jueves, junio 07, 2012

Formación de capital social en la comunidad de fe y su impacto en la sociedad


Gustavo Daniel Romero

A pesar de que son las comunidades de fe las organizaciones formales que involucran más miembros, y que son las iglesias las instituciones en que las personas tienen más confianza, cuando interactúan con otros grupos en las comunidades locales tienden a aislarse y a trabajar generalmente de forma independiente. Las iglesias juegan un rol muy destacado en la sociedad local, tanto por ser la principal institución (aparte de la familia) que fija parámetros morales en las comunidades, como por ser la plataforma principal para la frecuente interacción entre sus miembros.

Investigaciones evidencian como a través de la participación religiosa se desarrollan fuertes lazos sociales, y que la religión como base para la unión crea “relaciones más profundas, más amplias y más sostenibles” (Lockhart 2005, 57). A través de la creación de este capital social1 de unión (bonding) basado en la religión, las comunidades de fe son consideradas menos corruptas, más participativas, transparentes, y así. Son valoradas como verdaderos agentes de transformación, más eficaces y confiables que las organizaciones seculares.

Desempeñan un papel vital en la formación de diversos grupos en las comunidades locales dado que fomentan el vínculo cara a cara, los lazos sociales y de organización de redes que, a su vez, generan la confianza interpersonal y la colaboración sobre los asuntos en común. La teoría sugiere que las personas que se congregan juntas con frecuencia también se comprometen para trabajar en los asuntos locales, fortaleciendo así las comunidades.

Dado que la Iglesia es una institución ampliamente difundida, y en la que confía la mayoría de la gente, tiene la potencialidad de acumular capital social y de promover la cooperación y la confianza entre la gente afiliada. Cada miembro es considerado un “hermano” en Cristo, creando fuertes lazos de solidaridad. No obstante, este tipo de capital social acumulado por las comunidades de fetiende a beneficiar más a los propios miembros.

En su dimensión propiamente social y cultural, las iglesias evangélicas constituyen espacios o lugares de relaciones, de interacciones, de intercambio y de comunicación entre personas, entre grupos, entre comunidades y entre diversos segmentos de la sociedad. Por ello operan también como redes de personas, de grupos y comunidades en y a través de las cuales se realiza constantemente un activo proceso de distribución de los bienes espirituales, humanos y materiales de la sociedad. Ese proceso se funda en principios y valores de solidaridad, hermandad, reconocimiento de la dignidad del prójimo, de manifestación inmediata y concreta del amor de Dios.

Figura 1. Capital social reservado a ciertos grupos ("club good") y a un bien común ("public good")

El vínculo religioso en las comunidades de fe permite crear redes de reciprocidad caracterizadas por una intensa solidaridad entre los creyentes, pero sin excluir la participación en otras redes sociales por fuera de la institución religiosa. En ese sentido, la comunidad de fe no debe olvidar que si estos vínculos no superan las diferentes divisiones sociales existentes (como las religiosas y sociales) tales nexos horizontales pueden ser usados de una manera excluyente. En este sentido, debe preguntarse si el capital social es más un bien reservado a ciertos grupos (club good) que un bien común (public good). La comunidad de fe debe apuntar a que el capital social beneficie no sólo al mismo grupo de la iglesia (club good) sino a toda la comunidad (public good). La figura 1 presenta la diferencia entre las relaciones sociales que dan estos distintos bienes. En él, el Municipio I muestra una situación de capital social reservado para ciertos grupos: existe cooperación y coordinación de las familias dentro de cada organismo o institución, pero faltan los enlaces con otras organizaciones y personas fuera de la organización. En el caso del Municipio II se ve que existen redes de eslabonamiento, redes que cruzan las relaciones entre los distintos grupos, en los ámbitos individual, familiar y organizacional, y esta situación es más beneficiosa para el bien común de la comunidad por el hecho de que crea un ambiente que favorece la cooperación y coordinación entre diferentes actores en la solución de problemas y el trabajo para el beneficio mutuo. Si la comunidad de fe es guiada internamente por valores democráticos y funciona de manera responsable e inclusiva, la participación organizacional puede jugar un importante papel en el aumento de los niveles de desarrollo y democratización de la comunidad.

