lunes, mayo 01, 2017

El pensamiento marxista en discusión: Respuesta a Antonio Cruz sobre su análisis de Marx, Parte I

"Karl Marx en su estudio", de Zhang Wu.
Fuente: hystory.com
Luis Fernando Ortiz

Pocos cristianos protestantes se han dedicado a realizar un análisis serio del pensamiento marxista. Por esta razón, el hecho de que en algunas columnas escritas por el Dr. Antonio Cruz Suárez en Protestante Digital hace ya algunos años,1 este se haya tomado la molestia de tratar de hacer un análisis del pensamiento de Marx, y posteriormente de otras mentes polémicas como Auguste Comte o Sigmund Freud, es sobre todo encomiable. Sin embargo, y esto hay que decirlo, su análisis es a todas luces nada riguroso tomando la senda de aquellos críticos evangélicos que en pocas páginas osaban dar por muerto el pensamiento marxista.

En primer lugar, es evidente que no sigue ninguna línea lógica en la evolución del pensamiento de Marx. Así, el Dr. Cruz primero toma frases del Manifiesto del Partido Comunista (1848) pasa a la Ideología Alemana (1846) sin observar los cambios y mutaciones que cualquier filósofo tendría en el transcurso de su vida, es decir, toma como palabras finales muchas aseveraciones que serían trabajadas y pulidas durante años posteriores por parte de Engels y Marx. Como resultado de ello, en vez de ofrecer una buena muestra de los “errores marxistas” termina dándonos una interpretación sesgada, insuficiente e incompleta.

Por otro lado, se discute en unas cuantas líneas lo que han sido temas de debate por más de un siglo, tratando cuestiones que a nuestro parecer merecen un poco más de extensión y de revisión bibliográfica.2 Sobre todo, si como dice en el título de su análisis, quiere dar cuenta de los errores de Marx, parece un poco extraño que quiera realizar dicha tarea en dos artículos, y solamente en un artículo aparte, muestre lo que él considera “los aciertos de la teoría”. No contento con eso, utiliza un título que bien podría pasar en un periódico dedicado a publicar noticias sensacionalistas, pues sus escritos titulados “análisis de los grandes errores de Marx” no deja de ser sospechoso que, en lugar de un análisis riguroso, trate de brindar una opinión disfrazada de juicio objetivo.

Siguiendo con las críticas de lectura que se le pueden hacer, y es que hay muchas de distinto orden, es que su interpretación se basa únicamente en la revisión del Manifiesto Comunista (de ahora en adelante MC) y no en la totalidad de la obra de Marx ¿Por qué hacer esto lleva a errores de interpretación y a un juicio parcial? Como afirma Maguire al hacer una revisión de la teoría política en Marx: ‘se debe tomar una decisión cuidadosa acerca del hincapié que haya de hacerse sobre cada obra’ (Maguire, 1984: 11). El MC no es una obra teórica económica más acabada como el Capital (1867) y tratar de hacer un juicio completo utilizando ese y otro escrito no ayudaría mucho. Esto no es nada nuevo, porque ya antes los críticos del marxismo se fueron contra los escritos tempranos de Marx (los que estaban disponibles) y no contra los escritos posteriores. Pero a la vez es un proceso realizado también por algunos marxistas que llegaron a tomar el MC como un texto inequívoco. Al respecto Antonio Labriola señalaba lo siguiente:

Pero aquel escrito que era el Manifiesto […] si fue tantas y tantas cosas como sedimento de ideas diversas reducidas por primera vez a unidad intuitiva de sistema, y como cosecha de gérmenes capaces de un largo desarrollo, no fue ni pretendió ser, ni el código del socialismo, ni el catecismo del comunismo, ni el vademécum de la revolución proletaria […] El comunismo crítico, en verdad, comenzaba apenas con el Manifiesto; tenía que desarrollarse, y en efecto se ha desarrollado. El conjunto de doctrinas que hoy se suele llamar Marxismo no ha alcanzado realmente a la madurez hasta los años 60 y 70. (Citado en Fineschi, 2013)

