viernes, agosto 12, 2011

Legitimidad de la Revelación General como fuente teológica

Manuel David Morales, México.

Diversos pensadores cristianos han sostenido que la revelación general, esto es, la revelación que Dios hace de sí mismo a través de la naturaleza1, y en contraposición a la revelación especial proporcionada a través de las Escrituras, la persona de Jesucristo y la fe como experiencia del Espíritu Santo, sería insuficiente para proporcionarnos un conocimiento completo acerca de la realidad divina. En el presente artículo argumentaré de manera muy general, que aún cuando dicha limitación es acertada, no se sigue que debamos prescindir por completo de ella dentro del contexto de la reflexión teológica, ya que en el panorama contemporáneo, se hace muy necesario valorizarla en su justa medida con el fin de desarrollar importantes campos de acción.

Revelación General... ¿insuficiente? sí, ¿innecesaria? no

En contraste con los diversos intentos de establecer una “religión natural” basada únicamente en la razón humana, y que tuvo mucho auge en la Ilustración Europea, hoy la gran mayoría de los cristianos coinciden que si se desea tener una visión completa acerca de Dios, necesariamente se requiere de una revelación especial. La revelación general por sí sola, es insuficiente para nutrir una fe viva y redentora en el creyente, la cual para el Cristianismo se centra exclusivamente en la persona de Jesucristo, atestiguada en la Biblia. Para el conocido teólogo reformado Louis Berkhof, la revelación general “no nos proporciona un conocimiento seguro de Dios y de las cosas espirituales, y por lo tanto no puede darnos un fundamento seguro sobre el cual podamos edificar para nuestro futuro eterno (…) Esta revelación fracasa completamente en lo que se refiere a llenar las necesidades de los pecadores. Aún cuando nos da cierto conocimiento de la bondad, la sabiduría y el poder de Dios, no nos da conocimiento alguno de Cristo como el único camino de salvación”2.

En un principio, pareciera no haber motivo alguno para polémica, sin embargo es un hecho cierto que la discusión en torno a la legitimidad de la revelación general todavía persiste en algunos círculos académicos y eclesiásticos. Incluso hoy, muchos teólogos apelando a la inevitable limitación de la revelación general para proporcionarnos aspectos profundos y concretos acerca de Dios, la consideran como algo secundario y hasta innecesario dentro del marco de la misiología. Esencialmente se nos presenta un evangelio pragmático, en el cual debemos ocupar nuestros esfuerzos en transmitir exclusivamente el mensaje soteriológico de Jesucristo resucitado, el cual a su vez constituiría el punto de partida para una vida cristiana en comunidad. Es claro que prácticamente todos los cristianos estamos de acuerdo en que una de las tareas fundamentales de la Iglesia, y tal como lo señalara el mismo Jesús, es hacer discípulos a todas las naciones (Mateo 28:19, Marcos 16:15). Sin embargo, el aspecto importante es que en realidad no hay razón alguna para reducir el mensaje evangelizador y la vida cristiana únicamente al aspecto salvífico y pragmático. Hoy vivimos en una sociedad pluralista, en la cual existe toda una serie de alternativas intelectuales, filosóficas y religiosas, y en donde el Cristianismo, por supuesto, representa una opción más. ¿Cómo comunicar nuestras más profundas convicciones, si solo las presentamos como una simple narrativa sin ningún tipo de trascendencia hacia afuera de los límites de su propia esencia religiosa? Es precisamente aquí donde la revelación general, se torna sumamente necesaria, ya que hace del Cristianismo no solo una opción puramente espiritual, dualizando la realidad entre lo “espiritual” y lo “terrenal”, sino más bien como una alternativa intelectual realmente omnicomprensiva.

Es claro que aun cuando la revelación general es insuficiente dentro del contexto de la fe salvífica en Jesucristo, se torna sumamente necesaria en cuanto el Cristianismo requiere abarcar todas las esferas de la vida; ya que de hecho, para esto último, la revelación especial se torna insuficiente debido a su naturaleza particularmente no exhaustiva. Por ejemplo ¿cómo conciliar la esencia sobrenatural de los milagros con el mecanicismo hoy predominante en las ciencias físicas consolidadas, considerando que la experiencia religiosa propiamente tal dista mucho de constituir un fenómeno científicamente indagable? ¿Cómo contextualizar el mensaje de Jesucristo, cuando nos enfrentamos a dilemas éticos como la justicia económica, considerando que cuando transmitió su mensaje teológico ni siquiera existía la ciencia económica moderna? ¿Cómo darle un sentido cristiano a las artes visuales, musicales y literarias, cuando la Biblia dista mucho de ser un texto de estética? Es evidente que para abordar este tipo de problemáticas, ni las Escrituras ni la espiritualidad personal por sí solas son suficientes, ya que se requiere tomar un enfoque mucho más generalizador. Este enfoque, requiere asumir como punto de partida que la naturaleza, entendida como el complejo mundo de las experiencias humanas, cotidianas, asociadas a nuestra búsqueda de la verdad -conocimiento científico-, la belleza -sentido artístico-, la bondad -sentido moral- y lo divino -sentido religioso-, también constituye una revelación en sí misma debido a que proviene de Dios.

