martes, marzo 18, 2014

El metodismo y su método: La “reunión de clase”

Wesley's Chapel, Londres. Fuente: Wikipedia.com.
Gustavo Daniel Romero

Volver a Wesley o por qué le habrán puesto “metodistas”

En 1730, en la Universidad de Oxford, un grupo de jóvenes que incluía al mismo Juan Wesley y a su hermano Carlos, organizaron “El Club Santo.” Más tarde les apodaron “los metodistas,” debido a la manera en que conducían todas sus actividades religiosas y a su metódica aproximación al discipulado cristiano. El propósito de aquel grupo era: primeramente, el crecimiento espiritual de sus miembros por la oración, el estudio, los cánticos, la lectura de la Biblia, y un examen cuidadoso de la conducta y las tareas de cada miembro; y en segundo lugar, un ministerio práctico hacia los menesterosos y desamparados. Juan, Carlos Wesley y el grupo de jóvenes que lo acompañaron en el “Club Santo” en Oxford, fueron llamados “metodistas”. Wesley tenía un método para formar discípulos: La “reunión de clase”.

Un poco de historia nos ayuda a entender

El avivamiento metodista tomó una forma concreta cuando Juan Wesley, a partir de 1742, organizó a los convertidos en grupos —que llamó “sociedades", “reuniones de clase” y “bandas” —donde buscaban conservar su fe, su nueva forma de vida, y mantenerse en el camino hacia la santidad. A diferencia de G. Whitefield, cuya predicación movió a miles de personas, aunque sin promover una estructura para alimentar espiritualmente a los nuevos conversos, J. Wesley organizó a los nuevos discípulos para crecer en la vida de santidad.

En este sentido, fue un verdadero precursor de la misión a través de los grupos pequeños. Hacia fines del siglo XVIII, el metodismo había desarrollado más de 10.000 de estos grupos, a los que llamó “reuniones de clase”. Estas agrupaciones integraban las sociedades metodistas, sirviendo en el desarrollo del metodismo primitivo como la herramienta por excelencia para el discipulado. Utilizando este instrumento, Wesley promovió la evangelización que llevó a una rápida y notoria multiplicación. La metodología consistía en una predicación al aire libre y la posterior invitación a que las personas se unieran a una “clase”. Inmediatamente después de la predicación evangelística se integraba a los interesados en nuevas o ya existentes “reuniones de clase” donde iniciaban el discipulado. Las “reuniones de clase” eran grupos de aproximadamente doce personas que se reunían semanalmente con un líder laico para facilitar la formación espiritual y doctrinal de los nuevos conversos, el ejercicio de una disciplina colectiva, el cuidado pastoral de los miembros. Wesley estaba convencido de que un nuevo creyente no había hecho una decisión efectiva por Jesucristo hasta que no se involucraba en un grupo pequeño1

¿Hay “vida” después de la conversión? o cómo ser discípulo de Cristo sin “morir” en el intento Juan Wesley veía que en la historia del cristianismo, el crecimiento en el discipulado, tanto para buscar a Dios como para nutrirse y crecer en la fe, radicaba en una cantidad de hábitos mediante los cuales los creyentes se abrían como canales a la Gracia de Dios. Por ello, Wesley los llamó “medios de gracia” e instó a los metodistas a hacer uso de ellos con frecuencia.

Wesley tenía gran confianza en esas actividades de la Iglesia que eran instituidas para promover el crecimiento espiritual —“medios de gracia”—: comunión, bautismo, lectura y estudio de la Palabra, oración (privada, familiar o pública), predicación, culto público a Dios, conferencia o conversación cristiana, confesión y ayuno. Wesley agregó su propia lista de “medios prudenciales” los que fundamentalmente eran las experiencias grupales. Él creía que esas actividades eran mecanismos que situaban a las personas en contacto con el poder dinámico de la Gracia de Dios. Como anglicano que era, siempre afirmaba que la Gracia divina era el agente de cambio, pero que las actividades de devoción permitían que la Gracia se efectivizase en la vida de la gente.

