martes, abril 29, 2014

El testimonio en el diálogo Interreligioso. Un Horizonte Utópico de la Paz Mundial

"Dove", por Cycoze. Fuente: deviantart.com.
Jaime E. Elías

Introducción

“El problema del pluralismo toca los límites de lo inteligible… toca los límites de lo inefable” - R. Panikkar.

El testimonio como asunto objetivo dentro del diálogo interreligioso constituye uno de los grandes desafíos y cruciales, del que depende en gran medida la naturaleza y la credibilidad de la fe de los creyentes de todas las convicciones, y mayormente los de la confesión Cristocéntrica. El interés por las teologías de las religiones va en aumento. A finales de siglo XX y a inicios del presente siglo, su crecimiento ha sido mayor año tras año, y los retos son cada vez más complejos y desafiantes para la misma fe. En este tiempo la fe está siendo golpeada, y muy pocos conocen los signos de los tiempos, esto interpela a que se ha llegado aún más lejos todavía. Por lo cual, los intereses por las teologías liberadoras siguen en constante construcción.

El nuevo desafío en el contexto de las religiones, es el panorama donde la reflexión Biblio-teológica debe de estar completamente arraigada y en diálogo con las constantes hermenéuticas, en un compromiso total hacia el horizonte utópico de la paz mundial, para no fallar en su misión testimonial y en su encuentro de comunicación y escucha frente a las otras religiones.

Con este presupuesto como dimensión de fondo, y, muy a pesar de los desaciertos se ha de esbozar el testimonio en el contexto del pluralismo de las religiones. Por ello, este breve ensayo tendrá esta propuesta utópica, que va en busca de comprender el fenómeno religioso actual y proponer de manera subjetiva –una teología misional– como lo es: el testimonio en el diálogo interreligioso. El objetivo es proponer de manera condensada un nuevo paradigma de misión en el contexto del novedoso tema del pluralismo religioso.1

A continuación se abordará el tema de la misión en el fondo contextual del pluralismo religioso. El tema lleva la estructuración de la siguiente manera. En primer lugar, se explica el valor del testimonio teológico como espiritualidad inter-religiosa, luego se presenta a Jesús como paradigma trascendente a través del dialogo. Es decir, esclarecer aún más el testimonio y la concepción pragmática de la verdad –un diálogo encarnado–. En segundo lugar se propone el testimonio como un nuevo paradigma de misión hacia el futuro para la paz mundial en el contexto de pluralismo religioso, el cual presupone la utopía impele. Por último algunas conclusiones abiertas para que el lector cumpla la dialéctica, como parte del cual está invitado a interactuar dentro de la pluralidad de las grandes religiones.

El testimonio como espiritualidad inter-religiosa

El acercamiento teológico hacia las religiones nos hace comprender que hay en su origen una experiencia mística vivida en su radicalidad por sus fundadores y por sus seguidores. Es decir, una praxis desde sus creencias para las otras creencias por medio de sus rituales hacia la humanidad, –hacia el cristianismo– y viceversa. Esto es preocupante porque si no se sabe interactuar, las religiones pueden seguir siendo fuentes de conflicto. Por lo cual Juan José Tamayo se refiere al respecto.

Junto a la teología liberadora de las religiones es necesario propiciar una espiritualidad interreligiosa, en correspondencia con la actual -era interespiritual- en la que van eliminándose las fronteras y los antagonismos que a lo largo de milenios de prehistoria e historia de la humanidad han separado y enemistado a las religiones.2

El testimonio de la espiritualidad de las religiones se concreta cada vez más en el acercamiento que se tenga en la práctica. Por ello, la necesidad de expandirse hacia esas fronteras sin previo aviso ante tan oscuro paradigma de asfixia. Se trata de dar testimonio a través de las experiencias que implican relaciones directas sin mediaciones institucionales, directamente de Dios hacia las otras religiones por medio de las teologías y/o las practicas teológicas; como fue hecho por Dios a lo largo del Viejo Testamento, y en el Nuevo testamento a la luz del testimonio de Cristo, por el cual se ha de considerar que eso fue lo que universalizo el cristianismo.

