Campbell, primer científico en acuñar el término de causalidad top-down (descendente), se refería al hecho de que aun cuando las leyes de la física y química condicionan el funcionamiento de los organismos vivos; éstas son insuficientes para predecir que formas de organización emergerán en el tiempo20. De hecho, a la luz de la biología, hoy sabemos que la emergencia de nuevas formas de vida depende directamente de la selección natural (y por ende, de factores como el clima, coexistencia con otras formas de vida, etc.). Lo realmente interesante, es que este comportamiento holístico, en el que el todo influye causalmente en las partes constituyentes21, originando propiedades emergentes, no solo lo vemos en la biología evolutiva, sino también en áreas tales como las ciencias naturales, sociales, e incluso computacionales.

Considérese el siguiente ejemplo: Cuando un trozo de hierro experimenta enfriamiento, a tal punto de llegar a su temperatura de Curie $T_{c} = 1043~K$, sus pequeños magnetos constituyentes (denominados “espines”) se alinean, emergiendo una campo magnético global. Este sencillo fenómeno constituye un ejemplo de lo que los físicos denominan “transición de fase”, en el que un material se vuelve ferromagnético y los espines experimentan auto-organización producto de la influencia del sistema como un todo -y que en este caso puntual, depende de factores térmicos externos-.

Existen muchos otros fenómenos en donde la causalidad top-down jugaría un rol importante: la convección de Rayleigh-Bénard22, el problema mente-cerebro-cuerpo23, los algoritmos computacionales24, etc. Por lo pronto, lo que aquí esencialmente nos interesa, es la posible conexión entre dicha forma de causalidad y el problema de la acción divina.

Arthur Peacocke ha sido uno de los principales proponentes de la causalidad top-down como modelo de acción divina25. Su propuesta básicamente consiste en asumir que Dios, como Ser omnisciente, y a través de todos los sistemas de referencia espacio-temporales, conoce todo-lo-que-es (all-that-is), incluyendo la interconexión e interdependencia de todas las entidades, estructuras y procesos del mundo. Luego, en analogía con la causalidad top-down o constricción del todo presente en los sistemas reales, puede influenciar holísticamente el estado del mundo, creando nuevos eventos y patrones al nivel de sus partes constituyentes, de acuerdo a sus particulares intenciones, y sin suspender ninguna de las leyes naturales que operan a ese nivel26. Lo interesante, es que con este modelo, Peacocke no solo explica como Dios podría operar en el mundo físico, sino también, como podría comunicarse simbólicamente con la humanidad (ver figura 3).


Figura 3. Representación espacial de la relación ontológica, e interacción, entre Dios y el mundo.
El cículo exterior representa todo-lo-que-es, y el interior, el mundo de las personas. Además se incluye
la interacción (individual y social) entre personas, la influencia de ellas en el mundo y viceversa.

Un último comentario importante. Como en este modelo Dios operaría holísticamente, constituyendo el último nivel en la compleja serie de niveles de organización del mundo, su interrelación e interacción con el mismo se describe en términos de inmanencia y trascendencia. Dios es inherente al mundo, ya que lo creó y constantemente le da su ser. Pero mismo tiempo es distinto al mundo, ya que él es el Creador y el mundo su creación. En resumen, este modelo de acción divina basado en la causalidad top-down, teológicamente representa una alternativa Panenteísta27.

Conclusiones

Describir la acción divina en el mundo como evento objetivo, indirecto, pero al mismo tiempo no-intervencionista, ha sido uno de los desafíos importantes en el diálogo ciencia-religión. En este sentido, se han propuesto diferentes modelos, que más que aspirar a determinar la manera en que Dios realmente opera en el mundo, se busca dilucidar la plausibilidad de la acción divina, hacerla inteligible, a la luz de las ciencias contemporáneas.

Ahora bien, aun cuando he presentado algunos de los modelos más significativos que hoy se conocen, se debe tener muy presente que no constituyen las únicas alternativas dentro del campo de la teología. Modelos como el “pan-experencialista” propio de la teología procesual28, de “encarnación divina” propuesto por algunas teologías de género29, o trinitarios como el de Jürgen Moltmann30, son caminos que también convendría tener en cuenta.

Conocer, investigar y evaluar todo este tipo de explicaciones es algo que considero imprescindible para la teología contemporánea, así como en el pensamiento crítico en general. Y esto, no solamente por su interesante riqueza conceptual, sino porque nos ayuda enormemente en el ejercicio de replantear nuestro lugar en el mundo como seres humanos, y nuestra relación con Dios.