El entendía que la santificación se da comunitariamente, participando en los “medios de gracia”. En su prefacio al Himnario de 1739, Wesley dice: “’Santos solitarios’ es una frase no más coherente con el Evangelio que adúlteros santos. El Evangelio de Cristo no conoce otra religión que la social, ninguna santidad, sino la santidad social”.2

Por ello es que insistía: “Dondequiera que haya un avivamiento, hará bien en reunir a ellos inmediatamente. Pero yo no aconsejo que usted vaya demasiado rápido...”.3 En el curso de una gira de predicación, Wesley anota en su Diario: “Me convencí más que nunca que predicar como un apóstol sin reunir a los que son despertados y guiarlos en los caminos de Dios es sólo engendrar hijos para un asesino.”4

Wesley estaba convencido de que la fe cristiana genuina se alimenta en un contexto comunitario. Por ello, procuró las estructuras organizativas que apuntaban a lograrlo. Gracias a esto es que los frutos del reavivamiento metodista se conservaron y crecieron.

Ahora bien, la dimensión comunitaria de la santificación implica no sólo la vida comunitaria entre los creyentes, sino que incluye también la relación con el resto de la sociedad, caracterizada por los actos de amor hacia los necesitados.5

Para Wesley, las “reuniones de clase” no eran meramente un medio para preservar los logros de la predicación. La prédica y el testimonio eran sólo el preámbulo. La acción redentora tenía lugar en las “reuniones de clase” y en la vida de sus miembros. Él aprovecha la sinergia de la comunidad para la misión evangelizadota y de servicio, y a la vez coloca la fuerza educadora y formadora de las sociedades al servicio de la continuación de esa misión en los conversos.

Es así que una investigación realizada por Thomas Albin sobre la vida espiritual de quinientos cincuenta y cinco de los primeros metodistas, muestra que, conforme a su testimonio, sólo una cuarta parte de ellos experimentaron el nuevo nacimiento en el contexto de la predicación, previo a ingresar a las sociedades metodistas. La mayoría necesitó de la edificación comunitaria, pasando un promedio de 2,3 años de participación antes de experimentar el nuevo nacimiento.6

La práctica del discipulado es costosa y sólo podemos llevarla adelante con la ayuda de la Gracia divina. Por ello, Wesley promovía el uso de los “medios de gracia”. Pero, para asegurar el uso de estos medios, Wesley propulsó los grupos pequeños como una manera de ayudarse unos a otros al compromiso.

Una vez percibida su utilidad y validez bíblica, Wesley adoptó a la “reunión de clase” como estructura básica del metodismo.

La “reunión de clase” fue un mecanismo probado de vidas transformadas, de cambio de conducta. Resulta notable que George Whitefield, predicador contemporáneo de Wesley, no comprendió el método del padre del metodismo en las “reuniones de clase”. Eso hizo que George Whitefield confesara, cerca del final de su carrera como extraordinario predicador: “Mi hermano Wesley actuó sabiamente. Las almas que eran despertadas bajo su ministerio él las reunía en “reuniones de clase”, lo que preservó los frutos de sus labores. Esto yo lo descuidé y mi gente es una ‘soga de arena’.”7

José Miguez Bonino dice: “Wesley nos provee, en primer lugar, un valioso instrumento de la renovación de la Iglesia en su concepto y práctica de la “ecclesiola”, es decir, pequeños grupos voluntarios de creyentes que viven bajo la Palabra una vida de disciplina y piedad comunitaria, poniéndose en manos del Espíritu Santo para ser utilizados como levadura en la renovación del cuerpo total de la Iglesia. Wesley no descubrió, sin duda, tal cosa, pero le dio una amplitud y la utilizó en una mediada como nunca antes lo había sido en el Protestantismo”.8

Wesley vincula en las “reuniones de clase” los elementos objetivos de la tradición protestante (la Palabra, los sacramentos y el orden) y los subjetivos de la tradición pietista (la experiencia, la santidad interior, la meditación, la oración espontánea, la comunión fraternal, el celo evangelizador, las obras de bien).

