lunes, marzo 19, 2012

El Concilio Vaticano II y la Iglesia Católica hoy: una reflexión para nuestros días

Dámaris Ruyán, Guatemala.

El presente trabajo es una recopilación de los eventos más importantes que dieron paso al Concilio Vaticano II, la definición del mismo, la mención de los documentos realizados, así como un breve desarrollo de las principales conclusiones. A pesar de lo extenso del tema, se tomaron en cuenta los eventos más importantes del Concilio Vaticano II, su repercusión a Latinoamérica y por último se hace una pequeña contextualización para nuestros días.

I. Concilio Vaticano II.

a. Contexto histórico. Durante la época del siglo XX ya se había desarrollado la primera y la segunda guerra mundial, cada una de ellas habían dejado grandes repercusiones en la comunidad internacional. Pero anterior a estos eventos, el ambiente se estaba preparando para el Concilio Vaticano II. Se creía que al haberse proclamado la infalibilidad del papa en el Concilio Vaticano I, la iglesia ya no tenía más que decir en concilios. Schatz, escribe lo siguiente acerca de los eventos que preparaban al mundo para el Concilio Vaticano II:

El impulso reformista del Vaticano II tiene sus “profetas” y “precursores” en líneas y corrientes eclesiales que durante siglos fueron recluidas en el ámbito de la herejía o al menos consideradas como “no eclesiales”: comenzando por la Reforma y siguiendo por las orientaciones “jansenistas” de los siglos XVII-XVIII, la “Ilustración católica” de la época que va de 1770 a 1830, el “catolicismo liberal” de un Lamennais, Montalembert y Döllinger, hasta el “catolicismo reformista” y el “modernismo” del cambio de siglo. Se trata, simultáneamente, del ámbito en el que desde los años veinte y treinta del siglo XIX ha crecido el ultramontanismo que es una mezcla de tradición y modernidad; dicha mezcla confiere a ese catolicismo. Inmerso en una sociedad industrial moderna en vías de democratización, una estabilidad que durará más de un siglo.1

Desde el punto político y social, los movimientos ultramontanos parten del principio del retorno a una “sociedad cristiana” integral;2; el catolicismo social procede de raíces ultramontanas y anti-liberales. Estas raíces y la distancia respecto a la Ilustración propiciaban una hipoteca que aprisionaba al movimiento social católico desde el comienzo, es decir, un planteamiento meramente caritativo y paternalista de la cuestión social.3

Desde el punto de vista teológico se producen importantes innovaciones entre 1920 y 1960 en suelo alemán, se trata de dos motivos que entran en acción: el retorno a las fuentes de la sagrada Escritura y de la gran tradición eclesial, y la integración de los problemas y corrientes del tiempo.4 Los grandes conflictos a escala mundial habían creado dramáticas dificultades en la comunidad internacional; las iglesias nacidas de la reforma protestante como las orientales de la ortodoxia habían encontrado en estos grandes conflictos un estímulo para adoptar ciertas formas de vinculación que dieron vida a diversas asambleas intereclesiales las cuales culminaron en la constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias.5

Desde la perspectiva protestante se dieron nuevos desarrollos teológicos a temas reinterpretados por Karl Rahner, Otto Semmelroth y Hans Urs von Balthasar sobre la Trinidad, la encarnación, la teología de la gracia y los sacramentos. La evolución de una iglesia “europea” a una iglesia “mundial” encontró su expresión en la nueva orientación de las misiones, una nueva reflexión sobre la iglesia local como inculturación del 6

El movimiento mariano entraba en tensión con las nuevas ideas teológicas, movimiento que definía a María como mediadora de toda gracia y co-redentora, cuyas raíces se hunden profundamente en la piedad popular. La tensión entre esta tendencia y las nuevas perspectivas teológicas iban a emerger en el Concilio, especialmente en ocasión de preguntar acerca de si el Concilio debía redactar un esquema autónomo sobre María o si la mariología debía ser integrada en el esquema sobre la Iglesia Católica (ICR).7

Ya varios papas habían pensado en la idea de convocar a concilio, especialmente Pío VII, él al inicio de su pontificado mostró apertura y acogida positiva a las nuevas corrientes de su época pero debido a su avanzada edad no lo logró convocar a concilio. Luego Juan XXIII (1958-1963), a sus 77 años, sucede a Pío VII a quien se le consideraba como un papa de transición, sin embargo Juan XXIII siempre tuvo la idea de una iglesia íntimamente unida con la paz universal,8 su estilo personal comunicativo y familiar llamó la atención.

