viernes, julio 21, 2017

Honor, poder y legitimación en la iglesia cristiana evangélica

Fuente: Guidebook.com.
Angélica Eliú Patiño

El honor es una isla escarpada y sin riberas: El que ha caído de ella, no puede volver a subir.
(Nicolás Boileau)


El mundo actual representa un conjunto de rupturas, cambios y movimiento dentro de los sistemas religiosos. Una de mis hipótesis más recurrentes en torno a la multiplicidad de ofertas religiosas es que cada religión tiene que competir para no perder sus fieles, ya sea con la innovación de sus actividades, su inserción en los medios actuales de comunicación y en las formas estructurales de organización.

Uno de los factores más importantes en todos los sistemas religiosos, es el concepto del honor, aunque no sea algo expuesto, la praxis social del honor representa un elemento de suma relevancia en las religiones, por este motivo, dedicaré este texto para hablar brevemente del concepto del honor vinculado con el poder y la legitimación en los sistemas religiosos, principalmente en la comunidad evangélica.

El honor es una cualidad moral que lleva al cumplimiento de deberes respecto al prójimo y al sujeto mismo que lo ejerce, sin embargo, la acción social que el honor representa se basa en la buena reputación, los comentarios que los sistemas religiosos tengan. La labor de la antropología se encuentra en descubrir la diferencia entre: “Lo que se dice”, “Lo que se hace”, “Lo que se piensa” y los resultados colectivos de esto.

El honor posee una estructura general visible en las instituciones y en los hábitos de evaluación que son particulares a una cultura determinada.1 Es decir, que las prácticas culturales que cada sistema religioso ejerce son muy importantes, incluso muchos de ellos prefieren perder la integridad a su reputación porque una vez que el honor se pierde, difícilmente se puede recuperar.

Si miramos con cuidado en la vida evangélica el honor tiene un papel trascendental, en las prácticas rituales y en la reproducción del sistema religioso.

El honor se valida a sí mismo por un recurso a los hechos. El que pretende honor debe ser aceptado en su autovaloración. El honor es el valor de una persona a sus propios ojos, pero también a los ojos de la sociedad, es su estimación de su propio valor o dignidad. El honor proporciona un nexo entre los ideales de una sociedad y la reproducción de esos mismos ideales de los individuos.2

En la vida religiosa, el líder es la persona que se esfuerza por conseguir honor, el líder en este sentido representa el ideal a seguir, que al mismo tiempo está imitando a Jesucristo, de esta manera ayuda a reproducir el sistema. La mirada de la sociedad está puesta en los grandes líderes, políticos, familiares o religiosos.

El honor se persigue principalmente para la obtención de un poder que es legitimado. Así como referiría Da Matta los sistemas sociales tienen esferas o dominios que suponen un orden lógico entre ellos3, de esta forma si el líder tiene honor, consigue poder y asimismo autoridad, el poder legitimado en su máxima expresión. Es decir, una persona puede tener poder por derecho o por las reglas de lugar que representa, pero solamente tendrá autoridad sobre la comunidad que ejerce si tiene honor entre ella, el honor se traducirá en respeto y admiración de los seguidores, es entonces cuando su poder se conoce como poder legitimado por el contexto social donde se mueve. Las palabras, el dictamen y las acciones del líder que posee honor tienen autoridad en la comunidad.

Esta búsqueda de percepción favorable es perseguida para obtener poder sobre las decisiones de los sujetos y competir con los demás sistemas religiosos. Los escándalos en sistemas religiosos tales como abuso de menores, rumores sobre trata de personas, apoyo a posturas políticas en la sociedad trae consigo una disputa de honor y poder entre líderes religiosos y entre las religiones que representan.

El honor en la vida evangélica está ligado fuertemente con 2 elementos:

1. La vida testimonial

No hay dominio de la vida en que el miembro pueda o quiera separarse del cuerpo. Toda la plenitud de las relaciones humanas entre los cristianos está circunscrita por Cristo, por la iglesia. 4 Es así que el creyente al ser miembro de la comunidad tendrá que hacer demostración de un buen testimonio5 y declarar su fe y convicción. Más aun el líder tendrá que tener un testimonio de su estilo de vida impecable que provoque el deseo de imitación. El sentimiento del honor inspira una conducta que es honorable, la conducta recibe reconocimiento y establece reputación, y la reputación es finalmente santificada a concesión de honores.6

En cuestión de los líderes de las iglesias se encuentra también una lucha por el poder, el honor depende de la capacidad de silenciar a quienquiera que puede disputar el título. En el campo del honor el poder es derecho.7

Los creyentes y fieles, tendrán en mente que tienen que imitar a Jesucristo pero los líderes de la iglesia obtendrán influencia para inducir y orientar la conducta de los feligreses, es su responsabilidad guiar a sus ovejas. La opinión que haya de los líderes dentro de la iglesia es de supremo valor, ya que puede ayudar a fortalecer la estructura o a destruirla.