__________
  1. Tal como se expuso en la primera parte de esta serie: MORALES, Manuel David. ¿Cómo opera Dios en el mundo? Perspectivas tradicionales [en línea] Revista RYPC. 3 de mayo 2012 <http://www.revista-rypc.org/2012/05/como-opera-dios-en-el-mundo.html>
  2. Se ha argumentado que incluso los milagros (o intervenciones divinas) no violarían las leyes naturales. Ver por ejemplo: VON WACHTER, Daniel. Las Intervenciones Divinas no violan las Leyes Naturales. [en línea] <www.youtube.com/watch?v=9r0KNztidBU> [consulta: 5 septiembre 2012]
  3. Para algunas escuelas como el neo-tomismo y la teología procesual, el que un evento se le considere “milagroso” dependerá en gran medida del sentido que le otorgue el propio creyente en su subjetividad, y no de que constituya objetivamente un evento sobrenatural. Al final de cuentas, todos los eventos particulares en el mundo, explicado en términos de mecanismos naturales, dependerán de la causa primera (neo-tomistas) o de la divina persuasión (teólogos procesuales).
  4. Desde el punto de vista de la física experimental, los efectos cuánticos solo se vuelven importantes a escalas atómicas ( $10^{-9}m$ hasta $10^{-15}m$ ) y subatómicas ( $10^{-15}m$ hasta $10^{-35}m$ ).
  5. Para el lector que tenga mediana formación en ciencias básicas y/o aplicadas, que desee conocer un poco más sobre el formalismo de la mecánica cuántica, recomiendo: COHEN-TANNOUDJI, Claude “et al”. Quantum Mechanics. France, Hermann / John Wiley & Sons, 1977, Vol. 1 & 2.
  6. A propósito de las diferentes interpretaciones filosóficas de la mecánica cuántica, una buena referencia es: RUSSELL, Robert J. La física cuántica en una perspectiva filosófica y teológica. En: RUSSELL, Robert J.; STOEGER William R. y COYNE, George V. (Eds.). Física, Filosofía y Teología: Una búsqueda común. México, Edamex, 2002.
  7. RUSSELL, Robert John. Divine Action and Quantum Mechanics: A Fresh Assessment. En su: Philosophy, Science and Divine Action. Leiden / Boston, Koninklijke Brill NV , 2009. p. 356.
  8. MURPHY, Nancey. Divine Action in the Natural Order: Buridan's Ass and Schrödinger's Cat. En su: Chaos and Complexity, Scientific Perspectives on Divine Action. Notre Dame USA, University of Notre Dame Press, 2000. pp. 340-342.
  9. TRACY, Thomas F. Creation, Providence and Quantum Chance. En: SCHULTS, F. Leron; MURPHY, Nancey y RUSSELL, Robert John (Eds.). Philosophy, Science and Divine Action. Leiden / Boston, Koninklijke Brill NV , 2009. p. 257
  10. RUSSELL, Robert John. Special Providence and Genetic Mutation: A New Defense of Theistic Evolution. En: MILLER, Keith B. Perspectives on an Evolving Creation. Grand Rapids, Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2003.
  11. MOSKOWITZ, Clara. Weird World of Quantum Physics May Govern Life. [en línea] LiveScience. 5 de junio 2012 <http://www.livescience.com/20753-quantum-physics-biology-life.html> [consulta: 7 junio 2012]
  12. YOUNG, Karl. Deterministic Chaos and Quantum Chaology. En: RICHARDSON, Mark W. y WILDMAN Wesley J. (Eds.). Religion and Science: History, Method, Dialogue. New York / London, Routledge, 1996. pp. 239-241.
  13. POINCARÉ, Henri. Les Méthodes Nouvelles de la Méchanique Celeste. Gauthier-Villars, 1892.
  14. YOUNG, Karl. op. cit. pp. 231-234.
  15. En términos generales, la no-linealidad sencillamente da cuenta de la no-proporcionalidad entre causa y efecto. Escrito en forma matemática: si $u_1$ y $u_2$ son soluciones de las ecuaciones no-lineales $F_{1}(u) = 0$ y $F_{2}(u)=0$ respectivamente, $(u_1 + u_2)$ no es solución de la ecuación no-lineal $F_{1}(u)+F_{2}(u)=0$. Cabe señalar que si las ecuaciones involucradas fueran lineales, $(u_1 + u_2)$ sí sería solución de la ecuación combinada.
  16. El espacio fase es una construcción matemática que permite representar, en gráficas, el movimiento de un sistema dinámico en términos de sus posición y velocidad a cada tiempo.
