“En los días de tu juven… ¿qué?”: Salto del ciclo vital juvenil entre evangélicos


Raúl Méndez Yáñez, México.

Agradezco a los participantes del Diplomado Ministerial de Educación de la Iglesia Nacional Presbiteriana “El Divino Salvador” en la ciudad de Toluca, México, por la interlocución de la cual este documento es testimonio.

Desde la perspectiva de los ciclos de vida, las iglesias evangélicas no tienen juventud. El ciclo vital el estatus generacional de un sujeto en su incorporación a la sociedad, no se corresponde a segmentos etarios definidos, ni al desarrollo de competencias pedagógicas estrictas. La perspectiva del ciclo vital enfatiza el modo en el cual un sujeto debe de cumplir con ciertos ritos y gestos sancionados culturalmente a fin de incorporarse en la dinámica social de acuerdo a las expectativas que penden sobre él en determinado momento de su vida. De este modo un niño para una cultura, puede ser un adolescente para otra. En las sociedades urbanas, por ejemplo, la juventud suele extenderse más que en las sociedades agrícolas debido a que el sujeto tiene la posibilidad de postergar el contrato matrimonial y la parentalidad.1

Arnold van Gennep en su obra clásica, “Los ritos de paso” demostró que

La vida individual, cualquiera que sea el tipo de sociedad, consiste en pasar sucesivamente de una edad a otra y de una ocupación a otra. Allí donde tanto las edades como las ocupaciones están separadas, este paso va acampanado de actos especiales.2

Estos “actos especiales” son los ritos de paso que le permiten al sujeto saberse abandonando un momento de su vida e ingresando a otro. Un rito de paso es, por tanto, el performance que transforma a un sujeto al otorgarle un nuevo estatus social, generacional, religioso, institucional, laboral, político. Se compone de tres fases: Separación – Margen - Agregación, llamadas por Víctor Turner: Preliminar – Liminar – Postliminar.3 Una etapa liminar es cuando la persona se encuentra “entre el cielo y la tierra”, ya no es lo que era, pero no se ha convertido en lo que puede llegar a ser.

La Fiesta de XV años, en los países latinoamericanos, en especial en su ritualidad católica, es útil para ilustrar la dinámica de los ritos de paso en los ciclos de vida. Seguimos la etnografía de Lorena Favier sobre la celebración de XV años en la ciudad de México.4

Fase Preliminar: Es niña. Incluye la planeación de la Fiesta de XV años por parte de la familia, fiesta con la que la quinceañera podrá o no estar de acuerdo, pues impera el mandato social y familiar. Es un momento de convivencia donde hombres (padres, padrinos, hermanos) u mujeres (madres, madrinas, hermanas, amigas) participan. Se realizan ensayos de los bailes supervisados por adultos, se le exige una dieta especial a la quinceañera a fin de que “luzca” el vestido, se realiza una campaña de comunicación para informar del evento a invitados y a no invitados.

Fase Liminar: Ya no es niña, pero tampoco mujer. El día de la Fiesta se separa a la quinceañera del resto de la familia, especialmente de los hombres. Solo conviven con ella la madre y quien vaya ayudarle en su atuendo. Es un periodo de ambigüedad de género donde hombres homosexuales son apreciados por su conocimiento respecto al maquillaje y el vestido. Durante la fiesta la quinceañera se suspende ente el cielo y la tierra mientras baja las escaleras del Salón o camina por el pasillo de la casa hacia el patio. Sale una niña, terminará una mujer. Se le dan regalos rituales y realiza un vals o baile acompasado de música instrumental, y posteriormente diversos performances eróticos con música popular.

Fase Postliminar: Ya es una mujer. El objetivo de la Fiesta de XV años es “presentar en sociedad a la hija”, se anuncia que “ya es casadera”. Desde luego, en las sociedades urbanas esto, se espera, no se tome al pie de la letra. Pero tras la Fiesta, la antes niña ya tiene más libertad para usar maquillaje, salir con sus amigas, vestir menos infantilmente. Es reincorporada a la sociedad con un estatus distinto.

Hasta el siglo XIX la adolescencia no existía como ciclo vital diferenciado, pues se pasaba de la niñez a la juventud. Michel Foucault refiere que para los estoicos la vida era comparada a una jornada: La niñez el alba y la mañana, posteriormente la juventud cerca del Medio Día, la edad adulta en el pleno de la tarde, y la vejez el ocaso.5 Algo semejante se encuentra en Eclesiastés 12:1-7, donde se pueden encontrar los ciclos vitales juvenil y senil en un contraste quiásmico del pasaje.