Wesley advirtió que “la Iglesia de Inglaterra era deficiente en ofrecer la comunión espiritual personal entre los creyentes individuales que fue marca distintiva de la Iglesia desde los comienzos de su historia”.9

Por ello, de su propia experiencia en el Club Santo, las comunidades moravas y las sociedades religiosas surgidas en Inglaterra, crea las “reuniones de clase”: un grupo pequeño agrupado por vecindad geográfica y colocado bajo la dirección de un guía (leader), que permitía la orientación y vigilancia personal de cada miembro de las sociedades metodistas. Su finalidad era la mutua corrección y edificación.

“Aquellos a quienes el Señor envió ‘predicaron el evangelio a toda criatura’...Pero tan pronto como algunos de éstos fueron convencidos de la verdad, para dejar el pecado y buscar la salvación del evangelio, inmediatamente los reunieron, tomaron nota de sus nombres, les encomendaron velar el uno por el otro y reunieron a estos ‘catecúmenos’ (como entonces se los llamaba) aparte de la gran congregación a fin de poder instruirlos, reprenderlos, exhortarlos y orar con ellos y por ellos, según sus diversas necesidades.”10

Algunas personas pertenecientes a la conducción de la Iglesia Anglicana criticaron a Wesley por su organización de grupos, acusándolo de estar creando un “cisma”, división, en la iglesia y que estaba “destruyendo la fraternidad cristiana” (González 1998, 64). A estas críticas contestó lo siguiente:

“yo le contestaría que lo que nunca existió no puede ser destruido. Y la fraternidad a la cual usted se refiere, nunca existió, y por lo tanto no puede ser destruida. ¿Cuáles de esos cristianos verdaderos mantenían algún compañerismo con éstos? ¿Quién los vigilaba con amor? ¿Quién observaba su crecimiento en gracia? ¿Quién les aconsejaba y exhortaba de tiempo en tiempo? ¿Quién oraba con ellos y por ellos según sus necesidades? Esto, y solo esto es la fraternidad cristiana. Nosotros introdujimos la fraternidad cristiana donde estaba totalmente destruida. Y sus frutos han sido la paz, el gozo, el amor y el celo puesto en toda buena palabra y obra”.11

¿Por qué “reunión de clase”? “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Génesis 4:9b. (Versión Reina-Valera)

La “reunión de clase” —class meeting— fue el hito más característico de la temprana organización metodista.

Para Wesley, la vida cristiana no es simplemente un “estado”, sino un “proceso” en el caminar con Jesucristo, que se realiza en la “comunión” fraternal y pastoral de los creyentes. Según Miguez Bonino, una de las funciones esenciales que cumplió la “reunión de clase” wesleyana fue la de proveer en “la gran congregación” la oportunidad que la palabra anunciada y presentada en la enseñanza y el culto se personalice comunitariamente.12

Las “reuniones de clase” suplieron el sentido de comunidad y familia que había caracterizado a los pueblos rurales, pero que se había perdido en la migración a las grandes ciudades en el siglo dieciocho a fin de alimentar la mano de obra indispensable para el desarrollo de la primera revolución industrial.

Wesley pretendía volver al espíritu del cristianismo, donde los conversos eran llamados a “velar unos por otros”.

Además de facilitar la koinonía, los grupos proveyeron entrenamiento en responsabilidad mutua. Este discipulado responsable, sugiere David Lowes Watson, fue el más profundo significado de los grupos pequeños.13

Dwight L. Moody, famoso evangelista del siglo diecinueve, dijo: “La reunión de clases metodista es la mejor institución para entrenar convertidos que el mundo vio”.14

William B. Pope, teólogo metodista del siglo diecinueve, dijo:

