lunes, octubre 03, 2011

Cristo, Señor del mundo

Luis Fernando Ortiz, México

He visitado algunas librerías cristianas y me sorprende ver la vasta cantidad de libros dedicados a guerra espiritual, matrimonio y familia, juventud y vida cristiana, pero poco sobre apologética. Es como si nuestra opinión sobre el tema no existiera o no nos interesara, de hecho los pocos libros que existen son para académicos, como si para el cristiano promedio la apologética le fuera algo no necesario y sólo digno de ser revisado si tiene curiosidad.

Revisar los libros también tiene otro punto muy interesante, la mayoría de ellos en realidad son manuales de respuestas a ciertas preguntas, de esta manera ofrecen una visión muy sesgada y corta de cómo responder ante esas preguntas, y en su esencia inculcan un desconocimiento de el origen de las preguntas que se nos hacen.

Considero nos encontramos en un momento donde muchas de nuestras ideas cristianas necesitan ser replanteadas, puesto que el corto alcance intrínseco en ellas nos dejan ver su incapacidad de reacción, ante lo que sucede en el mundo contemporáneo.

Esta revista, trata, principalmente de la apologética cristiana. Apologética ligada a un dialogo con distintas ramas del conocimiento: ciencias exactas, ciencias sociales, humanidades pero también un dialogo con otras religiones, cosa que creo es muy necesaria para aportar una buena base para desarrollar una apologética concisa. Nadie que quiera realizar apologética puede substraerse de lo que ofrecen y dicen otras posturas.

Sin embargo, en el transcurso de los años he observado la tendencia de todos aquellos que hemos intentado realizar apología de nuestra fe, en reducir la forma en que la presentamos, forma que desarrollaré a continuación:

La forma convencional con la cual realizamos apologética es presentando a Dios allí donde el hombre no ha conocido o penetrado muy superficialmente un tema, un terreno, donde la ceguera del conocimiento le hace tomar más cautela. Es allí donde utilizamos nuestros argumentos para tratar de convencer que nuestra fe es verdadera. Utilizamos a Dios como recurso último, si no hay nada que explique el comportamiento y funcionamiento de algo con total certeza, es porque Dios debe estar allí, es porque el cristianismo es en realidad verdadero. La falla de la teoría se convierte en nuestro punto de entrada a la apología.

Esto conduce necesariamente a una generalización que podría hacer llegar a pensar que la ciencia es un método falaz al que no hay que confiarle nada, pero también pone a Dios en los límites de la vida como dijo Dietrich Bonhoeffer:

"Los religiosos siempre hablan sobre Dios ahí donde el conocimiento humano no logra avanzar más (en ocasiones por mera flojera), o donde las fuerzas del hombre fallan. Siempre introducen allí un deus ex machina (…) Dios siempre aparece al acabarse la fuerza humana o ante los limites humanos; pero eso necesariamente durara hasta que los hombres logren correr dichos limites algo más allá, volviendo así por lo pronto superfluo a Dios."1

Surgen frases como: “Esta o aquella teoría no ha sido comprobada en su totalidad, por tanto demuestra la existencia de Dios”, el ejemplo anterior cabe muy bien para representar nuestra posición por ejemplo, para la teoría darwiniana; por años los debates han sido resueltos de nuestra parte tratando de demostrar su poco alcance, ridiculizándola o ignorándola completamente, en suma siendo cerrados.

Pero cabe decir, que los limites del conocimiento humano tarde o temprano tendrán que ampliarse. En algún momento se dará un nuevo descubrimiento que, si seguimos con la forma convencional de apologética sostenida hasta ahora, dará cada vez menos campo de acción para nuestras respuestas.

Pero esto no sólo se refiere a campos de conocimiento científico sino también lo realizamos en aquellas partes donde introducimos a Dios como elemento explicativo, por ejemplo, en las preguntas últimas de la vida, es decir, la muerte y el más allá. De nuevo cito a Bonhoeffer:

"(Respondemos los cristianos) Es verdad que la ciencia da hoy respuestas a casi todas las preguntas del hombre, y es verdad que la sociedad se logra organizar bien sin Dios, pero aún quedan las preguntas “ultimas”, como la muerte, o la culpa, a las que solo Dios puede dar respuesta (…) Es Dios como suplente."2

Como se puede ver, la dirección del esfuerzo apologético, es presentar a Dios en la debilidad humana, en la ignorancia humana, en el punto donde su desesperación por no saber que hay más allá de su no conocimiento le hacen vulnerable a ser manipulado, a ser utilizado.

¿Por qué no tratar de responder desde donde conocemos? Debemos responder no en la debilidad del hombre, tener esa capacidad de entender las preguntas y colocar a Cristo en el centro y no en los límites, en las afueras de la vida, donde el hombre por lo general ya ha desperdiciado la mayor parte de su vida.

Hacer esto plantea un reto, salir de la mentalidad religiosa, y con religiosa me refiero a creer que el gobierno de Dios sobre la vida del ser humano se refiere sólo a ámbitos espirituales pero no sociales o culturales e inclusive intelectuales, creer que a Dios sólo le interesa nuestros gustos musicales, en otras palabras, pensar que Dios sólo gobierna una parte, cuando en realidad Cristo como dijo Bonhoeffer: Es Señor del mundo.

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  1. Citado en: SVENSSON, Manfred, Resistencia y gracia cara: el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer, Clie, España, 2011, p. 70.
  2. Ibíd. p. 71.

ACERCA DEL AUTOR
Luis Fernando Ortíz es estudiante de Licenciatura en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México, con especial interés en temas como la economía política, la historia del pensamiento económico, el desarrollo económico y del capitalismo, y el subdesarrollo. Además participa en el ministerio universitario MIES UNAM.
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