miércoles, noviembre 04, 2020

Inauguración del seminario Realidad y Proceso

Publicado en: Seminario Realidad y Proceso | Citación

Inauguración del seminario Realidad y Proceso

Karolina Enquist Källgren
Stockholms Universitet, Suecia

Complex Adaptive System. Fuente: agile-mercurial.com

El seminario Realidad y Proceso es un seminario internacional y transdisciplinario que se dedica al estudio de la realidad desde la perspectiva de la filosofía procesual, en su cruce con la teología, las ciencias naturales y las humanidades. Nace de una colaboración entre la Universidad Central de Venezuela, el Centro de Ciencia y Fe de España, la Fundación Xavier Zubiri, España, y la Universidad de Estocolmo, Suecia.

El seminario presenta un formato novedoso que, a partir de lecturas de la obra Estructura dinámica de la realidad, del teólogo y filósofo español Xavier Zubiri, desarrolla interpretaciones filosóficas informadas por la ciencia. Además, es pionero en al menos dos puntos, a saber, ser un grupo de investigación internacional que se desarrolla en lengua no-inglesa en torno a las filosofías del proceso y, además, ser un grupo que abre la filosofía de Zubiri a la filosofía de vanguardia y a la ciencia vigente. Por esto, el seminario es lugar fértil de investigación para los cerca de cuarenta miembros que lo componen desde más de diez países diferentes, no todos ellos hispanohablantes naturales.

El primer encuentro fue una sesión inaugural, la cual asentó las bases del trabajo del equipo e inició la discusión a través de cuatro presentaciones, llevadas a cabo, respectivamente, por los organizadores, a quienes es menester presentar:

María Guadalupe Llanes (Universidad Central de Venezuela) es doctora en filosofía, experta en el pensamiento de A.N. Whitehead y en filosofía medieval. Manuel David Morales (Centro de Ciencia y Fe; Supernova Working Group de la LIGO Scientific Collaboration) es doctor en ciencias físicas, quien investiga sobre astronomía de ondas gravitacionales, inteligencia artificial y el diálogo ciencia y religión. Carlos Sierra-Lechuga (Fundación Xavier Zubiri) es doctor en filosofía, metafísico que erige una nueva disciplina filosófica contemporánea con que estudiar la realidad: la reología. Karolina Enquist Källgren (Universidad de Estocolmo), doctora en historia de las ideas y teoría de la ciencia, experta en los desarrollos históricos de ideas científicas y estudiosa de las ideas del exilio español.

La realidad como proceso: Historia de la filosofía procesual
Presentación de la Dra. María Guadalupe Llanes

La introducción de la teoría de relatividad en la física, al igual que el desarrollo de los debates en torno a la física cuántica al principio del siglo XIX, tuvieron un impacto importante en la discusión filosófica y epistemológica. Y novedades en la matemática, como la paradoja de Russell, por ejemplo, abrió el debate científico matemático a una reflexión filosófica más amplia. Entre otras cosas surgió un debate sobre la prevalencia del sistema kantiano, junto con una crítica a conceptos sustancialistas (Ryckman, 2015). Entre ellos encontramos, según comunica la Dra. Llanes, a Alfred North Whitehead, cuya filosofía procesual formulaba una crítica a la modernidad por medio de una lectura nueva de las fuentes históricas. En Whitehead encontramos una relectura de Platón y Aristóteles que significa una recuperación y radicalización del concepto de sustantividad. Este incluye una definición de la realidad como devenir, o con un carácter fundamentalmente procesual. El devenir, y por lo tanto la realidad, se explica en la propuesta whiteheadiana como una estructura procesual. En este sentido se entiende el proceso como una secuencia de fases o estados sucesivos, pero que a la vez tiene una coherencia temporal, es decir, una especie de estabilidad de etapas (Llanes, 2018). En la filosofía whiteheadiana resalta la comparación con filosofías del mundo antiguo en que todo fluye, significado en el concepto de phanta rei, pero cuya elasticidad sin embargo encuentra un balance o medida dinámica. Tanto en la filosofía de Heráclito como en la de Epicuro encontramos rasgos fundamentales para una filosofía procesual. En Heráclito nos encontramos con un entendimiento de la realidad donde el dinamismo tiene un carácter explicativo y dónde los procesos forman entidades organizativas. También hay rasgos del atomismo de Epicuro, cuya influencia en Whitehead está establecida, al igual que los conceptos de energeia y kinesis para describir el cambio (Colbert, 2007).