Si preguntamos qué define ahora el ciclo vital de la juventud, este radica en la independencia económica, residencial y familiar. La juventud actualmente está marcada por la inserción laboral del sujeto. “El primer empelo” que posibilite la independencia es el rito de paso para advenir joven, cuando ya no se está “bajo el techo” del padre. Se entiende también de que en esta etapa ya se ha superado la educación básica y media, se cuenta con al menos una preparación técnica.

De este modo se diferencia de la adolescencia (Grupo de Intermedios en algunas iglesias) en que este ciclo vital está caracterizado por la formación escolar, la virginidad, la dependencia y vigilancia de la familia. Por su parte la vida adulta tiene como principal rito de paso al matrimonio, y subsecuentemente la parentalidad, “formar la propia familia”. Las iglesias evangélicas en Latinoamérica han asumido esta perspectiva generacional, este arco que va de “la familia de origen” a la “nueva familia”, de la adolescencia a la vida adulta. Puede observarse está lógica en una sociedad tradicional al sur del Continente.

Para los aymarás del norte de Chile, nos dice Ana María Carrasco6, existen los siguientes ciclos vitales diferenciados en mujeres y hombres. Debe hacerse notar que los aymarás son un grupo étnico de raigambre católica y que han incorporado valores de esta variante de cristianismo con valores locales en lo que García Canclini llamaba “hibridación cultural” y que más recientemente se ha denominado “re-localización”.

ETAPAS DE VIDA DE LA MUJER

loSuyu Feto recién concebido
Suyu-wawa Recién nacida hasta dos o tres meses
Wawa Infante de 4 meses a 2 años
Imila Niña de 3 a 10 años
Maldaya Pre-adolescente de 11 a 14 años
Tawago Adolescente de 15 años hasta casarse
Warmi Adulta casada
Tayka Adulta, aún en etapa reproductiva
Apache Anciana sobre 50 años, no reproductiva
Hihuata Individuo después de la muerte

ETAPAS DE VIDA DEL HOMBRE

Suyu Feto recién concebido
Suyu-wawa Recién nacido hasta dos o tres meses
Wawa Infante de 4 meses a 2 años
Yoqalla Niño de 3 a 10 años
Majta Pre-adolescente de 11 a 14 años
Wayna Adolescente de 15 años hasta casarse
Chacha Adulto casado
Achichi Anciano sobre 50 años
Hihuata Individuo después de la muerte

Como puede observarse uno es “adolescente… hasta casarse”. Si miramos las tecnologías de la santidad evangélica, se puede observar que la lógica del ciclo vital entre estas iglesias corresponde a este modelo de ciclos de vida. Los adolescentes deben ser como Adán y Eva en el Edén antes de la Caída: vírgenes e inocentes.7 La educación sexual y la enseñanza sobre métodos anticonceptivos es un riesgo pues promueve las relaciones sexuales premaritales. Tener novio o novia es un asunto delicado, no recomendable y en todo caso, quedar bajo la estricta vigilancia de la familia a fin de que los adolescentes no sostengan relaciones sexuales.

Conforme va creciendo ya se le comienza a llamar “joven”, pero no se alienta su independencia, el objetivo del rito de paso del primer empleo. Sus ingresos antes de casarse deben estar vigilados por sus padres (se habla desde el ideal axiológico, no de la práctica efectiva). Salvo casos donde el joven debe ir a estudiar a una ciudad distinta, los evangélicos no ven bien que un joven viva solo. Un soltero debe permanecer en su hogar hasta casarse, no debe alejarse de la familia (y esto aplica aun en los casos de los universitarios con residencia fuera de casa). El riesgo es que si vive solo “puede hacer lo que quiera”, puede tener relaciones sexuales premaritales, no ir a la iglesia, vivir de manera “mundana”, etc.

Un día cualquiera, pasados los veinte, y más si se estudia en un Seminario y se busca el cargo de Pastor, el otrora adolescente y supuestamente joven, ya debe casarse. Entonces se invierte la presión: antes era no salir del hogar, ahora es formar uno propio. Cuando una comunidad evangélica considera que el supuesto joven (el joven sin autonomía) debe ya volverse adulto, entonces se les dice que la soltería no debe durar mucho y a las jóvenes se les espanta con la posibilidad de “quedarse a forrar biblias”, que es la versión evangélica de “vestir santos”, es decir “solterona”.

De inocente a responsable de un hogar, de virgen a un conocedor de los amoríos (a veces esto es apoyado cándidamente por algún Curso o Taller para Recién Casados o próximos a casarse donde se les explica algunos aspectos operativos de gran importancia para el matrimonio). Siguiendo la lógica de los ciclos vitales y los ritos de paso el tránsito del sujeto evangélico es de adolescente a adulto. Debido a que para las iglesias evangélicas la juventud no debe ser autónoma económica ni residencialmente, los jóvenes perciben que, en realidad, uno no puede ser joven.

