miércoles, mayo 13, 2015

Las “clases metodistas” como paradigma de los grupos terapéuticos

"John Wesley Preaching in Ireland, 1789",
por: María Spilsbury. Fuente:bbc.co.uk.
Gustavo Daniel Romero, Argentina

Creo que el uso del paradigma de las clases metodistas ha sido fructífero en ayudarme a comprender e interpretar mi experiencia de participación en los grupos terapéuticos. Una clave importante que me llevó en la decisión de utilizar el paradigma de la clase metodista fue una cita de Rieff:

Inevitablemente los grupos de terapia desarrollan modalidades sacramentales para superar la soledad individual. Los grupos de psicoterapia tienen el formato de terapia de compromiso sin un contenido doctrinal. Es como si las famosas clases metodistas de Wesley siguieran reuniéndose, para diálogos intensivos de apoyo, sin el esquema básico conceptual expresado en la teología. (1)

En el caso de los grupos de Alcohólicos Anónimos, mucho del “esquema básico expresado en la teología” aún permanece.

Los doce pasos de alcohólicos anónimos
  1. Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
  2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
  3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
  4. Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
  5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
  6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos.
  7. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
  8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
  9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
  10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
  11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
  12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.
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Los grupos de Alcohólicos Anónimos utilizan como una de sus más importantes técnicas las sesiones de grupos de terapia (conducidas por miembros del grupo y no por líderes profesionales entrenados). Los grupos de psicoterapia, al estilo de los de Alcohólicos Anónimos, se enfocan en desarrollar un compromiso, que en el caso de la subcultura de estos últimos significa realmente un compromiso hacia la abstinencia.

En este proceso, el lenguaje de la piedad de los primeros metodistas está muy presente, aunque de una manera modificada, traspuesta e interpretada.

El paradigma de los grupos metodistas se vuelve útil para comprender el estilo de vida de los grupos de Alcohólicos Anónimos, cuando el paradigma es visto en el contexto sugerido por Oden en su estudio de la experiencia intensiva de grupos. Él afirma que:

El actual grupo de encuentro es una forma desmitologizada y secularizada de un estilo de encuentro y comunidad interpersonal que es familiar a la historia de las comunidades religiosas en Occidente. El prototipo básico del patrón de encuentra se funda en el pietismo Protestante y Judío, que enfatizaron la experiencia del “aquí y ahora”, encuentros intensivos de pequeños grupos, elevados niveles de confianza en la interacción grupal, confesión honesta como meta de una comunidad de cuidado, misticismo experimental, cuidado pastoral mutuo…una ecléctica amalgama de recursos para la formación espiritual, testimonio personal íntimo, niveles de autorrevelación…y la laicización del liderazgo.(2)

Sobre la base de mi experiencia como participante, es mi convicción que las afirmaciones de Oden acerca de los grupos de encuentro se aplican mutatis mutandi a los grupos terapéuticos.

El argumento se fundamenta cuando uno examina la temprana literatura sobre las clases metodistas. La cita siguiente es típica:

“La Naturaleza, Propósitos y Normas Generales de las Sociedades Unidas en Londres, Bristol, Kingswood y Newcastle sobre el Tyne” (1743)
  • A fines del año 1739 unas diez personas se allegaron a mí en Londres, revelando estar profundamente convencidas de ser pecadoras y clamando seriamente por su redención. El grupo deseaba (igual que dos o tres más que vinieron al día siguiente), que pasara con ellos un tiempo orando y aconsejándoles cómo huir de la ira venidera que sentían continuamente suspendida sobre sus cabezas. Para poder disponer de más tiempo para esta importante tarea, designé un día en el cual todos pudieran venir, lo que desde entonces hicieron semanalmente los jueves a la noche. A éstos y a todos los que desearan unirse a ellos (pues su número aumentaba cada día) les brindaba regularmente aquellos consejos que juzgué les eran más necesarios, y siempre terminábamos la reunión con oraciones apropiadas según sus variadas inquietudes.
  • Este fue el surgimiento de la Sociedad Unida, primero en Londres y luego en otros lugares. Tal sociedad no es otra cosa que un grupo de personas que tienen la apariencia, pero buscan la eficacia de piedad, unidas con el propósito de orar juntas, de recibir la palabra de exhortación y de cuidarse mutuamente con amor, ayudándose unas a otras a ocuparse de su salvación.
  • A fin de discernir con más facilidad si en realidad se están ocupando de su salvación, cada sociedad se divide en pequeños grupos denominados clases, según sus respectivos domicilios. Cada clase cuenta con una docena de participantes, a uno de los cuales se le da el título de líder. Su tarea es: (1). Comunicarse con cada integrante de su clase por lo menos una vez por semana, para recibir lo que deseen contribuir como ayuda para los pobres; informarse de cómo prosperan sus almas; aconsejar, reprender, consolar y exhortar, según el caso exija. (2). Reunirse con el pastor y los mayordomos de la Sociedad semanalmente, con el propósito de: abonar a estos últimos lo que han recibido de las diversas clases en la semana precedente; dar cuenta en forma detallada sobre lo que cada miembro ha contribuido; e informar al pastor sobre los enfermos y los casos de comportamiento desordenado que no aceptan ser reprendidos.
  • Hay sólo una condición previa que se requiere de los que deseen ser admitidos en estas sociedades: el deseo de huir de la ira venidera y de ser salvos de sus pecados; anhelo éste que se verá confirmado en sus frutos. Por lo tanto, se espera que todos los que continúen en la sociedad sigan dando evidencia de su deseo de salvación.

