jueves, junio 13, 2013

Confesiones a San Agustín

Reseña del libro: GAARDER, Jostein, Vita brevis. La carta de Floria Emilia a Aurelio Agustín, Madrid, Ediciones Siruela, 1999.1

Raúl Méndez Yáñez (Antropólogo Social)
Comunidad Teológica de México, México D.F.

Uno de los principales exponentes de la tradición humanista occidental, y quien se ha posicionado como ícono de obligada referencia filosófica, retórica o estética es Agustín de Hipona (354-430). Según el historiador de la filosofía Frederick Copleston para la cristiandad latina san Agustín es “el más grande de los Padres, tanto desde el punto de vista teológico como desde el literario, un hombre que dominó el pensamiento occidental hasta el siglo XIII, y cuyo nombre no puede perder su brillo […]”2.

Esta aura que rodea el nombre de Agustín de Hipona es una luz ambigua cuyo origen es multifocal. Efectivamente, el pensamiento de Agustín no tiene ni una sola dirección, ni una sola fuente, sino que bebe de diversas corrientes teóricas de su época, entre ellas el maniqueísmo, el escepticismo, el neoplatonismo y el cristianismo helenizado en forma de Paideia.3 Su teología y filosofía se caracterizan por la interiorización o "consciencia pensante" de la realidad4, es un filósofo de la intimidad. Así se le ha llegado a considerar un ancestro del existencialismo. Por otro lado, como parte de su herencia maniquea, Agustín considera que el cuerpo humano y las pasiones terrenales son malas a causa del pecado original, lo cual lo puso constantemente en conflicto con su herencia cristiana que considera el cuerpo como "imagen de Dios", no obstante prevaleció en él una visión de pesimismo antropológico que lo llevo a considerar al hombre como esclavo del pecado y sólo capaz de liberarse de él por ayuda de la gracia de Dios. Para Agustín la naturaleza humana ha quedado:

Sujeta a la corrupción que vemos y sentimos, y por ella a la muerte, turbándose y padeciendo tanto número de afectos tan poderosos y entre sí tan contrarios (Civ. Dei XIV, 13).5

Michel Foucault señala que la filosofía cristiana antigua y sus disciplinas pastorales del yo, de la cual la agustiniana es sólo una parte, tiene un origen paradójico, pues en tanto filosofías de la vida, la cultura clásica como el cristianismo, nacieron de las premisas de "conocerse y cuidarse a uno mismo", es decir del reconocimiento de que la vida y el cuerpo son buenos y merecen atención, no obstante "a partir de esta exhortación a `ocuparse de sí mismo' se construyeron las morales más austeras"6, ya que con la llegada de las filosofías neoplatónicas y maniqueas se traspuso dicho énfasis en uno mismo en un anhelo por liberarse del cuerpo y del mundo, despreciándolos en aras de una esperanza trans-mundana que espiritualiza la vida desarraigándola de su eroticidad. Lindo cambio de énfasis en donde quienes más van a pagar las consecuencias de las especulaciones y los temores masculinos serán, desde luego, las mujeres.

Es en este contexto de espiritualización de la vida dentro del cual Agustín redactó Las Confesiones, documento en el que se encuentra "la escena del puente" que le ha servido a Jostein Gaarder –el famoso autor de "El mundo de Sofía" – para imaginar a la desconocida concubina de las mocedades de Agustín con voz y con capacidad de agencia para decidir sobre su bautizo. Vita brevis es una pequeña novela en donde Gaarder nos lleva por las tramas subjetivas de un ser humano reflexivo que, conociendo íntimamente a Agustín, rechaza el odio al cuerpo, a la materia y a la vida del cristianismo helenizado. "Floria Emilia" es el nombre otorgado a este ser humano que realiza un manifiesto en pro de la vida y del deleite. Este ejercicio lúdico de Gaarder evidencia los complejos y abusos occidentales hacia las mujeres, y al ser humano en general, en nombre de una realidad descorporizada y trascendente.

1. Tesis epistolar de Floria

En su epístola al venerable obispo de Hipona, Floria Emilia argumenta en contra de los principales elementos de la filosofía agustiniana que son parte de la narrativa biográfica de Las Confesiones.7 La tesis de este argumento que esgrime en contra de "Aurelio" también es el leitmotiv de la carta, el cual se desprende de la reiterativa escena en el puente Arno en donde el joven Aurelio se le acerca a su amada para oler su perfumado cabello, y en donde el enamorado declara: Vita brevis (La vida es breve). Utilizando este momento fundacional Floria postula:

La vida es breve y yo sé muy poco. Pero imagina, Aurelio, que no hubiera ningún cielo sobre nosotros, imagina que hayamos sido creados sólo para vivir esta vida.8

