Permanencia y conspiración

"Big Bang". Fuente: semana.com.
Antoine Bret, España

Hay dos argumentos que se usan a menudo en el debate creacionista: sin duda, se admite, la ciencia muestra que el universo es viejo. ¿Pero acaso no progresa la ciencia? ¿No podrían futuros avances científicos establecer que el mundo es joven? El segundo argumento que queremos tratar supone la existencia de una conspiración masiva en la ciencia para ocultar supuestas pruebas científicas de un universo joven.

Permanencia

¿Podría la ciencia del futuro volver a la idea de un universo joven? Pues no. Aunque las leyes de la física que revelan un mundo viejo podrían verse superadas en el futuro, las que ya conocemos nos permiten alcanzar una serie de conclusiones definitivas. La idea básica aquí es que una nueva ley no sustituye a la anterior. La engloba. Examinemos este proceso utilizando las leyes de la gravitación.

Vamos a empezar con Kepler. A principios del siglo XVII, Kepler deduce de sus observaciones que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del sol. También establece dos leyes más, pero no quedaremos con esta para nuestro propósito.

Luego vino Newton. Al final del mismo siglo, establece una teoría matemática de la gravedad y del movimiento que "da a luz" de forma espontánea a las leyes de Kepler. Pero la teoría de Newton explica además las mareas y la caída de una manzana. La teoría newtoniana abarca la de Kepler y deriva su legitimidad de su enfrentamiento exitoso con la experiencia: si la ley de Kepler proviene de la observación y la de Newton la reproduce, es que la observación también valida la ley de Newton.

Esta validación experimental fomentará una confianza en la dinámica newtoniana que permitirá descubrir planetas desconocidos. A finales del siglo XVIII, de hecho, Laplace calcula la órbita del planeta Urano, teniendo en cuenta la influencia de todos los planetas conocidos. Alcanza un resultado que no es coherente con la observación. Los matemáticos deciden empezar por "confiar en Newton." Calculan cuáles deberían ser las características de un planeta aún desconocido para que su influencia gravitatoria newtoniana explique las anomalías en la órbita de Urano. Al terminar sus cálculos, se dirigen a los astrónomos y les dicen algo como "mirad hacia tal dirección en tal momento. Deberían encontrar un planeta". Así fue descubierto Neptuno en 1846.

Las cosas quedaron así hasta que se descubrió, a finales del siglo XIX, que la órbita de Mercurio también está afectada por una anomalía “extra-newtoniana”. Se probó en primer lugar el mismo remedio que para Urano: suponiendo la existencia de un planeta aún desconocido, cuya gravedad explicaría las cosas. Llamado en su momento "Vulcano", el hipotético planeta está olvidado porque nunca se descubrió.

Debemos darnos cuenta de que la anomalía de Mercurio es extremadamente pequeña: la elipse que forma su órbita no se cierra exactamente, sino que gira 0.011 grados por siglo. ¡El ángulo de visión de una pelota de tenis desde 34 kilómetros! Pero lejos de decir “bueno, no está mal”, los físicos saben que si la teoría de Newton no explica estos 0.011 grados por siglo, es que algo va mal.

Habrá que esperar a Einstein para resolver el enigma. Sabe que tiene que modificar la teoría de Newton, ya que no se ha podido salvar la gravedad newtoniana invocando un planeta nuevo para la anomalía de Mercurio. Su trabajo se concluirá en 1915 con la Relatividad General. ¿Qué cambios trae? La teoría de Einstein, por ejemplo, predice que la gravedad se propaga a la velocidad de la luz. Para Newton, su transmisión era instantánea. Si el sol desapareciera de repente, Newton dice que la tierra dejaría al instante de orbitar alrededor del lugar que ocupaba el sol. Pero según Einstein, haría falta esperar alrededor de 8 minutos para que eso sucediera.

Einstein predijo también efectos no newtonianos cuando uno se acerca a un campo gravitatorio fuerte. Esta es la razón por la cual la anomalía newtoniana de Mercurio, que Einstein explica a la perfección, surge para el planeta más cercano al sol. Para los planetas más distantes, Einstein debe necesariamente dar paso a Newton. ¿Por qué? Porque la observación lo exige. Por lo tanto, Einstein sabía que por los planetas lejanos del sol, la expresión matemática de su ley de la gravedad debía de unirse a la de Newton. El advenimiento de la teoría de Einstein no podrá invalidar todas las observaciones anteriores y cancelar la concordancia ya establecida entre la teoría de Newton y la experiencia. La teoría de Einstein corrige la de Newton en cuanto esta última no funciona, pero ambas teorías deben necesariamente fusionarse cuando Newton funciona.

