Pregunta 7 - La crítica teológica y el sentido de ser cristiano

     PREGUNTA

Estimados RYPC,

Teniendo presente las contribuciones de la teología liberal, la neo-ortodoxia y todos los métodos histórico-críticos. Los cuales son contrarios a los fundamentos (fundamentalismo), que incluso en algunos casos llegan a negar la resurrección de Jesús como evento histórico. ¿Tiene sentido seguir siendo cristiano? Sí el Antiguo Testamento en su mayor parte son símbolos, leyendas, propaganda y mitos; y el Nuevo Testamento algo similar. ¿Vale el cristianismo más que los mitos de otras religiones?

Atentamente,

Ernesto Godoy
La Serena, Chile.


     RESPUESTA

Estimado Ernesto,

En primer lugar agradecerte tu interés en nuestra publicación y tu deferencia por enviarnos tu pregunta, la cual tiene mucho calado y múltiples matices. Por eso es mi intención que mi respuesta sea lo más acotada posible en el tratamiento del tema propuesto.

Permíteme empezar quizás por el final, preguntas: “¿tiene sentido seguir siendo cristiano?”. A mi entender esta pregunta hace referencia a qué es lo sustancial del ser cristiano, qué es aquello que nos hace cristianos o qué es aquello irrenunciable en el ser cristiano que al abandonarlo nos convierte en algo diferente o simplemente dejamos de ser lo que somos. Es decir, si como dices, aparentemente las metodologías críticas ponen en cuestión muchos de los dogmas o creencias tradicionales, tras su aceptación ¿sería lógico seguir manteniendo nuestra adscripción a aquello que las aglutina en un todo, el ser cristiano?

En mi caso, como dicho, yo te respondería con otra pregunta, y como verás a continuación no es ninguna evasiva. ¿En qué consiste ser cristiano? La fe cristiana no debe ser únicamente proposicional, es decir, la mera afirmación de una serie de dogmas o creencias basadas en una autoridad externa, ya sea institucional o escritural. La fe cristiana debe ser relacional, es decir, el componente esencial que la constituye es la relación con una persona.

¿Y esto qué significa? Que creer en Jesús no es solo creer que es “verdadero Dios y verdadero hombre”, como proposición verdadera, sino que significa relacionarse vital, existencial o espiritualmente con él. Es decir, descubrir que en Jesús hay “plenitud de vida”, una vida que no está amenazada por ninguna forma de muerte. Ese aspecto de descubrimiento es un elemento fundamental de la “verdad” que es Jesús. Verdad en su sentido etimológico griego, “αληθεια” significa: “negación de lo que está oculto”. De esta manera, la verdad tiene que ver en muchos textos del Nuevo Testamento con desvelamiento o desocultamiento. Jesús en su persona, en su vida, muerte y resurrección desvela lo que está oculto, cuál es la plenitud de vida, la “vida eterna”. Por eso aludía a que ese descubrimiento relacional que es Jesús tiene una dimensión vital, espiritual o existencial. Pero también es personal tanto en cuanto esta realidad vital no es solo abstracta, sino que afecta a mi individualidad y a toda la globalidad de lo que soy.

A esto me refería cuando hablaba de relacionarnos personal y vitalmente con Jesús para descubrir la verdad de la plenitud de vida contenida en él. Y esto es lo que considero distintivo, inseparable y medular de la cuestión de ser cristiano. Así que a tu pregunta: “¿tiene sentido seguir siendo cristiano?”, la respuesta que le sigue es afirmativa en la medida en que hacemos este “descubrimiento”, es lo que muchos cristianos llamamos “conversión”.

Por cierto, la verdad de Jesús no solo nos afecta individualmente sino a toda la realidad de lo humano, en lo social, político y económico, o en lo creacional, toda la realidad ecológica y cultural de lo creado. No obstante, la pregunta se ha respondido en lo que creo que era su motivación fundamental, desde la perspectiva individual.