Como ya se ha dicho, la filosofía agustiniana, y en general la tradición cristiana occidental que tanta influencia ha tenido sobre la teoría estética y humanista, se caracteriza por la trascendentalidad, es decir por la espiritualización de la vida y del mundo que lleva a considerar la temporalidad en términos de condenación de la que sólo la redención divina puede libertar. Dicha redención se entiende como la liberación del cuerpo y de sus pasiones para entrar en el ámbito de la beatitud mística y de la eternidad. De este modo la tesis de Floria consiste en eliminar la trascendencia para pensar en la inmanencia, dejar de ver el cielo y pisar la tierra, abandonar lo beato y regresar a lo erótico, y a fin de cuentas, dejar de obsesionarse por la eternidad para disfrutar la inmediatez y la brevedad de la vida. Como se podrá ver, sin embargo, también aparece otra tesis subsidiaría y es la de eliminar la concepción de la mujer como origen del mal.

2. Razones de Floria al escribirle a Agustín

A todas luces Floria es impulsada a redactar la carta como un ajuste de cuentas histórico y biográfico. El primer paso para conseguir dicho propósito es de presentarse ella misma con su nombre, Floria Emilia. Agostino Trapé, uno de tantos biógrafos del Doctor africano, se distingue por dedicar un pequeño apartado en su biografía a "La madre de Adeodato", de quien dice, "La mujer ha quedado para nosotros sin nombre"9. Poseemos el nombre del obispo, tenemos también el nombre de su hijo, pero el nombre, la identidad y el reconocimiento de esta mujer fuera de los parcos compartimentos de los títulos “concubina” y “madre” ha sido sepultado por la visión androcéntrica de la historia que construye héroes masculinos, de los cuales las mujeres sólo son o la causa de sus dificultades o la presea (objeto) que los hará convertirse en héroes. Así, que la epístola abra diciendo "Floria Emilia saluda a"10, es la primer razón para escribir la carta: el reconocimiento público de una mujer (cuyo nombre es imaginado por el autor, pero eso no elimina la concreción de dicha mujer).

Otra razón que mueve a Floria para dirigirse al obispo es el de ayudarle a "hacer memoria de algunas cuestiones importantes".11 Dichos tópicos versan en dos sentidos. Por un lado sobre el trato que ella ha recibido de parte de Mónica (hoy en día Santa Mónica), quien velando por el bienestar de su hijo separó violentamente a la pareja. Floria pone de manifiesto cómo Mónica se ha convertido en un agente de la cultura patriarcal satanizando a una mujer considerada peligrosa para el desarrollo del hombre público que era Agustín, ya que esta mujer no era esposa (pero ya no era virgen) y para colmo de males era pobre.

La teóloga cristiana y feminista Elizabeth Schüssler Fiorenza ha hablado analíticamente sobre la forma en la cual las sociedades patriarcales instrumentalizan a las mismas mujeres para reproducir su dominación, interiorizando en ellas los valores que sustentan su ideología.12 De este modo la razón que Floria tiene para escribir es la misma razón que las mujeres dominadas tienen para hablar y realizar gestiones civiles que garanticen su igualdad frente a los hombres, es decir, el derecho de autoderminación dentro de la esfera privada y doméstica, que incluye escoger el esposo con quien realizará el contrato matrimonial o bien, y a esto le temía Mónica, con quien simplemente decide pasar sus días y compartir libremente su sexualidad.

Exponer las actitudes y acciones de Aurelio también forma parte de la ocasión para redactar. Tradicionalmente "la madre de Adeodato" fue un objeto que Agustín utilizó para apaciguar sus bajos instintos en lo que conseguía una pareja formal. No obstante la carta, enfatizando un pasaje de Las Confesiones, demuestra el amor que el joven sentía por su concubina y el dolor que representó la separación, como a cualquier ser humano. A más de esto, Floria vio a su hijo alejarse y posteriormente escuchó las noticias de su muerte. Así ella fue madre, pero su carácter de mujer trascendió la maternidad. No obstante siente pesar por el deceso el cual quiere externar al padre de Adeodato.

Pero quizá la razón más pragmática para redactar la carta sea la que se encuentra desde el inicio del documento: "No quiero ser bautizada"13. Es interesante que no diga "no me quiero bautizar", sino que señalé el rito como una imposición hacia ella, y lo cual fue la causa de que el obispo de Cartago le diera, irónicamente, a leer Las Confesiones en un intento por convencerla de aceptar el sacramento. De este modo la carta es una protesta para exigir el reconocimiento de su identidad y dignidad como mujer autónoma. Demostrar que tiene la capacidad de pensar por sí misma (ella se presenta como erudita), y de elegir sus creencias y rituales como un acto de autodeterminación.