2. La relación con la divinidad

El honor de un hombre además de conectarle con otros hombres en el interior de la jerarquía de su sociedad, le conecta con su soberano y con la divinidad. El honor supone que Dios se agrada del siervo, aunque es algo que no es expuesto como tal, ya que se reconoce que siempre tiene que privilegiarse la humildad, “por los frutos serán conocidos” (Lucas 6:44) entonces, es de esa manera que cuando un líder o cualquier miembro de la iglesia agrada a Dios, principalmente en lo privado, él lo recompensa en público.

El honor no será reconocido explícitamente dentro de la comunidad, ya que en la teoría el único que merece honor es Dios, pero en la práctica se puede encontrar con grandes seguidores de predicadores, específicos o de eficacia simbólica y discursiva, por parte de líderes de la iglesia como autoridades morales.

La vida testimonial de cada uno de los miembros de la comunidad evangélica es importante, la categoría “cristiano” se procura no usarla de una manera ligera. Los grupos sociales poseen un honor colectivo en el que participan sus miembros, la conducta deshonrosa de uno repercute sobre el honor de todos. Esto es muy claro cuando se pueden reclamar entre mismos creyentes con frases tales como: “Y eso que eres cristiano” enfatizando que la conducta que tuvo no fue la más adecuada y repercute en la identidad social de todos.

La relación con la divinidad es uno de los elementos más importantes que otorgan honor a un miembro particular y a todo el sistema religioso.

Para también hablar sobre el poder dentro de las iglesias debo decir que el poder social según R.N. Adams, es la capacidad para ejercer la voluntad del sujeto en otro, mediante el control de los procesos energéticos que le interesan o son fundamentales para su supervivencia.8 El poder entonces se logra aprendiendo a manejar procesos energéticos, en la vida religiosa esto es más notable.

Sobre su forma elemental, lo sagrado representa por encima de todo, una energía peligrosa, incomprensible, arduamente manejable, eminentemente eficaz. Para quien se dedica a recurrir a ella, el problema consiste en captarla y utilizarla de mejor manera para sus intereses, sin olvidar protegerse de los riesgos inherentes al empleo de una fuerza tan difícil de dominar. Cuanto más considerable es el objetivo que se persigue, más necesaria es su intervención y más arriesgada es su aplicación. Ella no se doma, no se diluye, no se fracciona”9

De todas las experiencias que los grupos sociales mantienen con lo sagrado, un lugar separado es la repetición del acto del culto. Ese es el lugar en que se estimula la fe con rituales apropiados, el templo como un lugar especial, irradiador de energía. Las personas pasan a procurarlo en el ansía de conseguir acogimiento y protección en una entidad mayor que todos los adoradores.10

La arena del poder religioso se da en el templo, con una dinámica pastor- actor único, la función que se lleva a cabo puede causar empatía o rechazo. Es decir, ya que posee honor el líder religioso, al entrar en el campo del servicio de culto, tiene que buscar la empatía y la participación de los seguidores. El poder en este sentido se fundamenta en la capacidad de convicción que tienen personas selectas para persuadir a otras mediante sus argumentos: carisma, seducción y encanto. Una habilidad que regularmente mueve multitudes. Conocido como poder carismático. La palabra carisma viene del griego Krisma y de su análogo Kharis que significa gracia o don; en su sentido etimológico e histórico es el conjunto de dones o talentos otorgados a una persona, que deben ser ejercidos para poder influir positivamente en el cumplimiento de un fin común.

Los sistemas religiosos a esta distinción del poder le asignan gran dedicación, la selección de la “persona correcta” se ha convertido en una de las decisiones más importantes del sistema. El que se convierta en líder, portador del poder y la autoridad tendrá que tener carisma para conseguir la empatía y colaboración de los seguidores. Este es un trabajo en equipo, el líder consolida su autoridad y los seguidores obtienen satisfacción al encontrar metas cumplidas, así fortalecen su identidad. En los sistemas religiosos, el líder carismático es aquel que centrado en las relaciones, ordena y utiliza comprometidamente sus talentos, dones y recursos, en beneficio del grupo permitiéndole crecer.