La comunidad de fe debe aspirar a convertirse en interlocutora válida en el ámbito público. Por eso debe entender que necesita desarrollar una estrategia de incidencia real en la agenda pública, lo cual significa convertirse en referente e interlocutora válida para la generación de corrientes de opinión que se construyen desde diversos espacios públicos. Esto implica construir políticas explícitas de incidencia que suponga la posibilidad de entrar estratégicamente al dialogo y a la participación propositiva en la agenda pública del país. Esto supone además construir un liderazgo público propositivo, dialogante y ecuménico, que sea capaz de construir alianzas y de insertarse en las redes que se construyen desde la sociedad civil. Para ello debe contar con una estrategia clara, construyendo una presencia pública con vínculo ciudadano mediante proyectos que procuran estar articulados al quehacer de la comunidad. Trata de pasar del “difusionismo” público a la interlocución ciudadana. Proponerse construir relaciones viables, ubicarse en espacios de comunicación claves, legitimar su liderazgo, en la perspectiva de fortalecer la ciudadanía. Hoy, al vincular su discurso social con las dimensiones políticas, la comunidad de fe percibe que todavía es un discurso en la lógica del “buen samaritano”, que no logra articularse a las dimensiones estructurales.

Es importante tener lecturas claras de los procesos y lógicas políticas, por lo que la comunidad de fe debe tener en claro que es necesario que se ejercite permanentemente en la lectura y el análisis con rigurosidad de lo que está pasando en los contextos políticos, sociales y culturales en donde se desenvuelve, sobre todo tomando en cuenta que la comunidad circundante hoy está en constante cambio. Además, debe procurar construir propuestas viables para otros, que sus proyectos no sólo sean interesantes y buenos para la comunidad de fe, sino que sean factibles para responder a las necesidades integrales del interés público. Finalmente, es menester construir su legitimidad, pero a partir de definir su especificidad temática o respecto al público con quien trabaja. Es importante no perderse en la diversidad de ámbitos y temas. Esto ayuda también a no dispersar sus capacidades.

Las comunidades de fe aparecen frecuentemente en las listas de instituciones importantes de la gente pobre. La espiritualidad, la fe en Dios y el ponerse en contacto con lo sagrado en la naturaleza constituyen una parte integrante de sus vidas en muchas partes del mundo. Las comunidades de fe son altamente valoradas por la asistencia que proporcionan a los necesitados. No obstante, el papel que las comunidades de fe desempeñan en las vidas de la gente carenciada varía desde ser un bálsamo para el cuerpo y para el alma hasta constituir un elemento de división en una comunidad. En las calificaciones sobre efectividad, tanto en zonas rurales como urbanas, las comunidades de fe figuran de forma más relevante que cualquier tipo individual de institución estatal, si bien no desaparecen por completo cuando se especifican instituciones ineficaces. Son respetadas y desempeñan un papel fundamental en las vidas de los pobres por su dedicación y apoyo, pero incluso han sido criticadas por su falta de equidad y por llegar sólo a sus rebaños, sembrando así las semillas de la desunión. La necesidad de ser escuchados, amados y tratados con comprensión es una de las razones por las que los líderes de las comunidades de fe obtienen altas calificaciones, incluso cuando no pueden ayudar en términos materiales. La gente pobre depende principalmente de sus parientes, de sus propios contactos informales, de comunidades de fe y organizaciones basadas en la comunidad para obtener apoyo en la supervivencia. Sin embargo, están en su mayoría desconectados de los recursos del Estado, de otras instituciones de la sociedad civil o del sector privado. (Narayan 2000)

Algunas Limitaciones

Por lo expuesto creemos que la fe evangélica dentro de las comunidades de fe tiene una implicación necesaria y relevante en la sociedad civil pero que, hasta ahora, sólo se puede ver como capital social acumulado, en reserva. Aún la praxis de la fe evangélica no rebasa la lógica asistencialista. Es hora que los integrantes de las comunidades de fe miren su experiencia social como creyentes y la vinculen a los temas del desarrollo local. El pasar de minoría insignificante a minoría significativa debe producir valores agregados de mayor justicia, paz e igualdad en nuestra sociedad. ¿Cómo se podría enriquecer la sociedad de este capital atesorado? ¿Cómo hacer que las actitudes religiosas salgan lo más rápido posible de su envoltura doctrinal o eclesiástica y se conviertan en actitudes sociales y políticas con mayor impacto e incidencia en la sociedad? (Vázquez Palacios 2003, 121-122). Este es el desafío que tienen por delante.

Referencias
  • Lockhart, William, H. 2005. “Building Bridges and Bonds: Generating Social Capital in Secular and Faith-Based Poverty-to-Work Programs”, Sociology of Religion, 66:1 56-60.
  • Narayan, Deepa. 2000. Voices of the Poor: Can Anyone Hear Us?. Washington: World Bank.
  • Putnam, R. 1993. Making Democracy Work. New Jersey: Princeton University Press.
  • Vázquez Palacios, Felipe Roboan. 2003. “La praxis de la fe evangélica en la sociedad”, Graffylia: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Número 2. México: BUAP, 113-122.
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  1. "Para Robert Putnam, el capital social consiste en ‘…rasgos de organizaciones sociales, como redes, normas y confianza, que facilitan la acción y la cooperación en beneficio mutuo’"

 
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