Teología Natural y Protestantismo, una relación compleja

Manuel David Morales, México.

Desde los inicios de la Reforma en el siglo XVI, la opinión del Cristianismo Protestante hacia la teología natural ha sido tan diversa, que es imposible hablar de una única postura, e incluso de una evolución histórica generalizada. Ante tal hecho, como punto de partida hoy en día es sumamente necesario reconocer la diversidad cultural, teológica y social de esta tradición religiosa. Una vez superada esta etapa, la clave para entender el desarrollo de la teología natural dentro del contexto protestante, estaría en realizar una revisión histórica acabada, que permita analizar la amplia diversidad de opiniones partiendo de los mismos reformadores y pioneros de la filosofía natural del siglo XVII, hasta los pensadores protestantes contemporáneos.

Quizás una de las cuestiones más controversiales de abordar en el diálogo ciencia, filosofía y religión, es cómo se entiende el conocimiento natural de Dios dentro del contexto cristiano protestante, y en particular, las implicaciones teológicas y filosóficas que tendría la ciencia en dicha cosmovisión. Podemos argumentar que las controversias surgen, cuando se pasa por alto dos importantes factores. El primero, obviamente lo constituye la diversidad de confesiones protestantes que actualmente existen, y el segundo, es el hecho de que cada una de estas confesiones ha estado directamente influída por los aspectos sociales y culturales de la época, lo cual significa que es imposible separarlas del contexto histórico en el que se desenvolvieron. Teniendo en cuenta los dos aspectos antes mencionados, y antes de cualquier evaluación, lo más conveniente es realizar un breve recorrido a lo largo de la historia, para visualizar las diferentes posturas que han tenido algunas de las más importantes figuras del Protestantismo, de tal forma que nos permita configurar una visión más interdisciplinaria en torno a esta problemática. 

Los reformadores protestantes y la crísis del siglo XVI

Si bien muchos eruditos, incluso protestantes, han sugerido que los reformadores del siglo XVI menospreciaban la capacidad de la razón humana, un análisis más exhaustivo deja entrever que sus posturas, deben entenderse fundamentalmente como una reacción a la crisis religiosa de su época, y no como un simple retorno al primitivismo o irracionalismo. Hasta antes del siglo XVI, era una época en que la teología natural influía prácticamente en todo Occidente, incluso a pesar de que la Revolución Científica aún no había tomado toda su fuerza. La importante síntesis hecha por Santo Tomás de Aquino entre el Cristianismo y la tradición filosófica griega era la base de toda reflexión metafísica. Sin embargo, y de forma paradójica, toda esta riqueza filosófica propició el descuido en la importancia de la fe personal en la experiencia religiosa propiamente tal, además de amparar lamentables abusos como la corrupción de algunos de los jerarcas católico-romanos de su tiempo. Es en este contexto en que surgen reformadores como Martín Lutero, Juan Calvino entre otros, quienes si bien reconocían que la razón era un elemento importante de la vida humana no tuvieron reparos en establecer límites en lo que respecta al conocimiento de Dios. Ahora bien, la pregunta natural que surge aquí es ¿por qué establecer dichos límites?, la respuesta esencialmente es una, y radica en la interpretación teológica protestante de la caída del hombre. Ésto lo podemos apreciar de forma muy clara tanto en la Teología de la Cruz de Lutero como en la Doctrina de la Depravación Total de Calvino, y que consiste en la concepción de que el pecado original habría afectado tanto la espiritualidad como el intelecto del hombre en lo que respecta al conocimiento de Dios. Es por esa razón primordial, que los reformadores sintieron cierta aversión hacia el enfoque filosófico desarrollado por Tomás de Aquino en el seno de la Iglesia Católica Romana.

Algunos han sugerido que los reformadores rechazaron la teología natural, sin embargo entendiendo que la teología natural abarca todas las dimensiones del ser humano, dicha idea carece de sustento. Por ejemplo en el pensamiento de Lutero, hay claros elementos del racionalismo platónico, en particular la Anamnesis, e incluso el reformador llegó a utilizar los argumentos cosmológico, teleológico y moral para la existencia de Dios. La postura de Calvino es algo más compleja, debido a su constante ambivalencia en lo que respecta a la filosofía griega. No obstante, y si nos cuidamos de no caer en anacronismos, podríamos entender su Sensus Divinitatis como una clara apelación al sentido básico del ser humano y el convencimiento interno acerca de la ley natural de Dios. 