Si bien como Michel Foucault aseguró “El discurso es poder”. Los sistemas religiosos invierten gran porcentaje de tiempo en preparar los discursos que se dan a la comunidad, con propósitos claros, mostrando la ruta que debe ser seguida, así obtienen el poder de influir en las conductas individuales de los creyentes.

La polaridad carismática permite abrir camino a temas que son nebulosos en las comunidades, el líder carismático puede dar voz a estas situaciones. Como el caso del famoso predicador Joel Osteen, al igual que el pastor de Hillsong London, Brian Houston, reconocidos por la comunidad evangélica en Inglaterra y los Estados Unidos de América. Ambos incluyen a la comunidad homosexual en sus iglesias, contrarrestando el rechazo de otros sectores. Así también abordando otros temas como: la interrupción del embarazo o la convivencia social homosexual. En ambos casos se puede observar una disminución del honor del que gozaban ambos representantes de las iglesias, por lo que se conoce como “escándalos” en la comunidad evangélica internacional, como los ya mencionados o las críticas en torno a privilegiar la búsqueda de la riqueza o de la inserción de canciones seculares dentro de la iglesia, como el caso del Gangam Style bailado en la Iglesia de Hillsong London que trajo críticas a nivel mundial, muchas de ellas con frases de la Biblia como: “Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio” (Ezequiel 22:26). Basta con escribir en el buscador en internet este caso para encontrar más de 100, 000 resultados. Un caso más actual es la canción “Despacito” del género reguetón, que se ha definido como una de las canciones más exitosas de la actualidad, a la cual se le ha cambiado la letra y se ha infiltrado en distintas iglesias tanto católicas como cristianas evangélicas, teniendo repercusiones positivas y negativas entre los seguidores, otros creyentes y líderes religiosos.

Aparte del honor, la dominación carismática, supone un proceso de comunicación de carácter emotivo. Significa que existe la posibilidad de una variación de la dirección de la conciencia y de la acción, una reorientación completa de todas las actitudes, frente a las formas de vida anteriores o frente al mundo en general. El marketing se encarga de preparar al líder carismático en sus cualidades, preparándole propagandas, cuidando su imagen pública, haciendo posible la distribución de su material en revistas o libros para orientar a la comunidad sobre “el actuar en la vida social”.

La legitimación de cada líder será asimismo una cuestión de respaldo social y honor, también será una lucha constante. La iglesia, es decir, todos los miembros tienen la facultad de decidir en la vida práctica si siguen al líder o no. Muchos de ellos pueden no estar de acuerdo y abrir una nueva “célula” o punto de reunión con miras de construir una nueva iglesia, y empezar en ese lugar su propia arena de disputa de poder, pero sobretodo mantener la legitimidad que los fieles otorgan.

En conclusión, existe una resignificación sistemática de las acciones, de las vivencias. Es una comunidad con ajustes constantes, mientras eso sucede sus campos de significación se amplían. Estudiar los conceptos de honor, poder y legitimidad ofrecerán un panorama de lo que sucede en los cambios, disputas y transformaciones de los sistemas religiosos.

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  1. Pitt-Rivers, Julian. Antropología del honor o Política de los sexos, ensayos de antropología mediterránea, Grijalbo. Barcelona. 1979. Pp. 21.
  2. Ibíd 22.
  3. Da Matta, Roberto. Carnavales, Malandros y Héroes. FCE. México. 2002
  4. Roslim, Suwandoko y David Duncan. La biblia y la iglesia. Colombia, ICI University, 1994. Pp. 190
  5. El buen testimonio se refiere a las pruebas de que la vida del sujeto se rige de una manera avalada por los códigos morales y de conducta que exige el sistema religioso.
  6. Pitt-Rivers, Julian. Antropología del honor o Política de los sexos, ensayos de antropología mediterránea, Grijalbo. Barcelona. 1979. Pp. 21.
  7. Ibíd.
  8. Adams, Richard N. La red de la expansión humana. CIESAS- UAM. México. 2007.
  9. Caillois, Roger. El hombre y lo sagrado, Ediciones 70. Lisboa 1988. Pp. 22.
  10. Silveira Campos, Leonildo. Teatro, Templo y Mercado, Comunicación y marketing de los nuevos pentecostales en América Latina. Quito, Abya-Yala. 2000. Pp.108

 
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