Pretender que el MC contiene una especie de síntesis del pensamiento de Marx desde donde se le puede hacer una crítica global, es un error, porque en él no se encuentran los fundamentos para entender a la sociedad capitalista que sí se están, por ejemplo, en el Capital. Una crítica más penetrante sería aquella que se puntualizara en esta obra, como, por ejemplo, la de Böhm-Bawerk, pero que en los escritos del autor al que pasamos revista no se menciona. En realidad, lo que tenemos por parte del Dr. Cruz es un acercamiento hacia la realidad contemporánea para tratar de “verificar” las ideas marxistas más bien ligadas a la política que a la parte económica, y al hacerlo, comete un error de método que consiste esencialmente en la deficiencia fundamental de todas las críticas hechas a Marx: confundir el nivel empírico con la abstracción presente en la argumentación de algunas ideas que se pretenden analizar. La crítica del Dr. Cruz, por ejemplo, no revisa el debate sobre la transformación de valores en precios (véase Desai, 1972, Dobb et al., Dostaler, 1989; Meek, 1977; Sweezy, 1945) ni tampoco la discusión sobre la contradicción entre valor de uso y de cambio entre otros (véase Echeverría, 1998). En virtud de esto, es claro que el tema político no es ni pretende ser el único tema en discusión dentro del marxismo. Por esta razón, nosotros calificamos su crítica de incompleta pues extrapola argumentos de una obra política hacia la realidad económica sin revisar los planteamientos de la crítica a la economía política hecha por Marx.

Dejemos nosotros de lado su método para adentrarnos en los argumentos que propone y veamos, si en el plano que él analiza, esto es, en la realidad empírica, se sostienen las críticas que realiza. Después de esto podremos entender por qué sus argumentos son lo que podríamos llamar: grandísimos errores de análisis. Por razones de extensión dividiremos nuestra crítica en dos partes esperando con ello plantear la necesidad de un debate más informado.

El Dr. Antonio Cruz Suarez pone 8 incisos en los cuales piensa que Marx se equivocó. Veamos inciso por inciso sus argumentos.

a) El Estado no ha desaparecido.

El primer error de Marx que encuentra el Dr. Cruz, es la existencia en nuestro tiempo del Estado, contradiciendo con ello cualquier previsión marxiana. Dice él así: ‘la historia posterior ha confirmado que no es posible la existencia de una sociedad moderna e industrializada carente de administración y autoridad centralizada’. A esto tenemos que decir dos cosas.

1. Si el Estado no ha desaparecido es porque juega un papel muy importante para la acumulación de capital y su valorización. La idea de Marx sobre la desaparición del Estado tiene que ver precisamente sobre una sociedad distinta donde no reine la búsqueda de la ganancia ni exista la propiedad privada. En esa sociedad el Estado teóricamente no puede existir porque no tiene razón de ser, pero en una sociedad capitalista el Estado tiene una función social específica con políticas económicas específicas para un momento histórico determinado. Su interpretación parece confundir a Marx con Keynes, este último es quien menciona la necesidad participativa del Estado derivado de la inexistencia de equilibrio en la economía como lo pensaban los clásicos de la ciencia económica. Pero en Marx y en toda la tradición marxista posterior (y habría que ver las diferencias de cada escuela) se identifica al Estado inserto dentro del proceso de acumulación capitalista. El debate en América Latina podría ayudar a realizar algunas clarificaciones sobre este punto, sobre todo a raíz de la última década y el ascenso al poder de gobiernos de “izquierda”3 en la región. De cualquier forma, ¿cómo podríamos verlo nosotros de forma contemporánea? En las últimas décadas, de lo que se ha llamado el periodo neoliberal, la participación estatal ha cedido espacio a la inversión privada en funciones como productor, distribuidor etc., pero, las políticas económicas, que no son más que intervenciones, se han dirigido hacia la protección de la ganancia, y específicamente de la ganancia financiera. Esto no contradice a Marx, al contrario, muestra un reacomodo de fuerzas entre las distintas facciones del capital, donde se privilegia al capital financiero. La sociedad capitalista necesita inherentemente al Estado, por eso en una sociedad no capitalista, habría que repensar el papel mismo de esta institución.