El 25 de enero de 1959 Juan XXIII anuncia claramente al mundo entero el plan sobre la celebración de un concilio9 hizo resonar en varios discursos, la línea general de que este concilio no debía ser de delimitación doctrinal y condena de errores. Este concilio debía ser de aggiornamento, de la renovación y del discernimiento de lo condicionado históricamente y de lo permanente válido que introdujera a la ICR a una nueva etapa de su historia10 es así como invitó a las comunidades separadas para buscar la unidad.

La celebración del Concilio Vaticano II fue tan importante que no se puede encontrar nada en los últimos siglos que haya revolucionado tanto a la ICR. Se celebraron ciento setenta y ocho reuniones durante los meses de otoño de cuatro años consecutivos. La primera sesión tuvo lugar el 11 de octubre de 1962 y la última el 8 de diciembre de 1965. De los 2.908 obispos, así como de otros posibles asistentes convocados, participaron en la sesión de apertura 2.540 personas procedentes de todas las partes del mundo. Los obispos de Asia y África jugaron un papel prominente en las deliberaciones del Concilio, sólo los países comunistas estuvieron escasamente representados, como resultado de presiones gubernamentales. El promedio de asistencia a las sesiones fue de 2,200 personas.11

Los preparativos para el Concilio comenzaron en mayo de 1959, cuando se solicitaron sugerencias a los obispos católicos del mundo, a las facultades de teología y a las universidades; trece comisiones preparatorias, con más de 1,000 miembros, fueron seleccionadas para rechazar las versiones preliminares sobre un amplio abanico de temas. Se prepararon 677 documentos, llamados esquemas o schemata, que fueron reducidos a 17 por una comisión especial convocada en las sesiones de los años 1962 y 1963. Los miembros del Concilio con derecho a voto eran los obispos católicos y los superiores de las órdenes religiosas masculinas pero como cambio radical respecto a prácticas anteriores, las iglesias ortodoxas y protestantes fueron invitadas a enviar delegados oficiales en calidad de observadores. Se invitaron a oyentes laicos de la ICR a la sesión de 1963, durante la cual dos de ellos dirigieron la palabra al Concilio. En 1964 se sumaron mujeres oyentes a estas sesiones.

Los asuntos a tratar eran muchos, y los temas que se discutieron incluyeron el papel de los medios de comunicación modernos, las relaciones entre cristianos y judíos, la libertad religiosa, el papel de los laicos en la ICR, el culto litúrgico, los contactos con otros cristianos y con no cristianos, tanto teístas como ateos, así como el papel y la educación de sacerdotes y obispos.12 Schutz explica el objetivo primordial del Concilio Vaticano II así:

El objetivo del concilio fue formulado en la encíclica Ad Petri Cathedram, del 29 de junio de 1959, en estos términos:…promover el desarrollo de la fe católica, renovar al vida cristiana de los fieles y acomodar la disciplina eclesial a las condiciones de nuestro tiempo. El Concilio será ciertamente una grandiosa puesta en escena de verdad, unidad y amor, un espectáculo, cuya contemplación será para quienes están separados de esta Sede Apostólica una suave invitación a buscar esa unidad por la que Jesucristo dirigió a su Padre celeste una ardiente súplica.13


Se pretendió darle la renovación a la ICR de acuerdo a la época social, política y religiosa que se estaban viviendo. En este Concilio Vaticano II la iglesia en lugar de replegarse, se abrió a muchos de los acontecimientos presentados en la época.

b. Temas desarrollados y documentos. El primer esquema debatido fue el esquema sobre la liturgia, este tema era más práctico, pastoral y apropiado para ser abordado por un concilio que se entendía como principalmente pastoral.14 Siguieron con las fuentes de revelación, la Escritura y la tradición pero luego de hacer varios debates en los que se manifestó su desacuerdo en muchos temas, se escribieron los siguientes documentos:

Constituciones: Dei Verbum (Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación), Lumen Gentium (Constitución Dogmática sobre la Iglesia), Sacrosanctum Concilium (Constitución sobre la Sagrada Liturgia), Gaudium et Spes (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual).

Declaraciones conciliares: Gravissimum Educationis (Declaración sobre la Educación Cristiana), Nostra Aetate (Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las Religiones no cristianas), Dignitatis Humanae (Declaración sobre la libertad religiosa).