Pensadores protestantes durante la Revolución Científica

Para entender de forma adecuada el fenómeno de la ciencia moderna, es sumamente necesario considerar el trasfondo religioso en el cual se desenvuelve en sus orígenes; y precisamente el Protestantismo junto con otras tradiciones religiosas, fue el que proporcionó dicho trasfondo. En lo que respecta a la teología natural desarrollada a partir del conocimiento científico, hubieron algunos contrastes entre los pensadores protestantes de este período. Por ejemplo para Francis Bacon, con una marcada influencia calvinista, sostiene que el principal objetivo de la ciencia es la restauración del poder del hombre sobre la naturaleza; por lo que el conocimiento de Dios solo es posible a través de la revelación en las Sagradas Escrituras. Diferente es el caso de pensadores posteriores como John Locke, quien a pesar de no ser un creyente ortodoxo, no tuvo mayor problema en desarrollar argumentos para la existencia de Dios junto con formular las bases del empirismo que posteriormente se introducirían en la práctica científica. De hecho, no es novedad que en uno de sus tempranos trabajos, La Razonabilidad del Cristianismo, se haya referido a la razón como “la vela del Señor”, lema que posteriormente tomarían para sí los Platonistas de Cambridge, grupo de teólogos quienes proveyeron el contexto teológico y filosófico en el cual científicos británicos posteriores basaron su trabajo.

De especial significación es el caso de Isaac Newton, quién aparte de ser un notable científico, fue un importante exponente de la teología natural protestante del siglo XVII. Newton, acepta la metáfora de los dos libros, la cual sostiene que Dios se revela a sí mismo a través del libro de las Sagradas Escrituras, como del Libro de la Naturaleza. También, y al igual que su contemporáneo Robert Boyle, el científico británico se ve así mismo como sacerdote de la naturaleza, incluso llegando a sostener asiduamente en la Royal Society de Londres, que el objetivo de la ciencia es descubrir los atributos de Dios. Esto último es de vital importancia, si consideramos la marcada influencia que el puritanismo, y en particular la doctrina calvinista de la Predestinación, ejerció sobre el científico. Para Newton, el científico es el encargado de develar la providencia de Dios a través de las leyes de la naturaleza, y bajo este contexto, concibe la ciencia como una empresa de carácter eminentemente religioso. 

William Paley y el esplendor de la Teología Natural Británica

Sin duda que la publicación de la obra Natural Theology; or Evidences of the Existence and Attributes of the Deity, Collected from the Appearances of Nature (1802) del filósofo y teológo anglicano William Paley, marcó un hito importante dentro de la historia de las relaciones entre ciencia y religión. De hecho, muchos ven en este acontecimiento la segunda época del esplendor de la teología natural, solamente precedida por la era del Aquinate. La imagen mecanicista del mundo desarrollada por la física newtoniana junto con el auge de la revolución industrial, asombró en gran medida a Paley, quien inmediatamente planteó la metáfora del reloj, la cual claramente desemboca en la pregunta última acerca de quién es el responsable de los mecanismos naturales que observamos en la naturaleza. Un punto importante a considerar, es que Paley no sostuvo una analogía entre los artefactos construídos por el ser humano y la naturaleza, sino mas bien se enfoca en la cuestión de la identidad: la naturaleza es un mecanismo, por ende, fue diseñado de forma inteligente. Al margen de estar o no de acuerdo con el pensamiento de Paley, es innegable que el trabajo de este pensador fue muy influyente, debido a que pudo introducir el argumento del diseño, inicialmente formulado por Tomás de Aquino en sus Cinco Vías, dentro del contexto del desarrollo de la ciencia moderna occidental. Otro aspecto importante a señalar, es que Paley en cierta medida dió las directrices para una nueva forma de hacer teología natural, que en muchos aspectos se mantiene hasta nuestros días. 