2. Derivado del punto anterior, parece que existe un desconocimiento de múltiples sociedades que han tenido un sistema político distinto al estilo occidental. En este sentido, los estudios de antropología política pueden brindar una guía sobre este asunto (véase Forte y Evans-Pritchard, 2010), a la vez que permiten superar el eurocentrismo que aún se respira en las ciencias sociales, e incluso en el mismo Marx (aunque ya en su análisis de formaciones económicas no capitalistas se nota un cambio de rumbo, véase Marx y Hobsbawn, 1971). En la misma línea, están los escritos etnológicos de Marx, traducidos y comentados por Krader (1988). Entonces, todo esto muestra la riqueza del problema a tratar, y que el Dr. Cruz da por sentado en unos cuantos renglones. De hecho, los estudios arriba mencionados muestran la diversidad de acciones, en sociedades no occidentales, que se ejercen al resolver los antagonismos, pero fuera de ese esquema capitalista. Así entonces, se nos brinda un marco para entender, por ejemplo, la dinámica y estructura del movimiento zapatista mexicano, el cual se declara autónomo del Estado mexicano, creando su propia forma de organización política, luchando para que reconozcan sus derechos de autonomía. Todo ello en un intento de rescatar las tradiciones propias como crítica de un modelo que les niega su originalidad.

b) El capitalismo no se ha hundido.

El segundo error que encuentra el Dr. Cruz queda mejor comprendido si se lee textual: ‘Marx estaba convencido de que el capitalismo se autodestruiría irremediablemente como consecuencia del enfurecimiento y la rebelión de los obreros del mundo’.

Este argumento no es nuevo, ya el profesor Heilbroner lo expresaba muy claro cuando en su libro Vida y doctrina de los grandes economistas mencionaba:

Marx había creído que, por efecto de la lucha de clases cada día más difícil del sistema por subsistir, las clases trabajadoras se verían implacablemente aplastadas bajos sus pies, y que cuando estuviesen próximas las agonías del capitalismo, los ímpetus revolucionarios estallarían. Con una especie de fría justicia, las crueldades del capitalismo habían dado así el ser a su propio verdugo. Pero esto no ocurrió. (1972: 8)

Pero, ¿es cierto eso? Si hay una cosa dentro de los debates marxistas de gran importancia y que involucró a Rosa Luxemburgo, Rudolf Hilferding, Henryk Grossman, entre otros, fue aquel relativo al derrumbe del capitalismo. Al menos en la primera parte del siglo XX, el tema de la desaparición del capitalismo ocupó un lugar central dentro de los debates marxistas. De una manera contundente Grossman4 demostró que el derrumbe del capitalismo es inherente a su propio funcionamiento, y aunque Marx no lo había esbozado completamente, en El Capital ya se podrían rastrear los elementos necesarios para elaborar una teoría del derrumbe por factores económicos.5

El debate por supuesto no está concluso, pero queda claro que el capitalismo no se va a hundir por su carácter inmoral y en ninguna manera Marx lo veía en esta forma. El capitalismo se derrumbará por sus límites y contradicciones internas objetivas, es decir, no por una cuestión de ética, sino por su mismo desarrollo productivo. Esto está hoy más que nada puesto en el plano real, cuando, por ejemplo, leemos constantemente la degradación de la naturaleza por parte de las empresas y el peligro de la reproducción biológica no sólo de la especie humana sino de los ecosistemas que soportan la vida de todos los seres vivos en este planeta. Este es un límite infranqueable que no resulta de la condición subjetiva de los obreros, es decir, aquella “furia” contra el capitalismo. De hecho, es un dilema que la humanidad ya ha comenzado a enfrentar sin tener claro el rumbo a seguir.

c) Los nacionalismos se han incrementado.

Citando el MC, el Dr. Cruz sostiene que el nacionalismo no ha muerto:

…el aislamiento nacional y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía, la libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de existencia que le corresponden

La tendencia del sistema capitalista es querer homogeneizar el mundo bajo las reglas del capital, crear un mundo donde todos hablen una lengua y tengan una sola moneda. Someter todas las particularidades de los hombres y mujeres tales como lenguaje, alimentación, prácticas rituales etc., es el sueño de un planeta con un solo modo de producción. Pero ante eso tenemos las resistencias mundiales que no quieren ceder sus identidades y por la cual, los nacionalismos no se redujeron sino han aumentado. A pesar de ello, no significa de ningún modo que Marx y Engels digan que esta tendencia se cumpla, y, es más, ellos no abogan por la lucha nacional. El análisis marxista pone al descubierto, que la lucha por la nación, es una lucha burguesa. Eso que se llama “país” no es otra cosa que la barrera imaginaria que construyó el capital para salvaguardar sus intereses. De hecho, hoy mismo está visible cuando el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, busca delimitar las barreras de su país, exacerbando la idea de lo nacional, lo originario. De nueva cuenta, con toda su limitación, el análisis marxista no es tan simple.

d) El nivel de vida de los obreros ha aumentado.