Muchos estudiosos se saltan la Edad Media, Whitehead también lo hace y busca la inspiración sobre todo en las cosmologías de Liebniz y Spinoza, que añaden aspectos de dinamismo al concepto de substancia. De la obra de Leibniz extrae la noción de una fuerza inherente capaz de generar transformaciones, y la noción de sustancia de Spinoza es clave en Whitehead, para la elaboración del concepto de ‘creatividad’.

Como ya queda visible, el propósito whiteheadiano es redescubrir toda una herencia filosófica de pensamiento dinamista –desde la cosmología del Timeo de Platón, pasando por Locke, y el idealismo alemán representado en autores como Fichte, Schelling y Hegel– y fusionarlo con la del siglo XX. Y no está sólo en su intento, varios otros autores tienen proyectos que fácilmente se podrían entender como paralelos a, o inspirados en, Whitehead, en cuanto vienen a pensar el dinamismo. Tales como podrían ser Nietzsche, Bergson, Heidegger, Derrida, Charles S. Pierce, Samuel Alexander y Paul Ushenko. También tenemos a William James y John Dewey, en sus intentos respectivos de pensar la emergencia dentro de un sistema. Y sin contar a los filósofos Charles Hartshorne y Paul Weiss, quienes siguieron con el desarrollo del pensamiento de Whitehead, habiendo sido sus estudiantes (Seibt, 2008).

En la posteridad, filósofos como Willfred Sellars o Nicolas Rescher han desarrollado filosofías procesuales post-whiteheadianas (Sellars, 1981; Rescher, 1999). La primera metafísica del proceso no whiteheadeana se ha desarrollado por Johanna Seibt bajo el nombre de General process theory (Seibt, 2004; Seibt, 2008). Esta teoría se basa en conceptos como ‘eventos dinámicos’, o ‘going-ons’ entendidos como procesos generales. En el trabajo de Vesseline Petrov encontramos una discusión de categorialidad dinámica (Petrov y Scarfe, 2015). Los proyectos de Gilles Deleuze e Isabelle Stengers también podríamos incluirlos, dado que tienen una tendencia relacional-procesual.

Ahora bien, también ha habido detractores que, naturalmente, advierten del riesgo de la excesiva procesualización de la realidad, la cual implicaría perder las nociones de entidad e individualidad en un proceso perpetuo. Una crítica pertinente la encontramos en Strawson, quien señala la imposibilidad de sistematizar una filosofía procesual (Strawson, 1959).

Frente a este panorama cabría preguntarse qué significan los conceptos de dinámica, dinamicidad, ontología procesual, entre otros, implicados en la filosofía procesual. Sobre todo, porque son conceptos de gran relevancia para disciplinas más allá de la filosofía y de uso en ámbitos diversos de la ciencias. Se puede mencionar los trabajos de Carlos David García, filósofo mexicano, y María Teresa Teixeira, que trabaja en biología y ecología. También cabe mencionar el Centre for Process Studies, adscrito a la Claremont School of Theology en EE.UU., que fue fundado por John Cobb, Jr. y David Ray Griffin, donde se combinan disciplinas como la teología, la filosofía, la psicología y la ecología.