Algunos campos de acción relevantes hoy

Hemos mencionado los principales aspectos que conforman la naturaleza, entendida de manera amplia como creación de Dios. Ahora se hace importante preguntar ¿por qué preocuparnos de este tipo de revelación? ¿existen realmente campos de acción fructíferos, relevantes y en donde la revelación general tome especial importancia? La respuesta es sí, seguro. Hoy se hace cada vez más necesario que la teología cristiana se sirva de la revelación general, como fuente teológica, para diversos propósitos. Mencionaré algunos de ellos, de manera muy breve.

  1. Nos ayuda a comprender nuestro lugar y destino como seres humanos. Dentro del contexto de la sociedad y cultura, el cristianismo como sistema intelectual, integral, representa una voz esclarecedora en cuanto a diversas problemáticas de tipo social. Por ejemplo, si pensamos en cuestiones éticas como el respeto a la persona y la vida, la reflexión teológica “natural”, sobre la base de la revelación general, nos brinda una valiosa propuesta filosófica que se contrapone a la tradicional visión reduccionista -la de un mundo sin ningún tipo de propósito, en el cual el hombre se disminuye a una simple maquina biológica, carente de libertad o significado inherente- que pone en riesgo nuestra propia humanidad.

  2. Promueve el diálogo y cooperación entre la teología cristiana y las ciencias/humanidades. Una vez que contemplamos la naturaleza, con toda su riqueza y complejidad, como creación divina que posee valor en sí misma, resulta coherente establecer que las implicaciones intelectuales arrojadas por las diversas áreas del conocimiento humano, deben tener algún tipo de conexión con la realidad divina. La interacción y cooperación entre la teología cristiana y las ciencias/humanidades se torna muy fructífera, ya que por un lado nos proporciona un enfoque holístico el cual favorece la tan necesaria transdisciplinariedad en la academia; y por otro, nos ayuda a comprender los mismos fundamentos filosóficos teológicos, a los cuales las diferentes formas de conocimiento tradicional deben su razón de ser3.

  3. Corrige nuestras interpretaciones bíblicas. Una de las virtudes de la revelación general, a través de las diversas áreas del conocimiento, es que funciona como un verdadero veto para nuestras interpretaciones bíblicas. Para muchos cristianos fundamentalistas, la Biblia constituye la última palabra en cuanto a las verdades divinas4, sin embargo, cuando llegamos al punto de desconocer que es imposible separar el texto Bíblico de sus diversas interpretaciones, muchas veces corremos el riesgo de ir en contra de la evidencia fáctica. La hermenéutica bíblica, debido a su propia naturaleza, siempre nos proporcionará modelos interpretativos contextualizables, revisables y potencialmente corregibles; y la revelación general siempre será útil en cuanto a evaluar dichos modelos.

  4. Favorece el sano pluralismo religioso. Cuando comprendemos que las diferentes tradiciones religiosas -como producto de nuestro más profundo sentido de lo divino- constituyen acercamientos honestos hacia una realidad trascendente última, nos encontramos en condiciones reales de establecer un diálogo interreligioso fructífero. Algunos ven en esto, un peligro que atenta contra la ortodoxia cristiana, sin embargo considero que es infundado, ya que el diálogo con altura de miras presupone que conocemos y valoramos nuestras diferencias teológicas más profundas; es muchísimo más que un mero sincretismo religioso. Adicionalmente, la revelación general también nos proporciona una base común5 sobre la que las diferentes formas de religión pueden trabajar en conjunto en lo que respecta a temas éticos importantes hoy, como lo son la justicia social, el cuidado del medio ambiente, la dignidad humana, entre muchos otros.