2.1. Argumentos sustantivos de la tesis de Floria

Los argumentos con los cuales Floria sustenta su tesis (La vida es breve), realizan un hábil juego entre lo abstracto y lo biográfico. Aurelio ha decidido no rescatar la relación debido a que ama más su salvación que a Floria. De este modo se destaca la preferencia occidental por lo eterno y espiritual de quien el principal enemigo a vencer es lo temporal y terreno. Aurelio ha dejado atrás a Floria para irse a los brazos de su verdadera esposa "Continencia". Utilizando, pues, este símbolo Floria argumenta la poca utilidad de recrearse en los brazos de la eternidad eliminando el gusto por la vida presente.

Para poder realizar plenamente la legitimación de la brevedad de la vida, Floria va a partir de la reivindicación de lo femenino y de la mujer. Como ella misma recuerda, según los platónicos y los maniqueos, la mujer no era digna de amistad, pues amistad significa igualdad. La mujer no es igual al hombre, es "Eva", el origen del mal, la causante de la perdición.14 ¿En qué consiste la perdición para el agustinianismo que ha desencarnado al cristianismo pasándolo por la retícula del neoplatonismo? , en estar atados a las cadenas de este mundo, es la mujer como símbolo del mal la que le ha impedido al hombre alcanzar la vida celestial provocándolo a pasiones que lo amarran a la vida.

De este modo, si como Floria quiere demostrar, la inmediatez de la vida con toda su brevedad, gustos y placeres realmente valen la pena para vivirlos como legítimamente humanos, entonces la Mujer como aquella que puede escribirle una carta al Gran Hombre para voltear su mirada a lo cotidiano y a lo disfrutable en lugar de los ideales y grandes proyectos utópicos, debe ser reconocida meritoriamente por demostrar la brevedad de la vida.

3. Conclusión

Queremos señalar el que Floria se rehúse a presentarse a sí misma como la victima femenina de los abusos patriarcales. A lo largo de la epístola, Floria se muestra como una mujer autorrealizada que no escribe para culpar a Aurelio de los fracasos de su vida, antes bien intenta en todo momento hacer que el hombre ponga los pies sobre la tierra e incluso en momentos se muestra como una terapeuta que está dispuesta a auxiliar a quien considera se encuentra padeciendo una terrible enfermedad: la imposibilidad de disfrutar la brevedad de la vida.

Claro que el autor es hombre, y que haga jugar a los valores contemporáneos de género y sexualidad con los entramados teológicos del agustinianismo es un performance literario transgénero y anacrónico. Pero el texto no debe ser tomado muy seriamente, sino, como el tenor mismo de su contenido, leído de manera inmediata, pragmática, breve, seguir al autor en su propuesta imaginativa.

Resalta el carácter terapéutico de una mujer que intenta devolver la cordura a un hombre para que pueda disfrutar la vida, lo que queremos señalar como la principal aportación que Floria, demostrar que los moralismos que todavía pesan como lastre en algunos sectores pueden ser derribados a partir de su misma tradición. La carta es una versión alternativa de lo que puede ser la historia si se presta más atención a la tierra que al cielo, a la vida que a la filosofía, porque ella lo dice muy bien:

Primero debemos vivir, y luego… luego podremos filosofar.15 (1999: 49)

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  1. Agradezco a Carmen Vargas por haberme hecho llegar este texto durante nuestros tiempos universitarios. Mirando hacia atrás reconozco la influencia, no del texto meramente, sino de aquellos tiempos.
  2. Copleston, Frederick, Historia de la Filosofía 2: De San Agustín a Escoto, Ariel Filosofía, Barcelona, 2000, pág 50.
  3. González, Justo, Historia del Cristianismo I: De la era de los mártires a la era de los sueños frustrados, UNILIT, Miami, 222-223; Jeager, Werner, Cristianismo y Paideia griega, Fondo de Cultura Económica, México, 2005.
  4. Copleston, op. cit., pág 75.
  5. Agustín, La Ciudad de Dios, Porrúa, México, 2000.
  6. Foucault, Michel, La hermenéutica del sujeto, FCE, México 2006.
  7. Agustin, Las Confesiones, Akal Clásica, Madrid, 2000.
  8. Gaarder, Jostein, Vita brevis. La carta de Floria Emilia a Aurelio Agustín, Ediciones Siruela, Madrid, 1999, pág 69.
  9. Trapé, Agostino, San Agustín: El hombre, el pastor, el místico, Porrúa, México, 1994, pág 24.
  10. Gaarder, op. cit., pág 9.
  11. Idem, pág 21.
  12. Schüssler Fiorenza, Elizabeth, Pero ella dijo. Prácticas feministas de interpretación bíblica, Trotta, 1996, pág 19.
  13. Gaarder, op. cit., pág 20.
  14. Idem, pág 47.
  15. Idem, pág 49.

 
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