miércoles, abril 13, 2016

La música cristiana como discurso de resistencia

Integrantes de la banda Silent Planet
Fuente: hmmagazine.com
Carlos Eduardo Salinas, México

No nos toca a nosotros predecir el día –pero este día vendrá- en que de nuevo habrá hombres llamados a pronunciar la palabra de Dios, de tal modo que el mundo será transformado y renovado por ella. Será un lenguaje nuevo, quizás totalmente arreligioso, pero liberador y redentor, como el lenguaje de Cristo, los hombres se espantarán de él, pero a la vez serán vencidos por su poder. Será el lenguaje de una nueva justicia y de una verdad nueva.1

En la actualidad, el cristianismo se vincula en varias esferas culturales de la sociedad. Observamos la religiosidad popular de las comunidades indígenas en combinación con sus cosmovisiones prehispánicas, el acercamiento a planes de marketing y la distribución de productos de carácter “cristiano”, incluso en asuntos de política.

Pero ¿Qué puede decir el cristiano sobre los problemas de la sociedad?, tales como la pobreza, desigualdad entre seres humanos, problemas sobre el cuidado del medio ambiente. Cada uno de ellos debe de tener un eco en el creyente obligándolo a decir algo al respecto. Sin embargo, nos damos cuenta que es poco lo que se expresa sobre los problemas antes mencionados. ¿A qué se debe esto? Muchas de las iglesias cristianas enseñan que el creyente debe de alejarse del “mundo”, lo que implica dejar a un lado todos los problemas que parezcan terrenales, con el fin de tener una comunión más santa con Dios. Lo único que parece válido es la caridad hacia el prójimo, como una muestra de una buena práctica cristiana, pero fuera del análisis de raíz de las razones del sufrimiento.

Sin embargo, hay un fenómeno interesante que surgió desde los años ochenta en Estados Unidos, y provino de la música. Empezaron a aparecer bandas musicales que se decían ser cristianos, pero que, su propuesta no venía de corrientes como el góspel o del worship. Si no que eran bandas de rock, metal, hip hop y rap entre otros. A esta corriente se le denominó Christian contemporany music (CCM). Lo relevante del caso es que causaron revuelo en muchos escenarios de la cotidianeidad estadounidense, de entrada por el rechazo de las iglesias a estos géneros de música al catalogarlos como “diabólicos”. Por otro lado la sorpresa de las industrias disqueras, porque estos grupos empezaban a tener éxito, no solo entre los creyentes sino en el público en general.

Pero, ¿dónde esta la diferencia? La música para culto de la iglesia tiene sus propios objetivos, como nos dice el antropólogo mexicano Carlos Garma, estudioso del fenómeno de las iglesias protestantes en México. La música sirve para socializar a los miembros, señalar puntos doctrinales, para llamar al espíritu santo, un medio para atraer inconversos y una forma de comercio.2 Fuera de ahí, otra música no puede ser considerada cristiana y es por ello que el rock y otros géneros son problemáticos, pues, consideran algunos pastores, que la naturaleza de estas variantes musicales son perversas por causa de los testimonios que dan algunas bandas seculares. El pastor Eiren Israel afirma que los orígenes del rock están en el vudú africano y que simbolizan el paganismo, entonces es incorrecto y malo mezclarlo con asuntos “santos”.3 Las iglesias fundamentalistas en Estados Unidos no se alejan mucho de esta perspectiva, aunque actualmente empiezan a aceptar que este tipo de música es útil para convertir a los jóvenes.

Sin embargo, el fenómeno tiene otras vertientes, hace algunos años salió a la venta el libro Body Piercing Saved My Life: Inside the Phenomenon of Christian Rock de Andrew Beaujon. Este autor hace un trabajo de campo en los principales festivales de música cristiana y de algunas iglesias que anuncian un cristianismo alternativo y se da cuenta de varias cosas. No solo se tratan de bandas de rock, ministerios de evangelización de skaters, de surfistas, defensores de tatuajes cristianos, clubes nocturnos, si no que los jóvenes cristianos organizan sus propias comunidades en clave cristiana, sin renunciar a nada que sea gozoso pero rechazando lo que sea causa de pecado. Incluso se atreve a decir que la música cristiana es lo más contracultural en una sociedad del “todo-vale” y esto lo dice porque no solo hablan de Dios en sus canciones, sino que a la vez están haciendo una reflexión sobre la situación en la que vive su país y denuncian las injusticias del sistema, el “todo-vale”, es el extremo individualismo, el no querer ver los problemas sociales y por ende eso es pecado.4

Con esto, la música cristiana adquiere un sentido social y pronuncia un discurso de resistencia. Una resistencia que va en dos sentidos: (1) Resistencia al cristianismo fundamentalista y dogmático. Se apuesta por un cristianismo alternativo y tolerante a otras formas de ver el mundo y por ello su música se hace con estilos que se ven como satánicos (por ejemplo el rock, el metal, el hardcore) y por el otro lado, (2) Resistencia a las injusticias del sistema estadounidense, tanto político como económico, pues como veremos más adelante, denuncian problemas sobre la opresión racial y la destrucción de la naturaleza.