    En primer lugar, no haciéndole daño a nadie, evitando toda forma de mal, especialmente aquéllas que se practican comúnmente: tomar el nombre de Dios en vano; profanar el día del Señor, ya sea realizando tareas comunes o comprando y vendiendo; hacer uso del alcohol, comprar o vender licores espirituosos o beberlos, salvo en casos de extrema necesidad; pelear, disputar, alborotar; pleitear entre hermanos; devolver mal por mal; maldecir a quien maldice; emplear un vocabulario desmedido tanto en la compra como en la venta; comprar o vender mercancías de contrabando; tomar o dar cosas en usura; conversar de manera poco caritativa u ociosa, en especial hablando mal de los ministros y de los que están en autoridad; hacer a otros lo que no deseamos que nos hagan a nosotros; hacer lo que sabemos no contribuye a la gloria de Dios, tal como la exhibición de adornos de oro y vestidos lujosos y en particular el uso de peinados y sombreros ostentosos; participar en diversiones donde no se pueda invocar el nombre del Señor Jesús; entonar canciones o leer libros que no conduzcan al conocimiento y el amor de Dios; alentar la autocomplacencia y la acumulación de tesoros en la tierra; pedir prestado, conscientes de que no se podrá devolver, o adquirir mercaderías sin la probabilidad de pagar.
  • Se espera que todos los que permanezcan en las sociedades continúen dando muestras fehacientes de su anhelo de salvación, en segundo término, practicando el bien, siendo misericordiosos en la medida de su capacidad, y haciendo el bien a todos de la manera más amplia según tengan oportunidad: respecto a sus cuerpos, según la habilidad que Dios les dé, alimentando a los hambrientos, vistiendo a los desnudos, visitando y ayudando a los enfermos y a los presos; y tocante a sus almas, instruyéndoles, reprendiéndoles y exhortándoles a cumplir con sus responsabilidades y pisoteando esa doctrina entusiasta de los demonios que pregona que no tenemos que hacer el bien a menos que nuestro corazón se sienta libre para hacerlo.

    Asistiendo en especial a los que pertenecen a la familia de la fe, o que claman por serlo, empleándolos con preferencia, comprando unos de otros, ayudándose entre sí en los negocios con toda la diligencia y frugalidad posibles, de modo que el Evangelio no sea culpado; y esto tanto más porque el mundo amará a los suyos y a ellos solamente.

    Corriendo con paciencia la carrera que tienen por delante, negándose a sí mismos y tomando su cruz diariamente; sometiéndose a sobrellevar el reproche de Cristo de ser como la escoria y el desecho del mundo, y soportando que los seres humanos digan toda clase de mal contra ellos, mintiendo, por amor del Señor.
  • Se espera de todos los que deseen continuar en estas sociedades mantengan de manera evidente su anhelo de salvación, En tercer lugar, asistiendo a las ordenanzas de Dios que son: el culto público a Dios; el ministerio de la Palabra, ya sea leída o expuesta; la Cena del Señor; la oración familiar y privada; el escrutinio de las Escrituras y el ayuno o abstinencia.
  • Estas son las reglas generales de nuestras sociedades, todas las cuales hemos sido enseñados por Dios a observar, aun en su Palabra escrita, que es la regla única y suficiente de nuestra fe y práctica. Y sabemos que todas éstas son escritas por su Espíritu en cada corazón que verdaderamente despierta. Si hay alguien entre nosotros que no las observa, o que habitualmente quiebra una de ellas, que lo sepan los responsables de esa alma, dado que han de rendir cuenta de ello. Le amonestaremos por su accionar erróneo. Le soportaremos por un tiempo. Pero si no se arrepiente dejará de tener un lugar entre nosotros. Habremos librado nuestras propias almas.
                                                                              John Wesley – Charles Wesley 1° de Mayo de 1743.