Breve, testimonio Jesuánico

El acto de dar testimonio explícito de la fe se apropia y se asocia con el mandato de proclamación bajo la fuerza del Espíritu (Hch 1,8). El mismo mensaje puede encontrarse en los Sinópticos. En el discurso de las Bienaventuranzas, Jesús proclamó: «Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mt 5,16). Las buenas obras de los creyentes no deberían llamar la atención hacia sí mismos, sino hacia el Padre que por medio del Hijo y en el Espíritu Santo obra misteriosamente en ellos para la construcción del reino. Obviamente, la enseñanza se puede aplicar en primer lugar al mismo Jesús. En efecto, cuando la gente vio a Jesús haciendo milagros «glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres» (Mt 9, 8). En todos los casos, el testimonio de Jesús no se dirige hacia sí mismo, sino hacia el Padre y por ende hacia las personas –las otras religiones–. (Porque se ha de pensar que una persona es también un ente espiritual en busca de ese ser superior, y lo hace a través de su propia espiritualidad en la religión). En este aspecto, Jesús de forma encarnada se acercó también a aquellos que cumplían la ley al pie de la letra. Es decir, el testimonio de Jesús los llevo a re-pensar sus propias prácticas religiosas.

De hecho el dar a conocer el evangelio del perdón de los pecados, es un acto testimonial completamente necesario. Ahora bien, en el debate actual, en el contexto del diálogo y del pluralismo interreligioso, la proclamación adquiere un nuevo significado: intercambio respetuoso, no solo de argumentaciones sino también de vivencias prácticas a la luz de una teología Bíblica en diálogo encarnado. Sin embargo, esto tiene que ir más allá, pues una de las características esenciales en el diálogo interreligioso debe consistir en el testimonio mutuo, por la paz entre las grandes religiones por la paz entre las iglesias cristianas (utópicamente hablando). Esta praxis requiere en la realidad del pluralismo religioso que se deba consistir en la conversación y en ella tender el puente del testimonio y la verdad.

Conversación, testimonio y verdad

El diálogo interreligioso debe privilegiar una conversación abierta y constructiva entre individuos de diferentes creencias, de religiones diferentes –diferentes religiones–. El testimonio entonces puede darse entre teólogos, expertos en la fenomenología y filosofía religiosa y de las culturas, así también como entre creyentes y confesantes naturales pertenecientes a religiones concretas. Puede darse en contextos informales como formales, mediante una conversación o en actos rituales. Esto ha tenido sus implicaciones frustrantes y principalmente para aquellos que han querido profesionalizarse en el tema, ya que el cristianismo se ha proclamado desde el inicio como una exclusividad y supremacía ante las demás religiones del mundo –situación que ha contrarrestado la expansión del Santo Evangelio a otras fronteras–. De hecho, por su estudio el cristianismo es universal, su carácter globalizador la convirtió en la religión con más adeptos en el mundo. Es decir, antes del cristianismo no había ninguna religión oficial sino hasta después de ella. Se ha de considerar de manera antropológica que la cultura de occidente ha sido en gran parte resultado de su influencia. El orgullo de una religión imponente a limitado en muchas ocasiones un acercamiento sincero y fraterno con las demás religiones, y reflexionar desde esta perspectiva, es dejar de ser los paladines cronológicos de una religión universal. Sin embargo, la meta última del diálogo entre las religiones es la búsqueda de la verdad y el encuentro con ella misma. Por eso no puede hacer un simple acercamiento informativo, sino estrechar lazos y una profundización fraterna entre seres más humanos y no seres del más allá. Esto también debe atraer al cristiano hacia el encuentro de las otras verdades y no solamente ser un coleccionista de verdades. Esto podría llevar al cristiano a una teología del misterio y su trascendencia hacia la utopía de la paz mundial. Porque las verdades de las cuales se hablan aquí no tiene paragón con ningún imaginario con el sabio que ha llegado a ser iluminado por sus pacientes investigaciones.