Esta situación es muy amplia pero revisemos algunos ejemplos como el caso del sello discográfico Tooth & Nail. Este sello es curioso porque, en su página de internet se hace llamar como una de las propuestas musicales mas polémicas de los últimos tiempos5, y tiene algo de razón, pues las bandas que promocionan son del género metal, hardcore, rock punk, géneros con los que tenemos un prejuicio de que son satánicos o pesimistas en algunos casos. El sello lo funda Brandon Ebel en 1993 junto con otros dos sellos BEC recordings y Solide State records, el primero para rock melódico y el segundo para el género metal. Conforme pasaron los años, la compañía se fue asentando hasta convertirse, dice su dueño en una fuerza en los círculos de música cristiana y de la subcultura, un nicho subterráneo por igual6. Esto es interesante, porque las bandas adscritas, van a cumplir esto en las letras de sus canciones, pero también en su práctica social. Veamos algunos casos.

La banda de metal Silent Planet retoma en sus canciones acontecimientos históricos y a la vez hacen una denuncia. Por ejemplo en la canción Native Blood hace memoria de los nativos que vivían en Estados Unidos y que fueron encarcelados y asesinados por causa de la expansión norteamericana, la lírica es como si el propio nativo estuviera hablando:

Our race is a bloodstain spattered on a profane political campaign, manifest your destiny
Stripes and stars comprise my prison bars, the cost of liberty.
Maybe we’ll fall asleep tonight to the madness in the melody poured out for slaves.
Maybe this storm is a perfect score for wretched bodies washed ashore, poured out for me.
The life I loved looking up at me, saplings struck like daggers hemorrhaging streams as the breath of my people return to the ground so forests can once more abound.
The suffering cross that overcame, the name of Love made concurrent with shame.7

Por otro lado la banda August Burns Red, del género hardcore, hace una denuncia en su canción The Wake. Cómo el hombre destruye la naturaleza, la creación de Dios, por causa de sus intereses:

Flood, drown the earth
Flood, drown the earth
It's what we deserve.
Rehash the poisons, you breathe in the air. Tear down what you say your father created
Constructing buildings over buildings, conceal history like a shameful scar.
This world has lived for a million years with more to come, it's only a matter of time until you choke on your indifference.
Struggling to breathe as the water fills your lungs, trying hard to scream as it rises into your throat.8

Nos damos cuenta que estas bandas tienen el fin de crear una conciencia social a través de un presupuesto religioso, algo parecido a lo que hizo la teología de la liberación en Latinoamérica, primero estudiar la situación social de la comunidad y desde argumentos bíblicos denunciar el problema de la injusticia y la pobreza. Solo que estas bandas incorporan la cuestión de la música y se adaptan a su contexto espacial y temporal.

Sin duda, propuestas que invitan a repensar la situación del creyente y que abren nuevas perspectivas.

__________
  1. Bonhoeffer, Dietrich. Resistencia y Sumisión. Sígueme, Salamanca, 1983, p. 211.
  2. Garma, Carlos. Buscando al espíritu santo. Pentecostalismo en Iztapalapa y la Ciudad de México. Universidad Autónoma Metropolitana/ Plaza y Valdés, 2004.
  3. Israel, Eiren. La verdad sobre el rock cristiano. Ediciones Hay esperanza, Monterrey, México, 1993.
  4. Beaujon, Andrew. Body Piercing Saved My Life: Inside the Phenomenon of Christian Rock. Da Capo Press, 2006.
  5. http://www.toothandnail.com/about/
  6. Ibíd.
  7. Silent Planet. Native Blood, Solide State Records, 2014.
  8. August Burns Red, The Wake, Fearless Records, 2015.

ACERCA DEL AUTOR
Carlos Eduardo Salinas es egresado de Historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México. Ha participado en varios coloquios sobre Filosofía de la Historia, y las relaciones epistemológicas entre la Historia y la Antropología. Actualmente reside en la Ciudad de México.
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