Pregunta 1 - Creación, evolución y teología paulina

     PREGUNTA

Se dice que los cristianos que creen en la literalidad de Génesis I-XI, esto es, una creación reciente, Adán y Eva, el diluvio, etc. son "fundamentalistas". Esto a diferencia de quienes consideran el relato como una alegoría aceptando lo que la ciencia nos presenta, el neodarwinismo.

Mi duda está en esto: Si los cristianos que aceptan la literalidad de la Biblia no tienen problemas con la teología de Pablo ("como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" Rom. 5:12,14,17-19, etc.) ¿Cómo pues se entiende una teología que no cuenta con Génesis I-III, base para la teología paulina? Si el pecado en la mente de Pablo entra por la desobediencia en el jardín del Edén ¿Cómo se entiende una teología que no cuenta con ello, sino más bien con un mundo originado en el azar y las mutaciones aleatorias, donde la muerte no responde a ningún pecado, sino solo a lo natural? ¿Cuál seria el sentido de la muerte de Cristo?

Sé de teólogos como John Polkinghorne que se reconoce como creacionista, pero entendiendo el relato de Génesis como alegórico, y diciendo que la vida se origina por medio de la evolución neodarwiniana. Mi pregunta no va con el ánimo de polemizar, sino de comprender como se entiende una teología cristiana de la salvación sin esos elementos de base que Pablo tiene en Génesis.

Espero haberme explicado bien. Agradeceré su respuesta. Saludos.

Rodrigo Olivares
La Serena, Chile.


     RESPUESTA

Un saludo estimado Rodrigo. En primer lugar, permíteme aclarar de forma muy general que la etiqueta de “fundamentalistas” para quienes hoy sostienen la literalidad del relato del Génesis, en realidad tiene sus razones históricas. Durante las primeras décadas del siglo XX en los Estados Unidos (USA), se fue gestando una verdadera tendencia teológica abocada a la defensa de los “fundamentos” de la fe cristiana, la cual dio origen a una completa sistematización apologética sobre temas que hasta el día de hoy causan una marcada controversia en algunos círculos cristianos-evangélicos: la “alta crítica”, el ateísmo, la teología liberal, el socialismo, el darwinismo, etc. Como aquí no me detendré más, simplemente quisiera agregar que uno de nuestros editores hace algunos meses escribió un interesante artículo sobre este tema [ver aquí].

Ahora bien, aquí se hace pertinente aclarar un punto de suma importancia. Prácticamente todos los cristianos, quienes creemos que Dios es el creador de todo lo que existe, contamos con los relatos del Génesis. Aquí el punto no es si aceptamos dichos pasajes, sino mas bien cómo los interpretamos. En general, muchos creacionistas han identificado su interpretación literal como si fuera la única alternativa exegética, e incluso, llegando a apropiarse de la misma mente de Dios al sostener que es lo que “Dios quiere decir” a través de su Palabra. En este sentido, y aparte que desde los mismos inicios del Cristianismo han existido diversos acercamientos a los relatos bíblicos de los orígenes, esta actitud solo deja entrever un marcado sesgo ideológico en torno a este asunto.

En el pasaje de Rom. 5:12-21, el apóstol Pablo nos presenta una analogía entre Adán y Jesucristo como paradigmas opuestos con consecuencias universales: La desobediencia de Adán en el jardín del Edén resultaría en muerte para todos, y la obediencia de Jesucristo a Dios el Padre a través de su muerte en la cruz resultaría en salvación y vida eterna para todos. Dentro del marco explicativo creacionista, si Adán no fue un personaje histórico, el pecado no entró a la humanidad, por ende no hubo caída y la muerte de Jesucristo sería un sinsentido. Sin embargo, al explorar más detenidamente los pasajes bíblicos, surgen importantes cuestionamientos a este tipo de interpretación. Uno muy significativo es el hecho de que el mismo Pablo en Rom. 1-3 plantea el problema de la universalidad del pecado sin ninguna referencia a Adán, lo que nos sugiere que la enseñanza teológica en realidad es independiente de la historicidad del mismo, e incluso, independiente de la visión que el mismo Pablo pudiera tener de Adán. Es importante considerar que si el solo hecho de concebir un paralelismo entre un Jesucristo histórico y un Adán mítico verdaderamente compromete la significancia del mensaje teológico, el mismo Jesucristo nunca hubiese recurrido a parábolas para transmitir las verdades profundas del Reino. Personajes imaginativos como el hijo pródigo, las diez vírgenes o el sembrador, harían de aspectos teológicos como el arrepentimiento, la esperanza escatológica en el fin de los tiempos o la gran comisión, conceptos vacíos sin ningún tipo de relevancia para los cristianos.