Revelación general y el principio de "Sola Scriptura"

La relación entre el cristianismo protestante y la teología natural desde sus inicios ha sido particularmente compleja6. De hecho una de las principales críticas surgidas en algunas tradiciones, es que hacer teología sobre la base de la revelación general, sería totalmente contrario al principio protestante de la Sola Scriptura. Por ejemplo, para el teólogo neo-ortodoxo Karl Barth, tanto Lutero como Calvino sostuvieron que la Iglesia y la salvación humana deberían estar fundadas solo en la Palabra de Dios, en Jesucristo como revelación de Dios atestiguado en las Escrituras y en la Fe7. Aquí veo dos problemas evidentes. Primero, que se sobreexplota el objetivo real que tuvo dicho principio dentro del contexto de la Reforma Protestante del siglo XVI. La Sola Scriptura se formuló en esencia para eliminar de la Iglesia todo tipo de prácticas redentoras. Ahora bien, es cierto que los reformadores, en especial Lutero, tenían arrebatos contra la reflexión filosófica. Sin embargo, y tal como lo señala el teólogo metodista Harold DeWolf, estos fueron históricamente accidentales, pero no lógicamente esenciales en conexión con el principio de que la Iglesia debería estar fundada solo en la Palabra de Dios atestiguada en las Escrituras8.

El segundo problema, es que la misma Biblia nos muestra en diversos pasajes a Dios revelándose a sí mismo a través del mundo natural (Salmos 19:1-4, Mateo 5:44-45, Romanos 1:20), e imprimiendo su ley en el corazón de todos los hombres (Romanos 2:1-2, 12-16). De especial importancia constituye uno de los trabajos del erudito bíblico James Barr, expuesto en las tradicionales conferencias Gifford, en el cual analiza cómo el apóstol Pablo recurre a la teología natural y el sentido natural de lo divino en su discurso en el Areópago, para transmitir la fe cristiana a los atenienses9,10. Aquí entonces podemos concluir, que hacer reflexión teológica sobre la base de la revelación general no atenta contra el principio de Sola Scriptura, sino que paradójicamente, ¡es una consecuencia del mismo! Aparte, y tal como lo observamos en el discurso de Pablo, es de gran utilidad cuando necesitamos transmitir la fe cristiana a otros contextos culturales.

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  1. Cuando nos referimos a la “naturaleza”, es muy importante tener en cuenta que dicho concepto hoy supera con creces al simple ideal moderno atribuido al mundo objetivo que es descrito por las ciencias fácticas; ya que abarca también la amplia realidad humana, la cual trasciende a cualquier experimento científico.
  2. BERKHOF, Louis. A Summary of Christian Doctrine. Michigan, William B. Eerdmans Publishing Company, 1960.
  3. Un caso interesante lo constituye la relación ciencia y religión. La teología por ejemplo, sirve a la ciencia en cuanto a explicar su propia emergencia histórica, requerir una guía ética para el desarrollo de tecnología aplicada a la vida humana y el medio ambiente, entre otras cosas.
  4. MORALES, Jonathan. Verdad y Ficción Bíblica. [en línea] <http://www.revista-rypc.org/2011/03/verdad-y-ficcion-biblica.html> Revista RYPC. 30 de marzo, 2011 [consulta: 06 agosto 2011]
  5. MORALES, Manuel David. Religiones, subjetividad y objetividad. [en línea] <http://www.revista-rypc.org/2011/01/religiones-subjetividad-y-objetividad.html> Revista RYPC. 06 de enero 2011 [consulta: 06 agosto 2011]
  6. MORALES, Manuel David. Teología Natural y Protestantismo, una relación compleja. [en línea] Tendencias de las Religiones. 24 de marzo, 2011 <http://www.tendencias21.net/Teologia-Natural-y-Protestantismo-una-relacion-compleja_a6067.html> [consulta: 11 agosto 2011]
  7. BARTH, Karl. Knowledge of God and the Service of God According to the Teaching of the Reformation: Recalling the Scottish Confession of 1560 (Gifford Lectures 1937 & 1938). Oregon, Wipf and Stock Publishers, 2005.
  8. DeWOLF, L. Harold. A Theological Evaluation of Natural Theology. [en línea] <http://oimts.files.wordpress.com/2013/01/05_1958_dewolf.pdf> The Oxford Institute of Methodist Theological Studies, First Institute: Biblical Theology and Methodist doctrine. 19-29 Julio de 1958 [consulta: 14 julio 2011]
  9. BARR, James. Biblical Faith and Natural Theology: The Gifford Lectures for 1991. Oxford, Clarendon Press, 1994.
  10. Es innegable que las ideas de Pablo -como por ejemplo, su visión acerca de las leyes morales de Dios-, están influidas fuertemente por su propio contexto sociocultural . Sin embargo lo que realmente debemos rescatar aquí, es el hecho de que en ese entonces ya se recurría a la revelación general como fuente teológica complementaria a las Escrituras.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel David Morales es Master en Ciencias Físicas del IFM Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, en donde además realiza un doctorado especializado en relatividad numérica. Previamente obtuvo una Licenciatura en Física Aplicada en la Universidad de Santiago de Chile. En la actualidad investiga sobre las interacciones entre ciencia y religión dentro del contexto Latinoamericano. Es el director y fundador de RYPC.
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