Ciertamente, todo diálogo presupone cierto grado de información acerca de la otra religión. Esto quiere decir que en el contexto actual de las religiones locales y universales se necesita replantear la manera en que se debe de dar a conocer las verdades de nuestra fe. Vale la pena aplicar «la regla de oro» como principio universal en el diálogo del pluralismo religioso. Entonces el testimonio en la misión es un acto que puede adoptar varias formas, desde la argumentativa hasta la apologética, pasando una testimonial personal del creyente transformado; y todo esto en doble vía.3Para ampliar el contexto de nuestro tema, se debe reconocer que el colorido e iluminado paisaje religioso mundial ha cambiado y todos lo podemos ver y sentir. Por otra parte, un testimonio completamente intrigante hacia un horizonte de la utopía, que cumple las dos funciones utópicas dirigiendo el reto del quehacer aquí, para el posterior quehacer allá.

En la geografía del cristianismo se ha profundizado sus raíces desde hace algunos siglos, “imponiéndose” a su manera. Sin embargo, esta realidad manifiesta ciertos matices en la actualidad con el fortalecimiento político de espiritualidades ancestrales. Y esto requiere replantear “los medios” de nuestra misión. Exige una nueva orientación de misión en el acercamiento planteado a pesar que lo tradicional aún funciona.4

El encuentro testimonial –misión intencional-dialogo encarnado– entre las religiones requiere un profundo deseo de compartir con otros las creencias propias, y de convencerles de su verdad (de sus verdades). Y esto pretende que el cristianismo ostenta la bandera de Cristo como el único Salvador de la humanidad. El dar testimonio desempeña un papel absolutamente esencial en todas las formas de diálogo interreligioso en el que todos se ven involucrados, sea formal o informal. Todos fuimos llamados a ser testigos de una fe viva y transformadora, por ello el término “testimonio” implica testificar de una realidad y una experiencia que nunca se puede captar o demostrar del todo, pero que no obstante es del máximo interés para los creyentes.5 No cabe duda que el acto de testificar implica también el acto de apertura en diálogo; humildad, testimonio, verdad en constancia y contundencia hacia el horizonte de las conquistas de las nuevas fronteras.

Sin embargo, el diálogo testimonial se basa también en la premisa o creencia de que podría haber más de verdad en dos o más tradiciones que en cualquier religión considerada aisladamente. Así pues, además de dar testimonio de la verdad de la tradición propia, entraña también apertura al testimonio del otro. Así, el diálogo presupone cierto grado de humildad a la hora de dar testimonio. En esto es, en lo que el testimonio situado dentro del diálogo puede diferir del testimonio misionero tradicional.6

La convicción que prima en el testimonio de la verdad de la religión propia debe estar basada en una firma creencia de la verdad –la verdad en convicción– y definitiva de las creencias y usos religiosos propios. También en este punto se encuentra un sentimiento de arrogancia religiosa e agresividad para con los “otros”. En el contexto aún persiste esta actitud cuando somos visitados o visitamos a otros fieles y mutuamente hablamos de religión. El acto de dar testimonio, según Catherine Cornille, puede adoptar formas y modalidades diferentes, dependiendo en gran medida de la teología sostenida por la persona, o de la actitud al respecto a las otras tradiciones religiosas.7 Al parecer la actitud correcta debe centrarse en el testimonio que testifica la verdad «La Verdad» de la fe propia sin hacer juicios a priori acerca de la presencia o ausencia de la verdad en la otra religión.

