God-talk: el análisis del lenguaje y la lógica de la teología

Reseña del libro: MACQUARRIE, John. GOD-TALK. El análisis del lenguaje y la lógica de la teología. Salamanca, Editorial Sígueme, 1976.

Pablo Morales Arias (Licenciado en Teología)
Seminario Alianza de Quito, Ecuador.

El problema que analiza Macquarrie en su libro es acerca de la posibilidad de hablar de Dios. Partiendo de la idea de que “Teo-logía” tiene que ver con la noción de hablar reflexivamente de Dios, se pregunta sobre las posibilidades que nos da el lenguaje para realizar esta tarea.

Hoy en día frente a la serie de críticas que nos plantean los diversos análisis del lenguaje y los esfuerzos positivistas por “fisicalizar” el discurso concerniente a lo real, Macquarrie se interroga sobre las posibilidades que el lenguaje presta a un determinado discurso teológico.

La dificultad se nos presenta al tratar de hablar de la trascendencia por medio de un lenguaje que se limita a los meros aspectos inmanentes de nuestra vida.

El planteamiento del problema queda expuesto en términos de la necesidad de reflexionar sobre un lenguaje teológico que articule los conocimientos positivos que pretende tener la fe religiosa.

“...si la fe religiosa mantiene su pretensión de tener cierto carácter cognitivo, no puede apoyar su contenido ni con el silencio ni con una estricta vía negativa, siendo que debe intentar articular en palabras lo que pretende conocer. En otras palabras el intento debe hacerse para ensanchar el lenguaje más allá de sus usos normales [...] de forma que pueda seguir -por así decirlo- a los dioses allí donde se hayan ido” (Macquarrie, 1974: 31).

Hay dos posibilidades cuando pensamos en hablar acerca de Dios en lenguaje humano:

Partir del lenguaje humano y ampliarlo hasta que llegue a Dios.

Partir de Dios y proponerlo como anterior a todo. Es decir se plantearía analizar "las condiciones que habrían de darse para que la realidad divina hubiese caído, al menos a alguna extensión, dentro de alcance del lenguaje humano" (Macquarrie, 1974:39)

En el primer caso nos presenta a modo de ejemplo el quehacer teológico de Bultmann quien en su esfuerzo por desmitologizar el mensaje del Nuevo Testamento descuida la capacidad de simbolización del mito, la misma que no posee el lenguaje conceptual de las ciencias. El camino que busca descubrir a Dios en los horizontes de lo secular termina por secularizar toda idea acerca de Dios.

El lado opuesto a este intento por extender el lenguaje hasta alcanzar a Dios es el de Barth quien pretende expatriar del mundo de lo meramente dado a Dios. Si de Él podemos hablar es sólo en la medida en que decide ingresar en nuestros universos simbólicos y darnos a conocer acerca de Él. “Advirtamos que para Barth el dato principal es la palabra de Dios [...] Cualquier discurso genuino sobre Dios debe provenir del propio Dios [...] Uno de los primeros principios de la epistemología de Barth afirma que no hay forma de comprender a Dios partiendo del entendimiento natural del hombre” (Macquarrie, 1974: 50). El problema es que el pensamiento de Barth termina por romper con toda lógica del lenguaje e imponer la lógica de la obediencia.

Finalmente propone el camino tomado por Tillich. “El método de Tillich, la correlación, según el cual la teología parte de las cuestiones planteadas por la existencia humana, le acerca estrechamente a Bultmann. Su insistencia en que las respuestas han de buscarse en la revelación le relaciona con Barth y con Bultmann, y ciertamente con toda una generación de teólogos protestantes. Tillich, sin embargo, toma una actitud mucho más positiva hacia el simbolismo y las imágenes que Bultmann, y cree que tal simbolismo es valioso e irremplazable, con tal de que se reconozca su carácter simbólico”. (Macquarrie, 1974: 59)

En Tillich sólo sobre la base de la relación de los seres que son y el Ser que lo es por sí mismo, se puede establecer una conexión entre Dios y los hombres de manera de poder hablar de Dios de manera reflexiva. "Ser" es la palabra que hace de puente en el hueco existente entre el lenguaje ordinario y el lenguaje sobre Dios. De todos modos, su pensar corre el riesgo de quedar atrapado en las discusiones filosóficas del existencialismo de Heidegger.

Reflexiones acerca del lenguaje

El siguiente paso en la obra de Macquarrie es reflexionar acerca del lenguaje como tal. Este reflexionar es sólo posible para aquel que habita el lenguaje, que existe lingüísticamente. Las palabras dependen en parte de los primero grito animales que pudieron mascullar nuestros antepasados, sin embargo, en algún momento debe haberse dado un salto cualitativo que permitió diferenciar las simples onomatopeyas de las palabras cargadas de sentido que profiere el ser humano.

