Ciencia y Fe en los Padres de la Iglesia, Parte III

César Navarro, Guatemala.

Los Padres Apologistas

En el presente artículo se considerará a otros padres apologistas, y específicamente cómo reaccionaron o evaluaron la filosofía natural de su época, y cómo repercutió esto en algunas de sus obras.

Justino Mártir (100-165 a.C.)

Justino era hueso y carne de la filosofía pagana hasta que se convirtió al cristianismo. Justino parece que fue el primero en ofrecer una defensa escrita a los gentiles en cuanto a los reclamos de Jesús.1 En su obra, Exhortación dirigida a los griegos, trata la doctrina de la creación en respuesta a las concepciones poéticas y filosóficas del origen del mundo. En ésta obra, él arguye que si Platón y Homero dijeron algo verdadero, en cuanto al origen del mundo, esto provino primeramente desde su familiaridad con los escritos de Moisés.2

Reconocido por su teología del logos, Justino realizó un importante trabajo desde el conocimiento de la filosofía estoica y platónica. Para él, Cristo es el Logos encarnado, o sea la razón, y quienes han vivido según la razón han sido salvos aunque fueran ateos.3 Este logos, de quien recibe acción toda la humanidad, es el medio por el cual el Dios y Señor, creó y organizó todas las cosas.4 En cuanto a la materia, no vemos el concepto de finitud de Taciano. “De nuestros maestros, esto es, de la enseñanza de los profetas, Platón pidió prestada su declaración, que Dios creó el mundo, habiendo alterado la materia amorfa.5 Pareciese ser que Justino habla de una materia eterna e informe, aunque algunos piensan que no se puede afirmar que niegue la creación ex nihilo. En fin, es claro que un personaje como Justino vio una relación mucho más amistosa y complementaria entre su fe cristiana y la filosofía natural de aquél entonces.

Ireneo de Lyon (115-202 a.C.)

Se puede considerar a Ireneo de Lyon, el teólogo más importante del segundo siglo. Discípulo del obispo Policarpo quien a su vez conoció al apóstol Juan. Desde su sobreviviente trabajo, Contra los Herejes, se conoce su intento por refutar las herejías gnósticas. Para el obispo, Ireneo de Lyon, solo hay un Dios y creador de todas las cosas y no por ángeles o deidades intermedias.6 No hay una separación radical entre Dios y el mundo7, ni éste es extraño a Dios, ni pertenece a otro Demiurgo.8 Y no es posible afirmar que algo exista fuera de su dominio, porque caeríamos en el absurdo de una serie infinita de seres.9

De igual manera defiende que la materia no es eterna sino que es fruto de una creación hecha de la nada.10 González destaca que en relación a su enfoque pastoral y práctico, lo que le interesa al obispo no es cómo Dios creó al mundo, sino el hecho fundamental de que el mundo entero es creación de Dios.11 Esta creación es el comienzo de la historia, la cual no es resultado del pecado, puesto que aunque el ser humano no hubiera pecado, siempre hubiera existido historia.12 Este comienzo de la creación conlleva a una continuación que debería desarrollarse mediante el proceso histórico.

A pesar de cualquiera influencia filosófica que pudiese estar presente en el pensamiento de Ireneo, la idea de una creación no terminada y en desarrollo, parece ser una propuesta original, bíblica-teológica que puede ser muy bien aceptada a la vista del desarrollo de las ciencias en tiempos modernos. Sin embargo hay que dejar claro que Ireneo no manifestó mucho agrado a la filosofía natural de su tiempo sino que la combatió, pero desde luego, con otra filosofía de la naturaleza. Si bien es cierto que los padres se opusieron a distintas concepciones de la filosofía natural de su tiempo, que de una u otra manera amenazaban los presupuestos de su fe, lo hicieron bajo un conocimiento profundo del mundo natural. Éste también es el caso del siguiente padre a considerar.

Tertuliano (155-220 a.C.)