El testimonio como paradigma de misión

La cuestión de la relación entre diálogo y misión o proclamación ha sido objeto de un análisis considerable dentro de la tradición cristiana, en los cuales muchos en el intento se han desanimado, así como otros se han aventurado hacia una misión sin regreso. Es de notar la vasta literatura que existe a favor y en contra, con inesperadas conclusiones en ambas partes del debate. Algunos parecen abogar en erradicar la distinción entre misión y diálogo, de hecho (Cornille) piensa que conceptos como “misión” o “misionero” ya no deben utilizarse en la actualidad.8 Fuera de este debate, al parecer necesario cuando diálogo y proclamación se consideran desde la perspectiva del papel del testimonio, «la misión» cobra un nuevo sentido. La cuestión es: ¿Acaso debe dejarse a un lado el tradicional concepto de misión? o ¿debe de darse un horizonte nuevo a tal concepto de misión? El concepto puede rimar a base de la segunda pregunta. No se sabe aún, sin embargo debe considerarse las opciones actuales y arriesgarse hacia el futuro hacia la utopía de la paz mundial. Personalmente creo que la semejanza entre ambos términos radica en la aplicabilidad dada a la realidad del pluralismo religioso. Dar testimonio no sólo de los contenidos propios sino escuchar y valorar en el diálogo las creencias y las verdades de los demás, aunque “algunos” tan solo crean –en el espíritu de la verdad, o los espíritus de las verdades– esto señala que cada religión tiene su propia verdad. Algo más al respecto, una misión verbal sin testimonio, dejaría a un lado los principios de un encuentro sincero y constructivo con los fieles de otras religiones, y esto los podría alienar de una misión de la sospecha con un matiz fuera del servicio del verdadero interés misional. Entonces la utopía no tendría su función natural y el testimonio quedaría a simples ilusiones.

Dadas estas observaciones, se ha de considerar cuál es la valía del testimonio en el encuentro interreligioso y que al parecer beneficiará la proclamación/diálogo de la fe propia. El testimonio que se fundamenta en la convicción practica personal de ser salvo y el deseo de compartirla con otros, debe ser la motivación suficiente para pensar en el diálogo formal con otras convicciones. En este punto, se estaría dispuesto de aprender lo posible de la experiencia del otro. Un diálogo donde existe la sinceridad el mensaje puede ser más creíble, aunque abierto a cuestionamientos e intolerancias, pero también podría ser aún más eficaz. Podría seguirse la lógica de las preguntas y respuestas que todo diálogo implica y el testimonio en paralelo a ello. Creo que el testimonio misional y las creencias llegarían a reconfigurarse y a fortalecerse en la medida que seamos cuestionados por los otros. Esto no significa el abandono completo de las creencias y convicciones preconcebidas, sino una reconfiguración de dichas creencias y de las respuestas que pueden ofrecerse dentro de un marco más amplio de cuestiones, que a su vez puede arrojar la luz sobre las creencias propias. El testimonio en medio del diálogo incluye en sí mismo la posibilidad de verse sorprendido, cuestionado y a veces desconcertado en la convicción propia.9 Y esto es, lo que hará que nuestro avance hacia la misión utópica llegue en algún momento y se concrete.

En la medida que se sepa escuchar se puede avanzar en la comprensión del otro y que ellos puedan a su vez escucharnos (el yo, y el otro): hacer de, y, en ambos un aprendizaje mutuo: dialogo puro-testimonio puro. Así, el diálogo interreligioso, a diferencia de la proclamación misionera, presupone la posibilidad de conversación. Testimonio mutuo en el cual ambos interlocutores están empeñados respetuosamente en convencer al otro de la verdad de su fe.10 El testimonio forma parte del diálogo misionero, el cual ya debe ser una posibilidad para la fe cristiana actual. Según el contexto verbal, al parecer; la diferencia entre testimonio dado en la misión (por el misionero) y en el diálogo (por el teólogo o cristiano) se puede situar en la importancia que se le dé a la humanidad (tema), en la segunda clase de encuentro con el fiel de otra religión. La humildad con que se procede surge de una honda humildad personal que se siente privilegiado por la gracia de Dios, reconociendo la naturaleza limitada y finita de todas las religiones, que buscan trascender para alcanzar la verdad última.11 En otras palabras, debe de haber cierta humildad en el testimonio. Tanto el teólogo como el “creyente de pie” deben cultivar la humildad y la apertura dentro de su testimonio. Porque un anonadamiento como este también puede crear libertad y esto es lo que nos debe de impulsar hacia el paradigma de misión que se plantea, hacia el horizonte de la utopía de la paz mundial.

