jueves, enero 03, 2013

Del Consenso de Washington al Consenso de Pekín: América Latina en la encrucijada

Luis Fernando Ortíz, México.

En 1989, el economista John Williamson perteneciente al Institute for International Economics, usó por primera vez la expresión "Consenso de Washington" para referirse al conjunto de recetas de políticas y estrategias de desarrollo, que en los ochenta empezaron a ser defendidas por las instituciones gemelas del Bretton Woods y por el gobierno de Estados Unidos.

Esas medidas se ajustaban perfectamente a las prescripciones dadas por la contrarrevolución neoclásica que se había iniciado en los setenta (Bustelo, 2003). En este enfoque que se impuso, el Estado se permitía siempre y cuando se limitara a sustentar y apoyar al mercado. Su campo de acción se circunscribió a: 1) garantizar la estabilidad macroeconómica, 2) efectuar inversiones en capital humano y físico, 3) crear un entorno competitivo para el sector privado, 4) promover el desarrollo institucional, 5) conservar el medio ambiente, y, 6) proteger a los sectores sociales vulnerables (Banco Mundial, 1991 y 1997).

El famoso decálogo del Consenso de Washington enumeraba los requisitos indispensables para lograr el desarrollo, que eran defendidos profundamente en ese entonces por una gran mayoría de economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Esos requisitos eran: 1) disciplina presupuestaria; 2) reorientación del gasto público desde los subsidios hacia la salud, la enseñanza primaria y las infraestructuras; 3) reforma fiscal encaminada a ampliar la base imponible; 4) liberalización financiera; 5) tipo de cambio competitivo; 6) apertura comercial; 7) liberalización de la inversión extranjera directa (IED); 8) privatización de empresas públicas; 9) desregulación de las barreras comerciales; y por último, 10) derechos de propiedad privada.

Todo esto tenía detrás la renovada pasión por el mercado que llevó a economistas como Paul Krugman a considerar que este enfoque favorable del mercado, era más bien favorable a los mercados financieros (Krugman, 1995). En América Latina surgió una crítica —aunque no inmediata. Esa crítica que siguió en los años siguientes fue una expresión de los malos resultados que se tuvieron con las reformas pues "(...) se produjo una gran insatisfacción con los resultados económicos y sociales de las reformas orientadas al mercado" (Bustelo, 2003: 745).

Al entrar al siglo XXI se ha producido la revisión del Consenso de Washington llegando a hablarse de un Post-Consenso donde varias ideas están siendo revaluadas, y algunos países latinoamericanos han empezado a dejar de seguir las políticas que recomendaba el Consenso. Algunos periodistas han llegado a decir que "(...) ya nadie habla del Consenso de Washington en tiempo presente. La ola del futuro se llama Consenso de Pekín" (González, 2010).

El éxito que ha alcanzado China en su crecimiento económico ha motivado numerosos estudios sobre el modelo chino de desarrollo. Por esta razón, "este modelo chino, en su contexto internacional, también se denomina a veces Consenso de Pekín en contraste con el anterior Consenso de Washington" (Chen y Goodman, 2010: 13). Existen entonces distintas explicaciones de lo que ha sucedido en China y según la interpretación de algunos, "El consenso de Pekín no describe un programa detallado como el consenso de Washington, y ni siquiera es un consenso" (Gonzalez, op. cit.). Esto, no ha desanimado a algunos a tratar de establecer los rasgos esenciales que ha tenido China para su desenvolvimiento económico.

La primera investigación que desarrollaba la idea del Consenso de Pekín, fue en 2004. En ese año salió a la luz un folleto titulado The Beijing Consensus cuyo autor es Joshua Cooper, quien en ese entonces era editor de la revista Times. En ese folleto, él planteaba que China estaba montando los recursos para eclipsar a Estados Unidos en muchas áreas esenciales haciendo que su hegemonía fuera más complicada de ejercer. El dice:

El Consenso de Beijing es tanto el cambio social como el cambio económico. Se trata de utilizar la economía y la gobernanza para mejorar la sociedad, una meta original de la economía del desarrollo que de alguna manera se perdió en el Consenso de Washington (Cooper, 2004: 4).

Joshua aclara que el camino seguido por China hacia su crecimiento es irrepetible para otra nación, cualquiera que sea. Para él, al igual que el Consenso de Washington, el Consenso de Pekín contiene muchas ideas que son más que sólo económicas. Ellas van en dirección de la política, la calidad de vida y el equilibrio global del poder. Es por esa razón que muchos dirigentes chinos creen que China necesita un ascenso pacífico, como dice Jalife: "China no desea participar en una carrera armamentística […] error mortal de la URSS, sino que más bien busca fomentar buenas relaciones internacionales" (2007).

Pero, ¿cuáles son los elementos del Consenso de Pekín? Para Joshua Cooper, son tres: 1) desarrollo basado en la innovación; 2) éxito económico no basado solamente en el crecimiento del producto per capita, sino en la sustentabilidad y nivel de igualdad; y 3) un fuerte principio de autodeterminación ante otras naciones, especialmente Estados Unidos.