Las palabras no son bloques aislados que puedan ser estudiados de manera independiente para comprender la totalidad de su significado. De hecho, desde Russell hasta los positivistas lógicos yerran al querer tratar al lenguaje como algo existente que se puede estudiar en el vacío, separado de la existencia personal y del mundo concreto en el que surge y desarrolla su vida.

En el otro extremo se halla los idealistas quienes consideran al lenguaje como “una creación del sujeto pensante, quien, por medio del lenguaje, sale al mundo y le da forma y orden, y del que, en verdad, casi se podría decir que construye un mundo sin contacto con los múltiples datos de los sentidos. El lenguaje se considera como el 'espíritu objetivizado'”. (Macquarrie, 1976: 74)

Macquarrie propone entonces un equilibrio por medio del cual reconocemos que “el lenguaje conforma e incluso, en cierto sentido, crea nuestro mundo, [pero a su vez] también es cierto que el medio físico conforma nuestro lenguaje” (Macquarrie, 1976: 75). Este equilibrio entre lo mental y lo físico es esencial para comprender el lenguaje. “El lenguaje, seguramente, es un fenómeno que muestra tan claramente como cualquier otro la interacción y la interdependencia de lo mental y lo físico en la existencia concreta (Macquarrie, 1976: 75).

Esta forma de comprender el lenguaje da pie para que entendamos el fenómeno del lenguaje en el contexto específico del discurso que lo modela. Aislado del mismo, las palabras se vuelven elementos petrificados del discurso.

Es el contexto discursivo en el cual se daba el mensaje el que marca el significado del mismo. “La situación del discurso es el hogar del lenguaje, y sólo podemos juzgarlo con propiedad cuando lo veamos en su hogar” (Macquarrie, 1976: 80)

Así, pues, el lenguaje objetivo de la ciencia es útil en el contexto desapasionado en el que se mueve, sin embargo, esto no da pie para que se lo considere como un lenguaje normativo. Se trata de un modelo de discurso útil en determinadas circunstancias.

El lenguaje teológico

El lenguaje que usamos ara la reflexión teológica es distinto de aquel que hallamos en la ciencia. Este último es denotativo y se halla fuertemente vinculado a los objetos que intenta describir. Por su parte otro tipo de lenguajes son más bien connotativos, es decir interesados más en encontrar en las relaciones existentes entre los diversos elementos del sistema discursivo. De hecho, su validez se halla en el contexto del lenguaje en contraste con el lenguaje científico, el cual se aísla del contexto de la existencia para describir de la manera más objetiva y desapasionada la realidad que trata de expresar.

Así pues, el lenguaje mítico, lejos de ser obsoleto para la era de la ciencia debe ser entendido en el contexto del discurso en el cual fue propuesto. El lenguaje mítico es por naturaleza dramático, es decir, se enfoca en la acción de los personajes que describe; es evocativo, esto quiere decir que busca imprimir ciertas impresiones por medio de las imágenes –más que los conceptos- que presenta en su desarrollo; es a-lógico, es decir, se desarrolla según categorías de pensamiento muy distintas de las experimentadas en el día a día por el sentido común; se caracteriza por lo remoto del relato y es parte de una comunidad que lo adopta como parte de su ser.

Son estos varios de los elementos que deben ser revisados al momento de acercarnos a los mitos que buscamos interpretar.

En general, el lenguaje teológico corre el riesgo de salir del ámbito del lenguaje discursivo y objetivar en conceptos lo que no es otra cosa que lenguaje vinculado a la existencia toda del ser humano.

Conclusión

El racionalismo (historicista) por medio del cual muchas veces el fundamentalismo ha analizado al texto bíblico no le ha permitido ver las posibilidades que da un análisis del lenguaje. Los modelos de escritura del habla previos al renacimiento no pueden ser entendidos en función del historicismo que permea toda la ilustración y se adentra en las iglesias durante dicho período. Aún pretender desmitologizar el texto bíblico es peligroso, si por tal se entiende, la inutilidad del hablar mítico propio del período previo a nuestra era de la razón. No es cuestión de suponer que la “falsedad” histórica de un relato lo hace inservible. Por el contrario, mientras no consideramos las posibilidades del discurso mítico en su contexto y bajos sus reglas, mucho del pensamiento antiguo se pierde en meras narraciones para niños.

Lo que ha desprestigiado a la Biblia más que nada en la actualidad ha sido el intento por volver históricos relatos que buscan expresar realidades más profundas que la mera narración de hechos específicos. Su riqueza se pierde porque en el marco de interpretación actual no cabe el símbolo como lo hacía en aquellos tiempos. Es menester empezar a revisar adecuadamente aquellos textos sin perder de vista la riqueza del símbolo.


 
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