Conclusiones

¿Por qué terminar de esta manera? Creo que el tema queda completamente corto a tan semejante reto. El tender un puente como este, «un paradigma de misión» por la paz mundial en contexto de las grandes religiones. ¡Solo la utopía puede! ¿Qué decir en este punto además de lo dicho en los segmentos anteriores? Ya se ha hablado mucho sobre “el qué”, ahora se amplía un poco más “el cómo”, aun así no lo comprendamos en su totalidad, ya hay algo que nos empuja hacia el futuro. El pluralismo religioso, descubierto ahora con todos sus desafíos, compromete a la fe evangélica, su teología y su espiritualidad. Frente a estos desafíos, se consideran aquí en el tema algunas sugerencias, confiando que cada vez seremos más los que queremos vivir nuestra espiritualidad de manera integral y con una actitud abierta.12

Básicamente, se debe de tener humildad confesional. La apologética debe cambiar de tono (anonadarse) en el diálogo. No se trata de imponerla sino de darla a conocer –teórico y práctico– con el otro. La teoría y la practica deben de ser “el ser” en sí mismo, que ya no sean dos y si no uno –uno como tal–. El ser que no tiene disyuntiva ni en una ni en otra, tanto así que deben de tomarse de la mano desde el alba y caminar juntos hacia el ocaso. Por otra parte, es dejar a un lado la intolerancia y el dogmatismo cerrado. Vivir bajo la fuerza del Espíritu con fruto ético respetuoso, no proselitista como exigencia. Considerar también la humildad de la fe para permitir que nuestro interlocutor advierta la coherencia de lo que decimos con lo que hacemos. No se debe confundir la humildad con acomplejarse, ni el anonadamiento con des-valerse. La humildad exige que se mantenga la frente en alto proclamando fielmente lo que se ha recibido como don gratuito.

A estas alturas ¿Se debe de tener mayor apertura espiritual? ¿Hacia dónde llegaríamos si realmente pondríamos en práctica un nuevo paradigma como tal? ¿Me vaciaría de mi fe, para llenarme de otra fe? Esto no significa seleccionar prácticas de cada religión para hacerla nuestra y vivirla. En otras palabras, –esto sería sincretismo– si es que todavía se podría decir así; más bien, la apertura sigue en la línea de respetar, aprender y escuchar a los otros creyentes. También la apertura espiritual nos da la oportunidad de aceptar desafíos que el pluralismo religioso provee. Por ejemplo, saber, dentro de las limitaciones que esto conlleva, que sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones; y que sólo habrá paz entre las religiones si ellas dialogan entre sí.13 Esta Ilustración de fondo (no la “ilustración”14 del pasado) abre el camino para poner en práctica el testimonio como un nuevo paradigma de misión y que nos lleve hacia donde la utopía nos invite y llame a conquistar. En preocupación, esto cobra sentido cuando se observa detenidamente que la religión juega un papel demasiado grande en los conflictos actuales en el Medio Oriente, África, Europa y otros lugares del orbe.

También el compromiso solidario tiene su importancia en el nuevo paradigma religioso actual. Tiene razón Casaldáliga cuando afirma que Dios ya no es “mi Dios” como propiedad, sino “nuestro Dios”, el Dios de todos los hombres, de los pobres y que escucha el clamor de aquellos que sufren todo tipo de injusticia –es nuestro Dios, el Dios de abajo– (ver Lc 4,18-19). Dentro de las dimensiones del reino de Dios, la misericordia tiene su preeminencia. En esta línea, el cristianismo y las otras religiones deben participar en la transformación de la opresión en liberación. En otras palabras debe de dirigir su mirada allí donde se produce el sufrimiento eco-humano –el sufrimiento de la tierra y la humanidad– allí donde se escuchan los repujes del dolor, donde la teología liberadora ha hecho poco en el contexto de las religiones.

