miércoles, febrero 29, 2012

Las metáforas teológicas de Marx

Reseña del libro: DUSSEL, Enrique, Las metáforas teológicas de Marx, Verbo Divino, España, 1993, 317 pp.

Luis Fernardo Ortiz (Estudiante de Economía)
Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico D.F.

“La religión cristiana fue capaz de ayudar a comprender de manera objetiva las mitologías anteriores sólo cuando llego a estar dispuesta hasta cierto punto, por así decirlo, […] a su propia autocritica”. Karl Marx.

Karl Marx, nació el 5 de mayo de 1818 en la ciudad de Tréveris, Alemania. Su vida, tanto como su legado intelectual, ha trascendido de manera importante en la civilización humana. Fue filósofo, economista, sociólogo e inclusive politólogo; pudo ser todo esto debido a que como es conocido, la ciencia social de sus días no estaba tan fragmentada como se encuentra ahora.

A pesar de su importancia, como dice el teólogo Juan Stam: “En América Latina, los evangélicos se han caracterizado por ser […] anticomunismo”1. Y ese miedo fue el que alimentó una fobia total en contra del análisis marxista; fuera éste de carácter económico, o de carácter político. Sucedió que no hubo diálogo con los marxistas, a excepción de algunos teólogos católicos que formularían más tarde “la teología de la liberación” y de muy pocos teólogos protestantes como, por ejemplo, Richard Shaull. Fuera de eso se desentendió de siquiera leer objetivamente lo que Marx escribió. Esto ocurrió porque en aquellos días la URSS era presentada como el territorio del diablo, donde el ateísmo reinaba; y del otro lado estaba Estados Unidos: cristiano. Si la URSS que era hija de Marx, era atea, entonces el padre debería ser mucho peor.

Con la caída del llamado “Socialismo Real” un solo sistema se ha declarado como única alternativa en todo el mundo. La realidad es que pensar que nos encontramos ante el mejor de los mundos posibles, es, negar las conclusiones que los datos arrojan: el capitalismo no es el mejor sistema viable.

En este libro, Enrique Dussel, quien es investigador en la UNAM, uno de los creadores de la filosofía de la liberación, además de ser un biógrafo de la vida de Marx, pero sobre todo, de su producción teórica y construcción de su pensamiento en sus distintas etapas; nos ofrece, una perspectiva totalmente nueva e importante para la teología de hoy.

Nos dice Dussel: “Marx, fue objetiva, fragmentaria, implícitamente, un ‘teólogo’; es decir, no fue formalmente un teólogo, ni por su conciencia ni actividad, pero abrió un nuevo lugar teológico”2. Esto podría parecernos un poco desconcertante, pero el libro muestra la trayectoria desconocida que atravesó Marx para la formulación de su pensamiento filosófico y económico.

El libro se encuentra dividido en tres partes. La primer parte titulada “La crítica al fetichismo” que consta de tres capítulos. En ellos se nos muestra la evolución de la crítica de Marx que hace al fetiche. Un Marx, que proviene de familia participante en las tradiciones judías y en la cual algunos de sus familiares fueron rabinos e incluso, él mismo se preparaba para ser maestro de teología, y, su influencia principal, “Hegel”, también hizo lo mismo. Ese Marx es el que hará una crítica de la dominación, en primer lugar, por el Estado Alemán y, posteriormente, por el mismo sistema económico.

Dussel nos advierte que toda ésta preparación teológica no será desechada, sino al contrario, en toda su vida ejercerán fuerte influencia, incluso, en la redacción de su más importante obra: “El capital”.

En esta primera parte se ilustra como Marx, de un joven creyente, va pasando a un universitario crítico. Primero realizando una crítica contra el Estado en cuanto forma de dominación que utiliza a la religión cristiana para legitimarse, para pasar con el tiempo a una crítica del fetichismo en la sociedad burguesa donde “la persona es tomada como cosa, y la cosa como persona”3. El análisis toma importancia al saber que Marx hace todo esto resultado de la influencia en él, por la tradición pietista:

El pietista, en cambio, exigía de sus miembros la acción, la praxis, las obras buenas, con sentido de de responsabilidad política y aún económica que de alguna manera habían visto realizada en Ginebra por los calvinistas. Este aspecto positivo del pietismo llevara a Hegel, contra su primitiva inspiración, a justificar la cultura capitalista, que criticara Marx tan duramente; pero adviértase que Marx criticará explícitamente los puritanismos de Inglaterra o el protestantismo de Holanda, pero no el pietismo de Wuerttember, al que en cierta manera se ligaba4.