“La reunión de clases entre los metodistas es su manera de enfrentar una de las mayores dificultades del momento actual. No intenta imponer una nueva condición de membresía en la Iglesia Cristiana. Es sólo una entre muchas otras formas —ciertamente la más extendida y permanente— que la Ecclesiola in Ecclesia —o sociedades dentro de la Iglesia— ha asumido. Ninguna comunidad religiosa ha mantenido por largo tiempo su vigor y pureza sin algún medio semejante. Este medio honra particularmente la nota de la Iglesia de su santidad objetiva al admitir libremente a todo solicitante serio con la sola condición de ser miembro bautizado de la Iglesia... Coloca a cada persona bajo supervisión pastoral...provee los medios de edificación social mutua, además de los medios generales de gracia, y por lo tanto contribuye eficazmente tanto a la santidad subjetiva (interior) como a la objetiva y dignidad de la comunión exterior de la Iglesia cristiana, aquella porque coloca a todos sus miembros bajo la influencia de una edificante exhortación y oración mutua”.15

Wesley visualizaba a la “reunión de clase” como puerta de entrada para la mayoría de los que se iniciaban en el metodismo, y pretendía que el grupo de ingreso fuese de cálida camaradería. Allí había quienes estaban bastante maduros en su fe, aquellos que estaban progresando y otros que eran nuevos.

“El ‘encuentro de clase’ parece haber sido el primer y probablemente más poderoso factor de nivelación que ayudó a romper el rígido sistema de clases británico, proveyendo movilidad social ascendente. La ‘sesión de clase’ fue un medio de expresión para gente que de otra manera no habría tenido la oportunidad de hablar.”16

Prologa Justo González en el libro de David Lowes Watson:

“...las ‘reuniones de clase’ fueron un invento práctico para atender un problema pastoral: cómo responder a las necesidades concretas de tanta gente que aceptaba el Evangelio y se plegaba al avivamiento, y cómo ayudar a crecer en la fe y a ‘madurar en la fe”. Pero detrás de la necesidad de pastoral práctica, está una concepción fundamental: la de que la justificación por la fe no puede separarse de la santificación...”17

¿De qué clase eran las “reuniones de clase”?

Las “reuniones de clase” comenzaron accidentalmente. Wesley cuenta:

“El 15 de febrero de 1742, se reunió en Bristol un buen número de personas con el firme deseo de encontrar un método correcto para pagar la deuda pública construida al edificar. Se acordó 1) que cada miembro de la sociedad que estuviera en condiciones de hacerlo, contribuyera con un penique por semana; 2) que toda la sociedad se dividiera en pequeños grupos o “reuniones de clase”, con unos doce en cada uno; y 3) que una persona en cada clase recibiera la contribución semanal de todos y la entregara, semanalmente, a los mayordomos. Así comenzó esa excelente institución, simplemente debido a una cuenta temporal, de la cual hemos cosechado tantas bendiciones espirituales, lo que nos indujo a aplicar el mismo sistema en todas nuestras sociedades”.18

El temario de la “reunión de clase” era las experiencias personales, no asuntos doctrinales o estudios bíblicos. Apuntaba a la santidad personal; o lo que Wesley llamó “amor perfecto”, o al carácter de Cristo.

El “líder de clase” era un primus inter pares, su tarea era el cuidado pastoral de los otros. El “líder de clase” fue un escalón muy importante dentro de la jerarquía metodista. Cualquiera podía serlo. Sólo demandaba fidelidad, honestidad e interés por la gente. Otra tarea del “líder de clase” era crear un clima de aceptación y compromiso.

Según las Reglas Generales para las Sociedades Metodistas, redactadas en 1743, para ser miembro de estos grupos el único requisito era desear ser salvo. Pero ese deseo se debía hacer patente evitando lo malo, haciendo lo bueno —obras de misericordia— y usando los “medios de gracia” —obras de piedad—. Cristo nos ofrece su salvación invitándonos al arrepentimiento y reconciliándonos con Dios. Pero, para que esta nueva relación prosiga, debe haber un discipulado obediente de tal manera que la vida del creyente sea transformada según el modelo de Cristo. Esto hace que las “reuniones de clase” sean un modelo tan relevante para el discipulado, equipándonos para ser auténticos cristianos. Allí, semanalmente, los miembros daban testimonio de su obediencia a Cristo, recibían instrucciones y disciplina y velaban los unos de y por los otros, ayudándose mutuamente en el mantenimiento de su salvación. Se trataba de un verdadero grupo de apoyo espiritual para la transformación de vidas, como así de un impulsor donde los miembros decidían salir al encuentro de otras personas en su comunidad.