El Puzle de la ciencia para una realidad compleja
Presentación del Dr. Manuel David Morales

Visto el panorama histórico general de las filosofías del proceso, cabría preguntarse qué ventajas tienen la teorías del proceso para la ciencia. ¿En qué le podría ser útil a una ciencia muy especializada? Fue entonces el turno del Dr. Morales. Él argumenta que la filosofía procesual puede ayudar, precisamente, a transmitir e inducir a reflexiones generales motivadas por la práctica científica. Y con esto, servir como puente entre los detalles especializados de la ciencia y una interpretación amplia de esta actividad , especialmente entre personas que no tienen educación científica pero cuyas dudas tocan a cuestiones socioculturales muy ancladas en su humanidad y cotidianidad.

La especialización hace que se reproduzca una imagen de la ciencia, estando despreocupada por preguntas sobre la subjetividad, el sentido, las creencias o nuestras convicciones; pero esta no es una imagen real. Frecuentemente, se proyecta la imagen de un científico que desarrolla teorías totalmente racionales, algorítmicas, para luego probarlas en experimentos, cuyos resultados llegarían a contradecir o a corresponder, certeramente, con ciertos fenómenos. Pero el método científico no funciona así, dado que la realidad es compleja, y en muchos casos ni siquiera es posible formular leyes naturales rígidas. Por lo tanto, transmitir esta imagen es problemático, y puede llegar a ser lesivo, alejando aún más a la sociedad, en general, de la ciencia. En el última instancia, esta falsa imagen pudiera producir la duda última respecto si vale la pena hacer ciencia después de todo. Por esto, es necesario inventarnos imágenes más acertadas para explicar el trabajo procesual y creativo del científico, y que sean comprensibles para la sociedad en general.

Una metáfora muy útil para este propósito es la que propusiera Susan Haack, quién compara la ciencia con un puzle (Haack, 1995, 20-31) o rompecabezas1. Si leemos esta metáfora, y la ampliamos, descubrimos los aspectos procesuales asociados a la ciencia. Uno se puede imaginar un puzle que ya está medio armado, y que al encontrarse con este, se da la circunstancia de una curiosidad para seguir armándolo. Habría que preguntarse, primeramente, cómo se comenzó a armar el puzle. ¿Cuál es el orden en que se fueron encajando las piezas? Quizá es un puzle tan grande como para no poder armarlo todo de una vez, requiriendo una estrategia de armado por regiones. Y es que no existe una manera única de armar el puzle, se podría trabajar siguiendo diferentes métodos. Hay muchas formas de armarlo. Otro aspecto es que, generalmente, nos creamos un cuadro visual anticipatorio; cómo se vería el puzle una vez armado. Esto es inevitable y, en una primera aproximación, nos sirve para asimilar cómo funciona la ciencia. Es un proceso complejo, donde resalta la relación entre momentos inquisitivos, momentos anticipatorios al formular teorías y experimentos. Todo esto entrelazado continuamente, mientras nos enfrentamos al puzle, o al problema de descubrir cómo funciona el mundo natural.

Dado que no tenemos claro cómo se comenzó a armar el puzle, el factor subjetivo –percepción, intuición, ideología– está incluido en cómo avanzamos en la ciencia. Es cierto es que en este procedimiento contribuye un lenguaje estandarizado, la matemática. Pero también es cierto que la matemática es un mero lenguaje que se usa para poder expresar teorías científicas, útil por su formalidad, pero un mero lenguaje al fin y al cabo. El lenguaje matemático lo usamos para conceptualizar la realidad, a pesar de que los detalles de dicha conceptualización están basados en intuiciones anteriores –intuiciones que, por ejemplo, las encontramos en la invención misma de las teorías científicas.