En resumen, Einstein incluye a Newton, que a su vez incluye a Kepler. ¿Es la teoría de Einstein la última? Los físicos saben que no es así, aunque sólo sea porque en situaciones donde la gravedad debe desempeñar un papel a escala microscópica (como en el Big Bang), sería necesaria una teoría “cuántica” de la gravitación... que aún no existe. Sin embargo, los mismos físicos saben una cosa: lo que viene después de Einstein tendrá que ser equivalente a Einstein para Mercurio, por ejemplo, y a Newton por los otros planetas. Uno de los aspectos atractivos de la teoría de las cuerdas, un posible sucesor de la Relatividad General, es precisamente que se reduce espontáneamente a las ecuaciones de Einstein en las circunstancias adecuadas.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Sí, la ciencia progresa. Pero las teorías sucesivas no sustituyen a las anteriores, como un gobierno puede sustituir a otro y derogar las leyes aprobadas por su predecesor. El modelo de las muñecas rusas es más apropiado. Las sucesivas teorías se engloban mutuamente, cada una teniendo una validez más amplia que las anteriores.

Newton funciona siempre y cuando el campo gravitacional no es demasiado fuerte. Einstein funciona mientras la mecánica cuántica no afecta a la gravedad. La siguiente teoría, que muchos están buscando ahora, tiene como objetivo funcionar cuando los efectos cuánticos entran en juego. ¿Será la última? Nadie lo sabe. Pero de todos modos, se le exigirá que se reduzca a Newton y Einstein en sus respectivos ámbitos de validez.

Es en este sentido que las leyes de la física proporcionan respuestas definitivas, sin dejar de evolucionar. Si entonces, sin alejarse (ni mucho menos) del rango de validez que conocemos por la experiencia, nos dicen que el mundo es viejo, es que las futuras leyes tendrán que concluir exactamente lo mismo. Vamos a dejar la última palabra a Einstein e Infeld:

“Buscando un símil no podríamos decir que crear una nueva teoría es algo análogo a echar abajo una casucha y erigir en su lugar un rascacielos. Es más bien algo parecido a escalar una montaña ganando nuevos y más amplios horizontes, descubriendo senderos inesperados entre nuestro punto de partida y sus hermosos alrededores. Pero el punto de partida sigue existiendo y puede ser observado, aunque aparece más pequeño, formando una parte reducida de nuestro amplio paisaje, adquirido venciendo los poderosos obstáculos encontrados en nuestra aventurera ascensión.”1

Conspiración

El argumento que acabamos de desmontar no es para nada el único en vigor en el mundo creacionista “científico”. Sus tesis son tan alejadas de las enseñanzas de la ciencia, que invoca la existencia de una conspiración masiva del mundo científico.

¿De dónde viene esta idea de conspiración masiva? Del rechazo unánime e invariable por parte de la comunidad científica de la posibilidad de un universo joven, es decir, que tenga solamente entre 6 y 10 mil años. Si, como alega el creacionismo científico, existen pruebas observacionales para un universo joven, si la ciencia "verdadera" avala esta hipótesis, ¿cómo explicar entonces que dentro de los 836.376 artículos publicados hasta la fecha en las revistas científicas especializadas Nature, Science y Astrophysical Journal2, ninguno apoya la teoría de un universo joven?

La única explicación podría residir en la existencia de una conspiración masiva de la comunidad científica para ocultar la verdad. Cabe notar que la conspiración no es una opción para el creacionismo. Es una necesidad. Por supuesto, podríamos imaginar que los científicos “oficiales” son incapaces de entender lo obvio. Pero puesto que los sitios web creacionistas están llenos de páginas exponiendo las supuestas pruebas irrefutables, la excusa de la incapacidad no se sostiene. Entonces, conspiración.

¿Qué decir? Podemos empezar notando que una noticia de esta importancia resultaría muy difícil de ocultar. Un descubrimiento de esta amplitud, rebajando la edad del universo desde 13,8 mil millones de años hasta 10000, le valdría al menos el Premio Nobel a su descubridor, y echaría por tierra todas las leyes conocidas de la física. ¿Acaso la notica sería censurada sin discusión? Probablemente no. Tan recientemente como en 2011, por ejemplo, la comunidad científica ha discutido muy seriamente la posibilidad de que los neutrinos vayan más rápido que la luz. De hecho, podemos identificar una treintena de artículos científicos sobre el tema desde 2011, y sin embargo, la idea de que algo pueda ir más rápido que la luz es para un físico un revuelo monumental.