A partir de estas consideraciones, Dussel nos conducirá en la formación del pensamiento filosófico, crítico, pero aún no económico; hacia la transición de la crítica de la economía política, las redacciones de los distintos manuscritos filosóficos y económicos, que servirán como base para la realización de su magna obra.

Marx al elaborar “El capital”, implícitamente formula una teología negativa. Dussel nos dirá que la teología hebrea se caracteriza por ser una teología negativa, es decir, una teología que enfatiza en lo que no es Dios, para de éste modo llegar a saber quién es Dios.

En efecto, Marx tratará de demostrar que el capitalismo va en contra de cualquier cristianismo posible. Lo hará utilizando una comparación de los distintos conceptos bíblicos y teológicos con los frutos de su análisis científico.

Marx realiza, en sentido estricto, una crítica religiosa de la economía política, es decir, descubre los mecanismos de dominación del capitalismo como estructuras fetichistas, demoniacas, satánicas, idolátricas5.

En ésta parte del libro es donde se explica, lo que el fetichismo significa. En su definición la palabra fetiche deviene del portugués “fetiço” que significa, “hecho de la mano del hombre”. El fetichismo es dar vida a la creación del hombre poniéndolo como divinidad, es idolatría.

Aquí la situación se pone interesante, pues Marx viene a decir, que el dinero se ha establecido como Dios supremo de este mundo. Para el vivimos, nos movemos y trabajamos. El obrero se convertirá en su sacrificio puesto que el valor es creado con el trabajo vivo transferido hacia el capital.

Lo que antes era un medio, ahora se convierte en un fin. La sociedad burguesa se erige para acumular, para adorar a lo que en épocas anteriores era un objeto como cualquier otro. Es esta idolatría lo que para Marx será inconcebible dentro de un cristianismo íntegro. Pues es la idolatría el pecado más condenado por la biblia.

Es sabido que para los hebreos cualquier figura era idolátrica, porque les estaba prohibido hacer representaciones de cosa alguna (vegetal, animal o persona), para no caer en el totetismo, idolatría o fetichismo. De ahí que Jesús pide una moneda con la imagen del Cesar —que por llevar una figura humana es signo de idolatría—, y pregunta: “¿De quién son la imagen y la leyenda que lleva? Le contestaron: del Cesar. Les replicó: pues entonces lo que es del Cesar devolvedlo al Cesar y lo que es de Dios a Dios” (Lucas 20,23-25), con lo cual de ninguna manera aprobó que se pagara el tributo, sino que, simplemente los amonesto a que arrojaran ese objeto idolátrico lejos de ellos. La moneda, como el esclavo, llevan “en su frente” el signo de su señor: han sido subsumidos por él6.

Es así que en contraposición de los teólogos seculares del siglo XX que mencionaban, una edad madura donde Dios ha dejado de estar presente, sucede todo lo contrario; existe un Dios bien vivo, que domina todos nuestros actos y nuestras relaciones.

Llegamos entonces a la segunda parte del libro titulada “Las metáforas teológicas de Marx”. En esta parte se podrá observar como Marx dentro de su discurso económico va integrando conceptos desde la teología de una forma lógica, e incluso poética. Pero no será una incorporación arbitraria, sino que formará una teología de acuerdo a toda la tradición hebraica. Conceptos como carne, pan y vino, que tienen un especial significado en la biblia, son utilizados como categorías de análisis socio-económico.