Decretos conciliares: Ad Gentes (Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia), Presbyterorum Ordinis (Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros), Apostolicam Actuositatem (Decreto sobre el apostolado de los laicos), Optatam Totius (Decreto sobre la formación sacerdotal), Perfectae Caritatis (Decreto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa), Christus Dominus (Decreto sobre sobre el ministerio pastoral de los Obispos), Unitatis Redintegratio (Decreto sobre el ecumenismo), Orientalium Ecclesiarum (Decreto sobre las iglesias orientales católicas), Inter Mirifica (Decreto sobre los medios de comunicación social)15

c. Balance general. El fundamento sobre la liturgia promovió una participación comunitaria más activa en la misa como acto central del culto público católico. Éste fue el primer paso para conseguir cambios los cuales para 1971 incluían la sustitución del latín, antigua lengua del culto religioso, por las lenguas vernáculas. Otros documentos buscaron un terreno común para entablar el diálogo con los cristianos ortodoxos y protestantes y con los no cristianos. En una apertura poco común con respecto a su deliberada política de evitar condenas, el Concilio deploró todas las acciones de odio, persecuciones, y demostraciones de antisemitismo llevadas a cabo en cualquier momento o a partir de cualquier fuente contra los judíos. El papa Pablo VI, que continuó el Concilio tras la muerte de Juan XXIII en 1963, aprobó estos propósitos y añadió además el diálogo con el mundo moderno.16

II. La nueva iglesia católica en América Latina

El Concilio marcó una gran transformación en la ICR, no sólo en el aspecto religioso sino también en el campo social y político, en especial, en América Latina. Lo más significativo que el Concilio aportó fue el desarrollo de una nueva eclesiología. Esta nueva eclesiología dejó definida la ubicación y responsabilidad de la ICR en el mundo, la misión cuyo destino no son sólo los hijos de la Iglesia “sino todos los hombres” (GS 2), la finalidad de la ICR que es la salvación en totalidad (la persona del hombre) y la renovación de la sociedad humana.17 La renovación proponía una mayor independencia en el accionar evangelizador adaptándose a las necesidades de cada país y fomentaba además la discusión interna entre los hombres de la ICR lo cual llevó a distintas interpretaciones acerca de cómo actuar frente a las diferentes realidades.18

El Concilio redescubre a la Iglesia como pueblo de Dios al servicio del Reino de Dios y como sacramento de salvación de Dios en el mundo; a su constitución e identidad interna precede su misión hacia fuera. Esta verdad eclesiológica de ponerse al servicio del Reino de Dios en el mundo y no a la inversa exige que la Iglesia se haga mundanal viviendo y actuando sobre la historia, define a una Iglesia simplemente como servidora y su esencia misionera, apostólica y evangelizadora.19 Ahora ya se hablaba de una iglesia “Iglesia madre de los pobres”.

En Brasil, nace el CELAM, Conferencias del Episcopado Latinoamericano. El cardenal Piazza en su discurso dijo: “La historia de la evangelización de este nuevo continente constituye uno de los capítulos más prodigiosos de la historia universal.” La evangelización todavía es un acto. Pío XII apuntó a no malgastar valiosas energías, a abrir caminos nuevos si era necesario. En esa conferencia se trataron temas como: las vocaciones, la formación de seminaristas religiosos, la acción católica, el protestantismo, los problemas sociales, las misiones, etc. El CELAM y la CLAR fueron creados respectivamente en 1955 y en 1959 y han sido elementos maravillosos de renovación para la iglesia latinoamericana. Juan XXIII con el Concilio Vaticano II dio una renovación a la iglesia católica que se puede llamar “Aurora de una nueva época”.20

En el Concilio Vaticano II, el aporte de los obispos latinoamericanos no fue preponderante pero tuvieron la oportunidad de conocerse y sentirse latinoamericanos, tuvieron la ocasión de hacer muchos contactos pastorales y teológicos. El concilio se concretiza para la América Latina en la Conferencia de Medellín convocada por parte del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en 1968, ésta fue la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.21 La encíclica Popularum Pregresio de 1965 inspira, junto con el Vaticano II, el temario de Medellín: La iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Medellín ofrece otra visión del mundo latinoamericano.22

Medellín va más allá del Vaticano II y parte de la realidad concreta del hombre de América Latina que se encuentra dependiente y explotado. Desde la justicia y desde el pobre, va buscando soluciones pastorales en la línea de la liberación. Medellín es el documento más importante de la Iglesia Latinoamericana.23Jon Sobrino considera:

Medellín analiza el continente desde su propia realidad objetiva y desde su expresión subjetiva. “Un sordo clamor brota de millones de hombres pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega por ninguna parte (Pobreza de la Iglesia 2)…, constata el nacimiento de la esperanza: el clamor es doloroso pero esperanzado, existe “un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre, de maduración personal y de integración colectiva” (Introducción 4)…Medellín pone la realidad latinoamericana en relación directa con Dios: en la pobreza infligida injustamente hay “un rechazo del mismo Señor “ (Paz 15); esa pobreza contraria al plan del Creador y al honor que se merece” (Puebla 28).24

Es así como poco a poco el Concilio Vaticano II da vida a cada una de estas reuniones de obispos latinoamericanos y logra así abrirse más a las necesidades propias de este continente, lo que permite que pueda verse el intento por hacer una realidad el deseo de ser una iglesia universal.