La literatura científica, sede del debate científico, no censura las conclusiones. Censura los métodos y razonamientos defectuosos. El experimento de los neutrinos se montó con la mayor seriedad. Esto es precisamente por qué se tardó en encontrar el error de medición (había uno), y concluir que no, estos neutrinos no iban más rápido que la luz3. La razón por la cual las pruebas “científicas” de un universo joven no están sujetas a ningún debate científico es que son muy fáciles de depurar en una primera lectura.

Pero se podría plantear otra objeción contra la teoría de la conspiración. Implica un esfuerzo consciente, sostenido en el tiempo, de los científicos de todo el mundo para publicar resultados que van en contra de una lectura literal del Génesis. ¿Acaso nosotros, físicos, astrofísicos y compañía, llegamos cada mañana en nuestros laboratorios meditando lo que haremos para socavar la Biblia? Espero no ofender a nadie aquí por una formulación bastante sencilla, pero, sinceramente, no nos importa para nada.

Existen un montón de razones para elegir un tema de investigación sobre otro: ¿Tengo la capacidad de resolverlo? ¿Es interesante para mí, para la comunidad científica, para la industria, para la sociedad? ¿Podré lograr financiación? ¿Encontraré estudiantes de doctorado deseando trabajar conmigo? La lista es larga. Pero en ningún momento se toma en cuenta la adecuación de lo que encontraremos con una lectura particular de la Biblia. Esto es en realidad la menor de nuestras preocupaciones.

La idea de una tierra, y por lo tanto de un universo, mucho mayor que 6 o 10.000 años apareció a mediados del siglo XVIII, como mínimo4. Desde entonces, las observaciones y razonamientos de los cientos de miles (¿millones?) de geólogos, físicos, astrofísicos, etc. han convergido hacia la misma conclusión: el universo no tiene solamente miles de años. Pasar de 13,8 miles de millones a 10.000 años viene a dividir la edad del universo por 1 380 000. Es como decir que Rusia mide 5 metros de este a oeste... Es absurdo imaginar que tal conspiración entre personas de diferentes épocas y culturas (los científicos no son todos occidentales), se perpetua desde más de 250 años.

No hay conspiración. Una conocida canción francesa nos dice “On nous cache tout, on nous dit rien” (Todo nos lo esconden, nada nos dicen). Pero no. No todo lo esconden. A lo mejor se puede creer que Dios creó el mundo con una apariencia de antigüedad. Pero las apariencias están ahí. En cuanto al creacionismo “científico” que pretende demostrar lo contrario por medios “científicos”, estas palabras de C.S. Lewis en 1945 lo describen de una forma bastante precisa: “una ciencia retorcida en interés de la apologética sería un pecado y una locura”5.


Versión levemente modificada de dos artículos publicados en el sitio web francés Science et Foi: Mais les lois de la physique, c’est pas fait pour changer? y On nous cache tout, on nous dit rien.
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  1. Einstein y Infeld, La evolución de la física, Salvat, 1986, p. 114
  2. Cifra obtenida el 10/02/2015 desde la base de datos ISI Web of Knowledge.
  3. Ver http://en.wikipedia.org/wiki/Faster-than-light_neutrino_anomaly
  4. Hubert Krivine, La Terre, des mythes au savoir, Cassini, 2011,p. 40.
  5. “Science twisted in the interests of apologetics would be sin and folly”. CS Lewis, God in the Dock: Essays on Theology and Ethics, Eerdmans Publishing Co, 1972, p. 93. Traducido como: “Apologética cristiana”. Publicado en: Lo eterno sin disimulo. Rialp, Madrid, 1999, p.19.

ACERCA DEL AUTOR
Antoine Bret, especialista en física de plasmas, es profesor en la Universidad de Castilla-La Mancha, España. En adición, ha sido académico visitante en el Depto. de Astrofísica de la Universidad de Harvard. Ingeniero del Ecole Supérieure d'Electricité y Doctor en Física por la Universidad de Orsay, Francia, ha escrito más de 80 artículos en journals. También fue pastor de una iglesia evangélica en Madrid y responsable de una editorial cristiana. Es el autor de los libros “The world is not 6000 years old- So what?" y "The Energy-Climate Continuum: Lessons from Basic Science and History".
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