Otro aspecto interesante, es que si incluso nos atenemos a la literalidad de los pasajes, emergen interrogantes que a la larga dan cuenta de los límites del paralelismo en cuestión. Una de las más significativas la encontramos en Rom. 15:18 donde se declara que “como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” Si Pablo no era universalista ¿Por qué no declarar que “por la justicia de uno vino a todos los hombres que creen en él la justificación de la vida”? Otra paradoja surge, cuando leemos Rom. 15:12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Si el pecado entró a la humanidad por Adán ¿Por que al final del texto no se nos dice mas bien que “por cuanto él [Adán] pecó”? Nótese que este pasaje incluso podría tomarse como una fuerte crítica a la tradicional doctrina del pecado original. Todas estas paradojas nos plantean que el paralelismo entre Adán y Jesucristo constituye un acercamiento útil desde una perspectiva teológica, más no exhaustivo si se le toma en un sentido estrictamente literal. Sin contar además, que es realmente difícil concebir a un apóstol Pablo, con verdadera experticia en el estudio de las Escrituras, haciendo caso omiso al contexto socio-cultural de la narrativa hebrea en aquel entonces.

La caída y muerte también constituyen aspectos de suma relevancia, los cuales si se interpretan de forma literal, dejan entrever dificultades. Una de las mas significativas, es que si se considera que la desobediencia de un Adán histórico introdujo la muerte física extensiva a todo ser vivo ¿Por qué sólo los seres humanos poseen la capacidad de reconocer conscientemente el sacrificio expiatorio de Jesucristo? ¿No será más bien que la caída, la muerte y el pecado solamente tienen sentido dentro del contexto del homo sapiens, como un ser particularmente espiritual? Yo pienso que sí, ya que de hecho es consistente con la noción teológica de que fuimos creados a la Imago Dei, convirtiéndonos en los únicos seres vivientes con la capacidad de entablar una relación personal con Dios. Y esto, en conjunto con el hecho de que Pablo en Rom. 15:21 contrasta la muerte con la vida eterna mediante Jesucristo nos sugiere fuertemente que el mensaje teológico trasciende a cualquier tipo de consideración empírica y/o biológica. La muerte a la que se refiere Pablo es la espiritual, esto es, la separación entre el alma humana y Dios.

Sin duda que el científico y teólogo John Polkinghorne constituye uno de los máximos representantes contemporáneos de la llamada “evolución teísta”. No obstante, siempre es bueno tener presente que desde los mismos inicios de la biología evolutiva han habido importantes teólogos protestantes abiertos a esta perspetiva: Charles Kingsley, Benjamin B. Warfield, Wolfhart Pannenberg, Ted Peters, Jürgen Moltmann, Keith Ward, Alister McGrath, entre muchos otros.

En conclusión: una teología que no interpreta literalmente los primeros capítulos del Génesis, ve en las palabras del apóstol Pablo importantes enseñanzas teológicas, las cuales no aprecia de acuerdo a nuestros estándares empíricos modernos, sino mas bien como una narrativa que nos proporciona un significado profundo como seres humanos conscientes de nuestra propia espiritualidad y necesidad de Dios. Por otro lado, y aun cuando se acepta el hecho científico de que la muerte física ha existido desde los inicios de la vida tal como la conocemos -producto de diversos mecanismos naturales- por ningún motivo ve en ella un simple fruto de la casualidad como muchos ateos lo promulgan, sino mas bien como uno de los inevitables costes de una naturaleza dotada de complejidad, creatividad y libertad por su mismo Creador. ¡Muchas gracias por tu pregunta!

Manuel D. Morales
Director de RYPC.


Referencias recomendadas 
  • ENNS, Peter. The Evolution of Adam: What the Bible does and doesn't say about human origins. Gran Rapids, Brazos Press, 2012.
  • GIBERSON, Karl W. Saving Darwin: How to Be a Christian and Believe in Evolution. New York, HarperOne, 2008.
  • HARLOW, Daniel C. After Adam: Reading Genesis in an Age of Evolutionary Science. [en línea] Perspectives on Science and Christian Faith. September 2010, vol. 62, num. 3. <http://www.asa3.org/ASA/PSCF/2010/PSCF9-10Harlow.pdf>

 
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