En estas reuniones se desarrolló una opción preferencial por los pobres y tomó forma la idea que venían discutiendo algunos hombres de la Iglesia desde hacía algunos años: la teología de la liberación. Esta idea había surgido en 1962, a partir de un mensaje de Juan XXIII en el que expresaba que frente a los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta tal como es y quiere ser: como la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres.

En un contexto de gran diferenciación social, escasa o nula representatividad política a causa de las dictaduras que gobernaban la región; el concepto de “Iglesia de los pobres” fue interpretado por algunos sacerdotes como una clara invitación al compromiso político y social. En algunos casos, los sacerdotes se incorporaron en los movimientos de liberación que utilizaban la lucha armada, en otros casos, predominaba una evangelización cargada de un alto contenido social.25 En fin, no es posible dar la espalda a los grandes desafíos de la fe que justificaron el Concilio Vaticano II y no se puede renunciar a la extraordinaria renovación eclesial generada en Latinoamérica y tantas otras partes.26

III. Contextualización para la iglesia hoy. Conclusiones

En toda época Dios siempre ha ido preparando el ámbito histórico, a nivel político, económico, social, religioso, de una manera integral para darle paso a una renovación espiritual a nivel mundial. Así fue en el movimiento de la Reforma, así fue en Concilio Vaticano II y seguirá siendo así. El estar informados sobre los acontecimientos de nuestro alrededor nos ayuda a ser agentes de cambio y nos da pautas para vislumbrar en el futuro una renovación espiritual en la que Dios puede ser alabado y glorificado. Es importante que como individuos renovemos nuestro pensamiento, nos ocupemos en asuntos que nos ayuden a nuestra contextualización y consideremos los asuntos no negociables de nuestra fe.

La ICR tuvo que reconocer que el mundo estaba cambiando para que “su autoridad fuera reconocida en todo el mundo”. Para nosotros como cristianos evangélicos nuestra motivación difiere a la de la ICR pero si queremos obedecer al mandato de Dios (ser testigos y hacer discípulos) en este mundo posmoderno, debemos dejar atrás los paradigmas heredados que no nos permiten dar a conocer la autoridad del Señor a los que nos rodean. Si queremos ser testigos y hacer discípulos debemos hacer nuestro propio aggiornamento.

A muchos se nos ha olvidado la función de la iglesia en este mundo pero el Concilio Vaticano II, hace un esfuerzo por realizar su obra reconociendo lo siguiente:

El Concilio…se ocupa de la adaptación de sus medios (de la Iglesia Católica) de modo que la enseñanza del Evangelio pueda ser dignamente vivida y fácilmente asimilada por el pueblo” …adaptación de medios… “se trata de la búsqueda de lo que mejor pueda corresponder a las actuales exigencias del apostolado27

Algunas de las iglesias evangélicas se han dado cuenta de esto y han realizado los cambios necesarios, han realizado su aggiornamento. Sin embargo muchas otras se niegan al cambio28 porque tienen miedo de escoger el mundo en lugar de Cristo.29 Aunque se debe también al acomodamiento en que se vive el evangelio, un evangelio en donde cuidamos lo que nos interesa solamente o simplemente no queremos ver la realidad que nos rodea: un mundo que cambia constantemente.

Son muchos los cambios que la ICR quiso realizar para adecuarse a un mundo moderno, entre ellos su postura frente a los medios de comunicación. La Iglesia reconoció que los medios de comunicación forman la mente popular, determinan el pensamiento, las reacciones, las normas y las conductas humanas,30 así también la iglesia evangélica debe tomar en cuenta esta postura y realizar un trabajo eficaz en la evangelización y el discipulado. Muchas veces nos mostramos reacios al uso herramientas tecnológicas para la comunicación y resulta ser que con estas mismas, se puede lograr un cambio en la conducta humana de forma que agrade a Dios.