Hasta aquí hemos reflexionado sobre el método científico y su carácter procesual. Pero ¿cómo podemos ahora pensar la realidad? ¿Qué puede contribuir el método científico para pensar la realidad? Siguiendo la analogía del puzle, podemos suponer que este, una vez armado, no transmite un cuadro fácilmente asimilable como sería un paisaje impresionista, sino que transmite una pintura abstracta. Por lo tanto, aquí sería difícil adivinar las particularidades de la imagen contenida en el puzle cuando este todavía está a medio armar. En un puñado de piezas seríamos capaces identificar pequeñas figuras geométricas, pero que al ensamblarse, podrían tener varias interpretaciones, es decir, podríamos pensar que representan diferentes aspectos del cuadro en su conjunto. De la misma manera, el cuadro que parece nos está mostrando las ciencias de la realidad no es un paisaje definido, fácilmente asimilable, sino más bien con mucha abstracción. El método científico nos transmite aspectos muy complejos de la realidad, no son precisos en un sentido determinista, hay incertidumbre, a tal punto de que no nos permiten interpretar la realidad con precisión absoluta.

La metáfora del puzle nos sirve para visualizar la ciencia como es actualmente, en proceso. Y la filosofía procesual, por lo tanto, es una buena plataforma para entender cómo funciona la ciencia, y cuáles son sus límites frente a una realidad compleja, también en proceso. Este campo filosófico también apunta a que la relación de la ciencia con el mundo de los valores no está dado, por lo que hay que añadir una discusión humanista y teológica.

Ahora bien, a un nivel más técnico y con respecto a la realidad misma, la filosofía procesual nos permite pensar sobre temas como la irreversibilidad del tiempo, la interconexión de eventos, las incertidumbres que afecta a la predictibilidad de nuestros modelos; también nos ayuda pensar lo que fluye en los procesos y cómo se comporta, además de los niveles de emergencia y la causalidad entre ellos. Inclusive, la filosofía procesual pudiera abrir las puertas para pensar el universo, como un todo, desde nuevas perspectivas.

Metafísica físicamente responsable: Pensar la realidad con Zubiri y la ciencia
Presentación del Dr. Carlos Sierra-Lechuga

Toca el turno de justificar por qué el pensamiento de Xavier Zubiri, en particular, sirve de motivación en un seminario como este. En primer lugar, debemos considerar que la filosofía del proceso es quizá la corriente del siglo XX que, en más estrecha relación con la ciencia, se ha dedicado a desarrollar sistemas filosóficos. A diferencia de lo que podía ser la epistemología o la teoría de la ciencia, no se dedica principalmente a los métodos científicos, ni cuanto menos a un mero análisis lógico del lenguaje; su prioridad es el objeto material de la ciencia, avanza el Dr. Sierra-Lechuga. Es decir, más que ocuparse de las ciencias por el lado que da a las teorías, se ocupa de ellas por el lado que da a la realidad. La filosofía del proceso se interesa por lo que dice la ciencia sobre la realidad, y desarrolla una metafísica responsablemente con los resultados científicos. Metafísica aquí se entiende como la investigación de la estructura fundamental de la realidad.

La filosofía del proceso desarrolla una metafísica bien informada por la ciencia o, mejor, “físicamente responsable”. Podríamos decir que en este tipo de filosofías se respeta el “principio metafísico de responsabilidad física”, el cual consiste, grosso modo, en que cualquier desarrollo metafísico tiene que estar bien informado por la ciencia de su tiempo (Sierra-Lechuga, 2019a). Podríamos tomar como ejemplos históricos de estas metafísicas físicamente responsables a Aristóteles, Escoto, Hegel, entre otros grandes. En el siglo XX ha habido otros exponentes que representan bien las metafísicas del proceso y, junto con ello, que son físicamente responsables, como el ya mencionado Whitehead en Reino Unido, o Nicolai Hartmann en Alemania que formó su proyecto filosófico en relación con la biología. En Francia tenemos a Bergson, por ejemplo, y en España el homólogo sería Xavier Zubiri. Su filosofía se basaba profundamente tanto en la matemática, la biología, como en la física de su tiempo, y aplicaba sus conocimientos para profundizar en una visión filosóficamente realista. Durante toda su obra, Zubiri vuelve a la pregunta de qué es realidad.