Cosa aún más interesante, es el análisis del punto de partida de la acumulación de riquezas. En la cual según Dussel, Calvino tuvo mucho que ver, puesto que antes de él se condenaba la usura y la ganancia a través del comercio7. Fue justo Calvino el que abrió la puerta al decir:

La ley de Moisés (Deuteronomio 23) es política, y no nos obliga por sobre la equidad y lo que la razón humana sugiere, Ciertamente, sería deseable que la usura fuera extirpada de todo el mundo. Pero siendo imposible, debemos hacer concesiones en favor de la utilidad común (utilité commune)8.

Después de esto, ya no habría nada que detuviera la acumulación. Y ese principio fue aceptado por economistas como Adam Smith, Jeremy Bentham etc.

De allí es de donde partirá Marx, pues considerará que los economistas clásicos estaban en total contradicción con la teología bíblica. Criticará la noción de lo “natural” tan usado en los principios de la ciencia económica y casi después sacralizado por los economistas neoclásicos. El capitalismo no será “natural” sino una construcción humana, que tuvo un principio y tendrá un fin. Las ideologías pretenden hacer creer que siempre existirá y que es necesario hacerle seguir viviendo.

Marx, muestra con su conocimiento de la biblia, un entendimiento de lo que significa el trabajo. El salario es ante todo, la permisión de la continuidad de la vida, es la negación de la negación; en otras palabras, es muerte de la muerte. Con el pan, se puede reproducir la vida física, corporal del individuo. No negar la vida del otro, es adorar correctamente a Dios, en ese sentido es que los profetas hablaron en contra de aquellos que pagaban salarios injustos declarándolos culpables de muerte.

De ésta manera, en el capitalismo se niega la correcta reproducción de la vida, pues en contra de lo que la economía convencional sostiene, la mayor parte de la población se encuentra pobre, sin lograr avanzar, negada de un crecimiento. Pero no será por mala voluntad, no será una cuestión de moral; el funcionamiento mismo del sistema hace que se generen polarizaciones, que existan ricos y muy pobres.

Resultado de su análisis, se desprende para Marx la praxis de vivir en un sistema así con creencias que difieren en mucho de la lógica del mismo. El argumento se centra en confrontar al cristiano mostrándole las contradicciones de la forma en que la sociedad se encuentra organizada.

Si el capitalismo es contrario al cristianismo entonces sólo se puede proceder de cuatro maneras posibles:
  1. El cristiano, puede renunciar al capitalismo y afirmarse como cristiano.
  2. El cristiano, puede renunciar al cristianismo y afirmarse en el capitalismo.
  3. El cristiano, puede inventar una religión que no esté en contradicción con el capitalismo. Puede por lo tanto ser cristiano y existir en el sistema capitalista.
  4. El cristiano, puede crear una teoría económica que le diga que el capitalismo no va en contra del cristianismo.
De estas cuatro salidas posibles, la (1) y (2) ocurren muy pocas veces. La (3) y (4) son las más realizadas en la vida normal. Es así que la conciencia cristiana observa un gran desbalance en el mundo, pobreza y riqueza; no sabe de donde proviene esto, aparecerán como cosas naturales. Buscará encontrar la respuesta en otros lados, menos en la estructura misma de donde nace. Por un lado adorará a Dios y por otro, querrá vivir en la opulencia, con grandes cantidades de dinero y no verá conflicto en eso, pues pensará que Dios recompensa a los fieles y castiga a los infieles creando así una religión que legitime su prosperidad9. La opción que tomara Marx, es caminar hacia el ateísmo.

El ateísmo juega una parte importante en los profetas de Israel. Dussel comenta, que al negar a otros dioses los profetas se vuelven ateos, Pero es un ateísmo que negará al fetichismo, a los dioses falsos opresores, y afirmará al Dios libertador, el Dios de los oprimidos. Marx hará lo mismo, negará al dios moderno, el capital. Con eso se cierra una gran puerta de controversia en torno al ateísmo de Marx, pues si bien fue él quien dijo: “La religión es el opio del pueblo”, será la religión que legitima el orden injusto, que no se preocupa del pobre, que hace dormir a los hombres para que adoren al fetiche moderno.