Objeciones a la Teología Natural

El importante y progresivo desarrollo de la teología natural dentro del Protestantismo no ha estado excento de críticas. Si bien difícilmente podríamos considerarlas concluyentes, reflejan en cierta medida la preocupación que la teología natural genera en algunos sectores protestantes, y es más, en parte dan cuenta de la forma en que se concibe dicha labor. En primer lugar, tenemos el caso del teólogo suizo de tradición neo-ortodoxa Karl Barth, quien como lo expuso claramente en las Gifford Lectures (1937-1938) se declaró en completa oposición a toda la teología natural. Para Barth, la teología natural es similar a construir una Torre de Babel, llegando al cielo desafiantemente, cuando Dios a llegado a nosotros a través de Cristo bajo su propia voluntad; no sería más que un intento de auto-justificación. La crítica de Barth fundamentalmente es teológica, por lo que no niega la existencia de una revelación general ni tampoco le interesa la cuestión de la racionalidad. Una vez más es necesario adentrarnos el contexto histórico en el cual estas ideas fueron difundidas, porque de hecho, tuvieron su punto de partida en 1934, año en que Hitler llegó al poder en Alemania. Para ese entonces, muchos teólogos liberales reinterpretaron algunas ideas de Lutero en lo que respecta a la ley natural, especificamente “los ordenes de la creación”, con el objetivo de desarrollar una teología que estuviera de acuerdo con el régimen Nazi. Obviamente que la preocupación natural de Barth, era el hecho de que la teología natural diera las bases para que el estado se convirtiera en un modelo de Dios.

Un segundo desafío que la teología natural ha tenido que enfrentar recientemente, es el enfoque epistemológico de Alvin Plantinga, filósofo estadounidense de tradición reformada. Su crítica, de naturaleza filosófica, es algo compleja, sin embargo a grandes rasgos podríamos resumirla en que no se justifica tener una creencia, según la cual esa creencia en sí misma no es justificada. A la luz de este problema, el enfoque cristiano más adecuado sería afirmar que la creencia en Dios es básica en sí misma, por lo que no requiere demostrarse a partir de otras creencias. Plantinga ve en Tomás de Aquino el principal teólogo natural, principalmente por el hecho de establecer razonamientos deductivos que buscan demostrar la existencia de Dios a partir de premisas. 

Teología Natural Protestante en el ideario actual

Actualmente en la academia, ha surgido un renovado interés por la teología natural. Esto radica esencialmente en el hecho de que la ciencia moderna ha experimentado un impresionante progreso, el cual nos ha llevado hasta la fronteras mismas de la compresión humana. Una de las figuras contemporáneas más importantes es el físico de partículas y teólogo John Polkinghorne, quien tras once años de haber sido catedrático en la Universidad de Cambridge, decide hacerse sacerdote de la Iglesia Anglicana, para luego, después de servir en diferentes parroquias, enfocarse en el estudio de la relación entre ciencia y religión. Uno de los mayores méritos de Polkinghorne, es haber posicionado la teologia natural moderna en la apologética y la teología. A diferencia de los enfoques del Aquinate o Paley, la teología natural de Polkinghorne no busca la coerción lógica sino mas bien el entendimiento profundo, el cual considera, es proporcionado de mejor manera por el teísmo frente al ateísmo. Algunas de las preguntas fundamentales que se hace Polkinghorne es ¿por qué la ciencia, en su amplio y extensivo sentido, es posible? ¿Por qué su éxito consiste en adoptar como lenguaje, el aparente sistema abstracto de las matemáticas? La racionalidad de la ciencia, así como de la naturaleza sería aspectos que claramente apuntan a Dios. En relación al alto grado de orden de la naturaleza, uno de los principales aspectos que atrajo su atención, es el principio antrópico y ajuste fino del universo.

Otro importante pensador contemporáneo, y con un enfoque algo diferente al de Polkinghorne, es el filósofo y teólogo norteamericano William Lane Craig, a quien podríamos catalogar como defensor de la teología natural clásica. Uno de los importantes logros de Craig, es haber elaborado y sistematizado una serie de argumentos deductivos a favor de la existencia de Dios. Entre los más significativos podemos mencionar su argumento moral basado en la existencia de los valores morales y obligaciones objetivas, argumento teleológico a partir del ajuste fino del universo, y el argumento Kalam basado en el inicio del universo y el Big Bang. De especial importancia constituye su defensa de la Resurrección de Jesús basado en aspectos epistemológicos propios de la historia.