Su obra puede concebirse como una respuesta a esa pregunta. Su concepto de realidad se distingue de la idea que tiene el realismo del sentido común o el realismo ingenuo, donde se entiende a la realidad como “lo independiente de la mente”. Pero Sierra-Lechuga replica que pensar esto sería ignorar todo el criticismo filosófico, especialmente la crítica kantiana. El realismo de Zubiri no parte de ingenuidades metafísicas.

Grosso modo, Zubiri define la realidad como el modo de aparecer de las cosas ante nosotros. Si quiere hablarse de “independencia de la mente”, habría que decir que la realidad es la manera en que las cosas quedan en nuestra mente como independientes de nuestra mente.. Es importante enfatizar que “realidad” no se refiere a “lo que aparece” en la mente, más bien la realidad es “el modo de aparecer” de las cosas como independientes de nosotros. A este modo de aparecer Zubiri lo llama “formalidad”, es la “formalidad de realidad”. Si ahora analizamos esta formalidad con relativa autonomía respecto de nosotros (de “nuestra mente”), nos encontramos con la estructura de la realidad en y por sí misma (Zubiri, 1989). Interesantemente esto era la conclusión a la que llegó Zubiri después de haber estudiado la ciencia de su día extensivamente. Zubiri estaba convencido de que no se podía prescindir de los conceptos científicos, y en su obra se puede ver perfectamente la correspondencia entre ciencia y filosofía de la realidad.

El recorrido de Zubiri por la ciencia es amplio (Sierra-Lechuga, 2019b; Corominas y Vicens, 2006). En la década de 1920 estudió análisis matemático, física, elementos de cálculo infinitesimal, cosmografía. En el año 23 tiene contacto directo con Albert Einstein, quien vino a España para dar charlas, invitado por el filósofo José Ortega y Gasset. Es en este encuentro cuando cae en la cuenta de que tiene que entender mejor la matemática. En la década de los años 30 estudia con Sommerfeld, conoce a Wolfgang Pauli, Heisenberg y Schrödinger, con quien se vuelve muy cercano. También conoce a Max Planck y se reencuentra con Einstein en el seminario físico de Max Planck en Berlín. También conoce a Otto Mangold quien por entonces se dedicaba a estudiar procesos de inducción embrionaria en la biología. Además de la ciencia de la naturaleza, estudia con Richard Goldsmit y los psícologos de la Gestalt como Koffka o Köhler, y trabaja con Goldstein. En los años treinta viaja a París donde conoce a los físicos Blas Cabrera y de Broglie, al historiador Alejaxdre Koyré y al químico español premio nobel Severo Ochoa. Estudia sánscrito y otras lenguas antiguas con Benveniste y trabaja con la traducción al castellano de, entre otros, Schrödinger y Arthur Mach. En los años 40, escribe y recopila varios artículos sobre física cuántica y las ciencias, y da un curso intítulado “Ciencia y Realidad”, hoy publicado (Zubiri, 2020). En 1946 va a Princeton y da una conferencia en francés sobre lo real en matemáticas, tratado como un problema de filosofía. En los 50, da un curso sobre el cuerpo y el alma donde aparece la conexión necesaria entre ambos, conexión que supone una teoría general de la materia. En los años 60 da el curso “Acerca del mundo” y publica “Sobre la Esencia”, y en 1968 imparte el curso “Estructura Dinámica de la Realidad”. En los 70, desarrolla una especie de filosofía de la naturaleza donde trata el espacio, el tiempo y la materia. Y en los 80 entiende a la inteligencia como una nota metafísica y también como una nota biológica.