Ahora bien, no eludo la motivación de tu pregunta, ya que como dices parece ser que la consecuencia inevitable, dados los postulados de la teología liberal y de los resultados de las metodologías críticas, es cuestionarnos la “verdad” de la fe cristiana. En este punto habría mucho que decir acerca de la “teología liberal”, ya que hay un largo trecho, tal y como se practicó desde finales del s. XVIII y durante todo el s. XIX, hasta la teología contemporánea. Es más si la teología liberal es aquella que se desarrolla a partir de los presupuestos filosóficos de la Ilustración, hoy que el panorama académico e intelectual es mayoritariamente post-ilustrado, y por tanto la teología que se hace en este contexto también lo es, ya no tendría sentido seguir hablando de que ahora se practique una “teología liberal”. Sin que ello implique volver necesariamente a los postulados tradicionales, sobre todo, tal y como se presentan en muchas teologías “fundamentalistas”. Sin embargo, desarrollar todo esto quizás merezca un artículo independiente en esta revista y aquí nos desviase del propósito de responder a lo planteado.

Por tanto, y teniendo en cuenta todo lo dicho, aún aquellos que niegan la resurrección de Jesús como un hecho “físico”, admitirían esta realidad de descubrimiento o desvelamiento de plenitud de vida asociado a la “resurrección” de Jesús. Es más ese mismo acontecimiento de “verdad” constituye en sí mismo el núcleo de realidad contenido en la resurrección de Jesús, aún en las denominadas teologías liberales. Porque en definitiva nos topamos de bruces con el núcleo de la fe cristiana tal y como hemos expuesto con anterioridad.

Por otro lado, también planteabas que si los textos bíblicos son en su mayor parte símbolos, leyendas y mitos, cómo es posible defender la legitimidad de la fe cristiana. Habría mucho que decir aquí acerca de por qué en nuestra cultura occidental pensamos que solo aquello, que es históricamente cierto y experimentalmente comprobable, puede recibir el calificativo de verdadero, y por tanto, confiable y digno de ser tenido en cuenta. Sin embargo, para no hacer prolija mi respuesta simplemente decirte que no es necesario hacer “historia” o “ciencia” para que algo pueda ser verdadero. Es decir, un poema, una metáfora o una narración pueden no ser “históricos” ni “científicos” y contener verdad. Así que aunque estuviéramos de acuerdo en calificar los textos bíblicos como leyendas y mitos eso no dice nada acerca de su verdad sino solo acerca de su “forma” literaria. Es decir, de la manera en la que su autor ha decidido contarnos la verdad que contiene su narración o su poema. Por cierto, resulta un anacronismo esperar que los autores bíblicos escribiesen “historia” o “ciencia” en base a una conceptualidad que se formaría muchos siglos después. Simplemente ellos se expresaron en las formas literarias y conceptuales que les eran propias.

Por tanto, y según lo que hemos expuesto brevemente en nuestra respuesta, solo cabe decir, a modo de resumen, que aún es vigente y tiene sentido seguir siendo cristiano, en la medida en que descubrimos la “verdad” en Jesús, una plenitud de vida que nos da sentido y propósito y no nos aboca a un “vacío vital”.

Sergio Simino,
Columnista de RYPC.


Referencias recomendadas
  • Barton, John. La interpretación bíblica, hoy. (Santander: Sal Terrae, 2001).
  • Bultmann, Rudolf. Teología del Nuevo Testamento. (Salamanca, Ediciones Sígueme, 1981).
  • Moltmann, Jürgen. El camino de Jesucristo. (Salamanca: Sígueme, 1993).
  • Tillich, Paul. Pensamiento cristiano y cultura en Occidente, tomos I y II. (Buenos Aires: La Aurora, 1977).
  • De Witt, Hans. En la dispersión el texto es patria. Introducción a la hermenéutica clásica, moderna y posmoderna. (San José: Universidad Bíblica Latinoamericana, 2002).

 
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