Esta es la idea más criticable por parte del Dr. Cruz, y no sabemos en qué se basa para afirmarlo cuando el premio Nobel de Economía en 2001, Joseph Stiglitz, publicó un libro titulado El precio de la desigualdad donde muestra el avance creciente de la polarización económica en Estados Unidos. Estudios aparte,6 han concluido que el 1% más rico aumentó sus ingresos en 60% en los últimos 20 años. Más recientemente, un estudio publicado por OXFAM (2017) concluía que sólo 8 personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre del planeta, esto es 3,600 millones de personas. También el economista español Vicenç Navarro (2009) ha señalado lo que economistas marxistas (véase Tapia y Astarita, 2011) —que según los artículos del Dr. Cruz estarían en ideas erróneas— han pregonado desde hace tiempo: “la crisis de 2008 no es financiera”. Si buscamos la raíz de la crisis tenemos que verla en el conflicto llamado lucha de clases, que, dicho sea de paso, nuestro autor titubea de introducirlo al análisis pues podría resultar ‘excesivamente simplista’. Este conflicto que para los millonarios no es algo absurdo sino algo real,7 se ha agudizado desde los setenta con el resurgimiento del conservadurismo en el mundo. Como consecuencia, los ingresos de los trabajadores se han visto afectados y reducidos desde hace 30 años, razón por la cual podemos explicar el boom de créditos otorgados por los bancos dirigidos hacia el consumo y que al final, han explotado en una crisis que parece es dentro del sistema financiero pero que es más profunda, es decir, y para utilizar terminología no marxista, las raíces del problema económico de nuestro tiempo están en la economía real.

Ahora, también deberíamos preguntarles a los trabajadores de América Latina si esta afirmación es verdadera. La década de 1980, mejor conocida como la década perdida, significó un retroceso de la participación salarial en el ingreso real, mostrando una reducción en los niveles de vida de la mayoría de la población generando mayor pobreza y desigualdad, y esto, claro, tuvo características particulares y variaciones de magnitud en cada país, pero no queda duda que ese periodo ‘fue un desastre para el desarrollo de la América Latina’ (Morley, 1997: 80, véase también Fiszbein y Psacharopuolos, 1997). Posteriormente, en la década de los 90 e inicios del 2000, las sucesivas crisis financieras de algunos países latinoamericanos como México (1994), Brasil (1998) y Argentina (2001) reforzaron el proceso vía ajuste fiscal y reformas que impactaron en los mercados de trabajo y condiciones laborales deteriorándolos más (Marichal, 2013). La situación llegó a tal grado que en esa década el número de pobres ascendió a 224 millones de personas –casi la mitad de la población en ese momento– a pesar de lograr la tan anhelada estabilidad macroeconómica (Solana, 2002). De hecho, ampliando el análisis, no sólo creció el número de pobres, sino que también se destruyó la (poca) capacidad de salir de la pobreza toda vez que se redujo el acceso y la calidad en la educación –que fue el principal mecanismo de movilidad social en el periodo anterior a la crisis de los ochenta–, y a la vez los pobres perdieron cualquier pequeña posesión en sus manos atrapándoles en su situación (Lustig, 2002). Y es que las reformas neoliberales enmarcadas en la estabilización de precios aumentan la desigualdad al congelar los salarios porque los consideran inflacionarios y, por otro lado, la apertura comercial experimentada en la década de los noventa afectó de tal manera la estructura productiva que llevó a los pequeños empresarios a la quiebra al confrontarlos con el mercado mundial; esto ocasionó un aumento del desempleo y el trabajo informal en la región con sus nocivas consecuencias sociales. Aunado a esto, en un contexto mundial donde el crecimiento económico se ve liderado por las exportaciones el elemento nodal de la acumulación y la competitividad externa, es el mantenimiento de los salarios por debajo del nivel de otras regiones (Cabrera, 2015); ello muestra que los procesos de superexplotación del trabajo, señalados por la teoría marxista de la dependencia (TMD) en su momento, siguen estando vigentes confirmando la condición periférica de América Latina. En ese sentido, tenemos también el dominio de la producción nacional por parte de empresas transnacionales con poca generación de empleo, y con ello, se deja en la marginalidad a los trabajadores toda vez que el ejército industrial de reserva crece. ¿Aumento en el nivel de vida?