Tertuliano fue un abogado que se convirtió al cristianismo en el 193 y luego terminó siendo sacerdote. Tertuliano pareciese ser otro de la tesis conflictiva entre la fe cristiana y la filosofía de su época. Es a él la conocida frase, ¿Qué pues tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿En que concuerda la Academia y la Iglesia? ¿Qué relación hay entre los heréticos y cristianos? En su aparente anti-intelectualismo señala: “fuera con todos los intentos para producir una Cristiandad moteada de composición estoica, platónica, y dialéctica! ¡No queremos controversia curiosa después de poseer a Jesucristo, ninguna inquisición después de degustar el evangelio! Con nuestra fe, no deseamos más creencia.13 En los escritos de Tertuliano, se encuentra un desprecio a la filosofía natural al igual que en la filosofía en general.14 En su tratado Ad Naciones, señala:

¿Qué prueba nos es proporcionada, a pesar de la gran confianza de sus aseveraciones, por el afecto inútil de una curiosidad escrupulosa, que están adornada con una función astuta de lenguaje? Por esto le sirvió perfectamente a Tales de Mileto15, que observando las estrellas caminó…tuvo la mortificación de caer en un pozo…su caída, por consiguiente, es un cuadro figurado de los filósofos; de esos digo, que persisten en aplicar sus estudios, para un vano propósito, desde que acceden a una curiosidad estúpida, sobre objetos naturales, los cuales deben dirigir más bien (inteligentemente dirigir) a su Creador.16

Pero como señala González y otros17, que mientras por un lado sostiene, que la filosofía es el origen de toda herejía, por otra parte él mismo se acerca al evangelio con presuposiciones filosóficas derivadas del estoicismo.18 Dicho sea de paso, para el 207, Tertuliano se volvió a la secta montanista, la cual promovía el ascetismo y la castidad. A diferencia a Ireneo, como González señala, para Tertuliano la creación ya ha sido terminada.19

Todo parece indicar que aunque hay veces en que se ve un modelo conflictivo en las creencias de algunos padres, en cuanto a aceptar la filosofía natural, esto no sucedía de manera absoluta pues siempre se oponían a la misma desde otro tipo de filosofía y con una amplia percepción y conocimiento de las creencias que atacaban. Otras veces encontramos a Padres como Justino que utilizan más amistosamente la filosofía natural para soportar sus creencias en cuanto a la realidad de Dios y su creación.

Escuela de Alejandría

La escuela de Alejandría es de una vertiente más filosófica que los que ya hemos visto. Congenian más con algún tipo de mutuo soporte entre la fe y la filosofía natural. A finales del siglo segundo, Alejandría era un hervidero de doctrinas diversas, todas ellas de carácter ecléctico: el gnosticismo de Basílides, el neoplatonismo de Amonio Saccas y Plotino, el judaísmo helenista.20 Aunque es peligroso etiquetar las interacciones entre la fe cristiana y la filosofía natural de aquél tiempo, con modelos que se utiliza en ésta época, es un hecho que para muchos de los cristianos de aquella escuela ¡les habría parecido un poco extraño pensar en un debate conflictivo entre fe y ciencia! El cristiano actual puede regresar al pasado y considerar las distintas y ricas tradiciones cristianas, echar mano de ellas como alternativas para el diálogo moderno entre ciencia y fe cristiana.

Clemente de Alejandría (150-215 a.C.)

Clemente ilustra, junto con Orígenes, un modo diferente de enfrentarse a las herejías, a diferencia de Ireneo y Tertuliano. Su rango de acción es más amplio porque no evoca la sola apología o refutación de la herejía sino que alza vuelos de especulación y originalidad.21 Lindberg comenta, que lo central para el pensamiento de Clemente fue la doctrina que la verdad es una, es decir, que ultimadamente, toda verdad, no importando donde esté es verdad de Dios22, declaración que si fuera tomada en serio por los cristianos en la actualidad se acabarían mucho de los problemas que surgen por no aceptar la verdad científica.

Como Justino, Clemente arguye que la filosofía griega participó de la verdad porque ésta fue plagiada del Antiguo Testamento, y también porque los filósofos paganos emplearon la capacidad racional, dada por Dios, para obtener una porción de la verdad divina.23 De esta manera, su rescate a la cristiandad viene desde el empleo y valor que le otorga a la filosofía griega.

Orígenes (185-253 a.C)

Aunque condenado por algunas de sus enseñanzas, Orígenes es universalmente reconocido como un padre de la iglesia. Además de ser reconocido por su interpretación alegórica de las Escrituras, Orígenes fue quien enseñó la caída de las almas antes de la creación del mundo.24 Su interés por elaborar un significado espiritual de las Escrituras lo llevó a tratar el libro de Génesis alegóricamente. Su “doctrina acerca de la creación pone de manifiesto el alcance de la influencia del idealismo platónico sobre su pensamiento”.25 Por un lado afirma la creación de la materia y por el otro afirma la eternidad de la creación, pues el creador eterno siempre hubo de haber creado.26 “Es impío y absurdo decir que la naturaleza de Dios está inactiva o inmóvil, o llegar a suponer,que la bondad no hizo bien alguna vez, y la omnipotencia en alguno momento no ejercitó su poder”.27 Dios no solo empezó a obrar cuando hizo este mundo visible, sino que también después de su destrucción habrá otro mundo, así también creemos que otros existieron antes que el presente se hiciera realidad.28 Orígenes formula así su teoría del proceso circular de los seres29 y de los mundos, que desembocaría finalmente en la apocatástasis.30

