Intimidad, acción y reivindicación. Sobre la Reforma Protestante

Raúl Méndez Yáñez, México.

I

Este 2011 se cumplen 494 años del inicio de la Reforma Protestante. El 31 de octubre de 1517 el monje de Sajonia, Martín Lutero, denunció pública y proféticamente los abusos de los representantes papales que hacían un marketing de mercancía virtual: la venta de indulgencias1.

Lutero, quien aún no es reconocido por los procesadores digitales de texto, los cuales siguen corrigiendo al usuario de que la palabra “Lutero” sencillamente no existe y hay que cambiarla automáticamente por “lucero”, exhibió públicamente 95 tesis o argumentos en los cuales se evidencia el carácter ilegítimo de la venta de indulgencias. Estas tesis protestaban. Protestaban contra la dominación de los poderosos sobre los débiles, protestaban contra el hecho de asignar más importancia a los intereses materiales del clero que a la economía doméstica del pueblo europeo.

La escritora Janet Martin Soskice, ha hablado de buscar “el corazón de la religión en la esperanza”2 y con sus 95 tesis, Lutero dio un masaje cardiaco al infartado corazón de la Iglesia, no como institución, sino como pueblo. Las tesis de Lutero son, por tanto, la piedra de toque para que el oprimido se llenara de esperanza y tomara conciencia de que su fe, el don más íntimo del ser humano, no es un artículo más en el mercado.

La Reforma surge como un descubrimiento de la fe, de la intimidad, del hecho rotundo de que mi destino, mi salvación, mi futuro, en suma, mi vida, es asunto mío: “En mi fe, mando yo”. Nadie puede obligarme a entender mi relación con Dios como un contrato de compraventa en el que Dios y yo dejaríamos de ser sujetos para convertirnos en objetos de uso. “El hombre encontró a Dios y quiso servirse de él”, reflexiona angustiada Misato Katsuragi en un capítulo del anime japonés Neon Genesis Evangelion.

Contra esto protesta la Reforma, contra el proceso de convertir al ser humano en un objeto de uso, o como dijera un luterano del siglo XIX, Emanuel Kant, ver al hombre como medio y no como fin en sí mismo3. La Reforma es una antropología, busca restituir al ser humano precisamente su carácter humano.

Llegados a este punto de protesta, es necesario reparar en Paul Tillich, teólogo luterano del siglo XX, quien se dio cuenta de la gran contradicción de la fe cristiana: al tiempo que proclama la vida humana en plenitud, niega al ser humano su derecho a la vida diciéndole que debe negar su vida temporal para ganar la vida eterna. Por eso Tillich habla de la crucifixión de Jesucristo, pero no la puede entender separada de su resurrección: la muerte al pecado significa renacer a la vida: “La vida os ama”4

Si no es a partir de Dios nunca podré saber quién soy en realidad y mi vida no hará otra cosa que desesperar. Por eso otro luterano, también del siglo XIX, Sören Kierkegaard dijo: “Todo hombre que no se conozca como espíritu, o cuyo yo interno no ha adquirido conciencia de sí mismo en Dios… semejante existencia es desesperación”5

II

Pasemos ahora a la segunda generación de la Reforma, trasladémonos de Alemania a la ciudad de Ginebra en la cual desde 1541 pastoreó sin interrupción Juan Calvino, padre fundador de las llamadas iglesias Reformadas. Con Calvino la Reforma tomará nuevos senderos: el movimiento y la comunidad. Calvino predica que la salvación, una vez asegurada en la conciencia del hombre, se mueve, corre, construye, forme, ayude. Para Calvino la salvación individual sólo tiene sentido en tanto el creyente redimido puede ir más allá de sí mismo y dar la gloria a Dios6.

El individuo parte en su experiencia a partir del cuerpo y el cuerpo también es un don de Dios, desde la perspectiva calviniana él vehículo por excelencia de la gloria de Dios. El cuerpo tiene boca, y podemos bendecir, instruir, proclamar la Palabra de Dios; el cuerpo tiene manos, podemos construir, lavar, proclamar la Palabra de Dios; el cuerpo tiene piernas, podemos correr al encuentro de un amigo, , caminar despacito para que un niño siga nuestro paso, proclamar la Palabra de Dios. El cuerpo también es sexuado y como dijo un fiel calvinista, Karl Barth: “por lo sexual, se elevan los procesos humanos o animales a la categoría de vivencias de Dios”7. Y en todo esto decir sólo a Dios la gloria.