  17. POLKINGHORNE, John. Chaos Theory and Divine Action. En: RICHARDSON, Mark W. y WILDMAN Wesley J. (Eds.). Religion and Science: History, Method, Dialogue. New York / London, Routledge, 1996.
  18. Con esta clara distinción entre intercambio energético e intercambio informacional, en principio se evitarían dos problemas importantes. Primero, el de violar el principio de la conservación de la energía, el que en la práctica, funciona bastante bien sin incluir agentes no-naturales. Y segundo, el de situar la causalidad divina al mismo nivel que las causas naturales.
  19. Es importante no confundir esta búsqueda de gap causales con el tan poco reputado god-of-gaps (dios-de-los-agujeros), ya que todos estos modelos aquí presentados no se formulan sobre la base de debilidades o problemas particulares de la explicación científica propiamente tal, sino a partir de aspectos que hoy conocemos muy bien, precisamente gracias a la explicación científica.
  20. CAMPBELL, Donald T. Downward causation' in Hierarchically Organized Biological Systems. En: Studies in the Philosophy of Biology: Reduction and Related Problems. AYALA, Francisco José y DOBZHANSKY, Theodosius. (Eds.). Berkeley / Los Angeles, Macmillan Press, 1974. pp. 179-186
  21. El simple concepto de cadenas de acontecimientos relacionados causalmente (A → B → C …), en conjunción constante (à la Hume), se ha vuelto inadecuado para explicar la emergencia de propiedades emergentes en sistemas como un todo. PEACOCKE, Arthur. The Sound of Sheer Silence: How does God communicate with Humanity? En: SCHULTS, F. Leron “et al” (Eds.). Philosophy, Science and Divine Action. Leiden / Boston, Koninklijke Brill NV , 2009. p. 60
  22. SCHOLARPEDIA. Rayleigh-Bénard convection. [en línea] <http://www.scholarpedia.org/article/Rayleigh-Bénard_convection> [consulta: 5 septiembre 2012]. Una referencia más técnica es: PEACOCKE, Arthur. The Physical Chemistry of Biological Organization. Oxford, Clarendon Press, 1983.
  23. MURPHY, Nancey; ELLIS George F.R. y O'CONNOR, Tymothy (Eds.). Downward Causation and the Neurobiology of Free Will. Berlin / Heidelberg, Springer, 2009.
  24. ELLIS, George F.R. Recognising Top-Down Causation. [en línea] FQXi Forum. Spring, 2012. <http://fqxi.org/community/forum/topic/1337> [consulta: 1 septiembre 2012].
  25. Ver por ejemplo: PEACOCKE, Arthur. Creation and the World of Science: The Re-Shaping of Belief. Oxford, Oxford University Press, 2004. pp. 112-146.
  26. PEACOCKE, Arthur. Paths from Science towards God: The End of All Our Exploring. Oxford, Oneworld Publications, 2001. pp 37-125.
  27. BOFF, Leonardo. Panteísmo versus Panenteísmo. [en línea] Servicios Koinonia. 20 abril 2012. <http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=484>[consulta: 30 agosto 2012].
  28. COBB Jr., John B. Y GRIFFIN, David Ray. Process Theology: An Introductory Exposition. Philadelphia, Westminster Press, 1976.
  29. JANTZEN, Grace M. God's World, God's Body. Londres; Darton, Longman & Todd, 1984.
  30. MOLTMANN, Jürgen. Reflections on Chaos and God's Interaction with the World from a Trinitarian Perspective. En: Chaos and Complexity, Scientific Perspectives on Divine Action. Notre Dame USA, University of Notre Dame Press, 2000. pp. 205-210.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel David Morales es Master en Ciencias Físicas del IFM Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, en donde además realiza un doctorado especializado en relatividad numérica. Previamente obtuvo una Licenciatura en Física Aplicada en la Universidad de Santiago de Chile. En la actualidad investiga sobre las interacciones entre ciencia y religión dentro del contexto Latinoamericano. Es el director y fundador de RYPC.
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