El “Tablero de comando wesleyano”

El predicador local metodista podía monitorear la membresía examinando los libros de la “reunión de clase” y registros que regularmente llevaba el guía de la “reunión de clase”. Wesley mantenía bien aceitado este circuito para el apropiado funcionamiento del sistema grupal.

El metodismo temprano reconocía y entrenaba a hombres y mujeres en el ministerio, como líderes de “reuniones de clase”, líderes de bandas —mujeres y hombres—, exhortadores y predicadores/as laico/as —locales e itinerantes—, los/as cuales cumplían funciones pastorales delegadas por los clérigos, resultando en la práctica, verdaderos/as asistentes pastorales. También se preparaban mayordomos, diáconos y diaconisas.

Last but not least

Último pero no por eso menor: Siendo las “reuniones de clase”: la estructura, su dinámica ya explicada: los procesos, los “medios de gracia”: los instrumentos, no debe verse toda esta organización como algo mecánico, sino que debe estar “lubricada” por las tres características esenciales que Wesley dice, marcan la diferencia entre ser “casi cristiano”19 y serlo de veras: el amor de Dios, al prójimo y la fe.20, forjando, así, el “carácter de un metodista”.21

Conclusiones

Ciertamente, el sistema de Wesley surgió dentro del contexto socio-histórico de la Inglaterra del siglo dieciocho y fue en gran parte una respuesta a las condiciones reinantes. En la actualidad del mundo globalizado se producen similares efectos de disgregación social. El sociólogo Zygmunt Barman expresa que “los procesos globalizadotes incluyen una segregación, separación y marginación social progresiva.22 Asimismo, el postmodernismo se caracteriza, según el diccionario de la Real Academia Española, por el “culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social”. Por ello y por la análoga condición espiritual del ser humano, hay elementos de método wesleyano que debemos extractar para el metodismo actual.

Las Comunidades Eclesiales de Base y otras iglesias evangélicas han descubierto la metodología de los grupos pequeños, mientras que, lamentablemente, los metodistas hemos caído en un clericalismo que concentra el poder cada vez más en el pastor o sus sucedáneos en detrimento de la participación plena de los laicos para la extensión del Reino de Dios.

El sistema wesleyano de formación cristiana puede enseñarnos sobre el poder y la importancia de los pequeños grupos hoy. Si los metodistas queremos realmente transformar gente en discípulos fieles de Jesucristo, el uso de los “medios de gracia” y los grupos deben ubicarse en el centro de la Vida Congregacional. Para Wesley:

1) Para crecer en la vida cristiana es necesario la Gracia de Dios.

2) Mediante los medios que Dios provee abrimos las puertas a su Gracia, esto implica,

3) Emplear estos medios disciplinadamente (santidad interna) —obras de piedad—

4) Estos medios no pueden aplicarse en forma personal, sino que es necesaria la comunidad.

5) Las “obras de piedad “nos capacitan e impulsan para la realización de actos de misericordia, los que no son el cumplimiento minucioso de alguna norma, o de alguna práctica, sino la expresión concreta del amor a los demás. (santidad exterior).23

La clave para entender la dinámica de la “reunión de clase” es el compromiso de revisar nuestras vidas en el caminar con Cristo, para lo cual es necesario desarrollar un entorno de amor cristiano que permita la intimidad, sinceridad y reserva.

Viendo como las “reuniones de clase” impulsadas por el temprano movimiento metodista, se convirtieron en instrumentos de testimonio y crecimiento, constituyendo un modelo para la organización de la “iglesia”, concluimos afirmando que el ministerio con grupos pequeños resulta particularmente importante en esta época “postmoderna” si la iglesia cristiana desea crecer integralmente, discipulando, evangelizando y sirviendo.