Para la fe reformada después del cuerpo está la comunidad. La doctrina reformada apuesta por la vida colectiva, porque el creyente vaya más allá de sí mismo y comunique todos sus “bienes y mercedes… amistosa y liberalmente”. La doctrina reformada es una ética de la fraternidad y una economía de la cooperación: produce y distribuye, no produce y acapara. El espíritu del capitalismo se forjó en realidad con una no-ética protestante.
En tercer escenario donde la gloria de Dios ha de manifestarse es el mundo. Ya Lutero aportó insumos para asegurar el corazón del creyente en la esperanza de un futuro, pero también de un presente en la construcción del Reino. Para el creyente reformado, el mundo entero es un escenario de devoción, y toda la vida es una oración, tal como rogaba Agustín de Hipona8. La santidad reformada se construye mediante su participación en este escenario de devoción que es la buena Creación de Dios. Salatiel Palomino, un calvinista mexicano ha expresado: “El cristiano o cristiana no es más santo ni más devota cuando ora con su corazón que cuando trabaja con sus manos”9.

Esta tríada: mi cuerpo, los otros y el mundo se articula a través de la acción, de lo que en términos bíblicos se conoce como amor (ágape). Porque para la Biblia amor es acción, “De tal manera amó Dios al mundo” leemos al inicio de Juan 3.16, e inmediatamente escuchamos “que ha dado”. Dios ama y da, ama y actúa.

III

Este panorama teológico despierta grandes emociones, pero a casi medio milenio del inicio de la Reforma, se corre el riesgo de que su pasión de intimidad y comunidad se estanque y se vuelva una “supervivencia” sin significado pertinente para el entorno actual, e incluso que niegue su legado histórico. Un aceite que puede lubricar el engranaje es que el protestantismo saque partido de su doctrina y la aplique en actos de reivindicación, o reivindicaciones, entendidas como la actualización del mensaje reformado en contextos de discriminación, opresión y enajenación.

De estos contextos destaca el caso de la reivindicación de la mujer y de lo femenino, no sólo en la iglesia sino también en la sociedad. Diversas investigaciones etnográficas han demostrado que la participación religiosa habilita una, “reivindicación social a nivel familiar y comunitario”10 de las mujeres. La antropóloga Isabel Lagarrita constato que “cambiando de religión o integrándose a nuevas variantes de un mismo credo, nuestras mujeres lograban superar aspectos de frustración, relegamiento e inseguridad”11. Es decir, que la conversión de una mujer es experimentar la liberación de un mundo que la oprime, que no la reconoce y que le obliga a vivir en el temor.

Es liberación del autoritarismo doméstico, exhibiendo la capacidad de las mujeres de tomar sus propias decisiones, ser reconocidas en el hogar y poder decir a la familia: hoy me voy al templo. Su presencia en las diversas congregaciones religiosas (protestantes, católicas, espiritualistas, etc.) es una manifestación de su capacidad de tomar sus propias decisiones, de hacer valer, por encima de las dificultades del hogar y de la vida diaria, su deseo íntimo, y decirle al mundo: en mi fe, mando yo. Como dijo Rubem Alves, poeta protestante, proclamar “la supremacía axiológica del corazón sobre los hechos brutos de la realidad”12.

Lagarrita también nos recuerda que “por mera diferenciación genérica, la participación de la mujer como reproductora de los valores religiosos en el seno del hogar la hace adquirir, desde el punto de vista numérico, una mayor importancia en cuanto a la práctica religiosa se refiere”13. Las operarias de los “sistemas expertos” de lo religioso son las mujeres, por más que los detentadores del control de los “sistemas simbólicos” sean los hombres14. La reivindicación femenina es necesaria y conveniente para las iglesias emanadas de la Reforma porque reducirá esta conmoción que funcionalmente están convirtiendo al protestantismo mexicano (y ¡ay!, con mayor verdad en el presbiterianismo) en una casa dividida contra sí misma.15

Otros grupos religiosos ya están dando ejemplo de esta reivindicación femenina, si la Reforma surgió con el ímpetu profético de la protesta, el tiempo le ha desgastado y será una señal de humildad si el protestantismo observa los procesos de intimidad, acción y reivindicación que ocurren en otras comunidades de fe, para que, parafraseando inversamente a Alves, vuelvan al protestantismo “más ligero” y alejado de la emergencia latinoamericana de nuevos fundamentalismos que protestan ante los nuevos modelos de familia, de amor y de equidad. Pero su protesta atenta contra la intimidad, contra las comunidades emergentes y contra la reivindicación de los diferentes tildados de pecadores en su diferencia.