Ariel Corpus ha testimoniado estas contradicciones entre ciclos de vida juveniles según la organización religiosa, y las juventudes en la zona de los Altos de Chiapas, México. Entre estos jóvenes, la sociedad de Esfuerzo Cristiano, organismo presbiteriano que busca aglomerar a las juventudes en un cause misional, no tiene mayor atractivo que el de la convivencia, pues se dificulta generar una agenda o un plan organizacional debido a que los esfuerzos de los jóvenes por independizarse son desalentados por la autoridad religiosa y sancionados como negativos.8

Por su parte Leopoldo Cervantes-Ortiz ha referido el vacuum organizacional y de oferta que las iglesias tienen respecto a las juventudes:

Hablamos de “contradicción de términos”: o se es joven o se está en la iglesia, puesto que parece que hay una clara incompatibilidad. Las iglesias podrían aceptar, con suficiente humildad, que no han cubierto las expectativas juveniles y que esa es apenas una de las razones del abandono.9

Estas “expectativas” no son meramente de atractivo clientelar: sí les dan o no posibilidad de dirigir la alabanza, de predicar, de ocupar puestos eclesiásticos sin requerir credenciales ministeriales, etc. Las iglesias evangélicas ocultan la expectativa que el joven tiene sobre sí mismo: la autonomía. Desde luego este deseo se encuentra marcado por un imperativo macro-estructural que es la construcción de la juventud a nivel global. En el fondo es un conflicto, por tanto, entre los valores religiosos localizados y las expectativas globalizadas.

El desafío que tienen las iglesias evangélicas respecto a las juventudes es atender a esta “contradicción de términos” respecto a la configuración de los ciclos vitales normativos y los deseados efectivamente por su membrecía, en este caso las juventudes. La reflexión y actuar eclesiástico debe poner el acento en la autonomía de los jóvenes, pues de hecho está ocurre de facto, y de un modo creciente. Pero mientras el discurso religioso siga siendo pasar de la inocencia a la responsabilidad, sin una fase liminar de autonomía que medie entre estos niveles, las juventudes seguirán siendo invisibilizadas, pasadas por alto, un ciclo completo que es saltado olímpicamente.

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  1. El término “parentalidad” busca evitar el sesgo androcéntrico del término “paternidad” e incluye también la responsabilidad femenina.
  2. VAN GENNEP, Arnold, Los ritos de paso, Madrid, Alianza Editorial, 1969, pág 15.
  3. TURNER, Víctor, El proceso ritual. Estructura y antiestructura, Madrid, Taurus / Alfaguara, 1988.
  4. FAVIER, Lorena, “La fiesta de quince años: etnografía de un ritual de paso moderno, un rito por y para las mujeres” en Decires, Revista del Centro de Enseñanza para Extranjeros, vol. 13, núm. 16, primer semestre, 2011, pp. 53-66, Disponible en http://revistadecires.cepe.unam.mx/articulos/art16-4.pdf
  5. FOUCAULT, Michel, La hermenéutica del sujeto, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.
  6. CARRASCO, Ana María, “Constitución del género y ciclo vital entre los aymarás contemporáneos del norte de Chile”, Revista Chungara, v.30 núm. 1 jun. 1998 Universidad de Tarapacá Facultad de Ciencias Sociales Administrativas y Económicas Departamento de Antropología, 2013. Disponible en http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-73561998000100007&script=sci_arttext
  7. MÉNDEZ, Raúl, “Entre el humor y la administración litúrgica de los sentimientos. Protestantismo y Santidad”, Revista Versión, junio 2011, No. 26. Disponible en: http://version.xoc.uam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=37 ISSN 0188-8242
  8. CORPUS, Ariel, “Divergencias juveniles en el protestantismo indígena de los Altos de Chiapas”, en Hernández, Alberto (coord.), Nuevos Caminos de la Fe. Prácticas y creencias al margen institucional, México, Colegio de la Frontera Norte, Universidad Autónoma de Nuevo León, Colegio de Michoacán, 2011.
  9. CERVANTES-ORTIZ, Leopoldo, “Nuevos caminos para la juventud”, en Lupa Protestante. Teología, Biblia y Opinión en la Red, 20 de agosto de 2013, disponible en http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/nuevos-caminos-para-la-juventud

ACERCA DEL AUTOR
Raúl Méndez Yáñez es Antropólogo Social por la Universidad Autónoma Metropolitana, México, con estudios en el Seminario Teológico Presbiteriano. Actualmente ejerce como Profesor de Masculinidades en la Comunidad Teológica de México. Autor en diversos libros y revistas latinoamericanas de ensayos que versan sobre fenómeno religioso y consumo, teología y redes sociales, así como sobre la obra de Mary Douglas.
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