__________
  1. Norman Amestoy, “El avivamiento wesleyano en Inglaterra. Una herencia de renovación espiritual, evangelización y reforma social”, disponible en http://www.iglesiametodista.org.ar/principal/asociadas/avivam.pdf, Fecha de acceso: Septiembre de 2006.
  2. Michael, Henderson, D, A Model for Making Disciples. John Wesley's Class Meeting, Nappanee, IN: Evangel Publishing House.Henderson, 1997, 167
  3. Thomas, Jackson, The Works of John Wesley, 14 vols., edition, Franklin, TN: Providence House, 1994, Vol.13, 71.
  4. Thomas, Jackson, The Works of John Wesley, 14 vols., edition, Franklin, TN: Providence House, 1994, Vol. V, Journal, 26.
  5. Justo L. González, Juan Wesley: Herencia y Promesa, Puerto Rico: Publicaciones Puertorriqueñas, Inc, 1998,113.
  6. Thomas, Albin, “An Empirical Study of Early Methodist Spirituality”, in Wesleyan Theology Today, ed. Theodore Runyon, Nashville: Kingswood Books, 1995, 278. Traducción mía.
  7. Citado en Stanley Ayling, John Wesley. 1979, Cleveland: William Publishers (Abingdon location, 1981, 201.
  8. José Míguez Bonino, José, Hacia una eclesiología evangelizadora. Una perspectiva wesleyana, San Pablo: EDITEO/CIEMAL, 2003, 79.
  9. John Simon, John Wesley and the Religious Societies. 1st ed, London: The Epworth Press, 1821, 157-158.
  10. Thomas, Jackson, The Works of John Wesley, 14 vols., edition, Franklin, TN: Providence House, 1994, Vol.8, 251.
  11. John Wesley, Obras de Wesley, 5 Tomos, Justo L. González, ed. Franklin, Tennessee: Providence House Publishers, 1996, Tomo 5, 222-223.
  12. José Míguez Bonino, José, Hacia una eclesiología evangelizadora. Una perspectiva wesleyana, San Pablo: EDITEO/CIEMAL, 2003, 73.
  13. David Lowes Watson, Discípulos responsables, Nashville, TN: Ediciones Discipulado, 1986, 129.
  14. Charles L. Goodell, The Drillmaster of Methodism: Principles and Methods for the Class Leader and Pastor, New York: Eaton and Mains, 1902, 15
  15. Citado en José Míguez Bonino, José, Hacia una eclesiología evangelizadora. Una perspectiva wesleyana, San Pablo: EDITEO/CIEMAL, 2003, 65-66.
  16. Jerry Spoul, The Class Meeting. ThM Tesis, Willmore KY: Asbury Theological Seminary, 1967, 10.
  17. David Lowes Watson, Discípulos responsables, Nashville, TN: Ediciones Discipulado, 1986, 4.
  18. John Wesley, Obras de Wesley, 5 Tomos, Justo L. González, ed. Franklin, Tennessee: Providence House Publishers, 1996, Tomo 5, 280.
  19. “El casi cristiano”, Homilía en la Iglesia de Santa María, ante la Universidad de Oxford, el 25 de Julio de 1741. En Wesley 1996, Vol 1. pág. 41ss.
  20. Justo L. González, Juan Wesley: Herencia y Promesa, Puerto Rico: Publicaciones Puertorriqueñas, Inc, 1998,64.
  21. Haciendo referencia al tratado homónimo de Wesley fechado en 1729.
  22. Zygmunt, Bauman, La Globalización. Consecuencias Humanas, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A, 1999, 9.
  23. Charles Jr. Yrigoyen, John Wesley: La Santidad de Corazón y Vida, Nueva York: Junta General de Ministerios Globales de la Iglesia Metodista Unida, 1996, 43-44

 
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