A casi medio milenio de la Reforma se debe constatar con desesperación luterana que el protestantismo hoy tiene más cosas que aprender de otros grupos religiosos de las que pudiera predicarles, y reconocer esto a tiempo puede lograr que para sus 500 años reaparezca en el mundo como ese canto de cisne que alguna vez fue lucero… Lutero.

__________
  1. Véase una reciente reseña histórica de la Reforma en MAYER, Alicia, Lutero en el Paraíso. La Nueva Espala en el espejo del reformador Alemán, México, Fondo de Cultura Económica / UNAM, 2003, p.p. 29-42
  2. ”The heart of religion in hope”. Conclusión que Martin Soskice deriva tanto de Paul Ricoeur como de Julia Kristeva, en FORD, David, The Modern Theologians. An introduction to Christian Theology in the Twentieth Century. 2a. ed., Estados Unidos, / Inglaterra, Blackwell Publishers, 2007, pág. 580.
  3. GRANJA, Dulce María, Lecciones de Kant para hoy, México, Anthtopos/Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, 2010.
  4. TILLICH, Paul, El Nuevo Ser, [1955]Barcelona, Libros del Nopal, 197, pág. 10
  5. KIERKERGAARD, Sören, Tratado de la desesperación, México, Grupo Editorial Tomo, pág. 70
  6. “Todos cuantos bienes y mercedes hemos recibido de Dios, nos han sido entregados con la condición de que contribuyamos al bien común de la Iglesia; y por tanto que el uso legítimo de todos estos bienes lleva consigo comunicarlos amistosa y liberalmente con nuestro prójimo” CALVINO, Juan, Institución de la Religión Cristiana [1536], Buenos Aires, 1967, III, vii, 5
  7. BARTH; Karl, Carta a los Romanos [1921], Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pág. 98
  8. “Porque Dios, como autor y padre de todos, de ninguno tiene necesidad; pero es bien para nosotros que le honremos con la justicia y castidad y con las demás virtudes, haciendo que nuestra vida sea una oración” AGUSTIN, La Ciudad de Dios, México, Porrúa, 2000, 19, 23
  9. PALOMINO Salatiel, Introducción al pensamiento de Juan Calvino, Nashville, Abingdon Press, 2008
  10. LAGARRITA, Isabel, Participación religiosa: viejas y nuevas formas de reivindicación femenina en México” en Alteridades, México, Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, 9(18), pág. 71
  11. Idem
  12. Véase CERVANTES-ORTIZ, Leopoldo, Series de Sueños. La teología ludo-erótico-póetica de Rubem Alves, México, Centro Basilea de Investigación y Apoyo, 2003.
  13. LAGARRITA, op. cit, pág. 72
  14. Sobre la definición de estos sistemas en la sociología de Giddens y su aplicación en el contexto religioso véase GAYTAN, Felipe, “Elogio de lo incierto. El riesgo como ventana teórica para comprender lo moderno del fenómeno religioso” en HIGUERAS, Antonio (coord.) Religión y Culturas Contemporáneas, México, Universidad Autónoma de Aguascalientes, RIFREM, La Editorial Manda, pp. 207-240.
  15. El pasado mes de agosto en Xonacatlán, Estado de México, la Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México decretó no ordenar mujeres a cargos eclesiásticos y desconocer a cualquier mujer investida ministerialmente por su iglesia local, véase CORPUS, Ariel “Poder, legitimidad y desconfianza” en Lupa Protestante Revista Electrónica, España, 2010. Disponible en http://www.lupaprotestante.com/lp/columnistas/ariel-corpus/poder-legitimidad-desconfianza-y-disidencia al 07 de octubre de 2010.

ACERCA DEL AUTOR
Raúl Méndez Yáñez es Antropólogo Social por la Universidad Autónoma Metropolitana, México, con estudios en el Seminario Teológico Presbiteriano. Actualmente ejerce como Profesor de Masculinidades en la Comunidad Teológica de México. Autor en diversos libros y revistas latinoamericanas de ensayos que versan sobre fenómeno religioso y consumo, teología y redes sociales, así como sobre la obra de Mary Douglas.
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