Otro asunto en el cual la ICR realizó cambios fue en la liturgia. La liturgia no es simplemente algo que “se hace” para el creyente sino algo que el creyente vive, en donde impregna su interioridad y que a su vez se impregna de ella para expresarse con su voz, en su idioma, en sus gestos31. Bonino escribe:

La Palabra de Dios no es concebida ya primordialmente como una ley que se me anuncia para que ajuste a ella mi conducta, ni el sacramento es un mero hecho objetivo, sino una y otro son semilla que Dios planta en mi propio ser personal y en la comunidad de los creyentes y que engendra una vida con todas sus manifestaciones. Por eso es necesario adaptar la liturgia a las costumbres, los ritmos y las modalidades de los diversos países. Mas que una simple “adaptación”-que presupone un especie de modelo ideal- se trata de que nazca de la entraña de cada pueblo y de cada hombre, en respuesta a la Palabra de Dios, una liturgia que corresponda a esa Palabra en los términos de la personalidad de ese pueblo y de ese hombre.32

La liturgia es otro elemento al cual la iglesia evangélica debe poner mucha atención, ya que juega un papel muy importante. Es por la liturgia que muchas iglesias se han quedado sin asistentes y otras se han llenado. Si se lograra entender la liturgia como Bonino la describe, quizá nuestras iglesias no estarían compitiendo por asistentes.

Nos enfrentamos ahora a otro cambio de siglo, a otro cambio de mentalidad, ahora ya no es a la modernidad sino a la “posmodernidad” y de nuevo la responsabilidad de la iglesia es alcanzar a toda persona. Es entonces cuando la iglesia debe sentarse a evaluar sus normas y hacer un nuevo aggiornamento para instituir no la autoridad de la iglesia sino la autoridad de Cristo. De lo contrario habrán muchas iglesias en los próximos años que morirán viviendo en el acomodamiento
de unos pocos, estado que ya no se acopla a nuestra realidad.

__________
  1. Klaus Schatz, Los concilios ecuménicos (Madrid: Editorial Trotta, 1999): 248.
  2. Ibid, 249.
  3. Ibid.
  4. Ibid, 249.
  5. Guiseppe Alberigo, Historia de los concilios ecuménicos (Madrid, España: Ediciones Sígueme, 2004): 337.
  6. Schatz, Los concilios ecuménicos, 253.
  7. Ibid.
  8. Francisco Montalban, Historia de la Iglesia Católica (España: Biblioteca de Autores Cristianos, 1963): 883.
  9. Ibid.
  10. Schatz, Los concilios ecuménicos, 256.
  11. Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007. “Concilio Vaticano II" http://es.encarta.msn.com
  12. Ibid.
  13. Schatz, Los concilios ecuménicos, 257.
  14. Ibid, 256.
  15. “Concilio Vaticano II”, Enciclopedia Digital Wikipedia, 10 de junio 2007, “http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_Vaticano_II"
  16. "Concilio Vaticano II," Enciclopedia Microsoft Encarta Online, 2007 http://es.encarta.msn.com.
  17. Casiano Floristan, El Vaticano II, Veinte años después, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1985): 107.
  18. “El Concilio Vaticano II, el papa Juan XXIII y el concilio, 10 de junio 2007, “www.planetasedna.com”
  19. Floristan, El Vaticano II, 108.
  20. Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007.
  21. Álvaro Quevedo, La Iglesia en América Latina, (Guatemala: Loyola, 2000): 53.
  22. Floristan, El Vaticano II, 112.
  23. Álvaro Quevedo, La Iglesia en América Latina, 53.
  24. Floristan, El Vaticano II, 112.
  25. Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2007.
  26. Publicado en Jorge Costadoat Cristo para el cuarto milenio. Siete cuentos contra veintiún artículos, San Pablo, Santiago, 2001.
  27. José Míguez Bonino, Concilio Abierto, (Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1967): 23.
  28. Entiéndase cambio al plano de la pura instrumentalidad exterior. Ibid, 24.
  29. Ibid, 25.
  30. Míguez Bonino, Concilio Abierto, 26.
  31. Ibíd, 31.
  32. Ibíd, 32.

ACERCA DE LA AUTORA
Dámaris Ruyán es Diseñadora Gráfica de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, Licenciada en Biblia y Teología del Seminario Teológico Centroamericano y actual estudiante de Maestría en Biblia en el mismo seminario. También colabora en la Sociedad Educativa Latinoamericana para Fe y Ciencia (SELFYC), así como en la revista universitaria LEAN.
Más blogueos de la autora   |   Contacto »   Twitter   Google+

 
Nota importante: El objetivo de la sección de comentarios es que los lectores puedan dar a conocer sus opiniones sobre los temas publicados en la revista. Por lo que, para garantizar un funcionamiento óptimo, le recomendamos encarecidamente: Primero, que toda opinión se realice dentro de un marco de respeto, sin caer en descalificaciones. Segundo, que cada comentario ojalá no supere las 500 palabras. Y tercero, evitar una cantidad excesiva de comentarios en un solo tema. Muchas gracias.