El ateísmo, en cuanto negación de esta carencia de esencialidad, carece ya totalmente de sentido…10

En realidad la crítica de Marx hacia la religión cristiana será mucho mayor dirigida contra el puritanismo inglés expresado en la economía política inglesa:

La economía política, la ciencia de la riqueza es, por tanto, a la par con ello, la ciencia de la abstinencia, del ayuno, del ahorro […] Cuanto menos comas y bebas, cuantos menos libros leas, menos vayas al baile, al teatro y a la taberna, menos pienses, ames, teorices, pintes, pesques, etcétera, mas ahorraras, mayor será tu tesoro que no echaran a perder ni la polilla ni el gusano, mayor será tu capital. Cuanto menos seas tú, cuanto menos exteriorices tu vida, mas tendrás, mayor será tu vida enajenada, más esencia enajenada acumularas.11

Después de todo este análisis llegamos a la tercera y última parte titulada “A manera de transición”. En esta parte el autor, después de haber escrito —con este— ya cuatro libros12 analizando el pensamiento de Marx, tratará de hacer una transición filosófica de la crítica de la economía política a la crítica de la filosofía del lenguaje, para así poder construir desde allí nuevos planteamientos en una formulación latinoamericana de la interpretación de la realidad.

Conclusiones

Entender a Marx no es nada sencillo. De todos los pensadores él ha sido menospreciado por su oscura visión sobre el funcionamiento del capitalismo. Muchos argumentos se han esgrimido en contra de su teoría económica, que han conducido a formular argumentos ad hominem.

Vivimos en una sociedad capitalista. La iglesia no es ajena a la realidad, pues forma parte de la sociedad. Comprender el medio donde se encuentra le dará la suficiente capacidad para poder transformar lo que desde hace años ha tratado sin éxito.

Este libro ayuda a comprender un vacío que persiste dentro de la teología protestante: la economía y el hombre. En cuanto la economía afecta a todo hombre es necesario entenderla, lamentablemente esta es una de las ciencias mucho más ideologizadas. Para poder ver entonces bien lo que sucede es necesario penetrar más allá del discurso dominante, y en el caso de la iglesia, de los temores que hace años se tuvo e impidió —y aun hoy día— ser una teología más real, que considere a los pobres pues, como dijo Richard Shaull: “Los pobres desde su espiritualidad construyen diques de esperanza, frente al modelo neoliberal y sus estragos, a partir de la experiencia del milagro de estar vivos y de sobrevivir a pesar de la exclusión”.

__________
  1. Noticia cristiana, “Teólogo presbiteriano asegura que los evangélicos están “presos de una obsesión por los temas sexuales”, en http://www.noticiacristiana.com/educacion/teologia/2010/12/teologo-presbiteriano-asegura-que-los-evangelicos-estan-“presos-de-una-obsesion-por-los-temas-sexuales”.html, (vi: 3 de enero de 2012).
  2. DUSSEL, Enrique, Las metáforas teológicas de Marx, Verbo Divino, España, 1993, p. 153.
  3. Ibíd., p. 37.
  4. Ibíd., p 7.
  5. Ibíd., pp. 127-128.
  6. Ibíd., pp. 69-70.
  7. Para este punto véase. ANIKIN, A. V., Una ciencia en su juventud, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1981, p.35.
  8. DUSSEL, Op. Cit., p. 144.
  9. Aquí se presenta un punto de controversia. ¿Cómo explicar la riqueza de unos cristianos y la extrema pobreza de otros? La conciencia cristiana normal, dirá que Dios reparte como él quiere, y da de diferentes formas. Al proceder de ésta manera despoja de cualquier explicación racional la estructura de la sociedad. Así no ve conflicto en el sistema en el que vive, pues no es el sistema sino Dios quien permite lo que vemos, como consecuencia lógica se dirá que no hay que hacer algo en contra de lo que Dios ya estableció. La teología de la prosperidad camina en ese sentido.
  10. Karl Marx, citado en DUSSEL Op Cit., p. 49
  11. Ibíd., p. 202.
  12. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse, 1985. Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los Manuscritos del 61-63, 1988. El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. Un comentario a la tercera y cuarta redacción de “El Capital”, 1990.

 
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