Todas estas razones nos llevan a desechar la idea propuesta por el Dr. Cruz sobre un supuesto mejoramiento del nivel de vida en los obreros, al menos que él compare la situación de un trabajador en el neolítico con uno actual en cuyo caso tendría la razón.

Conclusiones preliminares

Como mencionamos más arriba, debido a la extensión de nuestra crítica, esta la hemos segmentado en dos partes. Hasta aquí podemos ver que el Dr. Cruz trata de realizar una crítica del pensamiento de Marx sin lograr concretarla. ¿Por qué falla en dicho intento? Por un lado, comete un error de método en su crítica. Si se quiere criticar al pensamiento marxista se debe hacer desde su coherencia interna y no por su verificación empírica pues es obvio que en la actualidad existen elementos no presentes en la época de Marx, y pedirle a este pensador que previera el grado de desarrollo de la sociedad capitalista hasta la actualidad es insensato. Por otro lado, con todo y que se trata de usar esta verificación empírica para decir que existen errores en el análisis marxista, hemos comprobado que la realidad sigue dando la razón a los postulados hechos ya hace más de 100 años por Marx.

Este hecho muestra que la economía capitalista sigue teniendo el mismo móvil que en sus orígenes, y esto es la valorización del capital. Para ello, se aglomeran todas las partes de la sociedad para dar funcionamiento a la reproducción del sistema capitalista. Ni más ni menos, los mecanismos siguen funcionando en esencia de la misma forma que en el tiempo de Marx. Aquí se confunde, por parte del Dr. Cruz, la diferencia entre esencia y apariencia, pues, aunque la forma fenoménica aparece completamente distinta, y en el plano cualitativo, el capitalismo aparece como superior, en esencia, las relaciones que conforman y determinan sistemáticamente el funcionamiento del conjunto social siguen manteniéndose sin cambios. Por eso para Marx, el trabajo principal del científico debería ser, develar todos aquellos elementos que son simplemente manifestaciones del fenómeno estudiado, y que mistifican la realidad impidiendo así comprender a cabalidad el verdadero funcionamiento del sistema capitalista. En su crítica a los economistas clásicos, Marx les reprochaba que sucumbieran ante este proceder pues al hacerlo sus investigaciones perdían todo carácter científico. En esa misma vía parece ir el Dr. Cruz y nos debemos preguntar por su seriedad científica al tratar de realizar una crítica sin ir más allá de la apariencia.

En la segunda parte trataremos los demás aspectos puestos en la mesa del Dr. Cruz y que tocan la posibilidad de un sistema distinto, la organización obrera y el conflicto entre religión y marxismo. Esperamos con ello dar una imagen panorámica más informada sobre un pensador que sigue suscitando polémica, para tratar de mostrar que su pensamiento, lejos de estar plagado de errores, se encuentra lleno de líneas de investigación que pueden ser aprovechadas por los académicos evangélicos para integrarlo a sus respectivos campos de interés. Por último, queda decir, que el compromiso del intelectual cristiano se encuentra en la crítica a fondo y no parcial, que como hemos visto, sigue siendo la forma de abordar una pluralidad de problemas cruciales en la actualidad.