Más importante que las similitudes organizacionales es el estilo de la vida grupal empleada en los grupos cuando se los compara y el proceso involucrado en la resolución de problemas. Acá, también, una afirmación de la temprana literatura tipifica lo que es enfatizado en todo ello: “El autoexamen es indispensable para el progreso y el éxito en la religión”, escribe Miley:

El autoexamen es indispensable para el progreso y el éxito en la religión. Lo que sea que, por lo tanto, lo asegure o lo promueva es, en el mismo grado, ventajoso. Y ello es un gran beneficio en las reuniones metodistas. Por la falta de adecuado autoexamen, muchos se han apartado…Aún las tendencias al mal operan dentro nuestro…se ha detectado que corrientes cruzadas alguna vez imperceptiblemente nos desvían de nuestro curso verdadero…El único remedio aquí es el adecuado autoexamen. (4)

A pesar de que los grupos de Alcohólicos Anónimos no hablan demasiado acerca del pecado, sin embargo el estilo de vida que emplean sugiere un profundo compromiso con el sentido que tiene el grupo pequeño de proveer la oportunidad para el autoexamen, diseñado para encaminarlo al compromiso de los objetivos de la organización. Lo que los grupos terapéuticos proveen es un ejemplo de lo que Oden llama “una desmitologizada y secularizada forma de pietismo religioso” que fue ampliamente demostrado por mi experiencia en los encuentros de los grupos terapéuticos.

Apéndice sobre las clases metodistas

Reglamento de las Sociedades de Bandas redactado el 25 de Diciembre de 1738
El propósito de reunirnos es obedecer el mandato de Dios: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.”(Stg 5:16) Con esta finalidad nos proponemos:

  1. Reunirnos por lo menos una vez por semana.
  2. Asistir puntualmente a la hora designada, salvo una razón extraordinaria.
  3. Comenzar (los que estemos presentes) exactamente a la hora, cantando u orando.
  4. Hablar cada uno en orden, libre y claramente, acerca del verdadero estado de nuestras almas, de las faltas que hemos cometido de pensamiento, palabra u obra, y de las tentaciones que hemos experimentado desde nuestra última reunión.
  5. Terminar cada reunión con una oración de acuerdo a las necesidades de cada persona presente.
  6. Solicitar a alguno de entre nosotros que hable de su propia situación espiritual y luego pedir a los demás que, de manera ordenada, planteen en profundidad cuantas preguntas tengan concernientes a su estado, a sus pecados y a sus tentaciones.(5)

Bibliografía y referencias
Para los textos en idioma inglés, la traducción es mía.
  1. Rieff, P. The triumph of the therapeutic;uses of faith alter Freud, New York: Harper & Row, 1968, pp. 56,57.
  2. Oden, T. The intensive group experience, the new pietism, Philadelfia: Westminster, 1972, pp. 56-57.
  3. Wesley, John. Obras de Wesley. 14 Tomos. Justo L. González, Ed. Franklin, TN: Providence House Publishers. 1996, Tomo V - Las primeras sociedades metodistas, pp. 51-55.
  4. Miley, J. Treatise on class meetings, Cincinati: Swormstedt & Poe, 1899, pp, 176-177.
  5. Wesley, John. Obras de Wesley. 14 Tomos. Justo L. González, Ed. Franklin, TN: Providence House Publishers. 1996, Tomo V - Las primeras sociedades metodistas, pp. 57-59.

ACERCA DEL AUTOR
Gustavo Daniel Romero es Licenciado en Administración, en Psicología (con honores) y Residente en Administración Hospitalaria de la Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Teología de la Universidad Bíblica Latinoamericana y el Instituto Bíblico Buenos Aires. Con capacitación ministerial en el ISEDET y un Diplomado Superior en Organizaciones de la Sociedad Civil en la FLACSO, es miembro ad honorem del think tank "Fundación Esperanza" (área Economía), funcionario del BCRA, colaborador de la "La Economía Online", y psicólogo del Instituto de Neurociencias, Educación y Asistencia, INEA.
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