Su teoría de la doble creación, de los intelectos y el mundo visible, le llevó, al igual que a toda su tradición filosófica, a catalogar a la vida intelectual como superior a la vida física. Entonces el mundo material, no era parte original del plan de Dios.31 Como tal, esto significa que la historia natural (y todo otro tipo de historia de la creación) es el resultado del pecado y por ende, como intrusa, no debió existir.32

Con Orígenes se abre un abismo entre la relación del valor de la filosofía natural y la religión aunque desde una cristianizada filosofía platónica. Orígenes adoptó los elementos básicos de la teología, cosmología y psicología de Platón33, y demostró fehacientemente cómo el cristianismo se amparó en el conocimiento filosófico de su tiempo. Sin embargo no siempre optó por una filosofía natural que favoreciera positivamente a otras percepciones, digamos, más cristianas y bíblicas en cuanto a la naturaleza.34

Conclusiones

Hay una variedad de formas de como ver la interacción de fe y la “ciencia” de aquél entonces, en las obras de los padres apologistas. Se puede percibir desde modelos conflictivos o defensivos hasta formas de integración y fusión, en donde la fe cristiana parece sublimarse en una atmósfera saturada de conocimiento filosófico platónico en cuanto a la naturaleza y Dios. Aunque en muchas ocasiones atacan las amenazas gnósticas a las creencias cristianas de Dios y su creación, sus propuestas son establecidas desde otras comprensiones y tradiciones filosóficas en cuanto a la naturaleza, de manera que sería errado señalar algún tipo modelo de conflicto que les haga ver que no tomaron en cuenta para nada el conocimiento de la naturaleza de aquella época.

Es claro que para los tiempos modernos, el conocimiento científico no está basado en concepciones metafísicas sino más bien que se trata de derivar desde el mundo observable y experimental (a excepción de las ciencias formales como las matemáticas). De esa forma, las declaraciones por ejemplo como las de la eternidad del universo, o del proceso circular de los seres y mundos, no serían aceptadas en la actualidad si solo proviniesen de deducciones razonables o lógicas y no por la evidencia que se ofrece desde lo empírico. No obstante, no cabe duda que desde el conocimiento científico se puede llegar a extraer conclusiones metafísicas que podrían soportar a un tipo dado de filosofía cristiana, agnóstica o atea. En este sentido, uno llega a aprender desde los padres apologistas que el cristianismo siempre ha batallado intelectualmente con todo este conocimiento presente y vislumbrado del mundo natural. Se puede aprender de ellos a considerar y aceptar la verdad en toda su extensión; pleitear con aquellas filosofías que se pretenden establecer como verdades incuestionables; y presentar modelos cristianos que sean lo más fiel a la ortodoxia y al conocimiento científico de la época.

En nuestro próximo artículo, y final, se tratará un poco de los escritos de los padres capadocios. Se verá algo de los credos y se considerará igualmente parte de las obras del famoso y querido por muchos, Agustín de Hipona.