Por otra parte, que el nuevo paradigma de misión en el contexto luminoso del pluralismo religioso, dé sus frutos. Que como premisa, –en su orden cronológico– el diálogo sincero y respetuoso logre abrir el camino, que todos anhelamos: paz con Dios; paz con nuestro prójimo, paz con las religiones –paz en el mundo–. Más allá de esta premisa, –un testimonio puro-un dialogo encarnado–, un testimonio puesto en misión, un testimonio de la esperanza, un testimonio hacia el horizonte de la utopía de la paz mundial.
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  1. Para profundizar en algunas cuestiones, sugerimos al lector acceder las reflexiones de Fernando Pascual, “Ante el pluralismo religioso”, en http://es.catholic.net/ecumenismoydialogointerreligioso/392/882/articulo.php?id=42624 (consultado 12 marzo de 2012). Este artículo cuestiona: Al constatar la existencia de tantas religiones, al percibir cómo se dan creencias tan distintas entre los seres humanos, surgen diversas preguntas. Una de ellas se refiere a la verdad. ¿Existen verdades alcanzables por los hombres y mujeres de nuestro planeta por lo que se refiere a la religión? ¿Es posible establecer cuál es la religión verdadera, o al menos cuál sea la “más” verdadera, o la “menos” falsa? ¿Pueden los poderes públicos tomar alguna posición concreta en estos temas?
  2. Juan José Tamayo, Nuevo Paradigma Teológico (Madrid: Trotta, 2004) 62.
  3. Norbert Hintersteiner, “De la misión al mundo al testimonio interreligioso. Una exploración en las posibilidades misionológicas contemporáneos”.Concilium 339 (febrero 2011), 105.
  4. La proclamación de la fe cristiana aún mantiene la tradicional predicación y exposición de la palabra, además de los clásicos eventos evangelísticos. Quizá este documento se encuentra dirigido a las personas que formalmente desean sentarse en una mesa de diálogo para discutir temas de trascendencia en nuestro contexto: y vaya que es necesario que las iglesias y religiones hagan algo al respecto.
  5. El acto de dar testimonio en el diálogo interreligioso entraña una interacción dinámica entre testificar de las creencias religiosas propias y la apertura al otro, y entre confianza o convicción y humildad. Norbert Hintersteiner, “De la misión al mundo al testimonio interreligioso. Una exploración en las posibilidades misionológicas contemporáneos”. Concilium 339 (febrero 2011), 107.
  6. Cathrine Cornille, “El papel del testimonio en el diálogo interreligioso”. Concilium 339 (2011), 75.
  7. Catherine Cornille, “El papel del testimonio en el diálogo interreligioso”, Concilium 339 (2011), 80.
  8. Al respecto consúltese la bibliografía de la nota anterior.
  9. Xabier Pikaza, Violencia y diálogo de religiones. Un proyecto de paz (Santander: Sal Terrae, 2004), 153.
  10. Cornille, “El papel del testimonio…”, 79.
  11. El cristianismo puede verse de la misma forma, dado que Cristo representa la «Verdad Última y no el cristianismo como religión.
  12. Sería de gran utilidad que el lector consulte y profundice sobre algunos retos que plantea actuariamente el pluralismo religioso, Laurentino Novoa Pascual, “Retos del pluralismo religioso”, en http://www.mercaba.org/FICHAS/DIOS/pluralismo_religioso.htm (consultado 12 marzo de 2012).
  13. José María Vigil, Teología del pluralismo religioso. Curso sistemático de teología popular (Córdoba: El Almendro, 2005), 24; también se consultó a Juan Antonio Estrada, Imágenes de Dios. Filosofía ante el lenguaje religioso (Madrid: Trotta, 2003), en especial las paginas 159-183. Como una propuesta al dialogo y no como un mero fundamentalismo de religión sino como una apertura desde la religión.
  14. Se ha de entender la palabra, en el sentido que H. Küng le da. Él dice al respecto. En el diálogo interreligioso no puede aceptarse sin más la tesis de la Ilustración radical, que considera falsas todas las religiones como tampoco la concepción católica tradicional de que solo la religión católica es la verdadera, ni la idea de que todas las religiones poseen el mismo grado de verdad. Hans Küng, Teología para la posmodernidad (Madrid: Alianza, 1998), 183-202. Se recomienda leer toda la propuesta.

 
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