Otra explicación de lo que consiste el Consenso de Pekín es la provista por Suisheng Zhao1 para quien el Consenso de Pekín no dista mucho del Consenso de Washington, e incluso toma algunos elementos de él. Zhao afirma que:

Lo que hace único al modelo chino es que el régimen comunista ha conservado su propio espacio político para decidir cuándo, dónde y cómo adoptar las ideas occidentales. En concreto, aunque el Estado chino haya adoptado la mayor parte de los principios básicos del Consenso de Washington, especialmente su énfasis en el papel del mercado, del emprendimiento, de la globalización y del comercio internacional, rechaza o modifica los aspectos liberales que reducen enormemente el papel del Estado. Por ejemplo, aunque el Estado ha abierto gradualmente la economía interna a la competencia internacional, continúa protegiendo la industria naciente y los sectores más importantes (Citado en Chen y Goodman, 2010: 29)

En realidad la diversidad de explicaciones son muy dispares, Chen y Goodman (2010) establecen que aunque todos han tratado de definir bien las principales características del desarrollo chino, sus resultados son muy divergentes. Al parecer aun no existe un acuerdo generalizado sobre las principales características del modelo chino y tampoco si es reproducible y deseable aprender de China, especialmente por parte de algunos países latinoamericanos que han volteado su atención hacia China esperando cambiar su situación.

Actualmente, existe un acuerdo sobre la importancia de la reforma económica llevada a cabo en China desde 1979, pero no sobre la naturaleza de la reforma, especialmente en lo que se refiere al papel del Estado y la empresa privada en el desarrollo económico —temas centrales en el Consenso de Washington. A pesar de ello si algo queda claro es que se están buscando alternativas al modelo neoliberal y su Consenso, pues según Arrighi: "la desregulación y la privatización han sido mucho más lentas, que en los países que han seguido las reformas neoliberales" (Arrighi, 2008: 356). Todo lo contrario a la experiencia latinoamericana que ha sufrido mucho debido a eso.

Autores como Jalife (op. cit.) creen que China está estableciendo un nuevo paradigma más equitativo de desarrollo que se impone como alternativa al modelo neoliberal. Sin embargo, Chen y Goodman (op. cit.) piensan que la aplicabilidad de China a Latinoamérica es algo que todavía tiene que estudiarse a pesar del gran atractivo que ofrece.

América Latina después de muchos años bajo la aplicación del Consenso de Washington, tiene hoy ante sus ojos un modelo distinto para alcanzar los objetivos que tanto anhela. Pero eso no significa copiar y traer a la región mecanismos que por su naturaleza no podrían tener los mismos efectos en la región. Lo que se abre es un gran espacio para la creatividad, pues el pensamiento único, evocado y mantenido por la ideología neo-liberal por mucho tiempo creó la ilusión de que no existía otra forma de organizar una sociedad pero eso hoy no puede seguirse sosteniendo.


Referencias
  • Banco Mundial (1991) Informe sobre el desarrollo mundial 1991, Washington DC: Banco Mundial.
  • Banco Mundial (1997) Informe sobre el desarrollo mundial 1997, Washington DC: Banco Mundial.
  • Bustelo, P. (2003) "Desarrollo económico: del Consenso al Post-Consenso de Washington y más allá", en: VV.AA. (ed.) Estudios de historia y de pensamiento económico. Homenaje al profesor Francisco Bustelo García del Real, Madrid: Editorial Complutense, pp. 741-756.
  • Chen, M. & Goodman, D. (2010) "El modelo chino: un país seis autores". México y la Cuenca del Pacífico, 14 (40). 13-42.
  • Cooper, J. (2004) The Beijing Consensus. Londres: The Foreign Policy Centre.
  • González, M. (2010) "El Consenso de Pekín" El economista, http://eleconomista.com.mx/caja-fuerte/2010/08/20/consenso-pekin [visto: 7 de Noviembre de 2012].
  • Jalife, A. (2007) "Del Consenso de Washington al Consenso de Pekín" Rebelión, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=50995 [visto: 9 de noviembre de 2012].
  • Krugman, P. (1995) "Dutch Tulips and Emerging Markets", Foreign Affairs, 74 (4), pp. 28- 44.
  • Williamson, J. (1990) "What Washington Means by Policy Reform?", en: J. Williamson (ed.), Latin American Adjustment: How Much Has Happened?. Washington DC: Institute for International Economics. pp. 5-20.
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  1. Director del Centro para la Cooperación de China-EE.UU. en Denver.

ACERCA DEL AUTOR
Luis Fernando Ortíz es estudiante de Licenciatura en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México, con especial interés en temas como la economía política, la historia del pensamiento económico, el desarrollo económico y del capitalismo, y el subdesarrollo. Además participa en el ministerio universitario MIES UNAM.
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