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  1. Mark Edwards, “Apologetics” en The Oxford Handbook of Early Christians Studies, eds. Susan Ashbrook Harvey y David G. Hunter (New York: Oxford University Press, 2008)
  2. Justino Mártir, Hortatory Address to the Greeks en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01.viii.vi.xiii.html>; <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01.viii.vi.xx.html>; <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01.viii.vi.xxv.html>; <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01.viii.vi.xxvi.html>; <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01.viii.vi.xxx.html>
  3. Justino Mártir, 1 Apología 46 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01/Page_178.html>
  4. Justino Mártir, 2 Apología 6 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01/Page_190.html>
  5. Justino Mártir, 1 Apología 59; 182.
  6. Ireneo, Contra los Herejes, 2, 1,1 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf01/Page_359.html>
  7. La doctrina de la gnosis consideraba la materia como una emanación necesaria de un principio malo. Entre el Dios bueno y la materia mala está el pléroma, mundo intermedio suprasensible, habitado por seres intermedios o eones, emanados uno del otro. Uno de estos eones era el Demiurgo (para Marción, Dios del Antiguo Testamento), el cual elaboró la materia elaboró la materia en la forma actual. La doctrina de Ireneo se levanta contra el dualismo gnóstico y la idea pesimista de la creación, con una concepción bíblica y fundada en la historia de la salvación, asentando la unidad entre el Dios creador y redentor en clave cristológica. Antonio Sayés, Teología de la Creación; 58, 69.
  8. Carlos Ignacio González, Contra los Herejes <http://multimedios.org/docs/d001092/>
  9. Ireneo, Contra los Herejes, 2, 1, 3-4.
  10. Ibid; 2, 10, 4.
  11. González, Retorno a la historia del pensamiento Cristiano, 2da. Ed. (Buenos Aires: Ediciones Kairos, 2009): 64. Justo González hace una tipología tripartita de la herencia de las doctrinas cristianas e incluye dentro de ellas a la doctrina de la creación. Bajo el legado de Ireneo (teología del tipo C) la creación es comenzada y continua. En esta creación, la encarnación juega también un propósito principal y central en toda la historia y más adelante aparecerá esta relación creación-encarnación en otros pensadores cristianos como Duns Escoto y Teilhard de Chardin. González, Historia del Pensamiento Cristiano. Tomo II (Nashville: Editorial Caribe. 2002): 328.
  12. Aunque naturalmente, esa historia hubiera seguido un camino muy diferente. González, Retorno a la historia del pensamiento Cristiano, 65.
  13. Tertuliano, Prescripción contra los Heréticos, 7 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf03/Page_246.html>
  14. Lindberg, Early Christian Attitudes toward Nature, 278.
  15. Tales de Mileto es considerado el padre de todas las ciencias.
  16. Tertuliano, Ad Naciones 2, 4 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf03/Page_133.html>
  17. Tertuliano diserta, por ejemplo, que la regularidad precisa de los movimientos orbitales de los cuerpos celestes (una referencia evidente de las conclusiones de la tradición astronómica griega) da indicios de un "poder gobernante" que gobierna sobre ellos, y puesto si son gobernados, seguramente no pueden ser dioses. Él también introduce la "perspectiva filosófica de Platón" en soporte del reclamo que el universo ha debido haber tenido un comienzo y, por consiguiente, no puede participar de la divinidad. Lindberg, Early Christian Attitudes toward Nature; 278-279.
  18. González, Retorno a la historia del pensamiento Cristiano; 31.
  19. Ibid; 107.
  20. González, Historia del Pensamiento Cristiano. Tomo 1, 186.
  21. Ibid; 187-187.
  22. David Lidnberg, Science and the Early Church en God and Nature: Historical Essays on the Encounter between Christianity and Science (California: University of California Press, 1986), 24.
  23. Ibid.
  24. Sayés, Teología de la Creación, 72.
  25.  González, Historia del Pensamiento Cristiano. Tomo 1, 215.
  26. Ibid.
  27. Orígenes, De Principio, 3, 5, 3 en <http://www.ccel.org/ccel/schaff/anf04/Page_341.html>
  28.  Ibid.
  29. Orígenes pide prestado del judío Filón su especulación de los seres racionales y de ella surge la doctrina de la doble creación. “La primera es la creación de los intelectos, y es de ellos que se dice que Dios los creó «varón y hembra», es decir, sin distinciones sexuales. La segunda es la creación de este mundo visible, que Dios plasmó a fin de que sirviese de campo de prueba a los espíritus caídos, y en el cual Dios hizo primero el cuerpo del hombre y luego el de la mujer”. González, Historia del Pensamiento Cristiano. Tomo 1, 215.
  30. Sayés, Teología de la Creación, 72
  31. J. Gonzales, Retorno a la historia del pensamiento Cristiano, 60.
  32. Esto entre otras cosas ayuda un poco a entender su acercamiento alegórico al texto bíblico. Puesto que Dios es el Uno Inefable y no tiene nada que ver con la creación, los elementos que hagan ver una conexión entre Dios y la naturaleza, como indignas de Dios, deben de interpretarse alegóricamente. Gonzales, Retorno a la historia del pensamiento Cristiano, 57.
  33. Lidnberg, Science and the Early Church, 24.
  34. El caso de Ireneo es lo contrario, pues muestra una percepción cristiana favorable a la creación desde poca influencia filosófica.

ACERCA DEL AUTOR
César Navarro es Licenciado en Ciencias Químicas de la Universidad de Panamá, con especialización en espectroscopía experimental. Con un Profesorado en Biblia y Teología del Seminario Teológico Centroamericano, Guatemala, actualmente realiza una Maestría en Teología en esa misma casa de estudios. Es el director general y fundador de la Sociedad Educativa Latinoamericana para Fe y Ciencia (SELFYC).
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