Finalmente, un importante caso es el del biofísico y teólogo irlandés Alister McGrath, quien se ha preocupado de establecer interesantes directrices en lo que respecta al renuevo de la teología natural. McGrath, es más cercano al enfoque de Polkinghorne que al de Craig, debido a que su principal objetivo, y tal como lo ha planteado en sus diversos escritos, es dar sentido, “alumbrar” todo lo que existe a través del Cristianismo. Su enfoque más que deductivo, sería abductivo o inferencia a la mejor explicación. Uno de los aspectos más importantes a resaltar de este pensador, es que se ha preocupado minuciosamente de redefinir lo que entendemos por teología natural, de tal forma que permita considerar todas las dimensiones del ser humano: racional, estética y moral (propias de la tríada platónica). Es importante señalar que bajo esta redefinición, y como era de esperar, se minimizan las tensiones entre la teología natural y las objeciones del tipo barthianas o las desarrolladas a partir de la epistemología reformada de Plantinga. 

Hacia una comprensión mas integradora del fenómeno

Tal como hemos podido apreciar, el fenómeno de la teología natural dentro del contexto cristiano protestante es sumamente diverso. Desde sus inicios ha tenido marcados contrastes, muchas veces más pronunciados que otros. Sin embargo, a la luz de toda esta diversidad, y hecho este breve recorrido histórico, estamos en condiciones de formular algunas breves reflexiones en relación a este fenómeno.

Tal como lo señalamos al principio, es sumamente necesario conocer y comprender el contexto histórico en el cual la cultura de la teología natural protestante se ha ido desarrollando. A diferencia del Catolicismo Romano, el Protestantismo carece de un sistema eclesiástico centralizado, lo cual le permite desarrollar diferentes concepciones acerca de las problemáticas teológicas y filosóficas fundamentales. Ahora bien, dentro de esta diversidad, no es antojadizo afirmar que existe cierta unidad entre todas estas diferentes concepciones, siempre entendiendo que la teología natural se enfoca en la globalidad de la realidad. Por ejemplo, tanto las críticas de Barth como Plantinga, estarían dirigidas a una forma muy específica de hacer teología natural, a saber, el intento de demostrar racionalmente la existencia de Dios; no obstante, ésto deja la ventana abierta para otros enfoques igualmente válidos (por ejemplo, formulados a partir de concepciones estéticas, morales o incluso, argumentos abductivos). Si se entiende correctamente que el objetivo de la teología natural, es la explicación mas que la salvación en un sentido espiritual, es perfectamente factible desarrollar una teología natural genuinamente protestante.

Artículo ganador del "II Concurso de artículos divulgativos sobre el diálogo entre las ciencias y las religiones para autores latinoamericanos", organizado por Sophia-Iberia in Europe, y publicado en la revista española Tendencias 21.

Referencias
  • BECKER, Siegbert W. Faith and Reason in Martin Luther. [en línea] Essay File, Wisconsin Lutheran Seminary Library, 1957 <http://www.wlsessays.net/node/109> [consulta: 30 octubre 2010]
  • HELM, Paul. John Calvin's Ideas. New York, Oxford University Press, 2004.
  • TRIGG, Roger. Racionality and Science: Can Science Explain Everything? Oxford, Blackwell Publishers, 1993.
  • CRAIG, William Lane. Reasonable Faith: Christian Truth and Apologetics. Wheaton, Illinois, Crossway Books, 2008.
  • McGRATH, Alister. A Fine-Tuned Universe: The Quest for God in Science and Theology (Gifford Lectures). Westminster, John Knox Press, 2009.
  • PLANTINGA, Alvin. Warranted Christian Belief. New York, Oxford University Press, 2000.
  • POLKINGHORNE, John. Science and Theology: an Introduction. London, Augsburg Fortress Publisher, 1998. 
  • WEBSTER, John. The Cambridge Companion to Karl Barth. New York, Cambridge University Press, 2000.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel David Morales es Master en Ciencias Físicas del IFM Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, en donde además realiza un doctorado especializado en relatividad numérica. Previamente obtuvo una Licenciatura en Física Aplicada en la Universidad de Santiago de Chile. En la actualidad investiga sobre las interacciones entre ciencia y religión dentro del contexto Latinoamericano. Es el director y fundador de RYPC.
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