La realidad entre física y filosofía: El caso Zubiri-Schrödinger
Presentación de la Dra. Karolina Enquist Källgren

Llegado a este punto, se vuelve significativo indagar más sobre el modo concreto como Xavier Zubiri trabajó con un amigo cercano: el físico austriaco Erwin Schrödinger. Y es que la relación entre Zubiri y Schrödinger es quizá una de los más significativas cuando nos referimos al desarrollo transdisciplinar de conceptos entre la filosofía y la ciencia. La Dra. Enquist Källgren sostiene que los dos trabajaron en proyectos paralelos y en mutua correspondencia a partir de la colaboración que mantuvieron durante los años 1930.

Zubiri estuvo de investigador invitado en el seminario de física de Max Planck en Berlín entre 1930-1931. Durante estos años, el seminario estaba dirigido por Schrödinger, quién había sucedido a Planck. Schrödinger viajó a España dos veces, en 1934 y 1935, invitado por Zubiri y durante el primer año participó en la Universidad Internacional de Verano de Santander como uno de los exponentes. Esta participación es interesante porque se puede trazar cómo los dos trabajaban juntos, Schrödinger mandándole apuntes en alemán para que Zubiri los convirtiera en las clases en castellano que Schrödinger luego efectivamente impartiría en la Universidad de Veranos de Santander. Zubiri también daba sus propias clases. Estas clases luego se publicaron en 1935, su original en castellano y con el título “La nueva mecánica ondulatoria” (Enquist Källgren, 2020; Schrödinger, 2001).

Entre ambos se puede ver una coincidencia de temas importante, tanto en cómo trazan los problemas como en las propuestas fundamentales de resolución. Aquí destacan: el problema de la mensurabilidad en física cuántica –explícitamente discutida tanto en las clases de Schrödinger como en términos filosóficos en las clases de Zubiri– cómo un problema no resuelto, dando lugar a un concepto de totalidad del universo que se construye entorno a la dinamicidad de estructuras internas. También desarrollan ideas de lo que se puede entender como un concepto de objetividad estructural, donde la posibilidad del conocimiento es dependiente de la relacionalidad entre valores (expresados como funciones) y la totalidad de un sistema. Discuten largamente sobre la perspectiva del observador como parte constructiva de la identidad de un sistema y optan en maneras paralelas por una visión virtual del mundo que daba por supuesto la realidad de fenómenos ideales, como por ejemplo constructos intelectuales. Y, sobre todo, discutieron y formaron nociones parecidas de la realidad, que Schrödinger define como un constructo hecho de material actual y virtual propio (Schrödinger, 1957). La realidad tal y como la encontramos en Zubiri, como el modo de aparecer de las cosas como independientes de nosotros mismos, también esboza esta doble adherencia a material actualizado y objetividad virtual en algo que se mantiene “de suyo” (Zubiri, 1980).

Como demuestra este pequeño recorrido de concomitancias entre Zubiri y Schrödinger, la colaboración transdisciplinaria sobre cuestiones fundamentales de la realidad puede ser fructífera, pero también difícil por requerir de un lenguaje exacto, pero asimismo abierto a nuevos desarrollos conceptuales. Esto sólo puede ser posible con preparación, estudio y una voluntad de entendimiento que el seminario Realidad y Proceso, ahora inaugurado, ya exhibe. El trabajo empieza aquí.

Bibliografía
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  1. Susan Hack recurre a la idea de puzle, entendida como un crucigrama, principalmente por una inquietud epistemológica frente a ciertas líneas filosóficas postmodernas que minimizan el valor epistémico de la ciencia. Sin embargo, aquí vamos a entender el puzle como un rompecabezas, mas bien para explicar el carácter procesual del método científico y de la realidad misma.

Citación (ISO 690:2010): ENQUIST KÄLLGREN, Karolina. Inauguración del seminario Realidad y Proceso [en línea]. Revista RYPC, 4 noviembre 2020. <http://www.revista-rypc.org/2020/11/inauguracion-realidad-y-proceso.html> [consulta: ].