Referencias
  • Astarita, R. (2011) ‘Colapso final del capitalismo y socialismo’ [en línea] https://rolandoastarita.wordpress.com/2011/01/03/colapso-final-del-capitalismo-y-socialismo/
  • Cabrera, S. (2015) ‘Las reformas en México y el TLCAN’ Problemas del desarrollo, 180 (46), pp. 77-101.
  • Colletti, L. (1978) El marxismo y el derrumbe del sistema capitalista. México: Siglo XXI.
  • Desai, M. (1974) Lecciones de teoría económica marxista. España: Siglo XXI.
  • Dobb, M., Pietranera, G., Rieser, V. y Poulantzas, N. (1973) Estudios sobre “El capital”. España: Siglo XXI.
  • Dostaler, G. (1980) Valor y precio: historia de un debate. México: Terranova.
  • Dos Santos, T. (1973) Concepto de clases sociales. México: Quinto Sol.
  • Echeverría, B. (1998) La contradicción del valor y el valor de uso en El capital, de Karl Marx. México: Ítaca.
  • Fineschi, R. (2013) ‘Karl Marx después de la edición histórica-crítica (MEGA2): Un nuevo objeto de investigación’ Laberinto. 38. pp. 85-102.
  • Fiszbein, A. y Psacharopoulos, G. (1997) ‘Tendencias de la desigualdad del ingreso en la América Latina en los años ochenta’ Lustig, N. (comp.) El desafío de la austeridad. Pobreza y desigualdad en la América Latina. México: El trimestre Económico, pp. 85-114.
  • Forte, M. y Evans-Pritchard, E. (eds.) (2010) Sistemas políticos africanos. México: CIESAS-UAM-Universidad Iberoamericana.
  • Heilbroner, R. (1972) Vida y doctrina de los grandes economistas. Tomo II. México: Orbis.
  • Krader, L. (1988) Los apuntes etnológicos de Marx. Madrid: Siglo XXI.
  • Lustig, N. (2002) ‘Macroeconomía con responsabilidad social’ En: Solana, F. (Coord.) América Latina XXI: ¿Avanzará o retrocederá la pobreza? México: FCE, pp. 125-177.
  • Maguire, J. (1984) Marx y su teoría de la política. México: FCE.
  • Marx, C y Hobsbawn (1971) Formaciones económicas pre-capitalistas. México: Siglo XXI.
  • Marichal, C. (2013) Nueva historia de las crisis financieras: Una perspectiva global, 1873-2008. Argentina: Penguin Random House.
  • Meek, R. (1977) Smith, Marx y después. Diez ensayos sobre el desarrollo del pensamiento económico. España: Siglo XXI.
  • Morley, S. (1997) ‘El ajuste estructural y los determinantes de la pobreza en América Latina’ En: Lustig, N. (comp.) El desafío de la austeridad. Pobreza y desigualdad en la América Latina. México: El trimestre Económico, pp. 55-84.
  • Navarro, V. (2009) ‘Para entender la crisis. Así empezó todo en Estados Unidos’. [en línea] http://www.vnavarro.org/?p=3055
  • OXFAM (2017) ‘Una economía para el 99%’ [en línea] https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp-economy-for-99-percent-160117-es.pdf
  • Solana, F. (2002) ‘Introducción’ En: Solana, F. (Coord.) América Latina XXI: ¿Avanzará o retrocederá la pobreza? México: FCE, pp. 11-24.
  • Sweezy, P. (1945) Teoría del desarrollo capitalista. México: FCE
  • Tapia, J., y Astarita, R. (2011) La gran recesión y el capitalismo del siglo XXI. Teorías económicas, explicaciones de la crisis y perspectivas de la economía mundial. Madrid: Los libros de la catarata
__________
  1. Cruz A. (2013) “Los grandes errores de Marx”, Protestante digital [en línea] http://protestantedigital.com/magacin/13647/Los_grandes_errores_de_Karl_Marx y Cruz, A. (2013) “Análisis de los grandes errores de Marx”, Protestante Digital, [en línea] http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/5680/Analisis-de-los-grandes-errores-de-marx.
  2. Ernest Mandel, por ejemplo, publicó un libro titulado “El capital. 100 años de controversias” solo para explicar el gran debate existente en cuando a las ideas económicas de Marx.
  3. Si bien los gobiernos progresistas en América Latina representan una oposición al modelo neoliberal y por ello se les ha calificado de progresistas, no avanzaron en la dirección de una transformación a la manera revolucionaria, esto es, no se plantearon la destrucción de la propiedad privada, elemento fundamental de una sociedad no capitalista.
  4. Recomendamos la lectura de su libro: La ley de la acumulación y el derrumbe del sistema capitalista. México: Siglo XXI
  5. Es verdad que existió una crítica a estos planteamientos por parte de diversos teóricos por considerarlos economicistas, pero ello no derrumbó la argumentación, sino que movió el debate a la complementariedad de la actividad política obrera y la tendencia intrínseca del capitalismo hacia su ocaso. Para profundizar sobre ello véase Colletti (1978) y Astarita (2011).
  6. Véase el siguiente link (sin autor): https://goo.gl/2W1Fj3
  7. Warren Buffet, quien es millonario, declaró en 2006 al New York Times: “Desde luego que hay una guerra de clases, pero es mi clase, la clase rica, la que la está haciendo y estamos ganando”.

 
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